{"id":23714,"date":"1998-07-01T00:00:00","date_gmt":"1998-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23714"},"modified":"1998-07-01T00:00:00","modified_gmt":"1998-07-01T00:00:00","slug":"la_mediocridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1998\/07\/01\/la_mediocridad\/","title":{"rendered":"La mediocridad"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23714\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Los esp\u00edritus ebrios de perfeccionismo, se dedican a arremeter sin tregua, y frecuentemente sin piedad, contra la constante mediocridad de los hombres; la capacidad reducida, las limitaciones, para estos perfeccionistas, resultan insoportables.<br>\nY sus cr\u00edticas acerbas tienen siempre el \u00e9xito asegurado: el blanco hacia el que las dirigen es tan grande, que es pr\u00e1cticamente imposible fallar.<br>\nLas palabras duras, de temple machista, de \u00abrespiro amplio\u00bb, condimentadas con dosis de sadismo e incluso de masoquismo, soliviantan a los lectores o a quienes les escuchan estupefactos y, en el mejor de los casos, son el punto de partida de tempestuosas conversaciones llenas de emotividad.<br>\nLos \u00abprofetas apocal\u00edpticos\u00bb, los cr\u00edticos de la sociedad sin coraz\u00f3n, los demoledores de los mitos, en el fondo, no hacen otra cosa que acabar de tirar una puerta ya a punto de caer; la puerta que conduce a una experiencia ya muy antigua: experiencia que nos habla de la limitaci\u00f3n y la fragilidad de la criatura arrojada del para\u00edso.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Apagar la esperanza<\/strong><\/p>\n<p>Pero sus peroraciones fan\u00e1ticas no calman nuestra angustia, ni mucho menos nuestros sufrimientos.<br>\nVan sembrando irritaci\u00f3n, y no llevan a vivir la caridad; inquietan los esp\u00edritus, y apagan la esperanza.<br>\nFomentan titanismos de autoposesi\u00f3n y autodominio, y van desencadenando los \u00abtigres de papel\u00bb, propios de ideales paranoicos.<br>\nCombaten furiosamente todo aquello que en el hombre les parece impuro o simplemente descompuesto; y caminan llenos de autosuficiencia en este nuestro mundo, en el cual, ya lo sabemos, junto al grano de trigo, crece siempre, astutamente, la ciza\u00f1a. Tienen siempre en sus bocas sentencias o alternativas tajantes e inapelables.<br>\nGritan, fustigan, desenmascaran hipocres\u00edas, van encontrando siempre el lado negativo de toda alma y, al recorrer el mundo, van esparciendo la oscuridad tenebrosa de la virtud mediocre. Leon Bloy en Francia, Giovanni Papini en Italia, han sido quiz\u00e1 los grandes escritores que se dedicaron a estas tareas \u00faltimamente. Y hoy tambi\u00e9n se dan esos escritores: Heinrich B\u00f6ll, Julien Green, Graham Green siguen las mismas forjas de Savonarola, aunque secularizados, por no mencionar un buen n\u00famero de los as\u00ed llamados \u00abautores espirituales\u00bb de nuestro tiempo.<br>\nPersonajes de este estilo, han influido notablemente sobre las costumbres de una \u00e9poca y de algunos pa\u00edses; pero, su modo de ver la vida, su postura de fondo, no es de ninguna manera recomendable: simplemente porque es inhumana, en el sentido m\u00e1s estricto del vocablo.<br>\nSu ira desencadenada, cansa; se muestra teatral, se va vaciando poco a poco de significado y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, se esteriliza, cuando no resulta contraproducente.<br>\n<strong>Esp\u00edritus verdaderamente grandes<\/strong><br>\nLos hombres de todas las \u00e9pocas, antes que nada, tienen necesidad de ser confortados, animados a ser mejores; tienen necesidad de afecto y de confianza, precisamente porque son conscientes de su mediocridad.<br>\nLos esp\u00edritus verdaderamente grandes, no aman las palabras altisonantes y las acciones superlativas, no esconden sus limitaciones al enfrentarse a cualquier tipo de grandiosidad. Tienen miedo a las ideas incorp\u00f3reas, angelicales, que se elevan sobre la tierra y vuelan inalcanzables sobre nuestras cabezas, como estelas de fuego.<br>\nAman en cambio, la realidad en toda la extensi\u00f3n de la palabra, y frecuentemente aman el campo entero en el cual, como afirm\u00f3 Jesucristo, de noche se siembra el mal. No se escandalizan de verificar que en nosotros, y entre nosotros, hombres normales del g\u00e9nero humano, no se da ni el blanco ni el negro absoluto: \u00abS\u00f3lo Dios es Bueno\u00bb; los dem\u00e1s somos todos grises, de tonos mediocres, aunque aspiramos toda la vida, y con dolor, a obtener una pureza que quiz\u00e1 nunca alcanzaremos plenamente.