{"id":23415,"date":"1998-01-01T00:00:00","date_gmt":"1998-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23415"},"modified":"1998-01-01T00:00:00","modified_gmt":"1998-01-01T00:00:00","slug":"pedagogia_callejera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1998\/01\/01\/pedagogia_callejera\/","title":{"rendered":"Pedagog\u00eda callejera"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23415\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Mucho se habla en nuestros d\u00edas, desde diferentes enfoques, sobre la injusticia social y la dram\u00e1tica situaci\u00f3n de miles de ni\u00f1os que viven o mejor dicho sobreviven y crecen si no es que se consumen en las calles de las grandes urbes de Am\u00e9rica Latina. Sin embargo, nos limitamos a justificar este fen\u00f3meno como consecuencia inevitable del \u00abprogreso\u00bb econ\u00f3mico y pol\u00edtico de los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo, y no como producto de nuestras decadentes estructuras familiares y socioeducativas. A todas horas del d\u00eda y la noche, los peque\u00f1itos est\u00e1n ah\u00ed, trabajando, mendigando o drog\u00e1ndose; pero, en realidad, pocos notan su presencia. Los hemos convertido en elementos naturales del paisaje urbano, parte constante de la composici\u00f3n de una esquina\u2026 otro desecho m\u00e1s sobre el asfalto. Huimos de ellos y evadimos su mirada como si temi\u00e9ramos contagiarnos de su desgracia.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Un desgarrador tercer lugar<\/strong><\/p>\n<p>Si bien es cierto que hasta los pa\u00edses primer mundistas tampoco escapan de esta problem\u00e1tica social, M\u00e9xico ocupa el nada honroso tercer lugar, a nivel latinoamericano, en incidencia de menores de la calle y en la calle (despu\u00e9s de Brasil con 20,000 y de todo Centroam\u00e9rica con una cantidad semejante). Se calcula que s\u00f3lo en el Distrito Federal existen aproximadamente 14,000 ni\u00f1os callejeros y en la zona metropolitana de Guadalajara 2,000. Pero estas cifras son, como toda estad\u00edstica, un n\u00famero fr\u00edo y carente de significado real que no revela cada una de las caritas tristes, los cuerpos vejados y desnutridos, ni las historias de vida que llevan a cuestionarse y a cuestionar a la sociedad en sus propios fundamentos.<br>\nHoy d\u00eda, gracias a la investigaci\u00f3n y labores asistenciales desarrolladas en torno a esta poblaci\u00f3n, sabemos bastante sobre este fen\u00f3meno. Son ampliamente conocidos los diversos mecanismos que originan que muchos peque\u00f1itos tomen la \u00abliberadora\u00bb decisi\u00f3n de dejar un hogar que los abandon\u00f3 material y moralmente desde que tuvieron conciencia para intentar satisfacer sus necesidades de amor, atenci\u00f3n y seguridad, y buscarlas parad\u00f3jicamente en el lugar m\u00e1s fr\u00edo y febril: la calle.<br>\nNo intento aqu\u00ed repasar etiolog\u00eda, caracter\u00edsticas, perfiles o alternativas de manejo y tratamiento para ellos, ser\u00eda m\u00e1s que redundante, y en este sentido el tema est\u00e1 agotado, m\u00e1s no los esfuerzos; lo que pretendo es hacer referencia a una figura important\u00edsima, poco conocida, que lleva a cabo una labor educativa, orientadora y de apoyo con el ni\u00f1o callejero en medio de los m\u00faltiples factores antieducativos y marginantes que imperan en las metr\u00f3polis: el educador de la calle y su pedagog\u00eda callejera. Por supuesto no hablamos de un proceso escolarizado ni de un maestro de ense\u00f1anza formal; el educador de la calle act\u00faa bajo circunstancias especiales y tiene una manera propia de ser y llevar a cabo el proceso de ense\u00f1anza-aprendizaje, enmarcado por una vocaci\u00f3n especial y un gran amor-educativo hacia estos peque\u00f1os. En este caso, el sal\u00f3n de clases del ni\u00f1o callejero puede ser una estaci\u00f3n de autobuses o ferrocarril, una plaza, esquina, escalera, alcantarilla, o el techo de una parada de cami\u00f3n; el contenido tem\u00e1tico del programa: las mismas vivencias y experiencias de los chicos convertidas en ciencia; el material did\u00e1ctico: un bal\u00f3n de f\u00fatbol, un \u00e1baco de colillas de cigarro, un mapa de mugre en sus mejillas, un pizarr\u00f3n de estrellas y concreto; su escuela: la calle; el maestro: un hermano-amigo que ense\u00f1a, orienta y acompa\u00f1a.