{"id":23414,"date":"1998-01-01T00:00:00","date_gmt":"1998-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23414"},"modified":"1998-01-01T00:00:00","modified_gmt":"1998-01-01T00:00:00","slug":"el_profesor_tambien_debe_aprender","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1998\/01\/01\/el_profesor_tambien_debe_aprender\/","title":{"rendered":"El profesor tambi\u00e9n debe aprender"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23414\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>\u00ab\u00a1Ahora, ahora! profiri\u00f3 la reina. \u00a1M\u00e1s r\u00e1pido, m\u00e1s r\u00e1pido! E iban tan r\u00e1pido que por fin pareci\u00f3 que se deslizaban por el aire, apenas tocando el suelo con sus pies, hasta que de s\u00fabito se detuvieron, justo cuando Alicia empezaba a sentirse bastante exhausta, y se encontr\u00f3 sentada en el suelo, mareada y sin aliento.<br>\n\u00bbAlicia mir\u00f3 a su alrededor, sorprendida. Caray, creo que hemos estado bajo este \u00e1rbol todo el tiempo. \u00a1Todo sigue justo como estaba!\u00bb.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El arte de ser maestro<\/strong><\/p>\n<p>En cualquier an\u00e1lisis profundo de la ense\u00f1anza, el \u00e9nfasis debe hacerse en el aprender m\u00e1s que en el ense\u00f1ar. La ense\u00f1anza no tiene otra justificaci\u00f3n que la de sus resultados en el aprendizaje. Sin embargo, cualquiera que haya sido estudiante sabe que es posible encontrar, incluso despu\u00e9s de los esfuerzos m\u00e1s vigorosos de clase, que todo sigue justo como estaba, seg\u00fan le sucediera a Alicia. El arte del maestro reside en su capacidad para ayudar a sus disc\u00edpulos a alcanzar nuevas posiciones, o bien, para expresar la idea con la mayor trivialidad, en su capacidad para ayudar a sus disc\u00edpulos a aprender.<br>\nLa ense\u00f1anza es un arte social que necesariamente implica relaci\u00f3n entre personas, y el \u00e9xito de un maestro en el ejercicio de su arte depende de la posesi\u00f3n de aquella cualidad o actitud mental que le permite hacer rec\u00edproca la relaci\u00f3n entre \u00e9l y sus disc\u00edpulos. No toda la ense\u00f1anza debe impartirla el profesor. No todo el aprendizaje deben realizarlo los alumnos.<br>\nNadie puede aprender de otro en ning\u00fan sentido b\u00e1sico si no es incorporando aquello que el otro ofrece dentro de un proceso de pensamiento creativo; es decir, a menos que quien aprende sea activa e imaginativamente receptivo, y la ense\u00f1anza ser\u00e1 para \u00e9l no otra cosa que un cat\u00e1logo de hechos y nociones ajenas. Por consecuencia, cualquiera que haya de ense\u00f1ar a otro debe hacerse cargo de que su disc\u00edpulo le escuche con actitud de creativa receptividad. Pero el profesor no tendr\u00e1 \u00e9xito en guiar a sus alumnos hasta la recepci\u00f3n de ideas a menos que el mismo muestre una actitud equiparable de querer aprender de ellos. De modo ideal, el \u00fanico detalle que debe distinguir al maestro del disc\u00edpulo ser\u00e1 el mayor aprendizaje del maestro.<br>\nEn uno de sus ensayos m\u00e1s vigorosos y densos, Los fines de la educaci\u00f3n, el profesor Whitehead advierte que quienes buscan instruir a los j\u00f3venes deben \u00abcuidarse de las \u201cideas inertes\u201d, es decir, de las ideas que meramente se reciben en el esp\u00edritu sin ser utilizadas, probadas u organizadas dentro de nuevas combinaciones\u00bb. Examinando la necesidad de la autoeducaci\u00f3n o participaci\u00f3n activa del que aprende en el proceso de aprendizaje, Lawrence Lowell ha escrito: \u00abLa \u201cautoeducaci\u00f3n\u201d tiene su fundamento en el principio seg\u00fan el cual m\u00e1s all\u00e1 de los aspectos mec\u00e1nicos, nadie puede ser verdaderamente educado contra su voluntad o sin su propio esfuerzo activo\u00bb.