{"id":24118,"date":"1999-03-01T00:00:00","date_gmt":"1999-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=24118"},"modified":"1999-03-01T00:00:00","modified_gmt":"1999-03-01T00:00:00","slug":"in_memoriam_elena_garro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1999\/03\/01\/in_memoriam_elena_garro\/","title":{"rendered":"In memoriam. Elena Garro"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24118\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Cuando acud\u00ed por primera vez a ver una obra de Elena Garro yo me ocupaba de cubrir la secci\u00f3n de Cr\u00edtica Teatral en La o\u00adnda, uno de los suplementos culturales de Novedades. Aunque era joven, mi amor por el teatro ya me ganaba el alma desde los a\u00f1os en que mi padre me descubriera a los grandes dramaturgos de los Siglos de Oro. Fuimos juntos. Se trataba de Los perros, obra en un acto. Tomamos nuestros lugares y luego de hacerse la oscuridad descubrimos a Manuela, una mujer ind\u00edgena de edad indefinida palmeando una tortilla. A su lado un fuego encendido y sobre \u00e9l un bote de petr\u00f3leo donde se coc\u00edan elotes. Al fondo de la habitaci\u00f3n otro fuego y sobre \u00e9l un comal. Manuela estaba arrodillada sobre el piso de lodo seco echando las tortillas de espaldas al p\u00fablico. Desde el primer parlamento el lenguaje de Manuela me sorprendi\u00f3.<br>\n\u00abA estas horas ya deber\u00edamos ir subiendo al monte. Tanto estar en la curva del a\u00f1o, esperando esta fecha, y cuando llega, se nos escurre entre los dedos, se nos pierde entre los pies y los pasos. \u00a1Mira, ya est\u00e1n todos dentro del veintinueve, s\u00f3lo nosotras andamos por sus orillas! \u00a1Desgraciado el que se quede fuera de los d\u00edas se\u00f1alados, porque ser\u00e1 se\u00f1alado por la desgracia!\u00bb.<br>\nLa sencilla pureza de estas met\u00e1foras, el modo como el personaje se refer\u00eda a los d\u00edas con alusiones crom\u00e1ticas o ac\u00fasticas y su inquebrantable esp\u00edritu agorero cargaba el aire de tragedia y nutr\u00eda a los di\u00e1logos de una conmovedora magia po\u00e9tica.<br>\nEntra a escena \u00darsula, su hija de 12 a\u00f1os; viene descalza, desgre\u00f1ada, con falda y blusa viejas. Se acomoda junto al bote de petr\u00f3leo y comienza a menear los elotes con expresi\u00f3n de tristeza. \u00abNo quiero o\u00edr el silencio de la fiesta, ni quiero ir a la fiesta\u00bb. A lo que su madre le responde: \u00ab\u00bfQuieres quedarte afuera de este d\u00eda? \u00bfQuieres que sigamos caminando d\u00edas descoloridos, d\u00edas en los que s\u00f3lo cae tierra sobre mi cabeza? T\u00fa, mi \u00fanica hija, quieres quedarte en ellos, d\u00e1ndoles vuelta como la mosca en la llaga del perro\u00bb.<\/p>\n<p class=\"subtit\">Los d\u00edas cobran matices nuevos a cada palabra de Manuela:<\/p>\n<p>\u00abNo quiero que los d\u00edas pasados ahoguen a los d\u00edas nuevos\u2026 En el monte ya est\u00e1n las enramadas. A las doce de la noche se descorrer\u00e1n los velos y veremos los d\u00edas rojos que nos aguardan. Cuando los veas en fila, subiendo hasta los cielos, \u00e9chate encima de ellos y agarra uno, el que m\u00e1s te guste, y en \u00e9l escribe lo que quieras que sea tu vida y as\u00ed ser\u00e1\u00bb.