{"id":23813,"date":"1998-09-01T00:00:00","date_gmt":"1998-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23813"},"modified":"1998-09-01T00:00:00","modified_gmt":"1998-09-01T00:00:00","slug":"la_cultura_en_el_siglo_xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1998\/09\/01\/la_cultura_en_el_siglo_xxi\/","title":{"rendered":"La cultura en el siglo XXI"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23813\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>El porvenir conlleva, siempre, algo aventurado que desborda toda previsi\u00f3n. Debido a la misma naturaleza del tiempo, las cosas cambian s\u00f3lo por seguir: la continuidad produce discontinuidades, la permanencia fomenta por s\u00ed misma las rupturas. Por eso, al igual que no hay situaci\u00f3n tan buena que no est\u00e9 siempre amenazada, lo peor tampoco es nunca seguro.<br>\nNing\u00fan espectador de la historia se atrever\u00eda hoy a decir lo que ser\u00e1 la cultura del mundo occidental si tal concepto tiene todav\u00eda validez, a mitad del siglo XXI.<br>\nSe puede pensar, justificadamente, que las evoluciones culturales son mucho m\u00e1s lentas, profundas, y por eso, m\u00e1s determinables y previsibles que los sucesos personales e hist\u00f3ricos, los cuales est\u00e1n m\u00e1s comprometidos con la casualidad de los encuentros, las emociones y circunstancias. Pero eso es en parte inexacto. En contra de lo que hubi\u00e9ramos cre\u00eddo, la historia pone de manifiesto que hay \u00abse\u00edsmos\u00bb culturales, tan repentinos e imprevisibles como un terremoto, y que cambian en unos d\u00edas o en unos meses todo el paisaje intelectual, moral y social.<br>\nDesde que una rama de la etnolog\u00eda norteamericana se denomin\u00f3 \u00abantropolog\u00eda cultural\u00bb, el sentido de la cultura se extendi\u00f3 a todo tipo de comportamientos y quehaceres, y, como es l\u00f3gico, perdi\u00f3 en comprensi\u00f3n como gan\u00f3 en extensi\u00f3n. Antes, strictu sensu, la cultura designaba la forma espiritual de la vida: el arraigo de una conciencia en el suelo hist\u00f3rico que le nutre, asimilando la diversidad de sus elementos en la novedad de una s\u00edntesis original. As\u00ed, mientras un individuo salvaje no puede hacer m\u00e1s que empezar cada ma\u00f1ana un d\u00eda igual a la v\u00edspera, un ser culto nunca acaba de proseguir lo que la misma historia empez\u00f3. Lo mismo que, debido a su patrimonio gen\u00e9tico, cada ser vivo es tan antiguo como la misma vida, la cultura hace que cualquier esp\u00edritu sea tan viejo como la humanidad entera. Puesto que, por tener mucha experiencia, los ancianos nos parecen tener alguna sabidur\u00eda, al procurarnos la experiencia de lo que hemos sentido interiormente sin haberlo vivido, la cultura nos hace m\u00e1s sabios porque nos hace m\u00e1s humanos.<br>\nHoy, en que existe un ministerio o secretar\u00eda para hacerse cargo de ella, la cultura sensu lato no tiene casi nada que ver con la duraci\u00f3n o la historia: es el conjunto de todos los comportamientos sociol\u00f3gicos en un momento determinado.<br>\nConform\u00e1ndonos al uso actual de la palabra, entenderemos en adelante cultura como el conjunto de datos y comportamientos sociales, de actitudes intelectuales, de referencias est\u00e9ticas, a la vez de inclinaciones y rechazos morales que, si no proporcionan la radiograf\u00eda de una \u00e9poca, al menos dibujan su perfil. No tomo en cuenta las teor\u00edas cient\u00edficas ni la evoluci\u00f3n de las t\u00e9cnicas, puesto que s\u00f3lo importan por los nuevos y masivos comportamientos que suscitan (como el tel\u00e9fono, televisi\u00f3n, autom\u00f3vil, etc\u00e9tera;pero el descubrimiento de una estrella o la mec\u00e1nica cu\u00e1ntica, no cambiaron nada la experiencia \u00edntima que los hombres tienen de s\u00ed mismos, de su humanidad. Todo lo que cultiva instruye, pero no todo lo que instruye cultiva.