<br>\nLa recepci\u00f3n pasiva de ideas o hechos no es educaci\u00f3n en absoluto. En suma: quien aprende debe tomar parte activa en la tarea de aprender; debe crear para s\u00ed mismo las ideas que el maestro busca comunicarle. El t\u00e9rmino \u00abcrear\u00bb se usa deliberadamente. No es un proceso de absorci\u00f3n o de encajar fragmentos de conocimiento dentro de un molde. El proceso de aprendizaje es verdaderamente un proceso de creaci\u00f3n. Ning\u00fan profesor puede tomar un concepto, no importa lo simple que sea, y colocarlo intacto y utilizable en el esp\u00edritu de otro. El arte de la comunicaci\u00f3n es demasiado imperfecto. A partir de lo que el profesor dice, escribe o act\u00faa, quien aprende debe crear su propio concepto. Podr\u00e1 aproximarse al del profesor, pero como toda cosa creada, habr\u00e1 de ser original en cierta medida. El estudiante ha creado algo y es suyo. M\u00e1s a\u00fan, ha aprendido algo acerca del af\u00e1n y la alegr\u00eda de tal actividad. No existe duda de consideraci\u00f3n en los c\u00edrculos educativos en que este proceso sea deseable. Ninguna persona inteligente sostiene que el simple escuchar y memorizar producir\u00e1 individuos educados. Como subraya Whitehead: \u00abUn hombre puramente bien informado es la aburrici\u00f3n m\u00e1s in\u00fatil de la creaci\u00f3n\u00bb.<br>\nSi se acepta que quien ha de aprender debe tener parte activa en su propia educaci\u00f3n, entonces, desde el punto de vista del arte de ense\u00f1ar, la interrogante consiste en saber qu\u00e9 puede hacer el maestro para estimular en sus disc\u00edpulos el desarrollo del esfuerzo necesario. El maestro no s\u00f3lo debe poseer el verdadero deseo y capacidad para comunicar a los otros las reflexiones y conceptos que han llegado a ser suyos a trav\u00e9s de su propio pensamiento imaginativo. Debe ir m\u00e1s lejos y tener aut\u00e9ntico deseo y capacidad para estar en comunicaci\u00f3n-con, ya que es este deseo y esta capacidad aquello que por encima de cualquier otra cosa impulsar\u00e1 y casi obligar\u00e1 al disc\u00edpulo hacia el esfuerzo necesario para la creaci\u00f3n de algo que ha de ser suyo, y hacia el cultivo de una cualidad de pensamiento que ser\u00e1 siempre provechosa para s\u00ed mismo y para el mundo.<br>\n<strong>Saber escuchar, saber comprender<\/strong><br>\nEnse\u00f1ar no es tan s\u00f3lo el arte de pensar y hablar. Tambi\u00e9n es el arte de escuchar y comprender. Pero por escuchar no se entiende \u00fanicamente el acto de estarse quieto, que es una t\u00e9cnica. Escuchar es un arte tambi\u00e9n. Si bien con poca frecuencia, la mayor\u00eda de nosotros ha tenido la estimulante experiencia de conversar con alguien a quien hemos sentido aut\u00e9nticamente dispuesto a escucharnos, es decir, a esforzarse en recibir lo que decimos y a comprenderlo hasta el l\u00edmite de su capacidad de comprensi\u00f3n imaginativa. En la presencia de tal persona, somos llevados fuera de nosotros mismos, nuestro esp\u00edritu se vuelve m\u00e1s activo y nuestros pensamientos m\u00e1s vibrantes y originales. Vemos v\u00ednculos y significados que antes no nos eran aparentes. Podemos, incluso, concluir que nuestras ideas eran en verdad humildes y precarias. Pero sea cual fuere el resultado, se trata de algo vivo y real no solamente para nosotros sino tambi\u00e9n para nuestro amigo. Una intercomunicaci\u00f3n creativa ha tenido lugar aunque nuestro compa\u00f1ero no haya dicho palabra alguna.<br>\nAs\u00ed como todos hemos tenido la afortunada experiencia de hablar con personas de esp\u00edritu receptivo, tambi\u00e9n hemos experimentado tratar de comunicar una idea a alguien no dispuesto a recibirla. Si corremos con suerte, tal persona guardar\u00e1 silencio mientras hablamos, pero no har\u00e1 esfuerzos para comprender lo que decimos. Ciertamente no se trata de que necesitemos aprobaci\u00f3n. La aprobaci\u00f3n y el rechazo son indiferentes a este respecto. Nunca nos sentiremos desalentados si nuestras ideas no son aprobadas o compartidas por alguien que sabemos las comprende. \u00a1Pero cu\u00e1n frustrantes resultan la aprobaci\u00f3n y\/o el rechazo si provienen de una persona que no sabe de qu\u00e9 estamos hablando! \u00a1Qu\u00e9 helado e in\u00fatil es este intercambio de palabras! Nuestras ideas se marchitan, nuestra imaginaci\u00f3n se retrae. En una atm\u00f3sfera semejante, nada puede llegar a tener vida. Nada hemos ganado ni nosotros, ni nuestro acompa\u00f1ante. Nuestras ideas no son distintas a las que ten\u00edamos al principio, aunque nos parecen estar ahora menos vivas. Nuestro acompa\u00f1ante se ha dado la satisfacci\u00f3n de formular sus propios puntos de vista.