{"id":24715,"date":"2000-03-01T00:00:00","date_gmt":"2000-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=24715"},"modified":"2023-11-08T06:07:28","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:28","slug":"viaje_al_centro_del_hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2000\/03\/01\/viaje_al_centro_del_hombre\/","title":{"rendered":"Viaje al centro del hombre"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24715\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p class=\"subtit\"><strong>INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Los fil\u00f3sofos existencialistas subrayan el hecho de que el hombre se define m\u00e1s por sus proyectos a futuro que por su condici\u00f3n real presente. Las preguntas que muchas veces nos hacemos: \u00bfc\u00f3mo soy?, \u00bfcu\u00e1les son mis capacidades y limitaciones?, \u00bfcu\u00e1nto valgo?, deben complementarse con estas otras, que tal vez nos digan m\u00e1s de nosotros mismos: \u00bfcu\u00e1les son mis ideales?, \u00bfen qu\u00e9 consiste mi proyecto personal de vida? \u00a1Mal estar\u00edamos si no pudi\u00e9ramos responder a estas cuestiones! \u00a1Y peor a\u00fan si no somos lo bastante valientes para formularlas!<br>\nLa conciencia se halla obligada a plantearse tales cuestiones precisamente porque se encuentran, en cierto sentido, como escritas en los corazones. No escuchar la voz de la conciencia en este \u00e1mbito conduce a una frustraci\u00f3n fundamental, totalizante, que pone a temblar a las dem\u00e1s fuerzas del hombre. Se puede, en \u00faltima instancia, vivir existencialmente satisfecho, aunque material o sexualmente frustrado; lo inverso, en cambio, coloca al hombre en un abismo insalvable.<br>\nA las verdaderas preguntas sobre mi proyecto de existencia: \u00bfqu\u00e9 puedo ser?, \u00bfqu\u00e9 quiero ser?, no puede contestarse banalmente diciendo que quiero ser millonario, banquero o ministro. Mi ser es mucho m\u00e1s que la fortuna que pueda llegar a tener o el oficio que ejercer\u00e9 en el futuro. A la pregunta sobre qu\u00e9 quiero ser se responde con cualidades internas que se identifican a tal punto conmigo mismo que configuran mi personalidad, lo que en t\u00e9rminos t\u00e9cnicos se denomina car\u00e1cter. La contestaci\u00f3n a estas preguntas representa el aut\u00e9ntico proyecto de existencia. \u00bfQuiero ser noble o rastrero?, \u00bfveraz o mentiroso?, \u00bfsuperficial o profundo?, \u00bfgeneroso o ego\u00edsta?\u2026 Mientras yo no elija mi vida en relaci\u00f3n con estos par\u00e1metros, los proyectos de mi existencia ser\u00e1n f\u00fatiles.<br>\nEl hombre de hoy tiene delante de s\u00ed, lo sepa o no, esta ineludible opci\u00f3n: por un lado, un proyecto de vida hedonista, consumista, puntiforme, permisivo y cobarde. Por otro, una alternativa de existencia anclada en el compromiso, la renuncia y el don de s\u00ed.<br>\nEl primer camino se hace en funci\u00f3n de la persona que lo emprende: todas sus notas son no s\u00f3lo subjetivas, sino ego\u00edstas. El segundo, se hace en funci\u00f3n de los dem\u00e1s. \u00bfCu\u00e1l de ellos debe ser elegido para la \u00fanica vida con la que contamos? Cada persona debe responder para s\u00ed esta pregunta porque le va en ello, precisamente, la vida. De la posici\u00f3n que tomemos depender\u00e1 que nuestra existencia tenga sentido o sea est\u00e9ril.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EN EL FIRME TERRENO DE LA DIGNIDAD<\/strong><\/p>\n<p>Actualmente el concepto de dignidad de la persona tiene un verdadero impacto y aquiescencia. Aunque la dignidad humana suele entenderse habitualmente de manera general, es f\u00e1cil concebirla de forma equ\u00edvoca en sus detalles. Muchas veces, aparece fundamentalmente como la serie de condiciones materiales de vida que permiten una calidad de existencia propia del hombre. Sin embargo, la dignidad desde este punto de vista se limita o se confunde con el bienestar material. Otras veces se toma como pretexto para sentirse ofendido, convirti\u00e9ndose frecuentemente en apoyo de la propia soberbia.