{"id":23716,"date":"1998-07-01T00:00:00","date_gmt":"1998-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23716"},"modified":"2023-11-08T06:07:29","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:29","slug":"los_frutos_de_la_tarea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1998\/07\/01\/los_frutos_de_la_tarea\/","title":{"rendered":"Los frutos de la tarea"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23716\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Cualquiera que posea una elemental experiencia de la vida sabe que al tomar una determinaci\u00f3n elevada, siempre surge un principio de oposici\u00f3n. Basta con que se proponga un ideal superior para sentir poco tiempo despu\u00e9s una fuerza contraria que lo impulsa a abandonarlo: inclinaciones cultivadas en los viveros del capricho, que crecen y se yerguen para expulsar los ideales que quieren compartir con ellos con los caprichos el dominio del alma.<br>\nY si no estamos atentos a tales voces inarm\u00f3nicas, que al principio s\u00f3lo se insin\u00faan con timidez, van invadiendo nuestros espacios interiores, encontrando resonancia en nuestro cong\u00e9nito desorden, y debilitando poco a poco nuestros prop\u00f3sitos, hasta convertir la vida, como lo vemos en tantos, en un erial de infecundidad. Lo infecundo no s\u00f3lo se da en el desierto; tambi\u00e9n en las exuberancias selv\u00e1ticas en donde todo ha crecido al desgaire de la espontaneidad salvaje y asistem\u00e1tica.<br>\nSeamos coherentes. Si un d\u00eda nos proponemos alcanzar determinada meta, una determinada cualidad, por ejemplo, no podemos conservar en el alma el vicio contrario. Es preciso optar con seriedad. El alpinista que se apasiona por la cumbre se agarra tambi\u00e9n con pasi\u00f3n a la cuerda que lo lleva a la cima, aunque lo amarre y le queme las manos. El trabajo nos brinda la ocasi\u00f3n de ser tenaces en aquello que comenzamos, dentro de un mundo de proyectos incipientes y abortados.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Espejos para Narciso<\/strong><\/p>\n<p>Hay un peligro fundamental para la constancia que es la vanidad, la cual se presenta como la forma m\u00e1s femenina del orgullo, aunque est\u00e9 bien a la vista que no son s\u00f3lo las mujeres quienes la padecen; quien se deja dominar por ella nunca podr\u00e1 ser fiel a un proyecto serio. La vanidad es un veneno mortal para cualquier empresa de valor, y por valiosa, ardua. Porque toda empresa superior exige muchas horas de trabajo oculto, y la vanidad, herida por la penumbra y el anonimato derrama, por la llaga abierta, pereza y tedio, hasta ahogar las mejores determinaciones.<br>\nLa vanidad puede definirse como af\u00e1n de logro a plazo y esfuerzo cero. Sin paciencia y esfuerzo nada se consigue, m\u00e1s que brillo moment\u00e1neo. Hay dos maneras de iluminar: por el esplendor que se lleva dentro o por el brillo que se refleja de fuera. El mal de nuestro tiempo es que huye del esfuerzo y por ello valora lo brillante.<br>\nLas horas dedicadas a lo b\u00e1sico, poco atractivas, poco brillantes, pero fundamentales; esos trabajos dom\u00e9sticos, de los que ninguno quedamos disculpados, aparentemente vulgares pero necesarios, porque son los que dan el verdadero esplendor a nuestra vida; esa persistente y a veces \u00e1rida tarea del cuidado y atenci\u00f3n de los hijos; esas luchas sordas en los cimientos del alma para dominar el temperamento y adquirir un car\u00e1cter\u2026; todas esas ocupaciones, aparentemente sin brillo pero con profundo resplandor interno favorecen poco las exigencias llamativas de la vanidad, que se rebela irritada e impone en forma dictatorial su deseo de llamar la atenci\u00f3n destruyendo la perseverancia exigida siempre por los grandes ideales.<br>\nUna persona madura comprende que para perseverar en cualquier camino es necesario desprenderse de la vanagloria. Sabe que las empresas constructivas no tienen generalmente una expresi\u00f3n espectacular, no ofrecen espejos para recrear nuestro narcisismo. Est\u00e1 convencida de que el aut\u00e9ntico h\u00e9roe no es aquel que en un gesto de audacia brilla moment\u00e1neamente en el firmamento de la historia al ritmo de marchas brillantes. No ignora que la verdadera heroicidad reside en el cumplimiento del deber un d\u00eda y otro, hasta el fin, al margen de aplausos y de himnos triunfales. El hombre maduro es el padre fiel, la madre dedicada, el trabajador tenazmente responsable en sus obligaciones cotidianas.