<br>\nPero \u00darsula tiene miedo porque \u00abel pueblo est\u00e1 lleno de agujeros; la feria tambi\u00e9n est\u00e1 llena de agujeros\u00bb. El Or\u00e1culo es su primo Javier, cuando llega a advertirla. En una suerte de Cr\u00f3nica de una muerte anunciada, este personaje masculino condensa con su lenguaje la tradici\u00f3n que ha convertido a la mujer mexicana en una persona violada, marginada y abusada, desde la aceptaci\u00f3n de suyo tr\u00e1gica por inexcusable del maltrato violento que deber\u00e1 recibir con objeto de mutilar \u00aba tiempo\u00bb su capacidad de decidir, de ejercer su libre albedr\u00edo, hecho \u00e9ste \u00faltimo que la facultar\u00eda para hacerse en el futuro digna de respeto o de \u00abtemor\u00bb.<br>\nCon una econom\u00eda del lenguaje sorprendente, Elena Garro consigue con estos di\u00e1logos expresar de forma bella y estrujante un at\u00e1vico fen\u00f3meno social, a\u00fan vigente, propio de la ignorancia, la impunidad y el alcoholismo del m\u00e1s t\u00edpico machismo mexicano. Y como tel\u00f3n de fondo, el silencio\u2026<br>\n<em>\u00abJer\u00f3nimo te va a robar esta noche.<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00bfY para qu\u00e9 me quiere robar?<\/em><br>\n<em>\u00abTe quiere para mujer, as\u00ed lo dijo.<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00bfPara mujer\u2026 a m\u00ed?<\/em><br>\n<em>\u00abAs\u00ed lo dijo. \u201cMe gusta la mujer tiernita, no me gustan las macizas\u201d. Ya se habl\u00f3 con los Tejones y ellos quedaron conformes en ayudarlo. T\u00fa sabes que nunca falta quien te ayude en los caprichos. Y Jer\u00f3nimo anda encaprichado, le sal\u00edan vapores por los ojos.<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00a1Primo Javier, ve y dile que me deje aqu\u00ed en mi casa! \u00a1D\u00edselo Javier, quiero quedarme en mi casa! \u00a1Quiero quedarme en mi casa! \u00a1Quiero quedarme con mi mam\u00e1!<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00bfC\u00f3mo quieres que le diga lo que \u00e9l no quiere o\u00edr? Ninguna palabra sirve para borrar un capricho. (\u2026) Por eso vine a avisarte. Lo vi muy enardecido, a estas horas ya se fue a beber con los Tejones.<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00bfTiene los ojos borrachos?<\/em><br>\n<em>\u00abS\u00ed. Bebe para emparejarse las fuerzas. No es tan f\u00e1cil robarse la cr\u00eda. Algo le ha de decir que anda torcido en sus deseos.<\/em><br>\n<em>\u00abVe y dile que me deje aqu\u00ed en mi casa\u2026<\/em><br>\n<em>\u00abSer\u00edan mis \u00faltimas palabras y a ti de nada te servir\u00edan. Ya es hombre hecho, ya trae sus designios formados. \u00bfQui\u00e9n puede entrar en sus adentros? Mis palabras rebotar\u00edan como piedras sobre piedras. \u00a1F\u00edjate que ya hasta traen los sarapes con que te van a envolver!<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00bfY para qu\u00e9 me van a envolver?<\/em><br>\n<em>\u00abPara atajarte los gritos. Vamos a suponer que tus gritos traigan gente, al malhechor le gusta el silencio y Jer\u00f3nimo no quiere equivocarse en la maldad.<\/em><br>\n<em>\u00abEntonces, \u00bfqu\u00e9, si me agarran me quedo callada? \u00bfNo digo nada?<\/em><br>\n<em>\u00abNada\u2026<\/em><br>\nEl drama va tejiendo su urdimbre. Como insecto en el centro de la telara\u00f1a, \u00darsula se revuelve nerviosa entre preguntas que conjuren su desgracia; sin embargo el tono sentencioso de Javier reduce a quimera cualquiera de sus esperanzas infantiles.<br>\n<em>\u00abJavier, \u00bfpara qu\u00e9 me quiere Jer\u00f3nimo?