<br>\nEl concepto de dignidad, como la civilizaci\u00f3n de occidente lo interpreta, cala mucho m\u00e1s profundo. Cuando decimos que el hombre es fundamentalmente un ser digno, queremos decir que tiene un car\u00e1cter absoluto. No es algo muy valioso, sino que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del valor. La idea toral es que el hombre hace valiosas a las cosas, lo cual manifiesta su car\u00e1cter digno, m\u00e1s all\u00e1 de toda valoraci\u00f3n, porque las cosas son valiosas s\u00f3lo en la medida en que se refieren a ese valor supremo que es precisamente el hombre. Una sola realidad en el mundo puede recibir el calificativo de digno: la existencia humana.<br>\n\u00bfQu\u00e9 significa que el hombre tiene un car\u00e1cter absoluto? \u00c9sta es la cuesti\u00f3n. Si todo el universo existiera sin el hombre, carecer\u00eda de sentido. Pero si, al rev\u00e9s, el hombre existiera y pudiera vivir sin el universo, su valor no disminuir\u00eda. A esto nos referimos cuando afirmamos que tiene un car\u00e1cter absoluto. Cada individuo, cada uno de nosotros, aunque se sepa limitado por su nacimiento y su muerte, y por todas aquellas circunstancias que lo constri\u00f1en y empobrecen, tiene un valor infinito.<br>\nEs fundamental resaltar esto en un momento en el que parece que hay un derrumbe general porque nos hemos mediatizado identific\u00e1ndonos con nuestro oficio y con nuestro empleo. La dignidad de la persona se rebaja de alguna manera a lo que podr\u00edamos llamar funcionalidad de la pieza de recambio. No \u00absomos\u00bb, sino que \u00abhacemos de\u00bb; nos convertimos en m\u00f3dulos funcionales.<br>\nEste avance progresivo del m\u00f3dulo funcional que invade incluso de una manera agresiva la intimidad de nuestra existencia, es una de las claras causas por las que prolifera el divorcio. Es el fen\u00f3meno por el cual lo m\u00e1s \u00edntimo el c\u00f3nyuge empieza a ser un m\u00f3dulo funcional intercambiable. Cuando no funciona, hay que hacer lo que se hace con las piezas: se cambian.<br>\nUna pieza puede cambiarse por otra, pero las personas no son intercambiables; cada una de ellas, insisto, es un universo completo. Ninguna madre puede ser consolada pensando que a\u00fan conserva el setenta y cinco por ciento de sus hijos si ha perdido uno de cuatro. \u00a1No!, \u00a1porque esta persona ha perdido la totalidad! \u00a1Se le ha derrumbado el universo entero!<br>\nContrariamente a Kant, quien dijo que el hombre no era medio, sino fin, alguien quiz\u00e1 pudiera objetar el convencimiento de que el \u00fanico fin es Dios, y el hombre, un medio a su servicio. En la cultura cristiana el hombre ha sido creado para servir a Dios. As\u00ed lo hemos aprendido y debemos seguir afirm\u00e1ndolo. Sin embargo, dicho as\u00ed, sin m\u00e1s, es constitutivamente falso.<br>\nEl hombre debe conducirse y conducir las cosas a Dios, cierto; pero no como cualquier medio que conduce al fin; no como el camino que conduce a la meta, qued\u00e1ndose el camino atr\u00e1s. El hombre no es el camino que se deja atr\u00e1s, es la imagen que de alguna manera nos acerca a Dios. El hombre no es un medio para Dios porque \u00c9l no necesita de nada: Dios lo tiene todo. El hombre est\u00e1 hecho a su imagen y semejanza; y si Dios es fin, el hombre tendr\u00e1 que serlo tambi\u00e9n. El hombre se acercar\u00e1 m\u00e1s a Dios siendo persona, cumpliendo los espacios de su potencialidad, llegando hasta lo omnipotente, si es que esto se pudiera lograr; parecerse m\u00e1s a Dios e irradiar vida, como \u00c9l lo hace.