{"id":23316,"date":"1997-11-01T00:00:00","date_gmt":"1997-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23316"},"modified":"2023-11-08T06:05:56","modified_gmt":"2023-11-08T11:05:56","slug":"elogio_de_la_soledad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1997\/11\/01\/elogio_de_la_soledad\/","title":{"rendered":"Elogio de la soledad"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23316\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>La persona nace y muere sola. Y, sin embargo, todo en ella apunta a la compa\u00f1\u00eda. El ser de la persona est\u00e1 vocada a \u00abser-con\u00bb o a no llegar a ser el aut\u00e9ntico ser humano que todos llevamos dentro. Acaso por esto mismo, sea tan lacerante la soledad del hombre. Porque todas y cada una de las personas necesitamos de los dem\u00e1s, de ese bien escaso y mal repartido que llamamos amistad.<br>\nSe ha repetido hasta la saciedad, la vieja afirmaci\u00f3n aristot\u00e9lica de que el hombre es, por naturaleza, un animal social. Pero hay muchos que todav\u00eda no parecen haberse enterado. En efecto, para ser quienes somos, qu\u00e9 duda cabe, necesitamos de los dem\u00e1s; como tambi\u00e9n los dem\u00e1s necesitan de nosotros. Y esa necesidad, que es natural, puede distorsionarse en su despliegue social y cultural.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Vac\u00edo y desnaturalizaci\u00f3n de la soledad<\/strong><\/p>\n<p>La necesidad objetiva de participaci\u00f3n social de compa\u00f1\u00eda \u00beese llamado a comunicarse y compartir con los otros nuestras alegr\u00edas y tristezas, nuestros \u00e9xitos y fracasos, la entera persona que uno es, siendo natural como es\u00be puede llegar a desnaturalizarse.<br>\nEsto es lo que sucede cuando los otros devienen en meros pelda\u00f1os sobre los que encaramarse para estar m\u00e1s altos en el ranking social y colectivo (popularidad, \u00e9xito, poder, dinero), o cuando quedan reducidos a meros y lejanos espectadores, cuya primordial y \u00fanica funci\u00f3n parece agotarse en el aplauso, en el aplauso del peque\u00f1o o grande \u00e9xito que se trasluce en nuestro comportamiento y que no ser\u00eda tal sin la comparecencia o copresencia de esos espectadores.<br>\nSituaciones como \u00e9stas son compatibles con la soledad, porque se obstaculiza o frustra el encuentro con los otros, transformando esa circunstancia en un mero espect\u00e1culo, tan \u00fatil para la distracci\u00f3n como in\u00fatil para el compromiso interpersonal.<br>\nSon estas situaciones en las que se busca la interesada y fingida compa\u00f1\u00eda; situaciones al fin en las que est\u00e1 patente esa carencia voluntaria, aunque simulada, de los otros. Tal vez por eso, resulten cansinas, aburridas y hasta insoportables para todos, porque nos hacen experimentar esa extra\u00f1a ausencia, a pesar de la comparecencia de la multitud. No resulta extra\u00f1o que el hast\u00edo, el cansancio y una sensaci\u00f3n de impostura acaben por invadir \u00be por absurdo que parezca\u00be la intimidad de los protagonistas.<br>\n<strong>Soledad neur\u00f3tica y culto a la personalidad<\/strong><br>\nNo deja de ser curioso que en un tiempo como el nuestro \u00been que tanto af\u00e1n hay de protagonismo personal\u00be haya simult\u00e1neamente tantas experiencias de soledad, a pesar de la profusi\u00f3n y multiplicidad de tantos colectivismos. Y es que, como escribi\u00f3 Ortega, en este tiempo nuestro \u00abno hay protagonistas, sino coro\u00bb.<br>\nNo, hoy no hay tal protagonismo, sino m\u00e1s bien coros de personas que desean ser protagonistas, protagonismo colectivo, m\u00e1scaras solitarias que giran enloquecidas en el carnaval colectivista, sin apenas encontrar la meta que sospecharon les podr\u00eda satisfacer.