<\/em><br>\n<em>\u00abNo ser\u00e9 yo quien te quite la inocencia. Es un grave pecado. Es peor que arrancarle la piel a un ni\u00f1o, a un viejo lo sacas de su pellejo como de un vestido, en cambio el ni\u00f1o est\u00e1 bien pegadito.<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00bfJer\u00f3nimo me quiere arrancar la piel?<\/em><br>\n<em>\u00abEso quiere. Dejarte en carne viva, para que luego cualquier brisa te lastime, para que dejes tu rastro de sangre por donde pases, para que todos te se\u00f1alen como la sin piel, la desgraciada, la que no puede acercarse al agua, ni a la lumbre, ni dormir en paz con ning\u00fan hombre. (\u2026) Jer\u00f3nimo trae tu desdicha adentro de los sarapes, para que nunca m\u00e1s vuelvas a ser ni\u00f1a, ni gozar del agua y de la fruta. Para que nunca llegues a ser mujer lucida y temida de los hombres. \u00bfSabes lo que es la mujer desgraciada?<\/em><br>\n<em>\u00abNo\u2026 no lo s\u00e9\u2026<\/em><br>\n<em>\u00abLa que t\u00fa vas a ser despu\u00e9s de esta noche. La mujer apartada, la que averg\u00fcenza al hombre, la que carga las piedras y recibe los golpes, la que apaga la lumbre en la cocina con sus l\u00e1grimas\u2026<\/em><br>\n<em>En la respuesta de \u00darsula se percibe uno de los cabos del viaje circular que la mujer recorre en este tr\u00e1gico cuadro social.<\/em><br>\n<em>\u00abMi mam\u00e1\u2026<\/em><br>\n<em>\u00abS\u00ed, tu mam\u00e1\u2026 \u00a1Bien fregada! Por eso de los d\u00edas no le quedan m\u00e1s que las piedras y las hambres. Del gozo nada le toca y ning\u00fan hombre la teme.<\/em><br>\n<em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 busca de m\u00ed Jer\u00f3nimo?<\/em><br>\n<em>\u00abBusca cortarte del mundo\u2026<\/em><br>\n<em>\u00abD\u00edselo a mi mam\u00e1\u2026<\/em><br>\n<em>\u00abD\u00edselo t\u00fa, a m\u00ed me costar\u00eda la vida\u2026 Ya me voy primita \u00darsula, te dejo en tus doce a\u00f1os, ojal\u00e1 y que ma\u00f1ana amanezcas en los mismos.<\/em><br>\nA partir de este momento es Manuela quien comienza a jalar el otro cabo del ovillo. Inexplicablemente esc\u00e9ptica ante el aviso de su sobrino, su horrible confesi\u00f3n despliega ante el espectador un intimidante juego de espejos donde al menos tres generaciones de mujeres conocieron el horror. A la reiterada pregunta de \u00darsula, \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 me quiere Jer\u00f3nimo?\u00bb, su madre le responde:<br>\n<em>\u00ab\u00a1Para nada! \u00a1Mala suerte tendr\u00edas! \u00a1M\u00e1s arrastrada que la m\u00eda! Nunca te lo dije para que no te dibujaras en lo que yo fui. Pero ahora te lo digo; as\u00ed estaba yo, tan tiernita como est\u00e1s ahora. No sab\u00eda lo que era ser mujer y apenas serv\u00eda para darle de comer a las gallinas, cuando Antonio Rosales, el que despu\u00e9s fue s\u00edndico de Los Lagos, se fij\u00f3 en m\u00ed. \u00ab\u00a1Manuela, Manuelita!, \u00bfquieres saber lo que es un hombre?\u00bb. Y yo corr\u00eda y me sub\u00eda al guayabo de mi casa\u2026 Y mi mam\u00e1, que en paz descanse, rondaba el \u00e1rbol y me tiraba de pedradas para que la ayudara en el quehacer\u2026<\/em><br>\nPaulatinamente, Manuela, mientras habla, mete en el tompiate las tortillas que retira del comal. \u00darsula plancha su vestido nuevo. Las dos dan la espalda al p\u00fablico en un movimiento lento, profundamente elusivo, dolorosamente circular.