<br>\nY cuanto m\u00e1s variedad aparece en el campo, mayor es la confusi\u00f3n de los \u00abespiritualistas irreprensibles\u00bb, cuya murmuraci\u00f3n no cesa, mientras los m\u00e1s violentos e impacientes, abanderan una cruzada y amenazan con cat\u00e1strofes punitivas.<br>\nEl verdadero hombre espiritual, en cambio, no se deja consumir de este celo intempestivo: sabe esperar, sin prisas y sin nerviosismos, acepta con amor las tareas cotidianas, y dirige toda su existencia, sus acciones y deseos hacia la victoria del bien.<br>\n\u00abEl aut\u00e9ntico hero\u00edsmo, la verdadera bondad y belleza, caminan con sandalias ligeras: sin ruido ni estr\u00e9pito. En cambio, todo aquello que en este mundo es variable, lleno de ruido, de aparentes hero\u00edsmos, de falsa felicidad y de bellezas contrahechas, de ordinario, pasa sin que se le tome en cuenta: no sirve para nada\u00bb (W. Raabe).<br>\n\u00abEl hombre santo\/ rechaza aquello que es extraordinario, rechaza lo que es excesivo\/ rechaza lo grandioso\u00bb (Lao-Tse).<br>\nEn el Reino de los Cielos, que como ense\u00f1a el Evangelio es semejante a un tesoro escondido bajo tierra, entrar\u00e1n s\u00f3lo los ni\u00f1os; y los ni\u00f1os viven de todo aquello que es peque\u00f1o; respiran los aromas, y, jugando con cosas peque\u00f1as, desarrollan poco a poco su capacidad espiritual. El mayor de todos los peligros es caer en el orgullo espiritual, que es la peor de todas las mediocridades. De esta Torre de Babel rara vez se desciende a la realidad: muchos en cambio, se precipitan desde su alteza en el abismo de una carnalidad artificiosamente aislada: pasan de una ilusi\u00f3n a la otra, por obra de un triste y notable corto circuito: sus miras son rastreras, y no comprenden aquello de: \u00abNo aspir\u00e9is a cosas demasiado elevadas, aspirad en cambio a aquellas que son humildes\u00bb (Rom. 12, 16).<br>\nEn contraste con las grandezas mediocres (mediocridad dramatizada), que equivale a una gran bajeza, frecuentemente surgen los hombres que humanamente son verdaderamente grandes como los santos que se forjan con base en cosas peque\u00f1as, como dijo un d\u00eda Lao-Tse, de modo que conmueve:<br>\n\u00abIncluso el \u00e1rbol m\u00e1s imponente, un d\u00eda fue una delicad\u00edsima pluma; de un pu\u00f1o de savia, ahora se alza una torre de nueve pisos, e, igualmente, un viaje de mil leguas, se comienza con el trozo de tierra que pisan tus pies\u00bb.<br>\nVerdaderamente todo es peque\u00f1o en nuestro ambiente humano-divino. Y, aquello que es peque\u00f1o, debe ser siempre considerado como peque\u00f1o.<br>\n<strong>Amor que salva<\/strong><br>\nTodos los tipos de idealismos y no olvidemos que el materialismo es fruto del idealismo, quieren estar siempre encima de lo que es nuestra verdadera naturaleza y as\u00ed, la deforman y nos hacen desgraciados, infelices.<br>\nRealismo, en cambio, significa vivir la grandeza en aquello que es peque\u00f1o, saber descubrir el resplandor \u00e1ureo del tesoro escondido, no arrojar a los cerdos la perla inestimable de lo ordinario.<br>\nEl amor por el mundo se manifiesta exclusivamente en esta atenci\u00f3n por aquello que es diminuto, con un realismo y sentido pr\u00e1ctico que conduce a cuidar las cosas peque\u00f1as, con delicada precisi\u00f3n y solicitud, enfocando cada cosa insignificante, sin mezquindad, sin caer en el fetichismo de las cosas o de las acciones que vivimos en nuestra irrelevante existencia diaria.<br>\nEs por este amor que salva al mundo, por el que la poes\u00eda sabe y gusta en prosa ordinaria, se descubre as\u00ed, el esplendor escondido y la profundidad de cuanto es simple y peque\u00f1o. \u00abCon frecuencia los amores m\u00e1s sublimes se terminan, en este mundo de relatividad y temporalidad, por carencia de alimentaci\u00f3n humilde, manifest\u00e1ndolo en cosas peque\u00f1as y concretas; y ninguno tiene derecho de tachar un amor de mediocre, de superfluo o de sensual al que simplemente necesita, para manifestarse y para vivir, de caricias, de flores, de puntualidad o de regalos, que muchas veces, son insignificantes\u00bb (Gustave Thibon).<br>\nQuien no sabe soportar el condicionamiento y la limitaci\u00f3n de la existencia terrena, el que rechaza escandalizado el natural modo de hacer y desarrollarse de nuestros sentimientos pretextando que son poca cosa, no se eleva en modo alguno por encima de ello, sino que se encierra en una asfixiante campana de vidrio, de una supuesta \u00abaristocracia espiritual\u00bb totalmente anticristiana.