{"id":23815,"date":"1998-09-01T00:00:00","date_gmt":"1998-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23815"},"modified":"2023-11-08T06:04:49","modified_gmt":"2023-11-08T11:04:49","slug":"el_diablo_es_conservador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1998\/09\/01\/el_diablo_es_conservador\/","title":{"rendered":"El diablo es conservador"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23815\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Anciano y ciego, el escritor argentino Jorge Luis Borges se encontraba ante una audiencia multitudinaria en la universidad lime\u00f1a de San Marcos. Los estudiantes lo insultaban porque algunas de sus recientes declaraciones chocaban clamorosamente con la ortodoxia revolucionaria que aquellos universitarios se sent\u00edan obligados a obedecer. Tras algunos minutos de esc\u00e1ndalos, durante los cuales Borges contemplaba el vac\u00edo con su mirada ciega, se hizo por fin el silencio. Borges comenz\u00f3 a hablar de literatura con voz queda y quebrada. La luminosidad y la belleza comparecieron. El auditorio pas\u00f3 de la rabia a la fascinaci\u00f3n. Terminada la conferencia, lleg\u00f3 el turno de preguntas. La primera vali\u00f3 por todos: \u00ab\u00bfC\u00f3mo es posible que un hombre tan culto e inteligente como usted, se\u00f1or Borges, se empe\u00f1e en luchar contra el curso de la historia?\u00bb. La respuesta no tuvo desperdicio: \u00abOiga, joven, \u00bfno sabe usted que los caballeros s\u00f3lo defendemos causas perdidas?\u00bb.<br>\nLas causas perdidas son las \u00fanicas que merece la pena defender. No s\u00f3lo porque las otras se defienden solas, sino porque la verdad siempre aparece como desvalida, necesitada de protecci\u00f3n, frente al implacable curso de la historia, que cuenta a su favor con la raz\u00f3n m\u00e1s poderosa: los hechos.<br>\nLa primera obligaci\u00f3n de la gente razonable y educada no es otra que \u00e9sta: atenerse a los hechos. Ben\u00e9fica recomendaci\u00f3n, mil veces soportada por quienes tienen la ingenuidad de intentar cambiar el mundo (o comprenderlo). Atenerse a los hechos: primer mandamiento que, al eliminar los otros nueve, reduce al silencio a quien pretenda extraer el significado de una d\u00e9cada, de un a\u00f1o o de un d\u00eda.<br>\nAdvirtamos que los hechos no son lo mismo que las cosas. Las cosas est\u00e1n ah\u00ed, tranquilas, expresando s\u00f3lo que las dejemos ser, es decir, que las conozcamos. Los hechos, en cambio, tienen que ser construidos: responden a nuestros intereses y a nuestras estrategias, pueden ser estructurados de diferentes formas, y contados y recontados de acuerdo con nuestras conveniencias. Los hechos son algo as\u00ed como seres encadenados por la altaner\u00eda del hombre moderno.<br>\nNo confundir los hechos con la realidad representa el inicio de toda sabidur\u00eda, por modesta que sea. La realidad es \u00abde suyo\u00bb, mientras que los hechos \u00abson para m\u00ed\u00bb. Tal estar ante m\u00ed de los hechos es lo que les confiere esa objetividad mostrenca a la que llamamos facticidad. Lo f\u00e1ctico es la congelaci\u00f3n de lo real, algo as\u00ed como su fotograf\u00eda bidimensional, en blanco y negro. Lo f\u00e1ctico no es lo real, pero lo parece. Por eso parece que la realidad es terca y r\u00edgida, incompatible con la fluidez de la deliberaci\u00f3n y de la innovaci\u00f3n de la libertad. Quien obedece al imperativo de atenerse a los hechos queda exento de pensar y no necesita decidir. Los hechos, al parecer, ya deciden por uno.