<br>\n<strong>Igualito que gallinas<\/strong><br>\nKeller es un conocido bi\u00f3logo contempor\u00e1neo que dedic\u00f3 sus trabajos cient\u00edficos al estudio de la inteligencia de las gallinas (tarea aparentemente in\u00fatil porque todos sabemos que las gallinas carecen de ella). Llam\u00f3 la atenci\u00f3n de Keller la falta de sistema, la ausencia de una conducta coherente, de un rastro racional en cada picotazo de cada gallina que se lanza sobre su alimento con una avidez inconsciente. La ausencia de constancia vital hace que nuestra vida, como el alimento de las gallinas de Keller, quede marcada por una profunda incoherencia, por aficiones que no tienen continuidad, por intentos pasajeros, por proyectos intr\u00ednsecamente contradictorios. Al final, nuestra vida no presenta una l\u00ednea de proyecto, sino una huella cacariza de puros picotazos. No se puede ser presidente de la General Motors y campe\u00f3n mundial de golf al mismo tiempo. No se puede ganar el premio Nobel en f\u00edsica y en literatura. No se puede ser simult\u00e1neamente el mejor abogado y el mejor ingeniero. Es necesario insisto optar. Cada opci\u00f3n nos priva de un abanico millonario de posibilidades, a las que renunciamos: la constancia por esto significa sobre todo renuncia. Pero es necesario hacer ver que, si bien cada opci\u00f3n cancela un omn\u00edmodo horizonte, abre otro panorama millonario igualmente de nuevas y m\u00e1s amplias posibilidades.<br>\nEl armaz\u00f3n, la estructura, el esqueleto que sostiene a la constancia es la humildad. El orgullo vanidoso sirve de estimulante para aquellas tareas que exaltan la propia excelencia, pero tal est\u00edmulo, por ser artificial como una droga, lleva f\u00e1cilmente, con una oscilaci\u00f3n pendular, al abatimiento. Y es \u00e9ste el primer motivo por el que el orgullo, la vanidad, la falta de un talante humilde, conduce a una inconstancia superficial.<br>\n<strong>M\u00e1scara vs. rostro<\/strong><br>\nEl hombre orgulloso arma en su imaginaci\u00f3n un marco dorado mucho m\u00e1s grande que su retrato. Y despu\u00e9s intenta estirar la imagen de su personalidad para que resulte proporcional al marco fabricado: agiganta cualidades inexistentes, inventa virtudes que no posee, esconde defectos que son obvios, hace h\u00e1bil propaganda de sus merecimientos, representa fingiendo lo que no es, ampl\u00eda al m\u00e1ximo sus presuntas posibilidades; va estirando, estirando su figura hasta reventar como la goma que sobrepasa el l\u00edmite de su elasticidad.<br>\nEsta tendencia al gigantismo primero anima, despu\u00e9s inquieta y finalmente agota; porque nadie puede pasar por la vida entera representando una obra teatral. Y si en este momento de estafa, no se tiene la suficiente clarividencia para diagnosticar el origen del desaliento, al ver su imagen prefabricada hecha pedazos o reducida a un punto insignificante, puede caer en un estado de frustraci\u00f3n inconsolable.<br>\nPorque una farsa semejante conduce al hombre orgulloso a ocultar sus limitaciones y fallas, ya sea para no sentir la verg\u00fcenza de confesarlas, ya sea para no provocar en los dem\u00e1s ideas menos favorables, pues \u00abdebe conservar su imagen\u00bb, y sin darse cuenta, poco a poco, va falseando su personalidad de acuerdo con el papel que, seg\u00fan \u00e9l, debe representar en cada momento.<br>\nSi representa el papel de un modo inteligente llegar\u00e1 a enga\u00f1ar a los dem\u00e1s y hasta a s\u00ed mismo logrando confundir la m\u00e1scara con el rostro. Pero su debilidad interna lejos de disminuir aumenta, y puede suceder lo que acontece con esos \u00e1rboles gigantescos, que no resisten la fuerza del vendaval, mientras otros, aparentemente d\u00e9biles, salen airosamente de la prueba. La apariencia robusta de los primeros, escond\u00eda la putrefacci\u00f3n de sus ra\u00edces.