{"id":24811,"date":"2000-05-27T00:00:00","date_gmt":"2000-05-27T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=24811"},"modified":"2000-05-27T00:00:00","modified_gmt":"2000-05-27T00:00:00","slug":"filosofia_cultura_y_arte_en_la_empresa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2000\/05\/27\/filosofia_cultura_y_arte_en_la_empresa\/","title":{"rendered":"Filosof\u00eda, cultura y arte en la empresa"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24811\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Es condici\u00f3n innata de todos los hombres el deseo de saber, la disposici\u00f3n de b\u00fasqueda tendencial del ser de las cosas. Que los empresarios hablen de filosof\u00eda no es por lo tanto un ejercicio in\u00fatil ni artificioso, sino perfectamente natural.<br>\nHay que reconocer sin embargo, que los hombres de empresa, metidos en su trabajo, en su pensar y hacer de todos los d\u00edas, est\u00e1n dirigidos a lo \u00fatil, al servicio de fines, productos y resultados, y que, salvadas las excepciones, a no ser por instinto, no ser\u00edan muy propicios a ejercitarse en puras abstracciones y no digamos a introducirse en la \u00abin\u00fatil\u00bb vida de la contemplaci\u00f3n. Sucede adem\u00e1s que la filosof\u00eda y la vida est\u00e1n muy entretejidas. Seg\u00fan Arist\u00f3teles el saber filos\u00f3fico va a la ra\u00edz de las cosas y ayuda a llevar una vida recta, con lo cual no solamente subordina la utilidad a la verdad, sino que apunta hacia la vida de las personas, hacia su moralidad, lo cual hoy muchos calificar\u00edan de impertinente.<br>\nEn nuestro mundo, el trabajo y la utilidad han conquistado tanto espacio en la vida y se han hecho tan absorbentes, que apenas dejan resquicio alguno para la filosof\u00eda, que es teor\u00eda y contemplaci\u00f3n. Como dice Pieper \u00abla filosof\u00eda reviste cada vez m\u00e1s el car\u00e1cter de lo extra\u00f1o, del mero lujo intelectual, incluso de algo verdaderamente intolerable e injustificable, mientras m\u00e1s excluyentemente se incauta del hombre la exigencia del mundo de los d\u00edas de trabajo\u00bb. Esta exigencia, buena y vitalmente necesaria, es la de la responsabilidad en el cumplimiento del deber de cada uno, que para los empresarios consiste en la b\u00fasqueda del aumento de la riqueza y en el servicio a clientes y a la sociedad en general, dando trabajo y ocasi\u00f3n de mejora a sus empleados. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, frecuentemente degenera en lucha por el dominio para la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica, y degrada hacia la codicia y la premura irracional por el logro de objetivos. Entonces se cierran los caminos del ocio filos\u00f3fico.<br>\nEn su dif\u00edcil misi\u00f3n, los empresarios siempre est\u00e1n forzados a bajar r\u00e1pida y eficazmente de la ideaci\u00f3n al mercado, \u00abde las musas al teatro\u00bb, pero sucede que, por las caracter\u00edsticas \u00e9ticas de las cosas que a veces tratan, del lado de sus musas se suele hacer presente la m\u00e1xima tolerante del \u00abpensar como se vive\u00bb. Es \u00e9sta una de las fuerzas persuasivas que, una vez instalada, empuja a la relatividad, a la laxitud, a dar la espalda a lo exigente y olvidar la vida recta que ped\u00eda Arist\u00f3teles. Al verse en ello, los hombres de empresa en alg\u00fan momento se percatan de que la absoluta racionalidad del proceso utilitarista sin m\u00e1s, dar\u00eda lugar a su empobrecimiento y al de la misma empresa; intuyen que la filosof\u00eda arrinconada asolar\u00eda su intimidad. El gran patr\u00f3n franc\u00e9s Fran\u00e7ois Michelin da en el clavo cuando dice: \u00abPara experimentar el propio ser hay que tener. \u00c9ste es todo el sentido del trabajo. Tambi\u00e9n se puede buscar tener siempre m\u00e1s y con ello olvidar el ser y dar la espalda al propio misterio\u00bb.