<br>\nA Martin Heidegger, le debemos esta luminosa sentencia: \u00abHecho es una palabra bella e insidiosa\u00bb. Posee todas las condiciones para enga\u00f1ar: es mentirosa y fascinante. Como Lucifer, que es un redomado adicto a los hechos, renuente y cazurro hasta la m\u00e9dula de su alto ser ca\u00eddo. Toda tentaci\u00f3n es un juego de ilusionismo con los hechos. Primero, los hechos nos fuerzan a comportarnos de modo que no est\u00e1 a la altura de nuestra dignidad. Eso es el pecado. Despu\u00e9s, el pecado se convierte a su vez en un hecho, que desaf\u00eda al arrepentimiento y al perd\u00f3n. Porque quiz\u00e1 no nos acabamos de creer que los hechos quedaban borrados por el gracioso gesto de la misericordia divina.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El diablo es conservador<\/strong><\/p>\n<p>He tomado la expresi\u00f3n que titula este ensayo de Claudio Magris, el autor de ese espl\u00e9ndido libro que es Danubio (Anagrama, Barcelona). Es como un lema que sirve de cifra y clave para entender los acontecimientos de este fin de milenio: \u00abEl diablo es conservador porque no cree en el futuro ni en la esperanza, porque no consigue ni siquiera imaginar que el viejo Ad\u00e1n pueda transformarse, que la humanidad pueda regenerarse, este obtuso y c\u00ednico conservadurismo es la causa de tantos males, porque induce a aceptarlos como si fueran inevitables y, en consecuencia, a permitirlos\u00bb.<br>\nHoy no nos acabamos de percatar que el \u00abindividualismo posesivo\u00bb est\u00e1 estrechamente emparentado con el totalitarismo opresivo. V\u00e1clav Havel denuncia al racionalismo liberal como una ficci\u00f3n inhabitable: \u00abEn el pasado, los soberanos y gobernantes eran personas id\u00e9nticas a s\u00ed mismas, hombres con un rostro humano concreto, personalmente responsables, tanto de sus buenas acciones como de sus cr\u00edmenes. En la \u00e9poca moderna son reemplazados por el manager, el bur\u00f3crata, el profesional de la administraci\u00f3n, de la manipulaci\u00f3n y la propaganda\u00bb.<br>\n<strong>Rebeldes y conformistas<\/strong><br>\nLa felicidad nunca es autom\u00e1tica: hay que merecerla trabajosamente por el sabio ejercicio de la virtud y expresarla como un regalo inmerecido.<br>\nPor un momento, el curso de los acontecimientos humanos se halla al filo de la navaja; y son unas pocas voces de indignaci\u00f3n y de valent\u00eda las que realizan el experimento crucial, esa experiencia de la libertad consistente en no resignarse a lo f\u00e1ctico, en no atenerse por una vez a los hechos (ya vendr\u00e1n despu\u00e9s los hombres de la estructura a poner las cosas en orden).<br>\nLa cruda verdad es que hemos visto demasiados sobreentendidos que no eran m\u00e1s que malentendidos. La espuma del consumismo no alcanza a cubrir las heridas abiertas de una humanidad doliente. El \u00abTercer Mundo\u00bb es, cada vez m\u00e1s, casi todo el mundo.<br>\nResulta un solemne simplismo hablar ahora del triunfo de la libertad econ\u00f3mica sobre la burocracia, como si ni supi\u00e9ramos que el Estado de Bienestar es una componenda entre burocratizaci\u00f3n y mercantilismo, en donde se intenta reducir la libertad de los ciudadanos a veleidad hedonista. Es ese status quo perverso el que tanto la izquierda como la derecha quiere conservar a toda costa. A costa de la pobreza de la mayor\u00eda, a precio de la vida de millones de seres humanos no nacidos, y de la amenaza para los que nos acercamos a la tercera edad.<br>\nNo lo olvidemos, lo que el permisivismo permite es siempre el dominio de los d\u00e9biles por los fuertes: el asesinato flagrante de los f\u00edsicamente indefensos y la opresi\u00f3n light o marginaci\u00f3n de los oprimidos. Todo ello con suave ambientaci\u00f3n de m\u00fasica new age.<br>\n<strong>La persistencia del Gran Hermano<\/strong><br>\nAfortunadamente queda mucha historia por hacer. Y la historia es, en definitiva, un hallazgo de la libertad, no la aplicaci\u00f3n de una receta con presunto \u00e9xito. Ya nadie cree seriamente en el catecismo socialista. Pero tampoco las f\u00f3rmulas neo-capitalistas llevan camino \u00be ni de hecho ni de derecho\u00be para afrontar ese desequilibrio internacional y social que ofrece un espect\u00e1culo m\u00e1s parecido a un barril de p\u00f3lvora que a una balsa de aceite.