<br>\nLos impugnadores y polemizadores podr\u00e1n hacer progresos en una atm\u00f3sfera carente de receptividad. La ciega oposici\u00f3n, las refutaciones tajantes y la aparici\u00f3n de trivialidades los podr\u00e1 hacer avanzar, pero su finalidad no es la de comunicarse con los dem\u00e1s, sino convencerlos. Hay sitios y momentos en los que dicha actitud es v\u00e1lida, aunque son menos de lo que com\u00fanmente se piensa. El sal\u00f3n de clases no es ciertamente uno de ellos. Los individuos de esp\u00edritu no receptivo son, en el centro del saber, espect\u00e1culo que mueve a la compasi\u00f3n. Ah\u00ed, lo mismo que en la actividad comercial, \u00abnunca se logra una venta venciendo en una discusi\u00f3n\u00bb.<br>\nPues bien, si nosotros, acostumbrados en mayor o menor medida al pensamiento productivo, sentimos un retraimiento en nuestras facultades creativas con la presencia de un esp\u00edritu que se muestra opaco al menos para con nosotros, \u00bfcu\u00e1n grande no ser\u00e1 el efecto de tal actitud en los j\u00f3venes? Saben que sus ideas a\u00fan no han sido ensayadas, y aunque asumen una postura de seguridad, se desalientan con facilidad. Es misi\u00f3n del maestro establecer las bases de una comunicaci\u00f3n entre \u00e9l y los disc\u00edpulos para conducir a \u00e9stos al \u00fanico tipo de actividad intelectual a trav\u00e9s de la cual pueden aprender: el manejo imaginativo de ideas con la finalidad de crear.<br>\n<strong>\u00bfAprender? No, gracias<\/strong><br>\nNo puede negarse y los escritos de los educadores est\u00e1n llenos de esta queja que los alumnos en general se resisten a \u00abaprender\u00bb. Con todo, al mismo tiempo, lo ans\u00edan. Ninguna de estas inclinaciones debe causar sorpresa, ya que la adquisici\u00f3n del saber es tan ardua como gozosa. Todo creador conoce el tormento y la alegr\u00eda de su arte, y tambi\u00e9n todo \u00abaprendedor\u00bb, porque tambi\u00e9n \u00e9l es un creador. Sin embargo, hay m\u00e1s que la simple dificultad natural del proceso detr\u00e1s de la resistencia del alumno a aprender. La renuncia del alumno a trabajar con libertad y entusiasmo en pro de lo que es su finalidad declarada, y por lo que seguramente es de su propio inter\u00e9s, proviene tal vez de ciertas reacciones t\u00edpicas de los padres ante los esfuerzos tempranos de sus ni\u00f1os por adquirir saber. La etiolog\u00eda b\u00e1sica de lo que efectivamente viene a ser fuente de frustraci\u00f3n personal para el estudiante tiene relaci\u00f3n vital con el problema de la ense\u00f1anza. Sugiere la actitud que el profesor deseoso de servir debe evitar, as\u00ed como la que debe fomentar.<br>\nEl ni\u00f1o, generalmente, no se resiste a la asimilaci\u00f3n creativa de ideas o experiencias, muy por el contrario, se encuentra ansioso por dominar el mundo, por hacer de todo conocimiento, experiencia y realizaci\u00f3n, algo suyo. Desafortunadamente, en ocasiones, la actitud de sus mayores est\u00e1 habitualmente lejos de ser estimulante. El ansia del ni\u00f1o por el saber creativo suele suscitar en sus mayores una de cuatro reacciones com\u00fanmente observables: la reacci\u00f3n de retenci\u00f3n directa de informaci\u00f3n, la reacci\u00f3n de desprecio por quien aprende, la reacci\u00f3n de sofocamiento a quien aprende y la reacci\u00f3n de decir cosas que no vienen al caso. La primera de ellas es inmediatamente reconocible:<br>\n\u00ab\u00a1Oh, guarda silencio! \u00a1Qu\u00e9 importa! No pongas atenci\u00f3n a eso. Est\u00e1s imaginando cosas nada m\u00e1s. Sigue corriendo y jugando\u00bb.<br>\nTenemos enseguida la reacci\u00f3n de desprecio a quien aprende, que por supuesto se traduce en la exaltaci\u00f3n del adulto:<br>\n\u00abEst\u00e1 perfectamente mal. Esp\u00e9rate, d\u00e9jame ense\u00f1arte. Nunca ser\u00e1s un buen jugador\u2026 Qu\u00e9, \u00bfno quieres aprender? Obs\u00e9rvame y trata de hacerlo bien\u00bb.<br>\nLa reacci\u00f3n de sofocamiento a quien aprende:<br>\n\u00abNo s\u00e9 qu\u00e9 quieres decir con \u201cgloria\u201d, dijo Alicia. Humpty-Dumpty sonri\u00f3 desde\u00f1osamente: Por supuesto que no, hasta que yo te lo diga. Quise decir que hay un precioso argumento demoledor para ti.