<br>\nSer\u00e1 entonces necesario ense\u00f1arle a no so\u00f1ar con fantas\u00edas; a que desee lo m\u00e1ximo dentro de sus limitadas posibilidades, las cuales se van ampliando en forma progresiva a cada momento, si es constante; a ser idealista en el sentido acertado del t\u00e9rmino; como dec\u00eda Gilbert Chesterton: habr\u00e1 que ser el idealista que realiza el ideal y no el que idealiza la realidad.<br>\n<strong>Cuando nadie me merece<\/strong><br>\nPero hay un segundo motivo por el que el amor propio nos hace pasar a la inconstancia: el hombre orgulloso, el hombre movido por la vanidad, es impaciente. Basta analizar la naturaleza desmedida de sus pretensiones: el orgullo desea su realizaci\u00f3n de un modo inmediato e inaplazable. Los objetivos que caen bajo la mirada de su ambici\u00f3n adquieren una importancia tal que no admite ni el fracaso ni la demora. Hay un contraste evidente entre la m\u00e1xima altura de sus metas y el m\u00ednimo plazo previsto para alcanzarlas.<br>\nEs que no concibe que pueda haber fallas en su personalidad. M\u00e1s a\u00fan, piensa que tiene el derecho de recibir sin dilaci\u00f3n ese t\u00edtulo o ese privilegio precisamente a causa de su valor personal y no de su tesonero trabajo. Es como si no reconociera las limitaciones propias de toda creatura, y quisiera que sus deseos se hicieran efectivos inmediatamente, por el mero impulso de su querer: como si fuese Dios.<br>\nPor eso no sabe esperar, no comprende que es inseparable de la condici\u00f3n humana la necesidad de que entre el proyecto y su realizaci\u00f3n exista un intervalo de tiempo a veces largo que debe ser superado con paciencia.<br>\nPorque el responsable de la demora de su \u00e9xito, seg\u00fan piensa, no es su manera de ser y de actuar, sino, conforme a cada caso, la escuela, la familia, la empresa, los compa\u00f1eros, los superiores, los parientes pol\u00edticos\u2026 que no reconocen sus cualidades, ni le retribuyen como merece. Y probablemente abandonar\u00e1 la tarea con despecho, inculpando a tales circunstancias exteriores y disculp\u00e1ndose siempre a s\u00ed mismo.<br>\nPero, adem\u00e1s, la presunci\u00f3n, que acompa\u00f1a habitualmente al orgullo, induce a despreciar las medidas normales de prudencia que son garant\u00eda de seguridad.<br>\nUna persona que tenga conciencia de sus limitaciones y flaquezas y todos las padecemos est\u00e1 inclinada a ponderar y agradecer los consejos que le llaman la atenci\u00f3n sobre alg\u00fan peligro y se\u00f1alan las precauciones necesarias para el buen \u00e9xito de una tarea. El hombre presuntuoso, por el contrario, piensa con frecuencia que esos consejos podr\u00edan quiz\u00e1 ser \u00fatiles para la mayor\u00eda de las personas, pero no para aquellos que, como \u00e9l, poseen una capacidad superior.<br>\nPor eso no le agrada recibir advertencias: \u00bfser\u00e1 que no saben que soy lo suficientemente sagaz para descubrir por mi cuenta todas estas cosas? Incluso puede decir seriamente aquello que ir\u00f3nicamente escrib\u00eda un conocido pensador contempor\u00e1neo: \u00abMuchas gracias; no necesito de su consejo; \u00a1s\u00e9 equivocarme yo solo!\u00bb.<br>\n<strong>El susodicho plato de lentejas<\/strong><br>\nPero hay otro enemigo de la constancia muy experimentado por todos, que denominamos pereza. La pereza es un modo de actuar o dejar de actuar conducido por el gusto moment\u00e1neo. Si el criterio de nuestra conducta fuera el agrado o desagrado, el gusto o disgusto, \u00bfqui\u00e9n cumplir\u00eda con su deber?, \u00bfqui\u00e9n se levantar\u00eda a la seis de la ma\u00f1ana para ir al trabajo o a la escuela?, \u00bfqui\u00e9n saldr\u00eda de su casa cuando se encuentra cansado o est\u00e1 lloviendo, para visitar a un amigo enfermo o a un pariente necesitado?, \u00bfqui\u00e9n ser\u00eda fiel al matrimonio cuando a la esposa o al marido les ataca el \u00abvirus\u00bb de la neurastenia?