{"id":24719,"date":"2000-03-01T00:00:00","date_gmt":"2000-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=24719"},"modified":"2023-11-08T06:04:49","modified_gmt":"2023-11-08T11:04:49","slug":"claudio_magris_y_la_persuasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2000\/03\/01\/claudio_magris_y_la_persuasion\/","title":{"rendered":"Claudio Magris y la persuasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24719\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Hab\u00eda viajado desde Trieste a Pamplona para presentar Microcosmos, su \u00faltimo libro. Era mi primer encuentro personal con Claudio Magris, del que ten\u00eda le\u00eddos todos sus libros traducidos al castellano, recomendados despu\u00e9s insistentemente a colegas, estudiantes y amigos de varios pa\u00edses. Ha sido uno de los pocos casos, que yo recuerde, en los que la personalidad del autor resulta estar a la altura de una producci\u00f3n literaria excepcionalmente lograda. As\u00ed es que me arm\u00e9 de valor y le cont\u00e9, en presencia de un buen grupo de sus fieles lectores, la peque\u00f1a historia de mis anteriores encuentros con \u00e9l a trav\u00e9s de esas fascinantes cartas abiertas que son sus libros.<br>\nEl cuento empezaba por el final, ya que se trataba precisamente de hablar acerca de Microcosmos. Tambi\u00e9n en este aspecto se hab\u00eda producido el raro fen\u00f3meno que result\u00f3 despu\u00e9s notorio en casi todos los asistentes a la presentaci\u00f3n de unas expectativas muy altas superadas por la realidad. Aunque la comparaci\u00f3n entre libros de un mismo autor resulta particularmente odiosa, hubimos de reconocer que, inesperadamente, Microcosmos es un texto a\u00fan m\u00e1s bello y penetrante, si cabe, que El Danubio.<br>\nConfieso que yo hab\u00eda devorado El Danubio en un estrecho valle del Pirineo, debajo de un haya, siempre la misma, a lo largo de cuatro o cinco d\u00edas de lectura compulsiva y refrenada a la vez. Refrenada, digo, porque como les sucede a los ni\u00f1os con los caramelos o las calcoman\u00edas sufr\u00eda cada vez que pasaba una p\u00e1gina, comprobando alarmado que las que me quedaban por leer iban disminuyendo fatalmente. Como en toda aventura, tambi\u00e9n en \u00e9sta, sent\u00eda \u00ablo peor es el llegar\u00bb (al final del libro, se entiende). Pues, \u00bfqu\u00e9 iba a hacer yo cuando hubiera concluido, guiado por Claudio Magris, ese fant\u00e1stico viaje a trav\u00e9s de las aguas del Danubio y de las literaturas danubianas?<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA IMPARABLE VIDA<\/strong><\/p>\n<p>Lo que he hecho desde entonces hace ahora nueve o diez a\u00f1os es pensar insistentemente en cu\u00e1l era el embrujo de ese libro, comprado al azar, y c\u00f3mo pod\u00eda ser (v\u00e1lgase la presunci\u00f3n) que no consiguiera encuadrarlo en ninguno de los g\u00e9neros literarios frecuentados por un lector impenitente, casi patol\u00f3gico. Enseguida supe lo que El Danubio no es: no es un libro de viajes, no es un ensayo, no es una biograf\u00eda; tampoco es una novela, al menos en el sentido habitual de la palabra. Poco a poco, y con la ayuda de MacIntyre, descubr\u00ed que El Danubio es una narrativa paradigm\u00e1tica. Narrativa que se realiza desde una \u00abpr\u00e1ctica\u00bb el craft, el oficio artesanal de un germanista universitario la cual refleja a su vez un aprendizaje ya maduro. Avance que est\u00e1 recorrido, de punta a cabo, por un vector teleol\u00f3gico que conduce desde un incierto nacimiento del r\u00edo quiz\u00e1 en el grifo de una granja, hasta su manso y tambi\u00e9n incierto desembocar en las aguas del Mar Negro.