<br>\nSi queremos imitar a Dios, nuestra dignidad se esponja no por la eficacia, sino por la fecundidad. La eficacia la adquiero al obtener aquello de lo que carezco, la fecundidad en cambio consiste en desbordar lo que tengo. Por aqu\u00ed va el verdadero desarrollo del ser humano, no mediante la consecuci\u00f3n de lo que hace falta, sino transmitiendo lo que se tiene.<br>\n\u00bfPor qu\u00e9 exclusivamente el hombre tiene esta caracter\u00edstica de dignidad en un universo tan grande? El hombre es digno por encima de todas las cosas mundanamente consideradas porque est\u00e1 dotado de esp\u00edritu. En la Suma contra gentiles (II, c. 66), Tom\u00e1s de Aquino recoge cinco razones que manifiestan por qu\u00e9 el hombre est\u00e1 dotado de esp\u00edritu, razones que nos indican al mismo tiempo lo \u00fanico que sabemos acerca del esp\u00edritu mismo.<br>\n1. Tenemos ideas universales. Por ejemplo, mi idea de arma no se vincula necesariamente con la representaci\u00f3n o imagen de un arma en particular. No depende de la materia, tama\u00f1o, lugar o temporalidad determinados; basta pensar en un instrumento para atacar y defender.<br>\n2. Capacidad de poseer ideas abstractas, incluso de realidades inmateriales. La paz no es blanca ni tiene forma de paloma. En la medida en que somos capaces de pensar en realidades que no tienen materia, nos demostramos al menos a nosotros mismos que nos hallamos por encima de aquella misma materia de la que carecen las cosas que nosotros mismos pensamos.<br>\n3. Condici\u00f3n libre del hombre independientemente de la materialidad. El hombre, de alguna manera, no est\u00e1 sujeto a las cosas corp\u00f3reas, sino que es libre. El perro siempre quiere la sombra en tiempo de calor, la carne en tiempo de hambre, y en tiempo de celo no hay perros castos.<br>\n4. Capacidad de reflexi\u00f3n. No solamente conozco, sino que s\u00e9 que conozco.<br>\n5. Finalmente, poseemos una capacidad infinita de progreso, que no se da en ninguna de las otras cualidades que no son en nosotros espirituales, sino corporales. Por ejemplo, el ojo no es susceptible de un desarrollo infinito. En cambio, la verdad se nos puede hacer cada vez m\u00e1s clara, m\u00e1s profunda, m\u00e1s amplia sin que el intelecto se fracture.<br>\nCon todo lo anterior hemos dicho algo muy importante: el hombre no est\u00e1 sujeto a las condiciones de la materia. Por ser esp\u00edritu, es totalmente individual, no tiene parecido con ning\u00fan otro esp\u00edritu; tiene su centro y su unidad en s\u00ed mismo. S\u00f3lo un esp\u00edritu se entrega a otro cuando quiere hacerlo. Los esp\u00edritus son independientes; manifiestan, por lo tanto, una especie de basti\u00f3n de la individualidad humana.<br>\nDotada de esp\u00edritu, la persona tiene un car\u00e1cter de dignidad tal que no la hace comparable con las dem\u00e1s. Y brota de ah\u00ed una conclusi\u00f3n pr\u00e1ctica muy importante, que es el \u00abprincipio de indiferencia\u00bb, y dice as\u00ed: \u00abEl bien no es mayor porque se refiera a m\u00ed, ni el mal es menor porque se refiera a otro\u00bb. Lo cual quiere decir que el bien y el mal poseen la misma consideraci\u00f3n frente a la dignidad del hombre.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>POR LA SELVA DE LO SUPERFLUO<\/strong><\/p>\n<p>El hombre no s\u00f3lo se encuentra unificado por un esp\u00edritu, sino que tambi\u00e9n se siente o se encuentra arrastrado y encadenado por la materia.<br>\nA lo largo de la historia han existido diversas consideraciones sobre la relaci\u00f3n entre materia y esp\u00edritu, pero en nuestra cultura esto toma la forma espec\u00edfica del materialismo. \u00c9ste, en general, es el encadenamiento del hombre a la materia.