<br>\n\u00bbPero \u201cgloria\u201d no significa un precioso argumento demoledor, objet\u00f3 Alicia.<br>\n\u00bbCuando yo empleo una palabra, aclar\u00f3 Humpty-Dumpty en tono m\u00e1s bien despectivo, \u00e9sta significa justamente lo que yo dispongo que signifique, ni m\u00e1s ni menos.<br>\n\u00bbEl problema, dijo Alicia, est\u00e1 en si puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas. Alicia estaba demasiado confundida para decir algo\u2026\u00bb.<br>\nSe trata, pues, de un medio para glorificar al adulto. \u00c9ste o m\u00e1s bien el profesor, desde la perspectiva de la educaci\u00f3n es a menudo incapaz de abstenerse de demostrar su superior saber al responder a cada pregunta. Por ejemplo, una inocente interrogaci\u00f3n acerca de por qu\u00e9 una flor es roja mientras las hojas de la planta son verdes, podr\u00eda producir una prolongada disertaci\u00f3n basada en oftalmolog\u00eda, qu\u00edmica y cosmetolog\u00eda a gran escala. El efecto de este diluvio de informaci\u00f3n har\u00e1, casi inevitablemente, m\u00e1s cauto al inquieto interrogador para no incurrir, en el futuro, en el mismo tipo de apertura.<br>\nEn estrecha relaci\u00f3n con la reacci\u00f3n de sofocamiento de quien aprende, est\u00e1 la reacci\u00f3n de decir cosas que no vienen al caso. El ni\u00f1o rara vez es capaz (o cualquier otra persona en lo que a esto se refiere) de expresar en una sola pregunta o con una sola afirmaci\u00f3n aquello que verdaderamente est\u00e1 pensando. Aun as\u00ed, es raro que tenga oportunidad de aclarar sus nociones antes de que sus mayores desencadenen en su contra un alegato basado en las falsas suposiciones en torno a lo que quiso decir:<br>\n\u00ab\u00a1Preferir\u00eda no intentar, por favor!, suplic\u00f3 Alicia. Estoy bastante contenta con quedarme aqu\u00ed, \u00a1s\u00f3lo que tengo tanto calor y tanta sed!<br>\n\u00bb\u00a1Ya s\u00e9 qu\u00e9 te gustar\u00eda! Dijo la reina con buena intenci\u00f3n, sacando una cajita de su bolsillo. \u00bfQuieres un panecillo?<br>\n\u00bbAlicia pens\u00f3 que ser\u00eda descort\u00e9s decir \u201cno\u201d, aunque no era en absoluto lo que quer\u00eda. As\u00ed es que lo acept\u00f3 y se lo comi\u00f3 lo mejor que pudo, pero estaba muy seco y pens\u00f3 que nunca en su vida se hab\u00eda sentido tan sofocada.<br>\n\u00bbMientras te refrescas, dijo la reina, tomar\u00e9 las medidas. \u00bfOtro panecillo?<br>\n\u00bbNo, gracias, replic\u00f3 Alicia, uno es m\u00e1s que suficiente.<br>\n\u00bbTu sed se calm\u00f3, \u00bfverdad? Pregunt\u00f3 la reina. Alicia no supo qu\u00e9 responder, pero afortunadamente la reina sigui\u00f3 con lo que andaba haciendo\u00bb.<br>\nMuy posiblemente todo lo anterior constituye tan s\u00f3lo una explicaci\u00f3n parcial de la postura del estudiante hacia la educaci\u00f3n formal. No obstante, encontrarse reiteradamente con actitudes de esta \u00edndole ocasionan, dentro del curso ordinario de los hechos, un efecto paralizador en el pensamiento, expresi\u00f3n y receptividad libres. Genera un estado de recelo, una resistencia ya sea para dar o recibir. El efecto acumulativo de estas respuestas y reacciones estereotipadas de los padres en el ni\u00f1o (sin duda ellas tambi\u00e9n condicionadas de manera an\u00e1loga), propician la convicci\u00f3n, tal vez del todo inconsciente, de que el aprendizaje es un curioso proceso configurado por la frustraci\u00f3n in\u00fatil, la recepci\u00f3n pasiva, la imitaci\u00f3n inerte y la resignaci\u00f3n hacia el aparente prurito de los mayores por hablar solamente acerca de lo que a ellos interesa.<br>\n<strong>El est\u00edmulo es s\u00f3lo el principio<\/strong><br>\nEl profesor, ya sea de cuestiones elementales o avanzadas, enfrenta como problema b\u00e1sico la necesidad de estimular e incluso establecer nuevamente en sus alumnos la facultad de acometer la tarea de aprender con esp\u00edritu de creatividad receptiva y realizaci\u00f3n independiente. Uno de los medios que, en ocasiones, se sugieren para resolver el problema de la pasividad mental del estudiante es presentarles personalidades estimulantes. Es en realidad algo excelente que una instituci\u00f3n de ense\u00f1anza cuente, dentro de su claustro, con profesores que puedan influir a los j\u00f3venes con el sentido de la belleza y la bendici\u00f3n que posee el saber, y con el deseo de pertenecer a la sociedad de los instruidos. Todo buen profesor ejercer\u00e1 esta influencia estimulante. Desgraciadamente, una personalidad espectacular que suscita inter\u00e9s en s\u00ed misma es confundida a veces con la personalidad que inspira inter\u00e9s no s\u00f3lo o principalmente en s\u00ed misma, sino m\u00e1s bien en la difusi\u00f3n creativa del conocimiento. La capacidad para despertar en los estudiantes el deseo de escucharnos y aprender de nosotros es un aspecto del arte de ser maestro, pero no la totalidad de ese arte.