<br>\nEs, nuevamente, \u00abel r\u00edo que nos lleva\u00bb. Pero esta vez la met\u00e1fora, mil veces visitada, nunca es expl\u00edcita, porque se resuelve en el maravilloso engarce del poso que dejan las sabias lecturas de Descartes, Heidegger, Svevo, Adalbert Stifter, Elias Canetti, y de cien autores m\u00e1s nunca mencionados en este finis terrae, tan alejado de una Mitteleuropa en la que se desangr\u00f3 hist\u00f3ricamente \u00abla espaciosa y triste Espa\u00f1a\u00bb. Austria siempre Austria es el decadente foco de las grandes innovaciones culturales del siglo XX. Muy del sabor de Magris fue la an\u00e9cdota que melanc\u00f3licamente reflejaba la huella residual catolicismo aparte dejada en la Casa de Austria por la larga y fatal conexi\u00f3n hisp\u00e1nica con los Habsburgo. Sucedi\u00f3 mientras Elisabeth Anscombe y Peter Geach, predilectos disc\u00edpulos de Wittgenstein, tomaban en el Caf\u00e9 Iru\u00f1a taza tras taza de espeso chocolate a la espa\u00f1ola. Ahora comprendo, dijo Elisabeth, por qu\u00e9 Wittgenstein me dec\u00eda que en la Viena de comienzos de siglo era considerado de mal gusto no pedir chocolate en las recepciones de media tarde. Cuando yo estaba a punto de aprovechar la ocasi\u00f3n para reiterar la evidente superioridad de nuestra cocina sobre la inglesa, Peter me detuvo tajante y cort\u00e9s recordando el pasaje de Bernal D\u00edaz del Castillo donde el cronista de Indias relata que los aztecas beb\u00edan el chocolate en copas de oro.<br>\nEn El Danubio, el arquetipo literario del r\u00edo no es una vac\u00eda carcasa para introducir en su curso el avance imparable de una vida. Como apuntaba antes, la inmensa met\u00e1fora no comparece casi nunca en un texto original\u00edsimo que roza la perfecci\u00f3n po\u00e9tica. Es, m\u00e1s bien, un recurso ir\u00f3nico para exponer los hallazgos y perplejidades de una vida: la de un Claudio Magris que s\u00f3lo aparece a trav\u00e9s de Marisa, esposa inspiradora, y del peque\u00f1o grupo que les acompa\u00f1a en el viaje a trav\u00e9s de la Mitteleuropa danubiana. Una vida que, en algunos recodos del r\u00edo y de la cultura germ\u00e1nica, se ve pose\u00edda por la persuasi\u00f3n, la clave de todo ese complejo entramado; clave que, de nuevo Wittgenstein, en este libro nunca se dice, s\u00f3lo se muestra.<br>\nBuena parte del encuadre literario de esa clave vital se encuentra en un espl\u00e9ndido libro de corte acad\u00e9mico El anillo de Clarisse al que acud\u00ed con impaciencia por ver si me ayudaba a analizar esa s\u00edntesis, inextricable y leve a un tiempo, que es El Danubio. All\u00ed me encontr\u00e9 con el paso del \u00abgran estilo\u00bb simbolizado por la comprensi\u00f3n de todo un mundo en una sola escena: la mazurca de Natascha en Guerra y paz al \u00abnihilismo\u00bb, representado a su vez por el anillo de la protagonista de El hombre sin atributos, que Robert Musil nos hace ver como un anillo quebrado que no circunda nada. Es el derrumbamiento del imperio austro-h\u00fangaro, cuyo himno se cantaba en una ristra de incomprensibles idiomas nacionales, y con \u00e9l el derrumbamiento de un modo unitario de comprender la realidad. La Kakania de Musil era ya s\u00f3lo un equilibrio montado sobre el vac\u00edo, donde la comisi\u00f3n llamada Acci\u00f3n Paralela, encargada de celebrar el aniversario del anciano e impert\u00e9rrito emperador Francisco Jos\u00e9, no encuentra ning\u00fan n\u00facleo esencial al que referir tan fantasmal efem\u00e9rides.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>PRIVADOS DE LA PERSUASI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Pero, que yo recuerde, la persuasi\u00f3n no aparec\u00eda en aquel libro oce\u00e1nico por ninguna parte. Volv\u00ed a encontrar su huella en esa enigm\u00e1tica novela de Claudio Magris que es Otro mar \u00absiempre escribo acerca del agua\u00bb, le o\u00ed a su autor, en la que comparece precisamente el mar como un marco literario de la vida humana, m\u00e1s ambicioso y certero que el del consabido r\u00edo. Por otra parte, la \u00edndole inequ\u00edvocamente ret\u00f3rica del concepto persuasi\u00f3n resultaba manifiesta en otra novela, m\u00e1s lograda a\u00fan pero menos enigm\u00e1tica, titulada Conjeturas sobre un sable: historia de cosacos en busca de una patria, en la que el problema es una vez y otra c\u00f3mo hay que contar la historia en cuesti\u00f3n para que resulte veros\u00edmil a sus propios protagonistas.