<br>\nFenelon describ\u00eda este fen\u00f3meno en una carta famosa, dirigida a una monja, la cual si bien era una mujer de gran \u00e1nimo y voluntad f\u00e9rrea era, por naturaleza, soberbia, llena de desprecio por las \u00abcosas mundanas\u00bb, y ten\u00eda, por tanto, una gran necesidad de aprender a humillarse en las cosas \u00abde poco\u00bb, y por medio de ellas: \u00abSi Dios ama al hombre, ama aquello que es mediano, normal, por la pobre virtud peque\u00f1a, las pobres y peque\u00f1as posibilidades humanas\u00bb (Bar\u00f3n de H\u00fcgel).<br>\nLos grandes hechos, los ideales desmesurados, las gestas heroicas, no se adhieren a nuestra fatigosa vida cotidiana. Es necesario acoger con desconfianza las aspiraciones que el sentir com\u00fan de los hombres buenos y normales, juzga ineficaces, como dijo una vez San Francisco de Sales, refiri\u00e9ndose a un ejemplo del deseo de una cierta perfecci\u00f3n a la cual nadie puede alcanzar: \u00abEvitemos este acumularse de deseos, para que no vaya a suceder que con ellos nos consideremos ya satisfechos, y, en cambio, procuremos realizar las obras, que son m\u00e1s \u00fatiles que todas las peroraciones en torno a las aspiraciones y perfecciones irrealizables, porque Dios aprecia m\u00e1s la fidelidad a las cosas peque\u00f1as que est\u00e1n a nuestro alcance, que el celo por las cosas grandes que, en realidad, no dependen de nosotros\u00bb.<br>\n<strong>Cuando soy d\u00e9bil entonces soy fuerte<\/strong><br>\nTambi\u00e9n San Agust\u00edn tem\u00eda a los hombres que bramaban tanto por los valores supremos que, si se intentaran alcanzar, se romper\u00edan y les dec\u00eda: \u00abTe recomiendo, a fin de que no te hagas pedazos (ne forte crepres), a descender m\u00e1s bajo. Dios te visitar\u00e1 en tu humildad\u00bb.<br>\nY \u00e9sta es, precisamente en contra de toda santidad aparente o farisaica, la Revelaci\u00f3n de la Nueva Alianza: la Omnipotencia divina, se manifiesta en la fragilidad humana.<br>\n(\u2026) No se trata sin embargo de una glorificaci\u00f3n de la nulidad, ni un tr\u00e1gico desfondamiento del cielo, sino de la Revelaci\u00f3n del Infinito, en el espacio finito de la criatura.<br>\nY todo esto no a la manera de un atardecer de los dioses, sino con mansedumbre, modestia, como simple y silenciosa fue la vida de Dios en un pueblecito humano, como gozoso mensaje a los pobres.<br>\nMenos discursos exigentes y m\u00e1s manos extendidas para consolar. Menos prejuicios, y mayor profusi\u00f3n de \u00e1nimos y buenos alientos. Menos pensamientos grandes, sublimes y complicados, y m\u00e1s amor y cuidado por las cosas peque\u00f1as, \u00abcotidianas\u00bb, \u00abbanales\u00bb, \u00abmediocres\u00bb. En definitiva, hacen falta menos cr\u00edticos y m\u00e1s poetas, de aquella poes\u00eda que penetra la profunda realidad del mundo de los hombres.<br>\n<strong>Las cosas peque\u00f1as<\/strong><br>\nLa mediocridad perniciosa es aquella que no conoce ninguna nostalgia por el bien y el mejoramiento, por la superaci\u00f3n; aquella que encuentra en el banalizarlo todo y en el temporalizarlo todo, su expresi\u00f3n m\u00e1s caracter\u00edstica.<br>\nEl sentido de lo real, exige respeto hacia la escala de valores humanos y espirituales: no admite pactos con la subversi\u00f3n.<br>\nLa desdramatizaci\u00f3n necesaria para la conservaci\u00f3n de un criterio, sano y realista, no se confunde con la eliminaci\u00f3n o la simplificaci\u00f3n c\u00f3moda, burguesa, miope y desconsiderada de todo tipo de dificultades y de problemas.<br>\nTodos deber\u00edamos considerarnos peque\u00f1os, ni\u00f1os, pero sin llegar a imaginarnos vivir en un mundo sin grietas y sin asperezas.<br>\nNunca se nos ahorrar\u00e1n ni el dolor ni la fatiga; no debemos eludir los fracasos ni las ca\u00eddas; siempre estar\u00e1n circund\u00e1ndonos, constantemente, los misterios de la vida y la muerte; y la mediocridad nos acompa\u00f1ar\u00e1 hasta nuestra sepultura. Y ante todo esto, \u00bfqu\u00e9 hacer? Desde luego, no caer en agitaciones pat\u00e9ticas, ni somnolencias insoportables; tampoco en hero\u00edsmos fanfarrones, sino m\u00e1s bien en un abrazar fuertemente las cosas peque\u00f1as.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23714\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un mundo donde se ensalza lo grande, se olvida f&aacute;cilmente la excelencia de lo peque&ntilde;o. 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