<br>\nNo querer desconocer ese misterio, filosofar, dialogar reflexivamente en torno a las preguntas radicales que al menos circunstancialmente se presentan ante todo empresario, como persona que es, aunque est\u00e9 arruinado de tiempo o sea el m\u00e1s incorregible workalcoholic, es lo propiamente enriquecedor y fundamental, no por la utilidad, sino por lo humano: \u00bfPor qu\u00e9 existo? \u00bfDe d\u00f3nde tanta belleza? \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s? \u00bfPor qu\u00e9 este af\u00e1n m\u00edo de crear y de amar? Nadie puede pasar ciego y sordo por tantos encuentros con lo admirable, con la bondad, con la muerte, con el misterio de Dios mismo cuando nos rompe la envoltura del alma para que mane de ella lo mejor de nuestra condici\u00f3n tan contradictoria. Por mucho que desquicie el celo del trabajo utilitario siempre saltar\u00e1n en el interior de las personas al menos fogonazos, silenciosos destellos de reflexi\u00f3n profunda e incendios de lo art\u00edstico y de lo po\u00e9tico; siempre quedar\u00e1 espacio para la admiraci\u00f3n por lo heroico y lo santo. Todos somos poetas y fil\u00f3sofos porque el alma nos rezuma cantares en las horas felices y clamores silenciosos en las de congoja. Todos palpamos el misterio de la libertad, del amor y de lo trascendental que se nos hace presente en lo religioso.<br>\nLa risa de la muchacha de Tracia que se burlaba de Tales cuando por mirar a las estrellas cay\u00f3 a un pozo, se repetir\u00e1 mil veces porque el hombre cae y seguir\u00e1 cayendo en mil perplejidades, pero, a pesar de los que recomiendan el p\u00e1jaro en mano, tambi\u00e9n mil veces resultar\u00e1 que no es vano mirar al cielo. Es m\u00e1s, desde el trabajo \u00fatil de la empresa es esencial que, asentados en lo real, nos volvamos a las estrellas y, volemos all\u00e1 con nuestra esperanza y nuestra creatividad abiertas al bien com\u00fan y con nuestra libertad comprometida. Esos momentos son siempre los m\u00e1s fecundos para el bien propio y para el de cuantos tienen relaci\u00f3n con nosotros en la familia, en el trabajo y en la sociedad cada vez m\u00e1s necesitada de luces.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ESCUCHAR LOS CONSEJOS DE LA RAZ\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Aunque el mundo del c\u00e1lculo, la econom\u00eda y el trabajo \u00fatil obligue a los fil\u00f3sofos a \u00abatrincherarse\u00bb, como hemos o\u00eddo recomendar a Alejandro Llano con iron\u00eda, seguimos necesitando las visiones sint\u00e9ticas, el orden de nuestros conocimientos, el mapa de nuestras ignorancias, la objetividad de los diagn\u00f3sticos, y el compromiso firme con la verdad. Necesitamos localizar a los locos y expulsar de nosotros la locura y para ello nada como dejar que el instinto por el saber y la atracci\u00f3n de lo bello y de lo bueno, act\u00fae en nosotros para no ahogarnos en el mar de las codicias y de la soberbia.<br>\nEl clima de la civilizaci\u00f3n cient\u00edfico t\u00e9cnica no puede integrar virtudes como las de la familia, la honestidad profesional y c\u00edvica, el desprendimiento, la ingenuidad, la disposici\u00f3n al sacrificio, el servicio a los dem\u00e1s, etc\u00e9tera, que le resultan un tanto anticuadas e irracionales. Al faltar la confianza en las virtudes de los dem\u00e1s, la convivencia humana se va degradando hacia la precauci\u00f3n, el ego\u00edsmo y la hostilidad que terminan llamando a alguna forma de dominio total que asegure el orden. La historia, el estudio de la pol\u00edtica y la consideraci\u00f3n filos\u00f3fica nos dicen que la humanidad y nosotros mismos tenemos riesgos ciertos muy apreciables, a pesar del sentimiento de seguridad de much\u00edsima gente que es incapaz de concebir la posibilidad de futuros obst\u00e1culos tr\u00e1gicos a la progresi\u00f3n del bien vivir despreocupado. Lo sensato, sin duda, en la vertiginosa marcha que lleva el mundo, es escuchar los consejos de la raz\u00f3n, tensar las cautelas y no bajar la guardia. Necesitamos el bote de salvamento de la filosof\u00eda, que est\u00e9 ah\u00ed, haciendo de se\u00f1al de peligro y colgado de sus pescantes para ser arriado si se hundiera el barco.