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>La calle y su din\u00e1mica autodestructiva<\/strong><\/p>\n<p>Esta figura aparece por primera vez en Espa\u00f1a, en los ochenta, como reacci\u00f3n ante el incremento de delincuencia juvenil y el deterioro de las estructuras familiares, en un intento por hacer contacto con menores y j\u00f3venes no integrados a actividades escolares o productivas que pasaban la mayor parte del tiempo en las calles. Su campo de acci\u00f3n fueron preferentemente los barrios perif\u00e9ricos y suburbanos de las grandes ciudades, promovidos inicialmente por los ayuntamientos y asociaciones vecinales. Hoy d\u00eda, y sobre todo en Am\u00e9rica Latina, esta figura reviste gran trascendencia si consideramos que el ni\u00f1o callejero pasa por un proceso previo antes de integrarse a la din\u00e1mica de un albergue donde existen otros ni\u00f1os ya pr\u00e1cticamente rescatados, desintoxicados y en v\u00edas de reintegrarse a una actividad escolarizada, productiva o incluso familiar.<br>\nEl ni\u00f1o que ingresa a un sistema institucionalizado debe tener el pleno deseo de superarse y una firme convicci\u00f3n de abandonar permanentemente la calle y sus vicios; tarea nada f\u00e1cil para el educador: este proceso puede prolongarse hasta uno o dos a\u00f1os, seg\u00fan las caracter\u00edsticas y problem\u00e1tica particular de cada uno. El trabajo de la calle es arduo y constante, a ra\u00edz de que al ni\u00f1o callejero le es sumamente dif\u00edcil pensar en la idea de abandonar su modus vivendi y sus formas de convivencia social; no tiene metas ni objetivos de vida y ve con previsible temor el enfrentarse a s\u00ed mismo y a un futuro incierto y amenazante. \u00c9l vive el hoy, se piensa y aparentemente se ve libre en la calle, pero al mismo tiempo se encuentra encadenado a ella y a su din\u00e1mica autodestructiva. Es tarea apremiante del educador convencerlo y sensibilizarlo a abandonar la calle y a optar por un futuro mejor que se le ofrece, como primer paso, en las instituciones asistenciales. As\u00ed, el educador y su pedagog\u00eda callejera no s\u00f3lo se constituyen en pieza clave del trabajo institucional, tambi\u00e9n el trabajo de calle pues, desafortunadamente y por diversos factores, muchos de estos menores no son susceptibles de integrarse a los diversos albergues y, por tanto, \u00e9ste es la \u00fanica figura educativa y de apoyo que tienen y tendr\u00e1n.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Temple, carisma y disponibilidad<\/strong><\/p>\n<p>Particularmente en la ciudad de Guadalajara, el educador de la calle ha sido bautizado con el nombre de Mairo, que en el cal\u00f3 del ni\u00f1o callejero significa \u00abmaestro\u00bb por considerarlo como una figura educativa de referencia, pero ante todo como un hermano-amigo que les brinda su cari\u00f1o y apoyo de manera desinteresada. \u00c9ste podr\u00eda caracterizarse por ser un educador nato, no necesariamente requiere ser especialista en las ciencias de la educaci\u00f3n o la conducta; su sello principal es una fuerte vocaci\u00f3n y carisma especial para trabajar con este tipo de personas que lo lleva a mantener un firme compromiso, sacrificando en muchas ocasiones su \u00abbien estar\u00bb por el \u00abbien ser\u00bb de los ni\u00f1os. La tarea de la calle es demandante e implica, en ocasiones, exponerse a los riesgos propios que se viven en el tipo de zonas y barrios donde realiza su actividad, a los malos tratos por parte de los cuerpos polic\u00edacos, a las ri\u00f1as y la delincuencia; requiere temple, ecuanimidad y madurez emocional para manejar riesgos y salir bien librado, y proteger a los ni\u00f1os antes que a \u00e9l mismo.