<br>\nTiempo atr\u00e1s, los antrop\u00f3logos hab\u00edan distinguido en el ser humano dos tipos de necesidades que se hallan mezcladas: las necesidades naturales, que se dan en el hombre por requerirlas para su subsistencia, y las necesidades a\u00f1adidas, que el hombre inventa porque cree necesitarlas; estas \u00faltimas son ficticias, fingidas o falsas. El consumismo es, en \u00faltimo t\u00e9rmino, una postura contempor\u00e1nea por la cual nos creamos necesidades precisamente para satisfacerlas.<br>\n\u00bfCu\u00e1les son las necesidades verdaderas y cu\u00e1les las superfluas? \u00bfCu\u00e1les son los bienes que agrandan el tama\u00f1o del hombre y cu\u00e1les son los que lo encadenan y encogen?<br>\nNo se puede dar una lista de bienes necesarios simplemente porque no existe. La consideraci\u00f3n de los bienes necesarios est\u00e1 entintada, aun en los fil\u00f3sofos m\u00e1s inteligentes de la historia, por un subjetivismo individualista. El problema no es ya que sospechemos tener cosas superfluas, sino que carecemos del criterio para distinguir lo que es superfluo de lo que no lo es.<br>\nArist\u00f3teles nos dice que el que muchas personas usen las cosas no es signo de su necesidad (\u00a1y eso que en su tiempo no hab\u00eda televisi\u00f3n!).<br>\nEl hecho de resolver artificialmente algunas de nuestras necesidades materiales no entra de suyo dentro del concepto de superfluidad. Viviendo agrupados por la sociabilidad ciudadana, logramos comodidades que antes no pod\u00edamos obtener porque la agrupaci\u00f3n no exist\u00eda o no lo permit\u00eda. La artificialidad no implica, en s\u00ed misma, superfluidad.<br>\nHay una peque\u00f1a piedra de toque que nos hace ver si algo es natural o superfluo: la naturaleza se apacigua, llega un momento en que ya no necesito m\u00e1s pares de zapatos (aunque alguna mujer diga que s\u00ed) o controles de televisi\u00f3n (aunque los hombres se subleven), en que ya no puedo comer o descansar m\u00e1s. En cambio, las necesidades superfluas tienen como rasgo caracter\u00edstico el no saciarse nunca. Este rasgo da paso a una enfermedad muy bien diagnosticada desde hace 2,500 a\u00f1os, que lleva el extra\u00f1o nombre de pleonexia. Pleon\u00e9xico es aquel que considera que todav\u00eda no tiene bastante, porque ignora que su esp\u00edritu no puede calmarse ni saciarse con cosas materiales.<br>\nNuestra armon\u00eda y pacificaci\u00f3n va a venir por el lado del esp\u00edritu, no por el lado de las cosas materiales que tengamos o consumamos. Sin embargo, hace 2,500 a\u00f1os la pleonexia era una enfermedad; para nosotros es signo de \u00e9xito. \u00c9sa es, en realidad, nuestra gran enfermedad: considerar como \u00e9xito lo que nos perjudica.<br>\nAdem\u00e1s, existe lo necesario, pero tambi\u00e9n lo conveniente; y se da lo superfluo, pero tambi\u00e9n lo nocivo. No hay s\u00f3lo una clasificaci\u00f3n bipartita de bienes, sino cuatripartita: lo necesario, lo conveniente, lo superfluo y lo nocivo. La tesis que aqu\u00ed se sostiene es que poco a poco, por la tendencia de las cosas, lo conveniente desemboca en lo necesario y, por la ca\u00edda o la degradaci\u00f3n de los mismos bienes, lo superfluo se convierte en nocivo. Y ninguna lista de cosas necesarias y superfluas brinda suficiente luz, porque lo superfluo y lo necesario no corresponden objetivamente a los bienes que se tienen, sino abiertamente a la persona que los posee.<br>\nLos bienes no son buenos ni malos referidos en abstracto a s\u00ed mismos, sino en directa relaci\u00f3n con la persona. Son buenos los que me hacen bueno, y malos los que me hacen malo. Son necesarios y convenientes, o superfluos y nocivos, por la repercusi\u00f3n que tienen en cada individuo que los posee, de manera que no se trata de una lista de car\u00e1cter exterior, sino de una introspecci\u00f3n para ponderar si mis bienes me hacen m\u00e1s o menos hombre.