<br>\nHagamos dos consideraciones. La primera es la ley del doble frenes\u00ed: la evoluci\u00f3n de la vida resulta de dos tendencias encontradas: materia y esp\u00edritu; lo mismo que se pasa, de manera fren\u00e9tica e imprevisible, de la tradici\u00f3n m\u00e1s conservadora a la innovaci\u00f3n m\u00e1s arriesgada, se pasa tambi\u00e9n del goce m\u00e1s ego\u00edsta al esp\u00edritu de sacrificio y entrega m\u00e1s altruista. La segunda, menciona dos factores de incertidumbre que arruinan toda previsi\u00f3n en el campo de la historia, a pesar de los planes econ\u00f3micos y los programas de investigaci\u00f3n: siempre hay alg\u00fan pensador o cient\u00edfico que descubre lo que no buscaba, provocando un cambio inesperado; y, as\u00ed como una voluntad al repetirse se convierte en costumbre, no hay revoluci\u00f3n tan liberadora que no se transforme en un r\u00e9gimen opresivo y conservador; no hay audacia creadora que no se vuelva pronto un tema escolar y acad\u00e9mico. Paralelamente, no existe situaci\u00f3n, por deseada que sea, que, al hacerse permanente, deje de ser rechazada. De modo que podemos prever y anunciar este rechazo, basta con esperar; pero no podemos prever el momento y forma del mismo.<br>\nSi la cultura del siglo XXI fuera previsible, tendr\u00eda que ser una prolongaci\u00f3n de la del siglo XX. Ahora bien, para trazar el curso de la cultura, necesitamos resumir la situaci\u00f3n cultural europea en 1950 y despu\u00e9s en este fin de siglo, para intentar caracterizar las principales tendencias culturales del nuevo primer cuarto de siglo.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Situaci\u00f3n cultural en los a\u00f1os 50<\/strong><\/p>\n<p>* Situaci\u00f3n sociol\u00f3gica. Casi todos los pa\u00edses europeos estaban constituidos por una poblaci\u00f3n principalmente rural. \u00c9ramos casi todos hijos de nuestra tierra. El valor m\u00e1s reconocido y respetado era la tradici\u00f3n, y el valor m\u00e1s tradicional el respeto. Cada cual ten\u00eda como uno de sus primeros deberes servir y honrar a la familia, por ello, se sent\u00eda casi sin cesar observado y juzgado por todos; as\u00ed, la vigencia social regulaba los comportamientos. La divisi\u00f3n del trabajo tend\u00eda a perpetuarse entre las familias, hab\u00eda un orden de clases sociales. Adem\u00e1s, la sociedad se organizaba y estructuraba por instituciones tradicionales que contaban con una individualidad casi org\u00e1nica; sus miembros se distingu\u00edan por sus uniformes y la dedicaci\u00f3n absoluta a unos valores, cada cual pose\u00eda el sentimiento vivo de su sitio, rango, papel social y convicciones pol\u00edticas y religiosas. Para casi todos, el trabajo era m\u00e1s una necesidad que una dedicaci\u00f3n. La escuela parec\u00eda, y era, el \u00fanico medio, de promoci\u00f3n social, los valores escolares parec\u00edan tan justos que quienes so\u00f1aban reformar la sociedad en nombre de la justicia, se representaban la sociedad regenerada sobre el mismo modelo de la escuela. Hacer una carrera parec\u00eda un privilegio.<br>\n* Situaci\u00f3n intelectual. Se experimentaba un orden de las cosas y, por tanto, hab\u00eda que cambiar m\u00e1s bien nuestros deseos que el orden del mundo. Casi nadie pon\u00eda en duda que existe una verdad y que su b\u00fasqueda consiste en alguna identidad l\u00f3gico-ontol\u00f3gica entre la raz\u00f3n que conoce y la que fundamenta las cosas. La raz\u00f3n se reconoc\u00eda ella misma como realidad; tal era el racionalismo general difundido a trav\u00e9s de la sociedad. La fenomenolog\u00eda promet\u00eda un regreso a las cosas mismas y la literatura comprometida quer\u00eda describir la verdad de la vida tal como cada uno la vive, sin comprenderla. Dos escatolog\u00edas se enfrentaban: la celestial y la terrenal. Para unos y otros no cab\u00eda duda que la existencia ten\u00eda un sentido: la verdad; y que no ten\u00edamos m\u00e1s que conformarnos con \u00e9l. Pero aunque la vida no tuviera sentido, pod\u00eda seguir teniendo belleza o dignidad.