<br>\n<em>\u00abUna noche me sac\u00f3 Rosales de mi casa. M\u00e1s bien no fue Rosales, fueron \u201cLos Otilios\u201d, conocidos por mal nombre \u201cLos queditos\u201d, porque cuando caminaban parec\u00eda que no pisaban, ni sent\u00ed cuando me envolvieron la cabeza en un sarape\u2026 con todo y que Hip\u00f3lito mi primo, hab\u00eda venido a prevenirme\u2026<\/em><br>\nAmparadas en un ingenuo providencialismo, las mujeres esperan que su suerte cambie\u2026 que Dios no quiera para sus hijas el mismo azogue en el espejo; y si fuera inevitable, entonces no nombrar la desgracia, no llamarla con palabras, no pronunciar el nombre del malvado, no decir, no decir, siempre callar\u2026<br>\n<em>\u00abPor qu\u00e9 hab\u00edas de tener t\u00fa la misma mala suerte? Dios no permitir\u00e1 que heredes mis sufrimientos.<\/em><br>\n<em>\u00abNo. \u00a1No lo puede querer!<\/em><br>\n<em>\u00abPor eso te dec\u00eda que no nombraras a Jer\u00f3nimo. Y por eso te cuento ahora lo que fui, para borrar con mis palabras las tuyas.<\/em><br>\n<em>\u00abS\u00ed, mam\u00e1, borre mis pensamientos y mi miedo.<\/em><br>\n<em>\u00abNada m\u00e1s me sacaron de mi casa y conoc\u00ed el sufrimiento. Me llevaron por el corral y not\u00e9 que los perros estaban muy silencios. Uno de \u201cLos Queditos\u201d dijo: \u201cAh\u00ed est\u00e1n babeando sangre, fue m\u00e1s f\u00e1cil darle a ellos, que sacar a esta mocosa\u201d. Y yo en mis adentros los vi tumbados entre las piedras, con las patas trozadas a machetazos. Y as\u00ed fue, porque despu\u00e9s de muchos ruegos Rosales me lo cont\u00f3. Y mis l\u00e1grimas nada m\u00e1s corr\u00edan por el \u201cSaturno\u201d y el \u201cOrillas\u201d. Y los hombres se fueron salt\u00e1ndose las cercas, Hip\u00f3lito les abr\u00eda camino y me sacaron al campo. All\u00ed me desataron y me entregaron al mismo Antonio Rosales.<\/em><br>\nManuela entonces habla del execrable abuso, del machetazo en la barriga, de la sangre derramada, de los golpes con la culata de la pistola, que se extendieron por espacio de siete a\u00f1os. Para cerrar la obra, Elena Garro pone en boca de Manuela la historia de su madre que fue la misma, de id\u00e9ntica crueldad.<br>\n<em>\u00abSiete a\u00f1os dur\u00f3 su b\u00fasqueda, pues nadie le daba raz\u00f3n de mi paradero. Cuando me hall\u00f3 estaba muy vieja, con las ropas y los pies rajados de tanto andar. Ni lloramos, nada m\u00e1s nos quedamos mirando, mientras tristes pensamientos se nos iban y ven\u00edan. \u00a1As\u00ed ser\u00e1 la suerte de la mujer, por estas tierras de Dios!<\/em><br>\nEn magistral cierre, Manuela nos anuncia su propia muerte. Hereda el reflejo de otro cruel asesinato que presenci\u00f3 junto con su hija. \u00darsula ha sido robada cubierta por un sarape a la vista de todos los espectadores. S\u00f3lo Manuela permanece de espaldas \u00bfa la realidad? Mientras contin\u00faa hablando sola, sin saberlo o sabi\u00e9ndolo demasiado.<br>\n<em>\u00ab\u201dLa suerte no se hereda si no se nombra\u201d, dijo mi mam\u00e1. Y as\u00ed est\u00e1bamos hablando cuando Antonio Rosales lleg\u00f3 borracho. Y si te digo que no nombres a Jer\u00f3nimo, es para que escapes a la desventura de ver a tu madre golpeada por un mal hombre, con las gre\u00f1as ya blancas, batidas en su propia sangre y los dientes rotos, sali\u00e9ndole de la boca. Muerta en la puerta de tu casa despu\u00e9s de siete a\u00f1os de buscarte. Muerta por el hombre al que nunca quise, y al que t\u00fa nunca conociste, y al que ojal\u00e1 que Dios nunca le ense\u00f1e el camino de esta casa. All\u00ed nos quedamos t\u00fa y yo, solas junto a la muerta\u2026 Y luego, solas, hasta ac\u00e1 nos vinimos, porque Rosales se escap\u00f3 a la justicia\u2026<\/em><br>\nComo hipnotizada, luego de comprobar sin demasiada sorpresa que \u00darsula ya no est\u00e1, avanza hasta el lugar que ocupaba su hija. Deposita el tompiate en el suelo, coge el vestido que la ni\u00f1a planchaba y se queda escuchando. Ahora est\u00e9 frente a nosotros con los ojos perdidos en el horizonte.