<br>\nLa b\u00fasqueda, por tanto, continuaba. La primera, y la m\u00e1s expl\u00edcita, declaraci\u00f3n de lo que la persuasi\u00f3n podr\u00eda ser, la acabo de encontrar en la caleidosc\u00f3pica y consistente colecci\u00f3n de art\u00edculos period\u00edsticos que lleva por t\u00edtulo \u00cdtaca y m\u00e1s all\u00e1. Creo que el prolongado esfuerzo indagador, del que estoy alardeando desde el principio, me autoriza a citar un largo texto, en el que adem\u00e1s se encuentran no pocos de los motivos centrales del pensamiento de Claudio Magris:<br>\n\u00abLa vida alienada es aquella que ha sido privada de fines que realmente la justifiquen y la hagan autosuficiente en la supeditaci\u00f3n a una meta superior; en lugar de un fin \u00faltimo ha sido sustituida por una mir\u00edada de objetivos moment\u00e1neos y parciales, que se suceden unos a otros sin descanso y sin tomar un respiro, como en la cadena de montaje de una enorme producci\u00f3n, sacrificando y quemando cualquier instante al que le sigue, para alcanzar una finalidad meramente pr\u00e1ctica y carente de valores, que no ilumina por tanto ni hacia atr\u00e1s, en la memoria, ni hacia adelante, en la espera el camino que nos es necesario recorrer para alcanzarlo.<br>\n\u00bbCarlo Michelstaedter, que comprendi\u00f3 como pocos en nuestro siglo la ret\u00f3rica de esta alienaci\u00f3n (y por tanto, su insidiosa capacidad de alejar a los hombres de su propia naturaleza), recurre en las primeras l\u00edneas de su obra maestra La persuasi\u00f3n y la ret\u00f3rica a la comparaci\u00f3n del peso que quiere s\u00f3lo caer, precipitarse cada vez m\u00e1s abajo sin detenerse nunca, porque en tal caso perder\u00eda su identidad, no ser\u00eda ya un peso: Su vida es esta carencia de su vida. No se est\u00e1 nunca en la vida, como no se est\u00e1 nunca en el mar, porque a cada instante los brazos del nadador atraviesan el agua y durante un instante le alejan. El desarrollo de la civilizaci\u00f3n occidental (\u2026) ha privado al individuo de la persuasi\u00f3n, o sea, de la fuerza de vivir poseyendo plenamente el propio presente y, por tanto, la propia persona, sin tener necesidad de consumirse para saber que existe en la persecuci\u00f3n de un resultado, que se encuentra siempre un paso por delante.<br>\n\u00bbEl presente para bastarse a s\u00ed mismo debe apoyarse en valores, pero el polvillo de fines y obligaciones convencionales, con los cuales la organizaci\u00f3n social persigue al individuo, ofusca y tapa esos valores, eso si no los destruye; impide al pensamiento detenerse en lo esencial y lo empuja a una carrera angustiosa que lo aparta de lo que ama o de lo que querr\u00eda amar\u00bb.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>PROSA DEL MUNDO Y POES\u00cdA DEL CORAZ\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Pero ya es hora de volver a all\u00ed donde empez\u00e1bamos, es decir, a Microcosmos. Como suger\u00eda al principio, no soy yo el \u00fanico lector que adem\u00e1s de algunos cr\u00edticos considera a este libro como una obra a\u00fan m\u00e1s bella y esencial que El Danubio. Ser\u00e1 quiz\u00e1 porque la prolongada y deliciosa lectura de Magris nos ha ido haciendo mejores; porque la lectura de esos textos consolida en nosotros el temple necesario para entenderlos. Ser\u00e1 tal vez porque el propio curso de la vida nos va apremiando y queremos pasar cuanto antes del sue\u00f1o de la cultura a la vigilia de la vida, aunque siempre sigan entrelaz\u00e1ndose la \u00abprosa del mundo\u00bb y la \u00abpoes\u00eda del coraz\u00f3n\u00bb.