<br>\nLa inspiraci\u00f3n o el est\u00edmulo es un buen punto de partida para la ense\u00f1anza, pero necesita traducirse en pensamiento creativo. La mayor\u00eda de aquellos que como nosotros ha dejado atr\u00e1s la juventud, pueden mirar retrospectivamente en busca de momentos de \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb, pero con demasiada frecuencia no podremos recordar del episodio nada m\u00e1s all\u00e1 de la dulzura y la emoci\u00f3n de haber estado inspirados. Muy seguido, simplemente nos complacimos con el sentimiento de inspiraci\u00f3n y olvidamos apropiarnos de la sustancia de tal inspiraci\u00f3n que el profesor pose\u00eda y se empe\u00f1aba en comunicarnos. Estar inspirado es un placer absoluto, pero aprender es dif\u00edcil. No podemos hacer de las ideas algo nuestro si no es a trav\u00e9s de un proceso arduo y doloroso. Pero este proceso no es menos doloroso para aquel que ocupa el sitial del maestro que para aquellos que se sientan en los pupitres.<br>\nLa recepci\u00f3n imaginativa de los pensamientos de otro es una tarea abrumadora, a menudo creada parcialmente, y expresada humildemente casi siempre. Es en la realizaci\u00f3n de esta tarea que el maestro cumple su verdadera funci\u00f3n y alcanza la aut\u00e9ntica recompensa de su llamada: el continuo enriquecimiento de su esp\u00edritu. Pero se trata de una recompensa verdaderamente ganada con el sudor de la frente. He aqu\u00ed por qu\u00e9 muchos profesores incluso aquellos quienes en un principio progresaban en el arte de aprender, desisten de sus esfuerzos despu\u00e9s de un poco y se convierten en profesores s\u00f3lo en el sentido parcial de buscar informar algo a alguien. No desean recibir cosa alguna de sus alumnos que no sean sus propios conceptos, lo menos da\u00f1ados que sea posible en la trayectoria maestro-alumno y viceversa. Estos profesores son una especie de biblioteca que presta hechos, n\u00fameros y conceptos. Abandonan la dif\u00edcil pr\u00e1ctica del intercambio creativo de pensamiento y de este modo, al tiempo de que tal vez llenan las cabezas de sus alumnos con ideas y hechos interesantes y valiosos, les despojan sin embargo de la preciosa oportunidad de aprender a aprender, al menos hasta donde pueda alcanzar su capacidad. El maestro que ha renunciado al arte de aprender de sus disc\u00edpulos deber\u00eda tambi\u00e9n renunciar a la pr\u00e1ctica de la ense\u00f1anza.<br>\nAlguno objetar\u00e1 que si el profesor realmente desea enriquecer su propio esp\u00edritu, podr\u00eda encontrar mejores medios para hacerlo que escuchando a sus alumnos. Podr\u00eda mejor dedicarse a la investigaci\u00f3n original o a tratar con personas instruidas. Varias cosas deben decirse respecto a esta opini\u00f3n. En primer lugar, el enriquecimiento que ahora consideramos es exclusivamente el que resulta provechoso a los alumnos. Es un mito de noci\u00f3n seg\u00fan el cual un hombre rico en conocimientos es necesariamente un maestro valioso. Con la actitud correcta y no grandes conocimientos, el maestro ser\u00e1 la puerta de acceso a grandes lecciones para sus disc\u00edpulos. Con vastos conocimientos pero con la actitud inadecuada, el maestro podr\u00e1 no tener m\u00e1s valor que un libro, en lo que se refiere a la vida intelectual de sus disc\u00edpulos, y tal vez menos.<br>\nEn segundo lugar, un hombre no puede enriquecerse mediante el contacto con otros hombres, no importa lo instruidos que sean, ni mediante la investigaci\u00f3n, a menos que posea la capacidad de receptividad creativa y ello no es algo que se pueda encender o apagar seg\u00fan se quiera. Es poco probable que un profesor no receptivo a los intereses de sus alumnos sea receptivo en otros aspectos. Podr\u00e1 quedarse callado por m\u00e1s tiempo cuando hablan sus instruidos colegas que cuando sus alumnos lo hacen, pero es dudoso que escuche m\u00e1s en un caso que en otro.