<br>\nCon todo, en 1950, un rasgo fundamental un\u00eda investigaciones distintas: el desvanecimiento de la verdad y el adue\u00f1amiento del pensamiento por el lenguaje; en vez de que el lenguaje fuera determinado e inspirado por la realidad, la realidad era determinada, constituida y secretada por \u00e9ste. As\u00ed pues, la idea de un pensamiento \u00fanico, necesario y universal, ser\u00eda rechazada. Fue el momento en que se opusieron el reconocimiento de alguna originaria trascendencia y la denuncia de cualquier trascendencia como ilusi\u00f3n. No hay m\u00e1s que productos y el hombre es el \u00fanico productor, su conciencia es el producto de sus productos.<br>\n* Situaci\u00f3n del arte. En estos a\u00f1os se agotaba la discrepancia entre el arte que buscaba ser comprometido y el que s\u00f3lo quer\u00eda gustar. Al arte comprometido le correspond\u00eda una finalidad que lo sobrepasaba; el arte revolucionario, la literatura comprometida y el realismo socialista, le confiaban la tarea hist\u00f3rica de despertar la conciencia de clase del proletariado al denunciar las contradicciones y desgarramientos de la sociedad. Hab\u00eda un sentido escatol\u00f3gico de la cultura.<br>\nExist\u00edan tres tipos de ficciones novelescas: uno, social y psicol\u00f3gico, que describ\u00eda las relaciones que componen las vidas incluso m\u00e1s sencillas; otro, traspon\u00eda la misma vida del autor en forma novelesca; el tercero, negaba toda tesis o ense\u00f1anza, s\u00f3lo describ\u00eda con soltura y humor las aventuras de sus h\u00e9roes que pasaban la existencia sin esperanza ni desesperaci\u00f3n, sin buscar ning\u00fan sentido, s\u00f3lo atentos a acoger con gracia la extra\u00f1eza de cada instante. Se experimentaba, pues, que el absurdo tambi\u00e9n tiene \u00e9tica. La trascendencia de Dios fue sustituida por un esteticismo moral. En literatura se abr\u00eda paso a la est\u00e9tica de la inmediatez. En las artes pl\u00e1sticas hab\u00eda acabado de consumarse la independencia de toda obra con respecto a la imitaci\u00f3n de cualquier objeto. La nueva pintura pod\u00eda competir con la m\u00fasica: cuanto menos ten\u00eda referente o significado, m\u00e1s pensaba tener sentido.<br>\n* Resultados espirituales. En el campo intelectual a\u00fan se pose\u00eda un esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n y entrega: eran los \u00faltimos tiempos en que los profesores dec\u00edan que daban sus lecciones, o los m\u00e9dicos que otorgaban sus consultas. Quienes se dedicaban a la pol\u00edtica lo hac\u00edan m\u00e1s por vocaci\u00f3n o convicci\u00f3n que por construir una carrera. La honestidad era virtud c\u00edvica generalmente compartida. Cada cual sent\u00eda c\u00f3mo lo que constitu\u00eda el sentido y la dignidad de su vida, val\u00eda m\u00e1s que su vida. Puesto que el honor expresaba el reconocimiento de uno por los dem\u00e1s, postulaba el reconocimiento de los mismos valores por casi todos; en este caso, el de la supereminencia del servicio, que era el sentido m\u00e1s elemental de la existencia.<br>\nPero ya se experimentaba y manifestaba, tanto en novelas como en cuadros, el sentimiento de una soledad insuperable y el car\u00e1cter ilusorio de toda trascendencia, es decir, de todo sentido.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Situaci\u00f3n cultural a fines del siglo XX<\/strong><\/p>\n<p>* Cambios sociol\u00f3gicos. La mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n se ha vuelto urbana. Con el crecimiento de las ciudades, la vida en ellas es m\u00e1s an\u00f3nima, nadie percibe sobre s\u00ed la vigilancia o el juicio de nadie. Uno ya no se siente amenazado por cat\u00e1strofes naturales, sino por turbulencias sociales: crisis financieras, econ\u00f3micas, disturbios, inmigraciones incontroladas, delincuencia, etc\u00e9tera. El car\u00e1cter excepcional de la inestabilidad se sustituy\u00f3 por el sentimiento de una inestabilidad e imprevisibilidad generalizadas.<br>\nAhora, nadie se siente arraigado a una tierra ni tampoco a una familia. Por una sarc\u00e1stica paradoja cultural, la sociedad ha venido a ser tanto m\u00e1s atomizada como m\u00e1s hacinada; y, siendo todos cada vez m\u00e1s parecidos, casi nadie siente tener semejantes.