<br>\nMicrocosmos significa, efectivamente, el paso de lo fluvial a lo mar\u00edtimo, de la Mitteleuropa interior a la Mitteleuropa meridional, cuyo eje ya no es el r\u00edo Danubio sino el mar Adri\u00e1tico. La continuidad entre aquel grandioso panorama y este escenario a escala reducida se encuentra ya aludida en el mito griego de los Argonautas que, a la conquista del vellocino de oro, conducen su nave por agua y por tierra (sobre sus espaldas), para huir de las nieblas y de los monstruos de C\u00f3lquide y llegar a las tranquilas islas cercanas a la actual ciudad de Trieste. As\u00ed lo confirma Magris en Microcosmos: \u00abEst\u00e1 bien que el Danubio el r\u00edo de la Mitteleuropa continental, de su grandeza, de su melancol\u00eda y de sus obsesiones afluya al Adri\u00e1tico, porque el Adri\u00e1tico es el mar por excelencia, el mar de toda persuasi\u00f3n y de todo abandono, de la verdadera vida y de la armon\u00eda con ella\u00bb (p.90).<br>\nY mucho m\u00e1s adelante a\u00f1ade en un texto decisivo: \u00abLa leyenda que hace desembocar el Danubio en el Adri\u00e1tico revela el deseo de disolver las escorias de miedo, obsesiones, pudores, delirios de defensa de las que est\u00e1 tan lleno el continente atravesado por el r\u00edo en la gran persuasi\u00f3n marina, distendido abandono, puro presente de la vida que se basta a s\u00ed misma y no se consume en la carrera hacia metas que alcanzar, en el ansia de hacer, o sea de haber hecho ya y ya vivido, sino que es felicidad sin meta y sin agobio, eternidad y autosuficiencia del instante\u00bb (p.197).<br>\nAl margen del fragor de la historia universal y de las ambiciones y fracasos de la alta cultura, los raros momentos de persuasi\u00f3n de armon\u00eda consigo misma y con el mundo los logra la persona en la micrograf\u00eda de los rincones frecuentados, en las caras y nombres familiares, en la cadencia de la m\u00fasica sabida y de las olas de siempre.<br>\nSon los veranos pasados con Marisa, con Francesco y Paolo, sus hijos, en el Monte Nevoso, adentro ya en los Balcanes, en la frontera entre Eslovenia y Croacia. All\u00ed esperan de madrugada, en un claro del bosque, que aparezca el sol por encima del pino rojo, como otros a\u00f1os. All\u00ed siguen las huellas del oso, que nunca ver\u00e1n, pero que ofrece una meta a sus andanzas por sendas perdidas. Son las vacaciones de invierno, transcurridas siempre en la misma posada del Tirol sur, rodeados de nieve y conviviendo con los paisanos que juegan a las cartas, al desquite, mientras comparten el pausado curso de la vida de los posaderos.<br>\nMomentos de esa \u00abternura de las cosas\u00bb, a las que ni Hegel mismo es ajeno. Esto no es minimalismo, piensa Magris, porque todos los instantes son insustituibles, y la vida ordinaria y las cosas que en ella hacemos est\u00e1n siempre abiertas a la plenitud o a la penuria existencial. La figura de un profesor universitario, interesante o aburrido, puede ser tan po\u00e9tica como la de un peluquero de Trieste o la de un pescador que hunde sus pies en el fango para sacar a tierra su red menguada de peces.<br>\nA pesar de que Trieste y su entorno es una encrucijada de pueblos y un nudo de luchas, no hay nunca amargura en los juicios de Magris sobre los habitantes \u00abmulticulturales\u00bb de tierras troceadas por el choque entre Germania, Francia, Italia y los Balcanes. Hay benevolencia para todos, incluso y quiz\u00e1 especialmente para los comunistas italianos que emigran en la postguerra a la Yugoeslavia del socialismo real, para encontrarse all\u00ed con las sospechas de estalinismo que proyecta sobre ellos un Tito reconvertido, y que pagan con a\u00f1os crueles en un campo de concentraci\u00f3n rodeado por el mar. Es la fidelidad a un ideal torcido, a un proyecto que, de triunfar, habr\u00eda hecho su vida a\u00fan m\u00e1s desgraciada.