<br>\nPues eso es lo que hace quien est\u00e1 perezosamente dominado por el gusto; no perseverar\u00e1 en ninguno de sus compromisos, se dejar\u00e1 vencer por el clima vegetativo del lecho a la hora de levantarse, abandonar\u00e1 los libros para divertirse, cambiar\u00e1 la esposa enferma por la secretaria bonita, ser\u00e1 incapaz de poner a Dios por encima de su comodidad, buscar\u00e1 distracciones agradables que lo alejen de su hogar cuando sienta que la mujer o los hijos son una carga\u2026<br>\n\u00bfNo es cierto que si alguien nos dice, sin alegar otros argumentos: \u00abhago esto porque me gusta o dejo de hacerlo porque no me es agradable\u00bb, parece que afirma que la vida est\u00e1 hecha para ser saboreada como un helado de fresa o un refresco de soda?<br>\nEste hombre existe. Este hombre dominado por la ley del gusto se encarna de alguna manera en nosotros. No es para sorprenderse. Cada uno trae un Esa\u00fa escondido en su fragilidad y en cualquier momento pierde la primogenitura por un plato de lentejas.<br>\n\u00bfPor qu\u00e9 extra\u00f1arse tanto del comportamiento de este personaje b\u00edblico si leemos todos los d\u00edas el mismo pasaje en la vida de quien arroja veinte a\u00f1os de fidelidad y los cambia por un amor epid\u00e9rmico?<br>\nEs evidente que quien toma como criterio rector de su vida seguir lo menos costoso o lo m\u00e1s sabroso no podr\u00e1 ser fiel a ning\u00fan compromiso, no podr\u00e1 estar ahora a punto de recibir un certificado por su fin de carrera. Fracasar\u00e1 en todo lo que emprenda, terminar\u00e1 vendi\u00e9ndose a quien pague por sus proyectos el precio de una sensaci\u00f3n m\u00e1s intensa y, por \u00faltimo, llegar\u00e1 a sentir mucho m\u00e1s ardientemente que en cualquier deleite el mordisco de la frustraci\u00f3n.<br>\nLa pereza no es, en resumidas cuentas, sino una manifestaci\u00f3n de esta sensibilidad descontrolada que busca satisfacer el placer del menor esfuerzo, lo cual puede llegar a transformarse en algo tan dominante como la m\u00e1s poderosa de las pasiones. Seg\u00fan dec\u00eda Jaime Balmes, \u00abel hombre ama las riquezas, la gloria, los placeres, pero ama tambi\u00e9n el no hacer nada, verdadero gozo al que a veces sacrifica su reputaci\u00f3n y su bienestar\u00bb.<br>\nLa pereza, la pasi\u00f3n del reposo, tiene una ventaja para triunfar sobre las dem\u00e1s pasiones: que nada exige de nosotros. En efecto, el objeto de la inacci\u00f3n es meramente negativo, hasta los placeres m\u00e1s rastreros no se alcanzan sin procurar obtenerlos; son incluso el premio de ciertos esfuerzos. Toda pasi\u00f3n demanda labor, excepto la pereza, que nada exige. Al perezoso le satisface mejor estar sentado que de pie; acostado que sentado, dormido que despierto: su tendencia es la propia nada; la nada es su ideal m\u00e1s alto, su l\u00edmite extremo. Dice el propio Balmes que cuanto m\u00e1s se aniquila el perezoso en su existencia, m\u00e1s feliz parece.<br>\n<strong>Por no reparar la gotera<\/strong><br>\nEs evidente que esta pasi\u00f3n de la ociosidad, esta negligencia del comportamiento es una fuente copiosa de infidelidades e inconstancias. Al perezoso le cansa sobre todo la continuidad o\u00adnerosa que exige las realizaciones de cualquier proyecto, la monoton\u00eda que es inherente a toda ocupaci\u00f3n reiterada.<br>\nNo hay muro, no hay ideal que se mantenga en pie cuando quien pretende sustentarlo hace continuamente peque\u00f1as concesiones a la flojera: un poco de atraso o de interrupci\u00f3n en el horario de estudio o de trabajo, un in\u00fatil programa de televisi\u00f3n, un postergar los asuntos m\u00e1s pesados, un descuido en la firmeza del prop\u00f3sito\u2026 y la inconstancia va haciendo su trabajo demoledor, y el muro se va desbaratando. Dec\u00eda con raz\u00f3n una antigua cancioncilla popular: \u00abpor no reparar a su tiempo una gotera, se le call\u00f3 a don Tom\u00e1s la casa entera\u00bb.<br>\nEl libro de los Proverbios define con mucho m\u00e1s exactitud al inconstante: Vult et non vult. \u00a1Piger! \u00abAhora quieres, ahora no quieres. \u00a1Eres un perezoso!\u00bb (Prov.13,4). El inconstante y el holgaz\u00e1n, en el texto b\u00edblico, son pues dos personalidades que se identifican.