<br>\nEn tercer lugar, el viejo principio de predicar con el ejemplo tiene aplicaci\u00f3n todav\u00eda. La mayor\u00eda de los educadores convienen en que el alumno no debe ser conducido hasta la aceptaci\u00f3n de ideas con el prop\u00f3sito de sacarlas a relucir cuando la ocasi\u00f3n oportuna se presente, sino m\u00e1s bien con recepci\u00f3n activa e imaginativa del conocimiento. \u00bfDe qu\u00e9 mejor manera puede indicar el maestro lo que se quiere significar con este concepto si no es mostr\u00e1ndolo una y otra vez con su actitud a los alumnos?<br>\nFinalmente, en modo alguno es seguro que la investigaci\u00f3n original y la conversaci\u00f3n con individuos bien preparados sea para los maestros una fuente m\u00e1s fecunda para el enriquecimiento del pensamiento que la comunicaci\u00f3n con los disc\u00edpulos. La actitud de genuina receptividad hacia el pensamiento del otro presupone respeto para con \u00e9l; si \u00e9ste falta, la atenci\u00f3n ofrecida no es sino algo rutinario y superficial. Es imposible que el intercambio creativo se establezca entre personas que no se respetan mutuamente. Tal vez, es esa barrera otra raz\u00f3n por la cual los profesores a veces no logran mantener abiertas sus mentes hacia sus alumnos, de modo que el incentivo necesario para la comunicaci\u00f3n se establezca. Multitud de profesores se llenan de orgullo y complacencia cuando uno de sus alumnos hace una contribuci\u00f3n a su pensamiento. Pero con demasiada frecuencia el profesor exhibe un aire protector hacia sus alumnos. En ocasiones tal actitud llega a los extremos de un desprecio casi brutal que le hace empe\u00f1arse en \u00abrevolcar\u00bb y avergonzar a los alumnos. No se refiere ello por supuesto a las intervenciones en\u00e9rgicas que ponen al descubierto la holgazaner\u00eda o interrumpen un razonamiento divagador y confuso, a cuyo infortunado autor probablemente se le impide as\u00ed llevarlo hasta sus \u00faltimas consecuencias. A veces, la actitud protectora del maestro toma la forma de la hermosa compasi\u00f3n expresada por el profesor Palmer en su sugestivo ensayo El maestro ideal cuando confiesa: \u00abEn suma, carec\u00eda ya de capacidad subsidiaria, para r\u00e1pidamente ponerme en el lugar del d\u00e9bil y cargar su peso. Deber\u00eda estar en nosotros ver que todo aquello que decimos, en su inicio, a la mitad y en su final, est\u00e9 provechosamente delineado de modo que aqu\u00e9llos menos inteligentes e interesados que nosotros puedan tener a ello el m\u00e1s r\u00e1pido acceso\u00bb.<br>\nUna actitud protectora tiene que interferir inevitablemente con esa deseable relaci\u00f3n entre maestro y disc\u00edpulo de la que depende la eficacia del maestro como est\u00edmulo del pensamiento creativo. Es verdad, como el profesor Palmer ha dicho, que por el momento, el maestro asume la posici\u00f3n m\u00e1s fuerte. Es suya por tanto la responsabilidad de respetar a sus alumnos de tal modo que se sientan en libertad de pensar en su presencia y de afanarse por comunicarle sus ideas y no las suyas. Pero tampoco un simulacro de respeto es de utilidad alguna. Es m\u00e1s: cuando no se siente respeto alguno, es mejor que nada se muestre. Los j\u00f3venes no son tontos, y a\u00f1adir enga\u00f1o a la ausencia de respeto es empeorar una situaci\u00f3n ya de suyo mala.<br>\n<strong>C\u00f3mo construir un claustro acad\u00e9mico inepto<\/strong><br>\nMerced a que no puede existir verdadera intercomunicaci\u00f3n en ausencia de tal respeto mutuo, que es condici\u00f3n indispensable en un esp\u00edritu abierto, resulta claro que, de entre todos aquellos que no debieran ser maestros, el ego\u00edsta ocupa el primer sitio. El ego\u00edsta no puede tener esp\u00edritu receptivo: es empujado a o\u00edr s\u00f3lo aquello que le halaga y tiene que valorar ideas y personas en arreglo a que puedan asistirle en sus ego\u00edstas necesidades. Desgraciadamente, la vocaci\u00f3n de ense\u00f1ar es de tal