<br>\nNo cubre un horario espec\u00edfico de trabajo, su actividad educadora es atemporal, puede acompa\u00f1ar a los ni\u00f1os durante el d\u00eda o al caer la tarde, pero sin duda su presencia es m\u00e1s productiva y preventiva en las noches, pues es cuando los ni\u00f1os dejan sus actividades (mendigar, hurtar, trabajar de cargadores, limpia-vidrios, maromeros, etc\u00e9tera) y se re\u00fanen en peque\u00f1os grupos donde se drogan, prostituyen, pelean entre s\u00ed o roban al transe\u00fante distra\u00eddo. Es importante que el educador est\u00e9 presente para evitar que esto suceda y canalice sus impulsos y energ\u00edas a actividades educativas y recreativas dirigidas por \u00e9l. Cuando sale a la calle, el educador necesita planear de manera tentativa las actividades y objetivos a cubrir en la jornada, sin embargo su realizaci\u00f3n depender\u00e1 del estado en que encuentre a los ni\u00f1os y de las necesidades del momento. Al llegar al punto de reuni\u00f3n, debe estar preparado para resolver cualquier situaci\u00f3n conflictiva y mantenerse atento a los factores antieducativos que rodeen al menor para, entonces, realizar la actividad orientadora y educativa adapt\u00e1ndose a dichas circunstancias. Es com\u00fan encontrar a los ni\u00f1os drog\u00e1ndose o en compa\u00f1\u00eda de mayores de edad que los acechan para venderles estupefacientes, involucrarlos en actividades il\u00edcitas, despojarlos de sus pertenencias o intentar prostituirlos; por ende, el educador requiere conducirse con cautela e intentar entablar buenas relaciones con dichas personas y alejar de inmediato a los peque\u00f1os. De igual manera, es importante relacionarse ampliamente con los mayores que rodean al ni\u00f1o y no constituyen una mala influencia ll\u00e1mese taxista, taquero, bolero, tendero, etc\u00e9tera para involucrarlos en el proceso y pedir su cooperaci\u00f3n en la medida de sus posibilidades.<br>\nA grandes rasgos, el educador de calle est\u00e1 dispuesto a jugarse la vida por los m\u00e1s peque\u00f1os. El compromiso de permanecer a su lado est\u00e1 sustentado en una especial vocaci\u00f3n que constituye todo un estilo de vida. No lo mueve un salario o un puesto importante, sino la oportunidad de acompa\u00f1ar y compartir junto con el ni\u00f1o callejero la experiencia de crecer y el privilegio de darse y dar testimonio del amor educativo que le profesa. Esto sin duda da sentido a su vital labor, que logra romper con las barreras del temor y la desconfianza y crea nexos profundos de amistad, respeto y aceptaci\u00f3n que son la pauta para que el ni\u00f1o comience a experimentar la sensaci\u00f3n de ser alguien valioso e importante que merece todo, y mucho m\u00e1s, de lo que hasta ahora se le ha negado.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El abc de la pedagog\u00eda callejera<\/strong><\/p>\n<p>Grosso modo, y dada la diversidad de los ambientes en que act\u00faa, podr\u00edamos enunciar brevemente algunos principios b\u00e1sicos que sustentan la acci\u00f3n orientadora del educador de la calle, quien ante todo parte de cualquier situaci\u00f3n, por trivial que \u00e9sta sea, y convierte cada escena callejera en una experiencia educativa y formadora.