<br>\nReflexionando sobres estas ideas y descendiendo a algo m\u00e1s concreto se cruz\u00f3 la pregunta sobre si la cultura de los empresarios nos podr\u00eda decir algo acerca de su capacidad para aumentar la riqueza y cumplir su papel integrador. Tomamos la cultura como el resultado del cultivo de la mente, el afinamiento de la persona a consecuencia del ejercicio del intelecto y la referimos a un campo m\u00e1s amplio que el del arte, la filosof\u00eda, la historia y la literatura, porque la cultura va m\u00e1s all\u00e1 que las disciplinas que generalmente se clasifican como human\u00edsticas, aunque \u00e9stas constituyen su perfecci\u00f3n y su gracia. Un empresario valioso no solamente posee conocimientos t\u00e9cnicos adecuados a su negocio, sino que sabe tambi\u00e9n de humanidades, de pol\u00edtica, de ciencia, de finanzas, de leyes y de tantas cosas como ha de captar necesariamente en su quehacer, que le incita a abrir la mente a horizontes siempre nuevos, con lo que normalmente es un hombre al menos medianamente cultivado en bastantes campos y necesariamente muy cultivado en los suyos, que tambi\u00e9n forman parte de la cultura. Es m\u00e1s, deber\u00edamos recordar que el hombre fue primero producci\u00f3n de calor, de alimentos, de refugios y, como necesidad de la producci\u00f3n, despu\u00e9s fue teor\u00eda y arte, por lo que la cultura deber\u00eda apreciar m\u00e1s lo que uno recibe para la vida y no es naturaleza. En esa gran herencia va la t\u00e9cnica que nos ahorra esfuerzo, nos proporciona salud, confort, capacidad para movernos y para comunicarnos junto con innumerables saberes y bienes fruto del trabajo de generaciones de cient\u00edficos, t\u00e9cnicos, obreros y empresarios que nos han precedido y dejado tantas maravillas que agradecer.<br>\nDicho esto, se puede ahora afirmar, que siendo los empresarios normalmente cultos, tampoco hay una relaci\u00f3n emp\u00edrica entre el \u00e9xito empresarial y las cualidades art\u00edsticas, filos\u00f3ficas, literarias o ret\u00f3ricas de los l\u00edderes. S\u00ed est\u00e1 comprobado que las mejores empresas no son obra de carism\u00e1ticas y brillantes personas, sino m\u00e1s bien de las tenaces y serenas que tienen claro cu\u00e1les son las ideas motrices y el orden de los valores que las hacen mejorar y crecer. Y si estos buenos empresarios son cultos humanistas la perfecci\u00f3n es mayor.<br>\nPodr\u00edamos decir lo an\u00e1logo de otras profesiones y personas. Con mucha frecuencia despiertan en nosotros admiraci\u00f3n agricultores, hombres de f\u00e1brica, marinos, aviadores, enfermeras, m\u00e9dicos, secretarias y madres de familia cuya cultura, no siendo precisamente la de los intelectuales, es objetivamente rica, por raz\u00f3n de lo aprendido ciertamente en el estudio, pero tanto o m\u00e1s en la vida de trabajo, en el caldo de cultivo del amor a lo que se hace y del af\u00e1n por ser uno mejor. Como contraria, existe una cultura con peso en lo art\u00edstico, literario y filos\u00f3fico, socialmente reconocida y alabada en medios poderosos, casi intocable, que es descarada en su complacencia con lo degradado y en su complicidad con el mal. Y nada decimos de lo chabacano que garantiza el atontamiento de tant\u00edsima gente y tiene sus empresarios de primera fila y sus pregoneros importantes.<br>\nSi queremos que el clima social mejore, ser\u00eda imperativo que aquella cultura que dec\u00edamos de la buena gente profesional y trabajadora tuviera tambi\u00e9n sus empresarios y campeones con m\u00e1s fuerza y calidad comunicativa que ahora. He aqu\u00ed por tanto una gran labor para escritores, empresarios, artistas y profesionales de la televisi\u00f3n, del cine y del teatro y para cuantos puedan contribuir a cubrir con decoro la enorme demanda de contenidos que con tantos medios t\u00e9cnicos disponibles se est\u00e1 ya produciendo y va a m\u00e1s.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ATENDER LA VOCACI\u00d3N DE SABER<\/strong><\/p>\n<p>Para respondernos a aquella pregunta sobre la cultura de los empresarios, a un peque\u00f1o grupo de amigos se nos ocurri\u00f3 hacer, sin grandes selecciones, una lista de los conocidos por nosotros, incluyendo administradores de grandes empresas, l\u00edderes destacados en los negocios y peque\u00f1os empresarios. Para cada uno de ellos anotamos una calificaci\u00f3n, l\u00f3gicamente subjetiva, sobre su cultura, sus conocimientos hist\u00f3ricos, jur\u00eddicos, filos\u00f3ficos y literarios, sobre su aptitud est\u00e9tica para la arquitectura, la m\u00fasica y las artes pl\u00e1sticas y sobre sus condiciones ret\u00f3ricas y el conocimiento de idiomas. Despu\u00e9s dimos a cada uno una evaluaci\u00f3n de su capacidad empresarial. Pues bien, en un primer contraste aparec\u00eda