<br>\nPero la sabidur\u00eda griega agrega que la carencia misma de bienes contribuye a la virtud. Paradoja ciertamente ininteligible: la pobreza engendrar\u00eda en nosotros la fuerza; y la fuerza, no la abundancia, es la que nos defender\u00eda de la pobreza misma. La pobreza nos hace fuertes para poder salir de ella.<br>\nPodemos aceptar que los bienes convenientes se transforman en necesarios, pero no es evidente, ni convincente todav\u00eda, que los bienes superfluos se conviertan en nocivos. Tendr\u00eda que demostrar emp\u00edricamente que hay una relaci\u00f3n entre lo superfluo y lo perjudicial. \u00bfCu\u00e1ndo es buena la pobreza y cu\u00e1ndo es mala la riqueza? Las riquezas, incluso materiales, se convierten para un hombre virtuoso en instrumento de la virtud, en la medida en que ampl\u00edan sus posibilidades de ser virtuoso. No se trata evidentemente de eliminar al rico, ni tampoco de erradicar directamente la pobreza del hombre: se trata fundamentalmente de que los que son ricos sean a la par virtuosos.<br>\nLa riqueza sirve para ampliar el radio de la virtud, pero tambi\u00e9n ayuda a sembrar una inquietud que rompe el sosiego del alma. \u00bfEn qu\u00e9 consiste esta inquietud? En querer tener m\u00e1s de lo que tengo o en no perder aquello que ya adquir\u00ed. Dec\u00eda Pascal que el hombre tiene un ansia infinitamente infinita. Esa ansia, en lugar de saciarla nosotros con los bienes del esp\u00edritu, que son justamente infinitamente infinitos, pretendemos satisfacerla pleon\u00e9xicamente con una serie infinita de bienes finitos.<br>\nLo importante es poder distinguir por qu\u00e9 raz\u00f3n lo superfluo se convierte en nocivo. Lo malo no es lo superfluo, sino lo superfluo m\u00edo que existe contempor\u00e1neamente con la carencia de lo necesario de otros. Retener para s\u00ed lo superfluo es optar por la primac\u00eda de las cosas sobrantes en dem\u00e9rito de las personas que carecen de lo elemental y b\u00e1sico. Quien retiene para s\u00ed lo superfluo no s\u00f3lo hace da\u00f1o a quien lo necesita, sobre todo se hace da\u00f1o a s\u00ed mismo, pues se impide el ejercicio de la solidaridad, que es justamente la virtud m\u00e1s valiosa del hombre y que le har\u00eda m\u00e1s hombre que aquellas cosas superfluas que retiene.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ESCALAR HACIA LAS PROPIAS CUMBRES<\/strong><\/p>\n<p>Aunque tal vez no seamos conscientes de ello, dos fuerzas \u00abtiran\u00bb de nosotros hacia dos modelos antropol\u00f3gicos diferentes, que conviven hoy no s\u00f3lo en la sociedad contempor\u00e1nea, sino dentro de nuestra propia persona.<br>\nLa opini\u00f3n p\u00fablica de nuestro pa\u00eds parece convencida de que M\u00e9xico necesita un nuevo modelo econ\u00f3mico. Parecer\u00eda que las cuestiones axiol\u00f3gicas deber\u00edan esperar a que se resuelvan las econ\u00f3micas, de mayor perentoriedad y apremio.<br>\nMijail Gorbachov, en su libro La b\u00fasqueda de un nuevo inicio, nos dice con cierta amargura que en los primeros a\u00f1os de perestroika se formul\u00f3 un principio con el que podr\u00edamos estar de acuerdo: \u00abcomienza la perestroika contigo mismo\u00bb. Una modificaci\u00f3n en las estructuras econ\u00f3micas no podr\u00eda tener ning\u00fan valor sin el cambio en las estructuras mentales y caracterol\u00f3gicas de las personas que las integran. Antes que nada, tenemos que cambiar nosotros. No son las modificaciones al modelo econ\u00f3mico las verdaderamente sustanciales, sino las transformaciones en el concepto del hombre, los cambios en cada uno de nosotros, y esto en todos los campos: no puede haber democracia sin dem\u00f3cratas.