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>VITALIDAD REALISTA Y SERENA<\/strong><\/p>\n<p>Vivir en Trieste es como no vivir en ninguna parte y, por ello mismo, estar en condiciones de registrar como en un sism\u00f3grafo, se ha dicho hasta los m\u00e1s leves ruidos y movimientos, hasta los m\u00e1s sutiles colores y sabores. Si el universo de El Danubio era el de la inteligencia a gran estilo o con cadencias nihilistas, los escenarios de Microcosmos son situaciones llenas de abigarradas e inconfundibles sensaciones, an\u00e9cdotas m\u00ednimas, ambientes de caf\u00e9, recuerdos de escritores locales, de figuras semi-reales magistralmente noveladas, como la solterona con novio de siempre, que afortunadamente muere a tiempo, y puede pasar a la envidiable situaci\u00f3n de soltera-viuda, o el cura fil\u00f3sofo y en\u00f3logo que hace la vista gorda cuando sus feligreses le roban los frutos de la cosecha. Y el agua, el agua por doquier, aguas marinas y fluviales, en forma de nieve o en forma de limo, aguas de lluvia y de estanques en el parque municipal de Trieste.<br>\nEs un panorama m\u00e1s cambiante y ligero, que parad\u00f3jicamente deja respiro para reflexiones contundentes y expl\u00edcitas, que en El Danubio brillaban suspendidas, como polvo arrastrado por las grandes tolvaneras de la historia, que no permiten el sosiego necesario para estar persuadidos de lo que queremos decir o de lo que pretendemos hacer. Magris suele decir que Microcosmos es un libro \u00abpersuaso\u00bb, es decir, persuadido y a\u00f1ado por mi cuenta persuasivo.<br>\n\u00abEl diablo es conservador\u00bb, escribi\u00f3 Claudio Magris a ra\u00edz de la ca\u00edda del imperio sovi\u00e9tico en torno a 1989. Desde luego, Magris no lo es. No s\u00f3lo porque resultara elegido, con m\u00e1s de 70.000 votos, como senador de la coalici\u00f3n de centro-izquierda, sino sobre todo porque no intenta mantener ninguna ventaja de raza, cultura, lengua o naci\u00f3n. Toda endogamia y pureza \u00e9tnica sostiene conduce al raquitismo y al bocio (cfr. p.233), palabras que deber\u00edan grabarse en grandes letras en el dintel de las universidades y de los partidos pol\u00edticos autorreferenciales. Bien est\u00e1 recordarlo porque, como \u00e9l mismo dice, \u00aben toda Europa se extiende la fiebre de los nacionalismos municipales, el culto a las diversidades no amadas ya como expresiones concretas de lo universal-humano, sino idolatradas como valores absolutos y contrapuestas furiosamente cada una a las dem\u00e1s\u00bb (p.240).<br>\nEl bell\u00edsimo libro de Claudio Magris es como un viaje lento. Constituye en \u00faltimo t\u00e9rmino, una meditatio mortis y, por eso mismo, est\u00e1 lleno de una vitalidad realista y serena que facilita amar a las personas cercanas y aspirar a una felicidad sin ansias ni prisas. A prop\u00f3sito de una casa neocl\u00e1sica llamada Villa Passatempo, escribe Magris: \u00abTal vez sea eso el pecado original, ser incapaces de amar y ser felices, de vivir a fondo el tiempo, el instante, sin la man\u00eda de quemarlo, de hacer que acabe pronto. Incapacidad de persuasi\u00f3n, dec\u00eda Michelstaedter. El pecado original introduce la muerte, que toma posesi\u00f3n de la vida, la hace sentir insoportable en cada una de las horas que acarrea en su transcurso, y obliga a destruir el tiempo de la vida, a hacerlo pasar pronto, como una enfermedad; matar el tiempo, una forma educada de suicidio\u00bb (p.144).<br>\nPero nadie est\u00e1 libre del pesar que lleva consigo una vida que parece apremiar y urgir por todas partes, mientras se nos escapa como agua entre las manos. Con lo cual est\u00e1 \u00edntimamente relacionado el oficio de escritor, porque escribir sirve tambi\u00e9n para distraerse de la muerte: \u00abTal vez la estrategia m\u00e1s eficaz para eludir la pena de vivir es dedicarse a la reexhumaci\u00f3n de vidas ajenas olvid\u00e1ndose de la propia\u00bb (p.247).<br>\nMe olvid\u00e9 de contarle a mi amigo Claudio Magris que, en la universidad de los a\u00f1os sesenta, vi en la pared de mi facultad una \u00abpintada\u00bb que dec\u00eda as\u00ed: \u00abLa melancol\u00eda es la nostalgia de lo que no se conoce\u00bb.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24719\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para que la vida sea bendici&oacute;n, hace falta detenerse a saborear la &laquo;ternura de las cosas&raquo;. 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