bastante dudosa la correlaci\u00f3n entre esta capacidad y la calificaci\u00f3n por saberes human\u00edsticos. Incluso podr\u00eda deducirse que los de mayor capacidad, intuici\u00f3n y empuje para los negocios se sit\u00faan en las evaluaciones medianas y que los de m\u00e1s afinada cultura no siempre lucen como excepcionales empresarios. L\u00f3gicamente los administradores de grandes empresas, los l\u00edderes de familias de tradici\u00f3n industrial o bien los extra\u00eddos de cuerpos y carreras distinguidos resultan ser cultos y tambi\u00e9n capaces, pero hay m\u00e1s excepciones en esto \u00faltimo que en lo primero. Entre los empresarios medios siempre aparece el af\u00e1n por la cultura cuando ya se tiene el \u00e9xito. Entre los peque\u00f1os abundan los de formaci\u00f3n escasa pero instinto sobresaliente. Hay muy buenos empresarios que se expresan mal o tienen poco inter\u00e9s por la est\u00e9tica, o por la literatura, pero la mayor\u00eda de ellos aspiran a elevarse en lo cultural. Sucede que todos necesitan comunicarse mejor, sentirse c\u00f3modos en ambientes intelectuales refinados, y tantas otras cosas que da la cultura como utilidad social, pero adem\u00e1s tambi\u00e9n es cierta la sentida necesidad interior de superarse en planos no directamente utilitarios.<br>\nVemos as\u00ed que la barbarie del especialismo no es defecto precisamente dominante en la mayor\u00eda de los empresarios, los cuales, con sus d\u00e9ficits, suelen ser m\u00e1s bien generalistas e integradores de saberes. La tara se aprecia tanto o quiz\u00e1s m\u00e1s en aquellos cient\u00edficos, abogados, m\u00e9dicos, ingenieros, economistas o artistas que se encierran en sus peque\u00f1as celdas, sin intentar una interpretaci\u00f3n del total universo, de la historia y de la vida, que eso es precisamente la cultura en su m\u00e1s noble y comprehensiva acepci\u00f3n. Se puede ser human\u00edstico refinado y hueco humanamente, pero no ser\u00e1 vac\u00edo el cultivado en lo general que en alguna medida busque tambi\u00e9n perfeccionarse en las disciplinas human\u00edsticas. Luis Vives, en pleno Renacimiento, cuando dominaba el intelectualismo, hablaba de la \u00abcultura animi\u00bb refiri\u00e9ndose a la inteligencia y tambi\u00e9n al robustecimiento de la voluntad y de la determinaci\u00f3n. Valores propios de quienes tienen que asumir riesgos y superarlos.<br>\nEl empresario no quiere ser proletario, un ejecutante con posibilidad de ser bien tratado en lo material, que acepta quedar alejado del mundo del pensamiento y de la pol\u00edtica. Pero sobre todo es m\u00e1s feliz cuando, sinti\u00e9ndose en la vida sujeto activo, atiende a su vocaci\u00f3n de saber, de comunicarse noblemente con los dem\u00e1s, de participar en los proyectos de su comunidad, de admirar lo bello y de contemplar la creaci\u00f3n continuada en las grandes realizaciones de los hombres.<br>\n<strong>\u00bfMENOS FAMOSO EIFFEL QUE SARTRE?<\/strong><br>\nSanto Tom\u00e1s nos dice: \u00abEl fin del saber te\u00f3rico es la verdad y el fin del saber pr\u00e1ctico es la acci\u00f3n\u00bb, pero la intenci\u00f3n de estas afirmaciones no es cerrar a los pr\u00e1cticos el acceso a la verdad, ni dividir los hombres en libres, te\u00f3ricos y esclavos pr\u00e1cticos. Ortega y Gasset en su ensayo Meditaci\u00f3n de la t\u00e9cnica se refiere, como lo hace Pieper en El ocio y la vida intelectual, al concepto que los antiguos ten\u00edan del ocio como el ocuparse de lo humano en el hombre: mando, organizaci\u00f3n, trato social, ciencia, artes. La palabra contraria \u00abnec-otium\u00bb ten\u00eda una connotaci\u00f3n negativa por su parentesco directo con el trabajo, con la t\u00e9cnica y con la empresa, y no daba distinci\u00f3n intelectual ni social. Lo vital es pre-t\u00e9cnico, dec\u00eda Ortega, y la invenci\u00f3n por excelencia es la del deseo radical, fuente de todos los dem\u00e1s deseos. Como ejemplo de fracaso citaba el del nuevo rico que experimenta la angustia de no saber tener deseos y encuentra que se le para la vida por falta de finalidad respecto a s\u00ed mismo. De hecho, afirma que son los poetas, los fil\u00f3sofos y los pol\u00edticos, quienes descubren valores. Los t\u00e9cnicos los suponen. A los ejecutantes, a los ingenieros, se les dan las cosas