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>A) Presencia activa y amistad<\/strong><\/p>\n<p>El principio b\u00e1sico de la pedagog\u00eda callejera es orientar y educar a trav\u00e9s de la amistad y el ejemplo en un proceso gradual, activo y estructurado, para llevar al ni\u00f1o a encontrarse consigo mismo y plantearse un proyecto alternativo de vida que lo transforme desde dentro. Cabe recordar que los ni\u00f1os aprenden m\u00e1s de lo que ven y viven, que de lo que escuchan; el ejemplo del educador se constituye para ellos en una orden silenciosa; \u00e9ste no predica el bien, lo hace patente y palpable con hechos, gan\u00e1ndose el prestigio de figura de autoridad moral ante el ni\u00f1o. Su presencia constante y amistad sincera generan el sentimiento de confianza y aceptaci\u00f3n necesarios para orientar y ense\u00f1ar; ser\u00eda imposible crear un ambiente verdaderamente educativo si existe demasiada distancia entre ambos. El educador procura estar al tanto de lo que le ocurre a cada uno y est\u00e1 presente en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles.<br>\nAs\u00ed, se establece una relaci\u00f3n pr\u00e1ctica de presencia activa donde todos aprenden de todos; a trav\u00e9s del conocimiento, aceptaci\u00f3n, cercan\u00eda, confianza y amistad con el educador, al ni\u00f1o se le va potenciando, poco a poco, el descubrimiento de s\u00ed mismo, a quererse, respetarse y perdonar a quienes lo han lastimado, encamin\u00e1ndolo en su proceso de crecimiento y madurez integral.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>B) Juego<\/strong><\/p>\n<p>Las actividades l\u00fadicas son un recurso educativo toral para el educador ya que una de las caracter\u00edsticas predominantes en el ni\u00f1o callejero es el sentimiento de desconfianza hacia los adultos y a cualquier figura de autoridad, quienes a lo largo de su experiencia de vida lo han defraudado y lastimado profundamente. El educador debe demostrar que no pretende lastimarlo ni abusar de \u00e9l, utilizando el juego como primera pauta de acercamiento para entablar la relaci\u00f3n de confianza-amistad. Aunque por momentos lo olvidemos, el callejero es un ni\u00f1o como cualquiera y, como tal, el juego le es altamente motivante y atractivo; no es s\u00f3lo una pr\u00e1ctica inductiva: es el recurso pedag\u00f3gico que m\u00e1s frutos da en los ni\u00f1os. Mediante un simple partido de f\u00fatbol, se les ense\u00f1a a respetar normas, trabajar en equipo, luchar por un objetivo, y adquirir una serie de valores sociales y morales de manera pr\u00e1ctica y viva. Cabe se\u00f1alar que el educador prefiere organizar juegos que demanden un alto grado de desgaste y actividad f\u00edsica de parte de los ni\u00f1os que los dejar\u00e1 pr\u00e1cticamente agotados: ello genera una disminuci\u00f3n en los efectos de la droga; al finalizar la partida, el ni\u00f1o intentar\u00e1 dormir en lugar de seguir drog\u00e1ndose o vagar por las calles.<br>\nPara que el juego sea verdaderamente formador, el educador propicia que los ni\u00f1os participen en la planeaci\u00f3n del mismo, generen las reglas que habr\u00e1n de observarse y sobre todo que sean respetadas por todos. Al finalizar, se realiza una autoevaluaci\u00f3n de la forma como se desarroll\u00f3 la actividad analizando los puntos positivos y negativos, reforzando los primeros y reflexionando sobre la inconveniencia de los segundos. As\u00ed mismo, el educador alienta a los peque\u00f1os a inventar e innovar otros juegos aprovechando e impulsando su potencial creativo con el fin de motivarlos a reflexionar que, as\u00ed como existen diversas formas de realizar un mismo juego, tambi\u00e9n pueden inventar nuevas alternativas para vivir mejor.