<br>\nLa noci\u00f3n de clase social ha perdido validez; no existen modelos sociales, toda carrera profesional o destino individual son ahora experimentados como aleatorios. Intentar hacer una carrera parece el curso normal y aburrido de la vida. Al haberse perdido el sentido de cualquier vocaci\u00f3n o tarea libremente elegida, se anuncia una revoluci\u00f3n cultural: soy lo que soy visto. Quien no se ve, no es.<br>\nSe presentan tres paradojas: mientras las obras m\u00e1s sencillas y mec\u00e1nicas son cumplidas por m\u00e1quinas, nunca los diversos quehaceres exigieron tan escasa originalidad o invenci\u00f3n; no hay quien se sienta o sea considerado como insustituible. En esta sociedad acogedora a todas las diferencias, sin modelos, normas ni reglas, nunca el hombre ha sido tan previsible: las personas raras o extravagantes casi desaparecieron. En donde nadie se siente existir sin ser visto, el valor m\u00e1s compartido, de manera inconsciente, es el no diferenciarse (la forma m\u00e1s reciente de esta conformidad indiferenciada es el tema norteamericano del politically correct). Esta sociedad tan anticonformista que rehus\u00f3 toda norma es, sin embargo, la m\u00e1s conformista.<br>\nAhora bien, si el talento, capacidad, entrega, car\u00e1cter, en adelante no califican, \u00bfc\u00f3mo va uno a distinguirse? La sociedad en la cual estamos entrando procura dos respuestas: puesto que no nos distinguimos por nosotros mismos, s\u00f3lo somos distinguidos por los otros, la sociedad es ahora constituida por grupos y son \u00e9stos los que eligen en ellos a sus miembros. Y, como nada determina esta elecci\u00f3n no hay norma, regla o principios, todo es siempre aleatorio. Gustar, agradar, placer y complacer son los nuevos m\u00e9ritos.<br>\nA consecuencia, la rep\u00fablica no es m\u00e1s que una palabra. No hay una sociedad, sino miles de peque\u00f1os grupos olig\u00e1rquicos. Una observaci\u00f3n macrosociol\u00f3gica pone de manifiesto una tendencia general hacia m\u00e1s unidad y homogeneidad, e incluso, m\u00e1s uniformidad. Pero una observaci\u00f3n microsociol\u00f3gica pone de manifiesto una tendencia a un estallido tribal, a la heterogeneidad, la rotura y la secesi\u00f3n.<br>\n* El rostro intelectual. Cuatro son las consecuencias del desvanecimiento de toda trascendencia:<br>\n1) En todos los campos del pensamiento y del sentimiento se perdi\u00f3 el sentido de la verdad, o, m\u00e1s bien, se ha venido a confundir la verdad y la verosimilitud. Son los mismos caracteres de un sistema, idioma, teor\u00eda o juego que ahora son atribuidos a la verdad: la eficacia (limitada, especializada, circunstancial), la coherencia (interna, local, particular), la funcionalidad y la falseabilidad.<br>\n2) Se ha negado la noci\u00f3n de sujeto; lo que se sigue llamando sujeto o conciencia no es origen sino resultado, no es fuente indeterminable e inobservable de toda libertad, sino encrucijada de determinaciones m\u00e1s o menos opuestas entre ellas. Un positivismo ingenuo expresa esta tendencia general a reducir toda realidad a un objeto y toda verdad a una explicaci\u00f3n cient\u00edfica. La negatividad, el deseo y la voluntad son tan desconocidos que nadie intenta dilucidar ni entenderlos; s\u00f3lo se intenta describir y explicar los objetos deseados o las metas proseguidas.<br>\n3) Ha venido el tiempo de las ciencias humanas. Este momento es el del hombre; pero de la herencia kantiana s\u00f3lo han guardado la anal\u00edtica de la raz\u00f3n pura y, al echar la l\u00f3gica de la raz\u00f3n y sus exigencias, se despidieron tambi\u00e9n de la moralidad, la esperanza, el ideal del bien soberano, la comprensi\u00f3n del sentido de la existencia, y toda escatolog\u00eda. Los \u00fanicos que se atreven a proponer amplias s\u00edntesis, son los cient\u00edficos; es la consecuencia natural de esta l\u00f3gica (atrofiada) de los fen\u00f3menos. La f\u00edsica cu\u00e1ntica parece bastar para explicar todo.