como objetivos, y esto explica \u00abla diferencia de rango que siempre ha habido y contra la cual es vano protestar\u00bb. Esto dec\u00eda Ortega con su l\u00f3gica fluida y elegante discurso, y nosotros, modestamente, debemos responder que la verdadera ciencia y la t\u00e9cnica est\u00e1n en el \u00e1mbito de la verdad y la contemplaci\u00f3n tanto como cualquier otra disciplina, aun cuando no sea su pertenecer tan estricto como por definici\u00f3n lo es el de la filosof\u00eda. Y tambi\u00e9n afirmamos que es la realidad la que conduce al pensamiento te\u00f3rico fecundo y a las invenciones, las cuales no pueden originarse en el vac\u00edo. El mismo Ortega lo corrobora cuando dice que Galileo no se hizo en las aulas ni en las escuelas, sino en los arsenales y en los muelles de Venecia, trabajando con cabrestantes e instrumentos y hablando con capitanes.<br>\nPara mostrar la inferioridad de rango de los t\u00e9cnicos, a los que niega toda condici\u00f3n que no sea la de especialista, Ortega se refiere a su poca fama y dice que la gente que escucha sus conferencias no sabr\u00eda decir cu\u00e1l es el nombre del \u00abegregio\u00bb inventor del motor de explosi\u00f3n ni el de los de tantas otras m\u00e1quinas e invenciones, gente magn\u00edfica, venerable pero \u00abirremediablemente de segundo plano\u00bb. Aparte de que la fama es criterio muy enga\u00f1oso, es f\u00e1cil contestarle que Otto, Diesel, Marconi, Edison, Ford, Eiffel, La Cierva, Fermi o Hahn son equiparables en fama a los fil\u00f3sofos m\u00e1s o menos coet\u00e1neos, como Nietzsche, Kierkegaard, Husserl, Bergson, Russell o Sartre, que no demasiadas personas sabr\u00edan citar y menos a\u00fan explicar las ideas y deseos originales que inventaron. Un d\u00eda los historiadores nos tendr\u00e1n que contar la maravilla humana de la t\u00e9cnica creada por las \u00faltimas generaciones. \u00c9sta y la que ver\u00e1 luz en el pr\u00f3ximo futuro, ser\u00e1n para mucho bien de la humanidad, si finalmente predomina la sensatez, la \u00abcultura animi\u00bb y la b\u00fasqueda de la armon\u00eda propia de lo bello. Es equ\u00edvoca la distinci\u00f3n de Ortega, porque supone divisi\u00f3n entre hombres de la verdad y hombres de la acci\u00f3n, cuando todos debemos ser de la verdad no de la verdad enterrada y tambi\u00e9n de la acci\u00f3n no de la acci\u00f3n irresponsable ni de la omisi\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EMPRESARIOS FIL\u00d3SOFOS Y POL\u00cdTICOS<\/strong><\/p>\n<p>Para concluir las consideraciones precedentes queremos decir que los hombres de empresa cultos humana y profesionalmente han de cuidar lo human\u00edstico y, cargada su mente de razones, participar en los dise\u00f1os para la conducci\u00f3n del mundo, sin aceptar el papel de segundones. En la leyenda contada por Wagner en el Anillo de los Nibelungos, unos gigantes, contratistas, reciben de los dioses el encargo de construirles un magn\u00edfico palacio, el Walhala, cuyo precio ser\u00eda el placer eterno logrado gracias a unas frutas cultivadas por la diosa Freia. Terminado el palacio, Wotan y su familia divina se percatan de que su juventud peligra y deciden no entregar a Freia. Ofrecen a cambio el oro de los Nibelungos, que no lo tienen, pero lo roban. Los gigantes aceptan el cambio, pero fuerzan a que con el oro les entreguen el Anillo del poder total que, para ellos, en su peque\u00f1ez mental, es nada m\u00e1s que m\u00e1s oro. Uno de los gigantes guarda el tesoro en una cueva y se erige en su guardi\u00e1n con la forma de drag\u00f3n. All\u00ed vegeta temeroso, y desconoce el poder del Anillo hasta que llega Sigfrido, que es la revoluci\u00f3n, y le mata.<br>\nLa lecci\u00f3n es clara: no querer responsabilidades, no tener altos designios, apocarse en la mera posesi\u00f3n de cosas, alejarse de la pol\u00edtica, es morir. As\u00ed dice Tocqueville: \u00abTodav\u00eda no se han encontrado formas sociales ni combinaciones pol\u00edticas que puedan hacer un pueblo poderoso si est\u00e1 compuesto de ciudadanos pusil\u00e1nimes y blandos\u00bb.<br>\nY a\u00f1adimos nosotros que si el apocamiento fuera de los empresarios, su delicuescencia atraer\u00eda r\u00e1pidamente su fin, m\u00e1s a\u00fan en una econom\u00eda globalizada y voraz, como es la que tenemos.