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>C) Di\u00e1logo y reflexi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El proceso educativo-orientador de la pedagog\u00eda callejera no puede lograrse \u00fanicamente a trav\u00e9s del juego, tambi\u00e9n es fundamental estimular a los ni\u00f1os a la reflexi\u00f3n y el an\u00e1lisis consciente de cada situaci\u00f3n y experiencia que se vive a trav\u00e9s del di\u00e1logo sencillo y pr\u00e1ctico. Para ello, el educador debe conocer y aprovechar al m\u00e1ximo las caracter\u00edsticas intelectuales del ni\u00f1o callejero y su muy peculiar forma de pensar y procesar informaci\u00f3n. Su perfil intelectual difiere por razones obvias de los ni\u00f1os que crecen en situaciones normales, mas no por ello es menos inteligente, al contrario, posee una gran capacidad para la toma de decisiones y la resoluci\u00f3n de problemas en medio de circunstancias hostiles. Vivir en la calle implica experimentar diariamente situaciones altamente problem\u00e1ticas y conflictivas que debe resolver para sobrevivir y defenderse; esto lo lleva a desarrollar en mayor grado su inteligencia pr\u00e1ctica y lo convierte en un ni\u00f1o creativo, observador, sensible, astuto, perspicaz, inconforme y cuestionador.<br>\nMediante el di\u00e1logo, el educador propicia la reflexi\u00f3n grupal o individual en torno a valores trascendentales tendientes a lograr progresivamente la toma de conciencia que forje en el ni\u00f1o callejero, un sentido cr\u00edtico para expresar sus pensamientos y tomar mejores decisiones. Con su inteligencia es capaz de descubrir y comprender un error, buscar soluciones, aquilatar aciertos, descubrir por s\u00ed mismo los pasos a seguir y los peligros a evitar. As\u00ed, el convencimiento logrado libremente, el acuerdo dialogado, la decisi\u00f3n compartida son elementos fundamentales de esta pedagog\u00eda para hacer del ni\u00f1o un sujeto consciente y responsable de sus actos. El uso de su raz\u00f3n es el elemento principal para lograr la toma de conciencia de su situaci\u00f3n en la calle y encontrar, as\u00ed, el camino m\u00e1s adecuado para abandonarla y emprender su proceso de superaci\u00f3n. Formar dicha actitud permite descubrir formas alternativas de vida en las que el ni\u00f1o tiene la posibilidad y libertad de forjar su destino; para ello se crea un ambiente que le permita expresar sus puntos de vista, aportar ideas y sugerir normas asegurando su derecho de expresarse, respetando sus ideas, sin olvidar cuestionarlos y orientarlos al respecto.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>D) Respeto y libertad<\/strong><\/p>\n<p>Los ni\u00f1os callejeros poseen una serie de valores y actitudes que deben respetarse. El educador debe conocerlos, trabajarlos y encauzarlos para que sigan desarrollando aquellos valores que les son propios y que no obstaculicen su desarrollo. No se intenta transformar radicalmente al ni\u00f1o callejero ni hacer de \u00e9l algo nuevo partiendo de cero, se trata de apoyarlo en su crecimiento con lo que ya tiene y es, brind\u00e1ndole la oportunidad de encontrarse a s\u00ed mismo, de convertirse en mejor persona y valorarse como tal. Posteriormente ir\u00e1 adquiriendo y aprehendiendo nuevos valores que integrar\u00e1 a su escala, pero antes es necesario impulsarle a introyectar aquellos que ya posee para que entonces pueda asimilar otros nuevos.<br>\nAs\u00ed, se van creando las condiciones para que el ni\u00f1o decida y se responsabilice, para que comience a ser sujeto y protagonista de su propio crecimiento. Lograrlo no implica que el educador lo coaccione u obligue a ser o actuar de determinada forma, ni mucho menos que adopte una postura penalista y sobreprotectora, \u00e9ste s\u00f3lo se limita a orientarlo para que descubra por s\u00ed mismo los diferentes caminos que lo lleven a vivir mejor. Hacerlo as\u00ed es respetar su libertad y propiciar su sentido de responsabilidad, de otra forma, se impedir\u00e1 que el ni\u00f1o luche, se supere y, en cambio, adopte una postura de conformismo y mediocridad, subestimando sus capacidades como sujeto forjador de su vida.