<br>\n4) No queda nada ahora que no parezca depender del hombre. El pensamiento conduce todas las experiencias, pero no hay experiencia del pensamiento. No es la verdad y el deber quienes se le imponen, sino \u00e9l que ama\u00f1a sus verdades y discute sus deberes. Es el esp\u00edritu el que ordena y regula toda presencia, pero es la ausencia del absoluto la que ordena y arregla el esp\u00edritu. Al empezar el tercer milenio, las civilizaciones adelantadas s\u00f3lo se acordaron de la primera mitad de esta lecci\u00f3n, y rechazaron la segunda. Si todo depende del hombre, los males que sufrimos no pueden resultar m\u00e1s que de voluntades flojas o malas voluntades. Y as\u00ed es como esta civilizaci\u00f3n supremamente positivista y tecnicista desarrolla una mentalidad casi animista, atribuyendo sus infelicidades a unas voluntades perjudicadoras.<br>\nAl haber rechazado todo estatuto metaf\u00edsico de la verdad y considerado que todo pensamiento es de tipo t\u00e9cnico, era necesario que desapareciera el modo de pensar reflexivo constitutivo de la filosof\u00eda, y, a consecuencia, que la encuesta, la indagaci\u00f3n o la erudici\u00f3n, sustituyan al an\u00e1lisis. As\u00ed es como unos investigadores pueden saber much\u00edsimas cosas sin entender ninguna, especialistas t\u00e9cnicos de un tema.<br>\nEl car\u00e1cter pragm\u00e1tico de los estudios y la especializaci\u00f3n t\u00e9cnica de los saberes tiene por resultado la uniformidad de la cultura contempor\u00e1nea, que otros podr\u00edan denominar como car\u00e1cter democr\u00e1tico: los mismos programas de las mismas pantallas.<br>\n* Difusi\u00f3n de la televisi\u00f3n. La televisi\u00f3n oper\u00f3 la unificaci\u00f3n de la humanidad por la universalizaci\u00f3n de alg\u00fan tipo de cultura: la televisiva; lo que no hab\u00edan alcanzado el libro y la escuela. Todo se ve ahora de la misma manera, en el mismo flujo de las im\u00e1genes, sin que nadie pueda ser m\u00e1s concernido o comprometido en un momento que en otro. Esto acarrea cuatro consecuencias:<br>\n1) Haber hecho equ\u00edvoco el estatuto de la realidad. La misma l\u00f3gica de la modalidad viene a ser en adelante desviada, enga\u00f1ada. Esto se desarrollar\u00e1 m\u00e1s en el pr\u00f3ximo cuarto de siglo porque compromete fundamentalmente la relaci\u00f3n de la conciencia con el mundo. Se trata de distinguir entre lo real y lo irreal, lo verdadero y lo falso, el velar y el so\u00f1ar, percibir e imaginar.<br>\n2) Existe un nuevo tipo de credulidad suscitada por la televisi\u00f3n: al verla, se cree espont\u00e1neamente que el aparato no hace m\u00e1s que acercar la imagen de cosas que s\u00f3lo la distancia hac\u00eda imperceptibles. Pensamos que lo que vemos en ella no son unos testimonios siempre parciales y dudosos que tenemos que juzgar, sino la inmediatez de la misma existencia que no podemos m\u00e1s que observar y constatar. No s\u00f3lo creemos estar muy bien informados cuando somos desinformados, sino que creemos adem\u00e1s conocer perfectamente lo que nunca entendimos.<br>\n3) Podr\u00edamos denominarla un cosmopolitismo cultural. Se acaba considerando la humanidad, su historia y su destino, de la misma manera que los entom\u00f3logos estudian las costumbres tan interesantes, tan asombrosas, y sin embargo tan diversas, de las diferentes especies de insectos. Pero cuando todo asombra, nada extra\u00f1a. No hay entonces certidumbre que no parezca una creencia. Puesto que cualquier creencia tiene sus creyentes y no hay nada tan raro para unos que no sea cierto para otros, al mismo tiempo que todo dogmatismo parece un fanatismo o una ingenuidad, se difunde un relativismo generalizado. Incluso en el \u00e1mbito del pensamiento, de las teor\u00edas, la l\u00f3gica y la verdad, esta cultura nos hace tomar la posici\u00f3n de un etn\u00f3logo: constatamos, describimos, nos prohibimos extra\u00f1arnos, y no juzgamos. Esta nueva cultura s\u00f3lo admite juicios de existencia, \u201ces as\u00ed\u201d; y no permite juicios de valor, \u201cesto debe o no debe ser\u201d. Quien no tiene ninguna fe y ninguna certeza no se hace tolerante por admitir las otras: es indiferente. Por eso, no es la tolerancia lo que difunde la cultura actual, sino la indiferencia.