<br>\nNo podemos olvidar que las cuestiones \u00e9tico pol\u00edticas conforman el clima en que ha de vivir la humanidad. Por eso hemos de hacernos o\u00edr: insistir en la no proletarizaci\u00f3n del trabajo, ni de las organizaciones medias y peque\u00f1as, y estimular la elevaci\u00f3n humanista de los empresarios y de las profesiones, \u00abdel trabajo de todos los d\u00edas\u00bb, porque es preciosa su contribuci\u00f3n a la cultura social. Su realismo y su sentido de servicio son esenciales para superar las avalanchas que nos vienen y resistir el avance igualitarista que extingue toda virtud p\u00fablica. Si Ortega tuviera raz\u00f3n en que quienes definen lo que hay que hacer son los fil\u00f3sofos y los pol\u00edticos, entonces no hay duda de que los empresarios tendr\u00edamos que serlo.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EMPRESARIOS ARTISTAS<\/strong><\/p>\n<p>Todo el quehacer del empresario como el del artista, se condensa, inicialmente y en cada paso, en una \u00edntima ponderaci\u00f3n de alternativas y determinaci\u00f3n de rumbos. En sus sue\u00f1os de mejorar y de ir a m\u00e1s, en sus deseos de servir, en su decidir y hacer y, sobre todo, en la forma de su liderazgo, la \u00e9tica y tambi\u00e9n la est\u00e9tica est\u00e1n siempre presentes al buscar el beneficio, el servicio y la duraci\u00f3n.<br>\nHay analog\u00edas y parentescos o al menos vecindades evidentes entre el empresario y el artista, que dicen mucho: los productos finales y bellos, atractivamente ofrecidos y vendidos con gracia, el dise\u00f1o muchas veces art\u00edstico antes que estrictamente t\u00e9cnico, la conjunci\u00f3n de c\u00e1lculo y buen gusto, las terminaciones pulcras y el estilo singular, cuidado muchas veces por la empresa tan esmeradamente como por el artista. En muchos casos llama la atenci\u00f3n la gran belleza lograda; en lo que se mueve aviones, autom\u00f3viles, barcos, trenes, en las grandes obras civiles por su imponente grandeza, en la arquitectura, en los instrumentos peque\u00f1os y en tantos otros productos. Si Plat\u00f3n hablaba de la hermosura de las bellas marmitas, tenemos buena apoyatura para pregonar la belleza de muchos objetos t\u00e9cnicos, sin para ello entrar en comparaciones con el esplendor superior de las muchachas bellas, de las almas bellas y menos a\u00fan con el de la belleza metaf\u00edsica. La perfecci\u00f3n es siempre belleza.<br>\nEn empresarios y artistas son necesarias la intuici\u00f3n, las aptitudes y el estilo para marcar las l\u00edneas determinantes de la obra, de la acci\u00f3n creativa. Ambos empiezan por tener que tomar partido por unos valores o por otros, por una finalidad, por una forma, por una soluci\u00f3n concreta. El empresario no cesa de elegir y renunciar, como el pintor toma un color y no sus infinitas alternativas, o el arquitecto resuelve vol\u00famenes, perspectivas y proporciones. En empresarios y artistas est\u00e1 el ricercare, eslab\u00f3n por eslab\u00f3n, paso por paso desde una armon\u00eda a la siguiente. Hay equilibrio y osad\u00eda, sentimiento y c\u00e1lculo, personalidad y soplo creador, aptitud y tenacidad.<br>\nA los que estamos metidos en la empresa, buscando el ox\u00edgeno de las humanidades y de lo trascendente, se nos presentan horizontes ampl\u00edsimos para encontrar l\u00edneas de convergencia real entre la empresa y el arte que, por otra parte, siempre han existido. Se trata de rescatar la belleza para lo bueno y poner el sentido est\u00e9tico y la est\u00e9tica de sentido en el campo de visi\u00f3n y en las operaciones del empresario.<br>\nSin embargo, no debemos confundir conceptos pr\u00f3ximos. Radicalmente, bien y belleza se encuentran en la raz\u00f3n que ordena en las cosas su claridad y proporci\u00f3n interna. \u00c9stas se traslucen esplendorosamente en la belleza que agrada a la vista y la complace por aquella luz y armon\u00eda que percibe y conoce el intelecto. El bien es lo mismo, pero no deja a quien lo contempla en la sola complacencia, sino que induce el ser apetecido, atrae y mueve hacia s\u00ed, tiene raz\u00f3n de fin.