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Los ni\u00f1os de la calle, nuestros ni\u00f1os<\/strong><\/p>\n<p>Si bien se enunciaron algunos principios generales, para la pedagog\u00eda callejera no hay nada escrito; reviste diversos matices, utiliza infinidad de recursos y se va construyendo d\u00eda a d\u00eda. Sin duda, para quienes la adoptamos como estilo de vida, nos llena de satisfacci\u00f3n y coraje para seguir adelante; se convierte en un reto continuo que lleva a no claudicar en la tarea por dif\u00edcil y desalentadora que parezca en momentos. Sin embargo, como toda tarea educativa, el trabajo de la calle conlleva un alto grado de responsabilidad y exige un compromiso firme y permanente. Se debe tener presente que cada d\u00eda que pasa es trascendente para el ni\u00f1o y el educador habr\u00e1 de aprovecharlo al m\u00e1ximo sin dejar pasar el momento de ayudarlo y orientarlo, por tanto, no puede improvisar y cometer errores cuando est\u00e1 ejerciendo la delicada labor de formar a una persona, m\u00e1xime cuando es un peque\u00f1o carente de casi todo.<br>\nFinalmente, es necesario puntualizar que la pedagog\u00eda callejera no reviste matices de caridad o beneficencia, y el educador de la calle no posee una vocaci\u00f3n disfrazada de salvador o rescatador. \u00c9sta tiene su origen y fin en los principios y objetivos generales de la educaci\u00f3n, entendi\u00e9ndola como el perfeccionamiento de las capacidades humanas sin distinci\u00f3n y para todos, utilizando recursos y metodolog\u00edas espec\u00edficas que se adecuen a las caracter\u00edsticas de desarrollo de los educandos a quienes se dirige. Esta pedagog\u00eda participa de los mismos fines y m\u00e9todos propios de las ciencias de la educaci\u00f3n ajustados a las peculiaridades y perfil de desarrollo del ni\u00f1o callejero. Es improbable esperar que, en un principio, acuda a una escuela para ser educado; los educadores han de dirigirse a ellos primero y comenzar el proceso educativo ah\u00ed, en la calle, en su ambiente, para posteriormente integrarlos a alguna actividad escolarizada o semiescolarizada. El ni\u00f1o sigue siendo sujeto de derechos, y esta pedagog\u00eda es una modalidad educativa abierta, no escolarizada, dirigida precisamente a hacer que ejerza en plenitud este derecho.<br>\nNo se intenta cambiar radicalmente la personalidad del ni\u00f1o por completo ni transformarlo en lo que el educador quiera. Se trata de orientarle y brindarle los elementos necesarios para que descubra por s\u00ed mismo nuevas opciones de vida que lo lleven a la toma de decisiones informadas y responsables que lo hagan verdaderamente libre, acerc\u00e1ndolo poco a poco a donde debe llegar.<br>\nNo se puede negar la educabilidad de estos menores y su derecho a recibir instrucci\u00f3n y formaci\u00f3n. Sin importar si son o no propiedad exclusiva de la calle, primeramente son nuestros y debemos educadores y sociedad asumir dicha responsabilidad; si lo ignoramos seguiremos perdiendo con ellos trozos enteros de existencia. Mucho de lo que hagamos puede esperar, el ni\u00f1o callejero no. \u00c9l est\u00e1 aqu\u00ed y ahora, creciendo, viviendo y forjando su inteligencia y su coraz\u00f3n. No se le puede responder despu\u00e9s. \u00c9l llama hoy, tal vez ma\u00f1ana sea demasiado tarde.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23415\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los ni&ntilde;os que vagan en nuestras grandes ciudades necesitan de quien, utilizando la calle como escuela, abra y posibilite nuevos horizontes para forjar sus existencias. 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