<br>\n4) De ah\u00ed, que la cultura televisiva aniquile o atrofie tanto el sentido de lo admirable como de lo escandaloso. Nos hace experimentar todas las cosas de la misma manera. En esta cultura de la nivelaci\u00f3n, todas las diferencias son acogidas pero s\u00f3lo como diversos modos de lo indiferenciado.<br>\nAl rehusar el orden, gusto, raz\u00f3n, sentido, oficio, por todas partes se propag\u00f3 un dada\u00edsmo generalizado. Pero, al haberse generalizado, es s\u00f3lo un nihilismo.<br>\n* Destino del arte. El rasgo com\u00fan de todas estas manifestaciones es la inmediatez. No se busca el cumplimiento de una obra ni el desarrollo de una composici\u00f3n organizada, sino la fulgurante intensidad de un trance; el rasgo sugestivo o pat\u00e9tico de una palabra, una imagen, un gesto. El tiempo como continuidad de una duraci\u00f3n, se ha sustituido por la experiencia de un tiempo hecho de discontinuidades. La dispersi\u00f3n de nuestras voluntades, afectos, esfuerzos y metas, se asume como una perpetua disponibilidad al asombro imprevisible de cualquier encuentro. Ahora se busca experimentar en una sola vida la diversidad de todas las vidas posibles. A ning\u00fan compromiso religioso, pol\u00edtico o amoroso, se le reconoce vigencia absoluta. En los \u00faltimos a\u00f1os, el realismo hist\u00f3rico rechaz\u00f3 los diversos idealismos pol\u00edticos con obstinaci\u00f3n. El esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n y entrega parece resumirse en la dedicaci\u00f3n a tareas de solidaridad hacia las poblaciones m\u00e1s pobres, los refugiados, los enfermos de SIDA, etc\u00e9tera; pero, al perderse el sentido de trascendencia, se pierde tambi\u00e9n el sentido de la santificaci\u00f3n personal, la m\u00edstica del servicio y del trabajo, es decir, la alegr\u00eda humilde y laboriosa de la mediaci\u00f3n. Al no saber en qui\u00e9n o en qu\u00e9 creer, nadie sabe a qui\u00e9n o a qu\u00e9 servir. Es la vacilaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tendencias culturales del pr\u00f3ximo siglo<\/strong><\/p>\n<p>* Situaci\u00f3n sociol\u00f3gica. El crecimiento de las ciudades puede acabar, excepto por la inmigraci\u00f3n, pero no as\u00ed el movimiento de disgregaci\u00f3n y atomizaci\u00f3n social. El v\u00ednculo social tiende a hacerse m\u00e1s d\u00e9bil y flojo. El tiempo de trabajo se har\u00e1 m\u00e1s breve, se desarrollar\u00e1n las tareas fragmentadas, los puestos intermitentes a medio tiempo. Con la difusi\u00f3n hiperb\u00f3lica de la televisi\u00f3n y de las terminales se difundir\u00e1 el tele-trabajo. Esta situaci\u00f3n podr\u00e1 procurar un sentimiento de libertad, pero, al mismo tiempo, de aislamiento y soledad. Incluso estudiando o trabajando, no sabremos con qui\u00e9n o para qui\u00e9n. La sociedad se har\u00e1 siempre m\u00e1s abstracta.<br>\nEl totalitarismo de los medios televisivos tendr\u00e1 varias consecuencias: No habr\u00e1 nada, antes tan excepcional, que no parezca en adelante banal. Cada cual se relacionar\u00e1 \u00fanicamente con el canal espec\u00edfico que corresponde a su afici\u00f3n; habr\u00e1 casi tantas humanidades cuantos canales televisivos. S\u00f3lo buscar\u00e1n la cultura quienes ya la habr\u00e1n encontrado, pero ser\u00e1 una misma cultura internacional, con los mismos ritmos e \u00eddolos la que se difundir\u00e1 por todas partes y, como su difusi\u00f3n depender\u00e1 de medios t\u00e9cnicos \u00fanicamente mercantiles, \u00e9sta tambi\u00e9n ser\u00e1 \u00fanicamente mercantil; no ser\u00e1 el valor lo que origine el \u00e9xito, sino el \u00e9xito comercial lo que fije el valor. Una oligarqu\u00eda pol\u00edtico-financiera determinar\u00e1, no lo que ser\u00e1 la cultura, sino qu\u00e9 personas ser\u00e1n hechas famosas, durante un tiempo, por esta cultura.<br>\nSer visto ser\u00e1 la \u00fanica manera de relacionarse con los otros y de tener una realidad social; quienes m\u00e1s a menudo aparecer\u00e1n en las pantallas tendr\u00e1n un especial atractivo que les proporcionar\u00e1 una supereminencia social.