naturaleza que si bien atrae a las personalidades m\u00e1s nobles y abnegadas, al mismo tiempo atrae a los ego\u00edstas. Pocas otras profesiones prometen recompensas tan jugosas a los centrados en s\u00ed mismos. Con oportunidad a tan alta encomienda, el ego\u00edsta tiene ocasi\u00f3n de exhibir su erudici\u00f3n y exhibirse a s\u00ed mismo ante numerosos j\u00f3venes que, de acuerdo a las reglas del juego, deben al menos procurarle se\u00f1ales de respeto y buscar agradarle. Generalmente puede darse el gusto de ver publicada cualquier cosa que se le ocurra escribir, en especial si trabaja en una gran universidad. Adem\u00e1s, debido a que la realizaci\u00f3n es singularmente dif\u00edcil de juzgar en el terreno de la ense\u00f1anza, el ego\u00edsta cuenta con excelente oportunidad para deslumbrar a sus colegas. Habla resuelta y dram\u00e1ticamente y alega sin cesar; esta t\u00e9cnica suele impresionar muchas veces. Tal como el rector Wallace B. Donham advirti\u00f3 en otros aspectos, \u00abla acci\u00f3n puede ser apreciada como la evidencia de la realizaci\u00f3n\u00bb.<br>\n\u00a1Qu\u00e9 dif\u00edcil es saber si el maestro est\u00e1 cumpliendo con su alta misi\u00f3n de intercomunicaci\u00f3n creativa con sus disc\u00edpulos! \u00ab\u00bfQu\u00e9 \u00edndole de condiciones conformar\u00e1n el tipo de cuerpo docente id\u00f3neo para dirigir una universidad exitosa? El riesgo reside en que es bastante f\u00e1cil constituir un claustro acad\u00e9mico perfectamente inepto un claustro de pedantes y est\u00fapidos muy eficientes\u00bb. Probablemente nadie es tan nocivo para la vida de una instituci\u00f3n educativa como el ego\u00edsta. Est\u00e1 incapacitado para ense\u00f1ar a otros porque ha cerrado su esp\u00edritu a aprender. Pero, adem\u00e1s, sea cual fuere la amplitud de su influencia, habr\u00e1 de perpetuar su propia mediocridad porque inevitablemente simpatizar\u00e1 con sujetos de inferior talento.<br>\nLa concepci\u00f3n seg\u00fan la cual la ense\u00f1anza es decir, el producir saber en otros exige que el profesor asuma una actitud de receptividad imaginativa para con las ideas de sus alumnos, guarda relaci\u00f3n con el muy debatido problema de si una misma persona puede ser al mismo tiempo buen maestro y buen investigador. El profesor Philip Cabot ha dicho: \u00abEs un error suponer que el profesor y el investigador siempre, o siquiera com\u00fanmente, est\u00e1n unidos en una misma persona. Las cualidades necesarias para tener \u00e9xito en estos dos terrenos son distintas y rara vez se encuentran en el mismo individuo\u00bb.<br>\nEs un tema controvertido el de si en general es posible que los miembros del cuerpo acad\u00e9mico universitario sean investigadores fecundos y maestros competentes. De cualquier manera, la misma actitud mental que distingue al buen profesor tambi\u00e9n es necesaria para la investigaci\u00f3n significativa, a saber: la actitud de receptividad imaginativa y vivaz. Es posible que una raz\u00f3n para explicar por qu\u00e9 gran parte de nuestras investigaciones (de car\u00e1cter social y econ\u00f3mico principalmente) hayan sido un fracaso, est\u00e9 esa raz\u00f3n en el hecho de que han sido llevadas a cabo por gente que carec\u00eda de tal receptividad. El profesor Henderson ha observado que \u00abla observaci\u00f3n, el estudio y la interpretaci\u00f3n de lo que las personas dicen es, en cierto sentido, lo caracter\u00edstico de las ciencias sociales\u00bb. En las ciencias puras la importancia de ser receptivo al pensamiento creativo ajeno no es al menos tan aparente, pero su necesidad sin embargo persiste.<br>\nEl profesor cuenta con un laboratorio en el sal\u00f3n de clase, en las entrevistas con los alumnos y en los trabajos escritos de \u00e9stos. En ese laboratorio encontrar\u00e1 claves que descubran nuevas hip\u00f3tesis, y podr\u00e1 ponerlas a prueba a fin de modificarlas, descartarlas o aceptarlas.