<br>\n<em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 silencios, qu\u00e9 silencios est\u00e1n los perros de mi casa! Dios permita que no les mocharan las patas\u2026<\/em><br>\n<em>\u00a1Qu\u00e9 silencios est\u00e1n los perros de mi casa!..<\/em><br>\nObscuro.<br>\nA\u00f1os m\u00e1s tarde tuve ocasi\u00f3n de conocer personalmente a Elena Garro. Fue en Aguascalientes donde se le rindi\u00f3 un homenaje en el marco de la X Muestra Nacional de Teatro. De nuevo iba yo comisionada para cubrir el evento. La impresi\u00f3n que dej\u00f3 en m\u00ed <strong>Los perros<\/strong> hab\u00eda germinado en una profunda admiraci\u00f3n a su obra dram\u00e1tica, que ya por entonces hab\u00eda le\u00eddo con avidez. Su delicada figura, sus maneras finas y mesuradas, su suavidad para hablar, contrastaban con el directo y realista lenguaje de algunas de sus obras. Contest\u00f3 a nuestras preguntas con c\u00e1lida paciencia lanzando miradas concesivas a los j\u00f3venes que la rode\u00e1bamos. Cuando me toc\u00f3 el turno le pregunt\u00e9 si lo que se ha dado en llamar el \u00abrealismo m\u00e1gico\u00bb de sus textos, esa calidad po\u00e9tica de los di\u00e1logos puestos en boca de personajes humildes, era resultado de un ejercicio literario. Ella contest\u00f3 con aire displicente llev\u00e1ndose una mano a la barbilla en actitud de cansancio: \u00abNo, yo s\u00f3lo escrib\u00ed como me hablaban a m\u00ed los indios cuando era ni\u00f1a\u2026\u00bb.<br>\nDe Elena Garro aprend\u00ed que las circunstancias de vida que envuelven a un escritor (que si fue delatora de algunos l\u00edderes del 68, que si denost\u00f3 a Octavio Paz, que si se autoexili\u00f3 para generar l\u00e1stimas, que si tal o que si cual) poco o nada tienen que ver con la grandeza de su obra. A menos de un a\u00f1o de su desaparici\u00f3n, el teatro de Elena Garro se erige entre nosotros como uno de los m\u00e1s dram\u00e1ticos escritos en espa\u00f1ol desde tiempos de Sor Juana. Cuando, terminada la conferencia de prensa, me acerqu\u00e9 a pedirle que me autografiara su libro Un hogar s\u00f3lido, la antolog\u00eda de su teatro, me pregunt\u00f3 mi nombre, se lo dije y despu\u00e9s de sonre\u00edrme con expresi\u00f3n de lejan\u00eda, escribi\u00f3 con mano insegura: \u00abLourdes, ojal\u00e1 que el manto de la Virgen que lleva tu nombre, nos cobije a las dos\u2026\u00bb. Hoy no me queda duda de que en alg\u00fan lugar de Francia, pa\u00eds que la acogi\u00f3 durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os, el manto de la Virgen irradia un poco m\u00e1s de su luz desde que abriga el alma luminosa de Elena Garro\u2026<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"24118\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&laquo;Elena Garro es la Juan Rulfo femenina. Su obra, adem&aacute;s de mostrar un conocimiento enorme sobre la vida en el campo y los campesinos, despliega una prosa po&eacute;tica original de gran belleza&raquo;. 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