<br>\nPor eso se puede prever, a muy corto plazo, el hundimiento de los antiguos papeles sociales, y un profundo trastorno de los puntos de referencia y de la jerarqu\u00eda sociales.<br>\nDonde casi todo resultar\u00e1 de una racionalidad tecnol\u00f3gica y mercantil, va a desarrollarse, por el contrario, una mentalidad irracional y casi m\u00e1gica. Al no haber ninguna correlaci\u00f3n entre ciencia, m\u00e9rito y \u00e9xito, lo humano ser\u00e1 experimentado como algo imprevisible, indeterminable, y completamente aleatorio.<br>\nNuestra humanidad estar\u00e1 a punto de perder, incluso, el sentimiento de su propia realidad. Cuando hab\u00eda un ser supremo que me ve\u00eda y por qui\u00e9n yo ser\u00eda juzgado en verdad, pod\u00eda superar el desprecio, la indiferencia o la injusticia: eran tan vanas y accidentales como transitorias. Pero sin juez supremo, no soy m\u00e1s que lo que aparezco. Esta nueva cultura har\u00e1 experimentar nuestra misma existencia como dudosa, incierta y problem\u00e1tica.<br>\nPero est\u00e1 claro que esto no ocurrir\u00e1 sin que suscite resistencia, rechazo y, quiz\u00e1, la secesi\u00f3n de unas comunidades refractarias.<br>\n* Cambios intelectuales. El sentido de los valores tambi\u00e9n resultar\u00e1 relativo: a un grupo cultural, profesional, \u00e9tnico o de edad; no hay nada que valga por s\u00ed y se imponga a todos los hombres s\u00f3lo porque son hombres. En el campo te\u00f3rico, al igual que una verdad cient\u00edfica no es m\u00e1s que una hip\u00f3tesis confirmada por su \u00e9xito experimental, es tambi\u00e9n su fama la que hace el \u00e9xito de cualquier teor\u00eda, y es su difusi\u00f3n en el p\u00fablico lo que hace su fama. La \u00fanica fuerza ser\u00e1 la publicidad.<br>\nPero, si la venta de cualquier cosa ser\u00e1 la que determine su valor, y la publicidad quien la haga vender, sin embargo, la publicidad no bastar\u00e1. Lo \u00fanico previsible es que no hay nada previsible. Sin criterio del \u00e9xito, s\u00f3lo al lanzar una obra al p\u00fablico, se puede saber lo que vale; la \u00fanica cosa mala es, pues, la que no se compra. A consecuencia, no es la culpa la que hace el fracaso, sino el fracaso el que hace la culpa. Con esto, los fundamentos de todo sentido \u00e9tico ser\u00e1n destrozados; lo que siempre se impondr\u00e1 ser\u00e1 la fuerza insidiosa, subrepticia e irresistible de los sondeos, el consumo, la opini\u00f3n y la costumbre.<br>\nEn el campo de la investigaci\u00f3n, gracias a la multiplicidad de canales informativos y terminales que permitir\u00e1n interrogar innumerables bases de datos, el tiempo que no se pierda en la b\u00fasqueda de la informaci\u00f3n, se ganar\u00e1 para las tareas creadoras (reflexi\u00f3n, comprensi\u00f3n, organizaci\u00f3n, invenci\u00f3n).<br>\n* Consecuencias de esta nueva manera de cultivarse:<br>\n1) El fin de los ratones de biblioteca.<br>\n2) Al mismo tiempo que la est\u00e9tica estruendosa de la cultura pop invadir\u00e1 todo, se desarrollar\u00e1 una est\u00e9tica aristocr\u00e1tica de la pureza y la austeridad.<br>\n3) El saber no ser\u00e1 algo que tengamos que asimilar, sino una masa de indicaciones exteriores que s\u00f3lo podremos utilizar en el momento oportuno. Aunque podamos ser siempre m\u00e1s cultos, sin embargo, seremos menos cultivados.<br>\n4) El flujo de im\u00e1genes de esta nueva cultura, esencialmente visual, no dejar\u00e1 sitio para lo imaginario, pues imaginamos tanto m\u00e1s, cuanto menos percibimos. Esto ocasionar\u00e1 que, al no forjar ilusiones, no estemos desilusionados y desesperados, pero que tampoco tengamos ilusi\u00f3n y esperanza por nada: ser\u00e1 el tedio.<br>\n5) No podemos pensar que la multiplicidad de los medios informativos proporcionar\u00e1 m\u00e1s iniciativa al libre albedr\u00edo de cada cual, pues en la mayor\u00eda de las ocasiones dicha informaci\u00f3n ser\u00e1 ya programada, no se sabe c\u00f3mo ni por qui\u00e9n. La cultura general ser\u00e1 una generalizaci\u00f3n del periodismo; los periodistas desempe\u00f1ar\u00e1n el magisterio de la cultura.