<br>\nEl profesor Melvin T. Copeland, destacado lo mismo por su actividad docente que por sus trabajos de investigaci\u00f3n, recientemente ha proporcionado un ejemplo de lo anterior. Sosten\u00eda la opini\u00f3n de que los alumnos que ingresaban a un curso determinado entend\u00edan el significado del concepto administraci\u00f3n general, de uso com\u00fan en los negocios, como algo distinto al concepto administraci\u00f3n departamental. Varias cosas que los alumnos le dec\u00edan al cabo de algunas reuniones individuales convocadas para tratar otros asuntos, le hicieron sospechar que dicho concepto podr\u00eda implicar no obstante significados muy diversos para distintos alumnos, y que para otros podr\u00eda no tener significado alguno. Habiendo detectado de esta manera un cierto n\u00famero de claves que apuntaban en la misma direcci\u00f3n general, el profesor Copeland llev\u00f3 a cabo la verificaci\u00f3n de su antigua hip\u00f3tesis. La falta de agudeza para advertir la significaci\u00f3n de comentarios en apariencia irrelevantes vertidos durante las entrevistas, hubiera impedido este fortalecimiento especial de la comprensi\u00f3n entre el profesor y los alumnos.<br>\n<strong>Sin tiempo para sensibler\u00edas ni palmaditas<\/strong><br>\nExiste otra implicaci\u00f3n de la teor\u00eda de la receptividad. Se ha discutido mucho acerca de la edad adecuada de retiro para el profesor. Si se trata de uno bueno le debemos suplicar que no se retire hasta que por el cansancio de la edad no pueda ya conducirse adecuadamente. Si un profesor es de esp\u00edritu verdaderamente receptivo habr\u00e1 de ser cada vez mejor al paso de los a\u00f1os hasta el fin de sus d\u00edas. Nunca ser\u00e1 anticuado ya que est\u00e1 en incesante comunicaci\u00f3n con el pensamiento de su tiempo. Nunca decaer\u00e1 porque nunca ha permitido que sus facultades de pensamiento creativo se emboten por la falta de ejercicio.<br>\nLa actitud mental del buen profesor exige un puente entre dos principios aceptados en la ense\u00f1anza. El primero de ellos consiste en que el profesor posea un esp\u00edritu imaginativo y creativo as\u00ed como un dep\u00f3sito de conocimientos. Es mortal para un intelecto que se desarrolla, entrar en contacto con un esp\u00edritu repleto de informaci\u00f3n, al cual no puede darle vida por carecer de imaginaci\u00f3n y entusiasmo. Merced a que en la pr\u00e1ctica este principio es desgraciadamente perdido de vista, en teor\u00eda no puede ser puesto en tela de juicio. El segundo principio aceptado en la ense\u00f1anza establece que el alumno debe recrear imaginativamente las ideas y los hechos que le ha comunicado el profesor, si tales hechos e ideas han de tener alg\u00fan sentido para \u00e9l, y si en todo caso ha de ser verdaderamente educado.<br>\nExistiendo un maestro con una inteligencia vivamente creativa, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 dirigir a sus disc\u00edpulos hasta la realizaci\u00f3n personal de la interpretaci\u00f3n creativa del conocimiento? La respuesta radica, en parte al menos, en la capacidad del profesor para escuchar a sus alumnos, no con el \u00e1nimo de elogiarlos, corregir sus errores y llenar los huecos de su ignorancia, sino m\u00e1s bien con la constante y aut\u00e9ntica expectativa de aprender algo. Una clase bien dirigida no es sin embargo aqu\u00e9lla en donde el profesor se sienta y permanece con los ojos bien abiertos distribuyendo gestos de respeto y aprobaci\u00f3n, mientras sus alumnos pontifican, ret\u00f3ricamente, in crescendo, todo lo que es y no es. Es duro aprender, y hay mucho por aprender: no hay tiempo para perder en sensibler\u00edas y palmaditas en la espalda. El maestro es el hombre de la reciedumbre, el centro a partir del cual fluye una corriente fresca y vivificadora de saber imaginativamente concebido.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23414\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El autor, profesor em&eacute;rito de Harvard, nos recuerda que la actitud mental de un buen maestro exige receptividad: saber escuchar a los alumnos con la constante y aut&eacute;ntica expectativa de aprender algo y, tambi&eacute;n, que transmitir es un arte alegre: porque es el arte de la creaci&oacute;n.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1218],"tags":[53],"class_list":["post-23414","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-coloquio","tag-ejemplar_234"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v21.2 (Yoast SEO v27.6) - 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