<br>\nRamiro de Maeztu en La Crisis del Humanismo dice: \u00abLa belleza de las acciones o de las instituciones humanas, cuando hay belleza en ellas, se deriva de la bondad. Cuando los hombres y las sociedades persiguen la armon\u00eda del poder, la justicia, la verdad y el amor, se mueven en belleza y no pueden menos de moverse en belleza. Pero cuando persiguen la belleza, ni la belleza logran\u00bb. Parecida es la idea encerrada en el lema de una prestigiosa organizaci\u00f3n cooperativa: \u00abSolus labor parti virtutem, et virtus parti honorem\u00bb. La imagen, la fama, el honor nacen de la virtud que, a su vez, es fruto del trabajo. Efectivamente, sin meternos en el alta mar filos\u00f3fica, pensamos que los empresarios no se deben fiar prioritariamente de la est\u00e9tica ni poner el enfoque art\u00edstico como principal, porque la belleza no es el fin de su disciplina, aunque deba estar contenida en su actuaci\u00f3n y en sus resultados de servicio. El empresario, persona, har\u00e1 suya la est\u00e9tica del comportamiento, la elegancia en la acci\u00f3n, la sencillez y el buen gusto. Nunca lo accidental exquisito que se hace ver demasiado y no deja ver lo bueno, ni el exceso que oculta la belleza interna de las cosas. La pintura de Vel\u00e1zquez, en lo que no es obligado, no est\u00e1 terminada en suavidades escrupulosas, ni Miguel \u00c1ngel desbastaba siempre, sino que evitaba cesar la hermosura con el \u00faltimo golpe del cincel. \u00c9se es el buen gusto que cuadra al empresario: no excederse en la venta de la imagen, evitar que llamando la atenci\u00f3n como sea desaparezca el atractivo; concretar la belleza en la calidad.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>CONCIENCIA EST\u00c9TICA EN LA EMPRESA<\/strong><\/p>\n<p>En unas jornadas del Instituto Empresa y Humanismo, el profesor Goodpaster se preguntaba si las empresas ten\u00edan conciencia, entendida como facultad que, tomando datos de las situaciones reales y considerando los principios \u00e9ticos, informa a los centros decisorios sobre qu\u00e9 hacer en cada situaci\u00f3n concreta. Respond\u00eda diciendo que en la empresa no pod\u00eda haber propiamente conciencia como la de las personas, pero que deb\u00edan existir \u00f3rganos y procedimientos que aseguraran una conciencia virtual que sirviera al cuerpo directivo para decidir con conciencia. Se refer\u00eda a los ex\u00e1menes internos y externos sobre cumplimiento de las leyes, auditor\u00edas financieras, seguimiento de la calidad, autoexamen de comportamiento ecol\u00f3gico, omisiones, trato justo en las relaciones humanas, y sobre todo, autoevaluaci\u00f3n sobre el trabajo directivo y el cumplimiento de los fines de la empresa.<br>\nPor analog\u00eda nos podr\u00edamos preguntar si, en lugar de dejar las cosas a la improvisaci\u00f3n de cada momento o a la rutina, que se suele hacer olvido, no podr\u00eda la empresa tener alg\u00fan sistema por el cual pudiera apreciar sus valores est\u00e9ticos. Pensamos con Maeztu que, en lo esencial, la belleza no debe ser perseguida, sino que debe brotar de la bondad, pero quiz\u00e1s la idea de una \u00abconciencia\u00bb est\u00e9tica pudiera tener aplicaci\u00f3n en aspectos circunstanciales: el decoro en los lugares de trabajo, el cuidado en las presentaciones ante el p\u00fablico y los clientes, el lenguaje sin zafiedad alguna, la buena educaci\u00f3n y la sencillez en el trato, la alegr\u00eda, la belleza de todas las representaciones y s\u00edmbolos de la empresa, el ya mencionado cuidado de la calidad est\u00e9tica de los productos, etc\u00e9tera.<br>\nDeber\u00edamos tambi\u00e9n proclamar lo sim\u00e9trico de lo dicho en cuanto a la belleza del bien, esto es, resaltar la bondad de la belleza, aunque hoy sea grande la desorientaci\u00f3n y tengamos pocos buenos gu\u00edas en est\u00e9tica. Se ha experimentado en exceso y se ha juzgado al arte con blandura y poco criterio. Siendo hoy el arte tan subjetivo es m\u00e1s dif\u00edcil de captar y de ser apreciado, hasta el punto de que en el extremo ya no es arte de ninguna manera.<br>\nNo me resisto a transcribir un par de frases del discurso de Eugene Ionesco en la apertura de los Festivales de Salzburgo en 1972: \u00abEl arte es en alta medida una v\u00eda muerta, un museo de nuestras desazones\u00bb [] \u00abNi el arte, ni la literatura, ni el teatro han sido capaces de encontrar remedio alguno que ofrecer a nuestro mal del alma, antes bien han venido a incrementarlo y a agravar nuestros des\u00f3rdenes\u00bb.