<br>\n6) Con toda verosimilitud, las \u201cim\u00e1genes virtuales\u201d invadir\u00e1n el \u00e1mbito cultural. Manipulando los datos semiol\u00f3gicos de un logicial y jugando con ellos, cada cual podr\u00e1 procurarse la ilusi\u00f3n de cualquier realidad. Nuestra intimidad inmediata con unos objetos (estas im\u00e1genes) nos har\u00e1n perder toda intimidad siempre mediata con las personas. Nada nos parecer\u00e1 tan extra\u00f1o, inerte, aburrido y fr\u00edo, como la realidad.<br>\nAl perderse el sentido de la espera y de la mediaci\u00f3n, estar\u00e1n a punto de perderse tambi\u00e9n el sentido de la alegr\u00eda del trabajo, de la distancia, de la alteridad, del respeto, del amor y de la entrega.<br>\nPor eso, me parece, que nos encontramos ante dos alternativas:<br>\n* Asistir al surgimiento de una nueva especie; al no adaptarnos a este nuevo ambiente, somos nosotros quienes desapareceremos. Este presentimiento podr\u00eda quiz\u00e1 explicar el asombroso proceso de disminuci\u00f3n de la natalidad que viven algunos pa\u00edses: al haber sospechado que sus hijos no ser\u00e1n exactamente sus semejantes, la gente ha acabado de reproducirse; como si se espantara secretamente de que su reproducci\u00f3n biol\u00f3gica no ser\u00e1, a la vez, su perpetuaci\u00f3n espiritual.<br>\n* bien, resistir estas tendencias y aprovechar otra vez estas nuevas t\u00e9cnicas para una nueva cultura, aun m\u00e1s espiritual y creadora. Se trata de saber si nos haremos capaces de cultivar es decir, salvar la sapientia para salvar la humanidad. Para comulgar con la humanidad entera y arraigarse en la historia m\u00e1s inmemorial que es la del esp\u00edritu, basta con estar cada uno siempre m\u00e1s atento a su interioridad.<br>\nLas formas culturales contempor\u00e1neas tienden a distraer al hombre de s\u00ed mismo: es la cultura de lo asombroso, del ruido, la decoraci\u00f3n y la distracci\u00f3n. Una experiencia tan sencilla, tan universalmente compartida como conmovedora, tendr\u00eda que llamarnos m\u00e1s la atenci\u00f3n; observemos a un grupo de gente an\u00f3nima que se re\u00fane para escuchar un cuarteto de Schubert, les basta con haber vivido interiormente, juntos, ese largo llanto, para sentir que forman un grupo m\u00e1s unido y denso que cualquier otro. Sin haberse comunicado entre ellos, se sienten fraternalmente unidos por haber comulgado en esta experiencia de una misma desesperaci\u00f3n y de una misma esperanza, que los apologistas de los siglos XVII y XVIII llamaban la inquietud. La \u00fanica cultura que cultiva su humanidad en cada hombre, no es la que apaga, sino la que exalta la originaria inquietud. \u00c9sa que nos hace sentir y recuerda que todos somos llamados, aunque no todos sepamos qui\u00e9n nos llama y qu\u00e9 nos pide.<br>\nPor eso, cuanto m\u00e1s poseemos poder t\u00e9cnico, m\u00e1s debemos cultivarnos. Cuanto m\u00e1s la t\u00e9cnica nos libera de las necesidades y de las preocupaciones que siempre nos distraen de nosotros mismos, m\u00e1s podemos estar atentos al sentido de esta inquietud que nos constituye. Adem\u00e1s, nos libera de una ilusi\u00f3n: nos hace experimentar que, al habernos hecho due\u00f1os y poseedores de la naturaleza, la t\u00e9cnica nos hizo menos infelices sin hacernos m\u00e1s felices. As\u00ed, nos cultiva al ense\u00f1arnos que existe una insuperable decepci\u00f3n que consiste en buscar en el mundo lo que no pertenece a este mundo. Si cualquier objeto que venimos a poseer nunca es el que hab\u00edamos buscado, es porque el objeto de esta b\u00fasqueda interior nunca fue un objeto. Por su asombroso desarrollo t\u00e9cnico, el siglo XXI nos quitar\u00e1 una coartada: habr\u00e1 puesto de manifiesto que el papel de la cultura es hacernos buscar, no lo que podemos poseer, sino lo que nos posee.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23813\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miente quien dice conocer lo que ser&aacute; el futuro. Pero una cosa es cierta: la verdadera cultura &quot;ese aliento espiritual de vida&quot; es y ser&aacute; aquella que nos hace sabios porque nos rescata como plenamente humanos. 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