<br>\nLa simplificaci\u00f3n que hemos padecido, por inercia de proyecto moderno, consiste en intentar apresar la creciente complejidad de una sociedad cada vez m\u00e1s diversificada con las redes un\u00edvocas del Estado y del mercado. Y, a su vez, s\u00f3lo un esfuerzo de desburocratizaci\u00f3n y desmercantilizaci\u00f3n nos permitir\u00e1 descubrir que la trama b\u00e1sica de esa sociedad compleja no viene dada por las transacciones de poder o de dinero, sino que emerge de las conexiones interpersonales de la solidaridad.<br>\nPuestos a vaticinar, y para no ser menos, yo echar\u00e9 tambi\u00e9n un cuarto de espadas: los a\u00f1os venideros ser\u00e1n la d\u00e9cada de la solidaridad. S\u00f3lo con nuevos valores, que ascienden desde el mundo vital, ser\u00e1 posible flexibilizar y complementar la esclerosis de la tecnoestructura. \u00danicamente con un modo diferente de pensar \u00be m\u00e1s comprensivo y realista\u00be se superar\u00e1 la estrategia del conflicto y se inducir\u00e1n corrientes in\u00e9ditas de cooperaci\u00f3n. Es a lo que he llamado, en ocasiones, nueva sensibilidad.<br>\nLo caracter\u00edstico de esta nueva percepci\u00f3n de la realidad es que no viene dada por un giro f\u00e1ctico de nuestra civilizaci\u00f3n. La nueva sensibilidad no es un hecho: es un h\u00e1bito bueno, es decir, una virtud o conjunto de virtudes que se adquieren con un esfuerzo personal orientado por una buena educaci\u00f3n.<br>\nSe trata de superar el estado natural de la guerra de todos contra todos, por medio de continuos pactos sociales con los que se alcancen consensos f\u00e1cticos, siempre precarios. Tan precarios que la aut\u00e9ntica guerra de todos contra todos \u00be la insolidaridad como sistema\u00be acaba apareciendo de nuevo al final. Hoy sabemos que esa ficci\u00f3n resulta inhabitable.<br>\nLa alternativa de la filosof\u00eda de la educaci\u00f3n, no es autom\u00e1tica. La ilustraci\u00f3n liberal pretendi\u00f3 que el saber y la cultura eran bienes que estaban a disposici\u00f3n de todos, y cuya universal posesi\u00f3n nos llevar\u00eda a un continuo progreso moral. Como lo ha demostrado McIntyre, el progreso cultural y moral s\u00f3lo es posible dentro de una tradici\u00f3n. La actividad educativa \u00be la ense\u00f1anza y el aprendizaje\u00be presupone una comunidad \u00e9tica, que incluye unas reglas morales y una disciplina de vida. Comunidades de tal \u00edndole son \u00be entre otras\u00be la familia y la escuela. S\u00f3lo desde tales instituciones es posible intentar el lanzamiento de una aut\u00e9ntico progreso humano. Por eso el diablo \u00be que a fuer de conservador, es un viejo astuto\u00be no se anda por las ramas y centra sus ataques en el logro de que la familia, la escuela y otros grupos b\u00e1sicos, pierdan toda su sustancia, queden a resultar de las arbitrariedades del poder pol\u00edtico y del consumo econ\u00f3mico, dejando as\u00ed de ser \u00e1mbitos de cultivo de las virtudes intelectuales y morales. El ideal de la vida personalmente lograda resulta, entonces, sustituida por la ilusi\u00f3n del \u00e9xito exterior, por los se\u00f1uelos del dinero, el placer y la influencia. La verdad ya no es un valor en s\u00ed mismo, la verdad depende\u2026 depende de lo que socialmente sea plausible, relevante, aceptable\u2026 es decir, de lo que se nos imponga desde fuera. El Big Brother, el Gran Hermano de Orwell, sigue vivo, y no lo hace tan mal.