<br>\nAnte el derrumbe de las ideolog\u00edas, los modelos antropol\u00f3gicos actuales ofrecen poqu\u00edsimas opciones. Entre ellas, se ofrecen dos alternativas: el nihilismo y el renacimiento de los valores cl\u00e1sicos.<br>\nLa primera alternativa resulta m\u00e1s peligrosa que muchas teor\u00edas ideol\u00f3gicas y antropol\u00f3gicas, pues ahora no nos enfrentamos a un concepto determinado del ser humano, sino a la falta de ese concepto, a la carencia de un esquema, de una idea de hombre. Es decir, a un modo de vivir cut\u00e1neo y superficial, sin raigambre. Cuando esto ocurre, lo m\u00e1s significativo y real de la vida se evapora en abstracciones en donde las personas pierden su dimensi\u00f3n individual y encarnada. Los valores se evaporan, y nuestra vida personal adquiere un estado delicuescente y gaseoso. Los adjetivos con que esta sociedad se califica son: sociedad hedonista, permisiva, consumista, impersonal y pesimista.<br>\nEn la sociedad hedonista los hombres no buscan el modo de desarrollar su hombr\u00eda esencial, haci\u00e9ndose m\u00e1s hombres, sino siguen hedon\u00edsticamente las satisfacciones que sienten, sin preguntarse si \u00e9stas hacen crecer lo que realmente son o lo degradan, encogen y empeque\u00f1ecen.<br>\nEste tono de vida desemboca, sin quererlo, en lo que llamamos permisivismo. De acuerdo con esta concepci\u00f3n de la vida, prohibir se vuelve malo y permitir bueno. Pero si reflexionamos bien, advertimos que las categor\u00edas morales de la vida no se identifican con el permiso y la prohibici\u00f3n, sino con el bien y el mal.<br>\nNuestra \u00e9poca tambi\u00e9n est\u00e1 invadida por el consumismo, tendencia contempor\u00e1nea por la que los bienes de uso, que habr\u00edan de ser duraderos, se convierten en bienes fungibles (aquellos que no pueden usarse sin consumirse). Lo verdaderamente preocupante es que no s\u00f3lo los bienes, sino tambi\u00e9n los valores, que son distintos, se convierten en una realidad consumible m\u00e1s, que tiene la fugaz permanencia de la moda.<br>\nPara los hombres impersonales o masa, la televisi\u00f3n o las estad\u00edsticas han tomado el lugar que ocupaba la raz\u00f3n. El mercado y la televisi\u00f3n atizan las perentorias necesidades de satisfacer nuestros impulsos, y claudicamos de nuestro natural dominio. Pierdo mi individualidad, me hago literalmente impersonal cuando carezco de conciencia acerca de c\u00f3mo debo actuar, no en cuanto integrante de mi pa\u00eds o mi barrio, sino como esa persona individual\u00edsima, irremplazable e irrepetible que soy; cuando no s\u00e9 qu\u00e9 hacer de esa vida \u00fanica que Dios me ha dado para m\u00ed solo.<br>\nEsta sociedad es, adem\u00e1s, pesimista. La \u00abmoral\u00bb de los instintos espont\u00e1neos sin freno, de la actuaci\u00f3n libre de reglas y convenciones, y de las personas diluidas en masas uniformes, sirve s\u00f3lo para el momento de salud, placer, bienestar, goce; es una \u00abmoral\u00bb que nos deja inermes, literalmente a la intemperie, durante el dolor, la enfermedad y la desgracia.<br>\nLa segunda alternativa que se ofrece, consiste en el sencillo retorno a la normalidad existencial de la condici\u00f3n humana, que significa el levantamiento, la resurrecci\u00f3n de los valores que dan al hombre sentido y verticalidad: la amistad, la familia, esa alegr\u00eda profunda de vivir que se llama fecundidad, en donde la persona se encuentra m\u00e1s all\u00e1 de los reglamentos gubernamentales y de las transacciones mercantiles. Debajo del Estado, del mercado, de la televisi\u00f3n y del peri\u00f3dico se encuentra el mundo de las relaciones personales que no pueden traducirse en t\u00e9rminos de dinero, influencia o poder: eso que Max Weber llama relaciones originales de las que son portadoras las comunidades de car\u00e1cter personal. Este conjunto de realidades vitales recibi\u00f3 de Edmund Husserl el nombre de Lebenswelt, que Jos\u00e9 Gaos tradujo como el mundo de la vida corriente.