<br>\nEs importante ir a fundamentos seguros, porque a\u00fan con indiscutibles luces, la est\u00e9tica dominante es bastante ca\u00f3tica, triste y asoladora de valores que deben sustentar la misma vida. A veces, por aquello del pluralismo y la neutralidad, desde las empresas se aplaude a intelectuales o artistas manipuladores del gusto y del pensamiento que, en correspondencia, se hartan de pregonar los vicios e insuficiencias de los empresarios y hacen de ellos los m\u00e1s odiosos retratos. No pocos autores y tantos directores de escena, incluso falseando las obras que representan, han sido feroces cr\u00edticos de todo lo que la empresa significa y para mayor escarnio, eran muchas veces financiados por est\u00fapidos mecenas que esperaban salir mejor parados en su imagen si se aliaban con tales personajes.<br>\nNo vamos ahora a extendernos analizando la m\u00fasica del siglo XX, la dodecafon\u00eda antinatural de Schomberg, ni las insoportables atonalidades de Stockhausen, pobres adversarios de nuestro Pit\u00e1goras descubridor del parentesco pr\u00f3ximo de la armon\u00eda natural con la aritm\u00e9tica. Tampoco haremos incursi\u00f3n alguna en la pintura frecuentemente destructora del esp\u00edritu y de la figura humana cuya hechura a imagen de Dios apenas se ve en aquella si no es desguazada. La est\u00e9tica del hombre emancipado, sin \u00abreligio\u00bb, es tan incierta como la \u00e9tica de moda, porque ambas, centradas exclusivamente en el propio hombre, exacerban lo subjetivo y olvidan lo que es. Se quiere una \u00e9tica personal, posibilista y desvinculada como el arte, y se hace una filosof\u00eda del arte que no es sino una abstrusa defensa de mentes yermas, falsamente art\u00edsticas.<br>\nPara los empresarios este arte subjetivo se aleja cada vez m\u00e1s de su oficio en el que el otro, el cliente, es fundamental. No debe el cliente ser el rey, como se dice, porque con los reyes no se puede discutir y con los clientes hay que hacerlo de vez en cuando, pero no hay empresa sin productos que despierten compradores, ni sin servicios gratos, que no molesten como la mala m\u00fasica que destroza los o\u00eddos y el cerebro, al tiempo que revuelve el est\u00f3mago. Lo subjetivo sin referencia a lo real es lo m\u00e1s opuesto a la empresa que puede imaginarse; aquello es fuego fatuo \u00bfbello?, la empresa fuego creador, y en esto est\u00e1 su belleza.<br>\nCuando los empresarios piensan en los or\u00edgenes de sus empresas, en cuando empezaron, ven con mayor nitidez su contenido de aventura y poes\u00eda, seguros de la nobleza de aquel amor que se desplegaba. Lo mismo que cuando proyectan el futuro y estimulan la creatividad que habla tambi\u00e9n del amor, del deseo determinado de sostener la empresa en el tiempo, avanzar por \u00abel camino arduo y sombr\u00edo\u00bb y hacerla cada d\u00eda mejor.<br>\nPor ello encaja tan bien en nuestro pensamiento, cuando se trata este asunto de la \u00e9tica y de la est\u00e9tica en la empresa, la narraci\u00f3n de Dante al iniciar su Divina Comedia. El amor, Beatriz, env\u00eda como su mensajero al artista, Virgilio, para que conforte y acompa\u00f1e a Dante en su empresa de mostrar a los mortales el mundo, la historia de los grandes y famosos, y el m\u00e1s all\u00e1, cuando para ello habr\u00e1 de penetrar en el Infierno, proeza en la que cualquiera morir\u00eda; pero Beatriz, el amor, da la decisi\u00f3n, el alma, la paciencia y el valor para culminar el arduo camino. El arte, Virgilio, acompa\u00f1a y conduce porque es se\u00f1or y maestro. As\u00ed lo dice Dante en \u00abEl Infierno\u00bb, fin del canto segundo:<br>\nMarchemos pues que un mismo querer nos anima a los dos.<br>\nTu ser\u00e1s mi gu\u00eda, mi se\u00f1or y maestro.<br>\nDicho esto y empezando \u00e9l a moverse entr\u00f3 por el camino arduo y salvaje.<\/p>\n<p class=\"textogris\">(Tomado de Revista Empresa y Humanismo, Vol. I, N\u00b0 2\/99, pp. 275-289).<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24811\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los hombres de empresa se percatan de que la consideraci&oacute;n utilitarista de su trabajo los empobrece a ellos y a su organizaci&oacute;n. 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