<br>\nAfirma Balmes: \u00abLa inconstancia no es en el fondo sino una pereza disfrazada. La inconstancia sustituye un trabajo por otro para evitar la molestia de sujetar la atenci\u00f3n y para huir del encadenamiento que implica toda acci\u00f3n determinada. Los proyectos (son para el inconstante) amplia carrera abierta a las divagaciones, pues ninguna sujeci\u00f3n exigen del esp\u00edritu. Es tambi\u00e9n por eso que sucesiva y simult\u00e1neamente gustar\u00e1 de emprender muchas cosas, con la condici\u00f3n de no llevar a cabo ninguna\u00bb.<br>\nHoy existe una tendencia cultural para gozar de los frutos del trabajo sin sufrir sus fatigas, pero ha de recordarse tambi\u00e9n la existencia de una ley universal que nos ense\u00f1a que no hay progreso sin trabajo. La pereza y la inconstancia revelan un paralelismo tan perfecto como el que guardan entre s\u00ed la laboriosidad y la perseverancia.<br>\nEl laborioso vence antes y mejor que el inteligente en todos los terrenos; aquel que vence la pereza llega m\u00e1s lejos que el superdotado.<br>\nEs verdad que la inconstancia puede tambi\u00e9n resultar no tanto de factores internos como la vanidad y la pereza- sino de obst\u00e1culos externos y objetivos que se interponen en nuestro camino.<br>\n<strong>Constantes, confiables, estables<\/strong><br>\nLa vida no es f\u00e1cil. Estamos expuestos en cualquier momento a ser sorprendidos por un problema econ\u00f3mico, un accidente, una injusticia, un mal negocio, un cambio adverso de circunstancias pol\u00edticas o sociales, o como se dice en el lenguaje aeron\u00e1utico, una turbulencia fortuita o cualquier otro motivo que se levante como una muralla frenando nuestro avance. Puede suceder entonces que algo dentro de nosotros quiera aliarse a esa dificultad externa dando paso al derrotismo.<br>\nHay impedimentos sin duda insalvables. Pero casi siempre es posible superarlos con tenacidad o por lo menos desviarnos por veredas laterales que quiz\u00e1 hacen m\u00e1s largo el itinerario, pero llevan igualmente a la meta.<br>\nSin embargo, para llegar a poseer esta firmeza, es necesario, antes que otra cosa, asimilar la primera lecci\u00f3n que nos ense\u00f1an los hombres fuertes: considerar las contrariedades como asuntos de rutina, de \u00abordinaria administraci\u00f3n\u00bb; hacernos personas \u00aba prueba de pruebas\u00bb, como escribi\u00f3 Josemar\u00eda Escriv\u00e1 a Isidoro Zorzano.<br>\nQuien dise\u00f1a su vida como libro de aventuras o telenovela sentimental, quien siempre tuvo a mano todos los recursos econ\u00f3micos, todas las facilidades sociales, todo el confort, no est\u00e1 preparado para ganar las grandes jugadas de la vida. Quien no supo dominar sus gustos, quien jam\u00e1s se esforz\u00f3 por controlar su temperamento y disciplinar sus defectos, no posee reservas de energ\u00eda suficientes para superar con \u00e9xito esas pruebas que miden el verdadero valor de nuestra vida. Es como si tuviera, en el orden moral, un organismo carente de defensas. Si una enfermedad grave lo ataca, no ser\u00e1 capaz de sobrevivir. Los mimados de la vida son los menos id\u00f3neos para enfrentar las dificultades. No supieron nutrir su alma con alimentos fuertes, no se preocuparon por vencer los peque\u00f1os obst\u00e1culos a fin de vacunarse contra los grandes; y cuando \u00e9stos aparezcan, no dispondr\u00e1n de vitalidad suficiente para vencerlos; carecer\u00e1n del esp\u00edritu deportivo y vigoroso, y les faltar\u00e1 la estructura f\u00e9rrea de un hombre educado en la escuela de la austeridad.<br>\nComo estacas de hierro incrustadas en un bloque de concreto, inamovibles, as\u00ed tenemos que aprender desde la juventud, familiariz\u00e1ndonos con las privaciones, la falta de comodidades, la escasez, las separaciones, no busc\u00e1ndolas insensata y masoquistamente, sino acogi\u00e9ndolas, con garbo, como el que rige su vida y no penosamente la soporta; no como esclavo sino como se\u00f1or. S\u00f3lo as\u00ed lograremos doblegar la dureza de la existencia y sacarle el jugo a lo mucho que tiene de grato. Y as\u00ed, seguir siendo, como quer\u00eda Cicer\u00f3n de sus amigos, constans, fidus, gravis, constantes, dignos de confianza y estables.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23716\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fecundidad se logra plantando peque&ntilde;as semillas. 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