<br>\n<strong>El verdadero fin de la historia<\/strong><br>\nEl propio concepto de hecho, tal como hoy lo entendemos pertenece al vocabulario de la Ilustraci\u00f3n moderna. Por asombroso que resulte, los humanos se arreglaron bastante bien sin los hechos hasta hace un siglo y medio; lo mismo que eran sorprendentemente capaces de vivir sin televisi\u00f3n ni refrigeradores. Al menos no ten\u00edan ninguna palabra para significar lo que nosotros entendemos por \u00abhecho\u00bb, lo cual provoca la sospecha de que su mundo no era un \u00abconjunto de hechos\u00bb, como dec\u00eda Wittgenstein, sino quiz\u00e1 una armon\u00eda de estrellas, caballos, ni\u00f1os, trigo, libros, \u00e1rboles y cosas as\u00ed.<br>\n\u00abLo \u00fanico nuevo \u00be dicen los postmodernos\u00be es que no hay nada nuevo\u00bb. A esto le llama Jes\u00fas Ballesteros en su espl\u00e9ndido libro sobre el tema (Postmodernidad: decadencia o resistencia. Tecnos), la postmodernidad como decadencia o tardomodernidad. Ah\u00ed se sit\u00faa el cinismo de los conservadores y l\u00fadicos. Pero tambi\u00e9n existe una postmodernidad como resistencia o contemporaneidad, que implica justamente el rescate de una historia raptada por la Historia. En esta aut\u00e9ntica postmodernidad se re-descubren olvidadas fuentes de sentido, arraigadas en la espontaneidad solidaria del mundo vital, que siempre acaba por comparecer, aunque sea como hu\u00e9sped no invitado. La vitalidad sofocada emerge por los entresijos del sistema y las marcas del imperio. Sus ra\u00edces se hallan en el ethos, en las formas de vida tradicionales o trascendentes. Su manifestaci\u00f3n m\u00e1s clamorosa es el nuevo nacionalismo. Su fuerza menos alienable es su vieja religiosidad.<br>\n<strong>Callejones sin salida<\/strong><br>\nEl individualismo moderno ha conducido a situaciones de lacerante insolidaridad. Eso es lo que est\u00e1 clamando por un final. Sostener que no es posible actuar en t\u00e9rminos de cooperaci\u00f3n y de amistad social equivale a hacer un pacto con el diablo, ese gran conservador del mal: \u00abla serpiente antigua\u00bb (Apoc. 12,9).<br>\nEl campo de batalla decisivo de este fin de siglo no es la pol\u00edtica ni la econom\u00eda: es la cultura y la educaci\u00f3n. La causa de que toda posible soluci\u00f3n a los problemas de nuestro tiempo aparezca como ut\u00f3pica no es otra que el inmenso vac\u00edo intelectual que padecemos. La mayor parte de nuestras universidades siguen cultivando la ficci\u00f3n de una educaci\u00f3n ilustrada y liberal seg\u00fan la cual el saber es inmediatamente transmitible y la posesi\u00f3n de tal saber resulta ben\u00e9fica para el hombre.<br>\nPero lo cierto es que los \u00fanicos conocimientos que pueden pasar de mente a mente sin otros requisitos que el dominio de un determinado lenguaje (sobre todo el matem\u00e1tico) son los conocimientos t\u00e9cnicos y profesionales. Pero la profesi\u00f3n ya no se entiende como un modo de vida que inspira confianza social, sino como la posesi\u00f3n de unas destrezas que permiten ocupar puestos en la maquinaria colectiva.<br>\nMientras tanto, las humanidades se consideran como adorno subjetivista y trivial, no s\u00f3lo porque no proporcionan un rendimiento en t\u00e9rminos utilitaristas, sino tambi\u00e9n porque aparecen como un territorio en el que s\u00f3lo es posible la opini\u00f3n m\u00e1s o menos fundada o la ret\u00f3rica m\u00e1s o menos brillante.<br>\nLa p\u00e9rdida de sustancia personal y el continuado deterioro \u00e9tico a lo que se aboca una situaci\u00f3n de esta \u00edndole requieren un diagn\u00f3stico y un tratamiento que se sit\u00faan m\u00e1s all\u00e1 de las discusiones convencionales. Hay que desandar los caminos mal andados y volver a encontrar el cabo del hilo conductor que pueda devolver unidad y sentido a las mujeres y los hombres de este fin de siglo.<br>\nRecuperar la visi\u00f3n realista del mundo equivale a despertar del sue\u00f1o de la raz\u00f3n racionalista y desenmascarar la voluntad de poder. S\u00f3lo el realismo metaf\u00edsico y \u00e9tico ofrece criterios firmes y compartibles para decidir entre las teor\u00edas rivales y lograr de nuevo que la teolog\u00eda y la filosof\u00eda constituyan el marco de una cultura com\u00fan.