<br>\nEste mundo de la familia, la amistad, las relaciones gratuitas y voluntarias posee una alternativa distinta de ese nihilismo banal al que nos hemos referido; constituye el ojo de agua, el origen de una corriente impetuosa e incontenible de valores que constituyen la verdadera medida del hombre.<br>\nNos aventuramos a se\u00f1alar tres cualidades, que se presentan en nuestro tiempo como fundamentales para que la vida com\u00fan del hombre sencillo, no sofisticado por las t\u00e9cnicas, pero s\u00ed impregnado a\u00fan de esp\u00edritu, pueda influir, con su existencia com\u00fan y corriente, en esos mundos poderosos del Estado, el mercado, la televisi\u00f3n y la prensa.<br>\na) Capacidad de compromiso. La persona humana es una gozosa fuente de compromisos profundos, serios e inamovibles, compromisos que el hombre bien nacido asume con valent\u00eda y decisi\u00f3n. El hombre se mide por su capacidad de compromiso.<br>\nb) Capacidad de renuncia. El compromiso implica renunciar a todo aquello incompatible con el objeto con el que me he comprometido. La renuncia es la gran ausente de nuestra civilizaci\u00f3n. Quien no es capaz de renunciar a nada es aquel que carece de proyecto, quien absorbe todo sin discernimiento.<br>\nc) Capacidad del don de s\u00ed. La entrega de s\u00ed mismo no s\u00f3lo es el acto cimero de los seres libres, su ejercicio m\u00e1s noble y perfecto; no s\u00f3lo es el acto fundamental para la educaci\u00f3n de nuestra libertad: es el acto educativo por excelencia.<br>\nCompromiso, renuncia y entrega son los valores m\u00ednimos imprescindibles para afrontar la fuerza arrolladora de la sociedad hedonista, permisiva, impersonal y pesimista.<br>\nEn el mundo serio de la vida Estado, mercado y comunicaci\u00f3n colectiva predominan tres valores de transmutaci\u00f3n: el poder, el dinero y la influencia. En cambio, los valores que prevalecen en el \u00e1mbito de las relaciones personales son la amistad, la confianza y la alegr\u00eda. Un concepto del hombre centrado en la materia no origina s\u00f3lo un modelo econ\u00f3mico, sino un proyecto de vida individual, posesivo, ego\u00edsta y excluyente; abocado a aquello en que, como en la materia, caben las comparaciones monetarias y de popularidad. En sentido opuesto, un concepto del hombre centrado en el esp\u00edritu genera un proyecto de existencia comunitario, compartible, inclusivo y relacional.<br>\n\u00bfPor qu\u00e9 no podemos centrarnos en el esp\u00edritu y aspirar a la salud mental, al conocimiento, la amistad, la alegr\u00eda, que nos unen a los otros y nos adentran en ellos? El lector me puede interpelar: nos est\u00e1 usted hablando de ideales inasequibles y rom\u00e1nticos.<br>\nEstoy de acuerdo en que las grandes utop\u00edas ya no tienen credibilidad, pero las peque\u00f1as utop\u00edas de cada uno, esas ambiciones que hacen que la vida valga la pena, son plenamente posibles en el \u00e1mbito de la verdadera vida. Y, aunque no lo fueran, siempre tendr\u00e1 vigencia la sensata observaci\u00f3n de Arist\u00f3teles: \u00abLo imposible veros\u00edmil debe ser preferido a lo posible no convincente\u00bb, lo cual tiene su preludio en los Upanishads: vale m\u00e1s proponerse la meta de la excelencia y no lograrla, que la de la mediocridad y conseguirla.<\/p>\n<p class=\"textogris\">(Resumen elaborado por Gabriela Mill\u00e1n).<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24715\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El libro, (Diana. 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