<br>\nLa \u00e9tica profesional se ha puesto de moda, especialmente en pol\u00edtica, en medicina y en el mundo de los negocios. Es una clara manifestaci\u00f3n de lo que he llamado \u00abnueva sensibilidad\u00bb. Pero como el propio McIntyre ha puesto de relieve en una entrevista concedida a la revista Atl\u00e1ntida, esta emergencia de la \u00e9tica manifiesta tambi\u00e9n la precariedad de nuestros enfoques culturales. Primero, porque los planteamientos suelen ser inconsistentes: denuncian ciertas faltas morales y pasan f\u00e1cilmente por alto otras de mayor envergadura. Segundo, porque se trata de \u00ab\u00e9ticas\u00bb especializadas y pragm\u00e1ticas: hay una \u00e9tica para esto y otra \u00e9tica para lo otro.; lo cual revela que contin\u00faa olvidada la realidad de que la \u00e9tica es un saber unitario que se refiere al bien del hombre en cuanto hombre. Por \u00faltimo, y sobre todo, porque nadie aprendi\u00f3 nunca \u00e9tica asistiendo a clases y conferencias. Las verdades morales s\u00f3lo se aprenden pr\u00e1cticamente, participando, si es posible desde la ni\u00f1ez, en alguna forma de vida com\u00fan en la cual las virtudes se adquieren como h\u00e1bitos de acci\u00f3n que permiten su ulterior incremento y potencian la capacidad de aprender ante nuevas e irrepetibles situaciones.<br>\nLa clave de la coyuntura hist\u00f3rica actual, la posibilidad de que Occidente pueda ofrecer una aportaci\u00f3n positiva, estriba en nuestra capacidad de fomentar esas relaciones interpersonales pr\u00e1cticas, esas formas de comunidad social a trav\u00e9s de las cuales se puede conseguir ese tipo de bien que s\u00f3lo se adquiere en las pr\u00e1cticas vitales: la familia y la casa, el barrio, la oficina, la parroquia, la granja, la cl\u00ednica, el peque\u00f1o negocio, la Universidad, son comunidades que pueden incorporar el tipo de pr\u00e1cticas que contienen en s\u00ed mismas un bien humano. En ellas se puede ense\u00f1ar y aprender lo que es la autoridad y la obediencia, la iniciativa libre e inteligente, las relaciones con otras personas y con otras instituciones.<br>\nEste planteamiento puede ser acusado de irrelevancia pol\u00edtica, pero en eso consiste precisamente su gran fuerza. Es la fuerza de la resistencia a la asimilaci\u00f3n total por parte de un sistema que tiende a homogeneizarlo todo y a despersonalizarlo todo.<br>\nEl totalitarismo siempre ha procurado aislar a las personas, debilitar su car\u00e1cter \u00e9tico, y hacerlo creer que su desaz\u00f3n es patol\u00f3gica. Tambi\u00e9n el individualismo contribuye a ese aislamiento porque nos ense\u00f1a a conjugar el \u00abyo\u00bb pero nos ha hecho olvidar qu\u00e9 significado puede tener el \u00abnosotros\u00bb (MacIntyre). La lucha por recuperar ese entra\u00f1able \u00abnosotros\u00bb, la lucha para romper el anonimato en una sociedad cosificada, esa lucha es de temer y de esperar que sea considerada como altamente subversiva por los detentadores del \u00e9xito y del dominio.<br>\nPor eso no queda m\u00e1s remedio que conspirar. Se trata de una leal y pac\u00edfica conspiraci\u00f3n a favor de la dignidad y de la libertad de las personas humanas, de esos seres tan inquietantes que somos nosotros.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23815\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El diablo gusta de conservar las cosas que van mal. Su imperio son los hechos, porque generalmente los hechos son pasados, y el pasado es inamovible. Pero el g&eacute;nero humano siempre ha sido obstinado, y cuando no se conforma con algo, lo reforma. Por eso inventamos cosas y por eso revolucionamos. 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