<br>\nPor otra parte, el coro de personas insolidarias no puede ser protagonista. Pues, si las personas que componen un coro no son solidarias, no est\u00e1n bien acompasadas, no trenzar\u00e1n arm\u00f3nicamente unas y otras voces, y la sinfon\u00eda no se producir\u00e1. S\u00f3lo se oir\u00e1, entonces, un ruido desacompasado y confuso, tanto m\u00e1s intenso cuanto mayor sea el n\u00famero de personas que componen el coro. Mientras tanto, los buscadores del \u00e9xito se encontrar\u00e1n cada vez m\u00e1s solos.<br>\nEsto es lo que sucede con el actual culto a la personalidad. Al haber tantos coros de protagonistas \u00beprotagonistas solitarios e insolidarios\u00be , las voces no logran aunarse y s\u00f3lo percibimos un griter\u00edo, tanto m\u00e1s confuso cuanto m\u00e1s clamoroso, que no s\u00f3lo no aglutina a los espectadores sino que los a\u00edsla y dispersa todav\u00eda m\u00e1s, mientras tratan de huir de \u00e9l.<br>\nEl hombre contempor\u00e1neo ha colectivizado tanto su persona, que ya s\u00f3lo se desvive por esa forma de sociabilidad organizada a la que la popularidad conformista rinde culto: el culto a la personalidad.<br>\nPero m\u00e1s all\u00e1 y m\u00e1s ac\u00e1 del culto a la personalidad, la soledad persiste. No se olvide que por muy grande que sea el culto a la personalidad, mayor es a\u00fan la privaci\u00f3n del contacto personal a que suele estar sometida la persona con popularidad.<br>\nA mayor popularidad, menor contacto personal y, por consiguiente, mayor soledad. Cuanto mejor y m\u00e1s eficaz sea la imagen que de s\u00ed mismo se d\u00e9, menor ser\u00e1 el reconocimiento que se hace, en su unicidad e interioridad, del hombre como persona.<br>\nResulta muy dif\u00edcil escapar \u00besin fisuras para la persona\u00be del culto a la personalidad. La popularidad, el \u00e9xito, el poder, la buena imagen personal tambi\u00e9n tienen su precio. El de la soledad \u00be la necesidad de escapar del p\u00fablico, ocultarse, viajar de inc\u00f3gnito\u00be es parte de ese precio que hay que pagar.<br>\nEl camuflaje en las im\u00e1genes personales que se van adoptando en funci\u00f3n de lo que es socialmente deseable en cada momento, hace luego muy dif\u00edcil reconocerse a s\u00ed mismo y asumir la identidad personal. La excesiva familiaridad con tantas im\u00e1genes, roles y representaciones \u00beque, por otra parte, exigen e imponen al hombre su distanciamiento de los otros hombres\u00be dificulta, en ocasiones, el hecho de poder llamar \u00abt\u00fa\u00bb a cualquier hombre.<br>\n<strong>S\u00edsifo, soledad y narcisismo<\/strong><br>\nSin interioridad es imposible que haya encuentro personal, pues el encuentro con un \u00abt\u00fa\u00bb presupone la preexistencia de un \u00abyo\u00bb, de manera que pueda darse el encuentro con el otro. Si no hay tiempo ni espacio para el encuentro con el \u00abt\u00fa\u00bb (por el distanciamiento que impone el \u00e9xito) y si, adem\u00e1s, el \u00abyo\u00bb est\u00e1 borroso (por las numerosas m\u00e1scaras y roles que se han tenido que representar, para reflejar la imagen que en cada caso las circunstancias le exig\u00edan), habr\u00e1 que concluir que en tales circunstancias, por el momento, no es posible la experiencia del encuentro y la fundaci\u00f3n del \u00abnosotros\u00bb.<br>\nEl culto a la personalidad funda y reasegura la permanencia en la soledad, de una soledad que cultiva adem\u00e1s el escepticismo, por cuanto que forzosamente ha de adaptarse a las normas de validaci\u00f3n social impuestas por cada circunstancia particular.<br>\nLa continua automanipulaci\u00f3n y la err\u00f3nea vivencia de autonom\u00eda y de omnipotencia, suscitadas por los incesantes cambios de imagen \u00bepor la traici\u00f3n que se hace continuamente a la propia intimidad\u00be , hace que el personaje cultivador de la personalidad no se atreva a enfrentarse a la soledad, sino que o aplaza el enfrentamiento o lo rehusa, fug\u00e1ndose siempre hacia adelante, con el vehemente e interesado cultivo de la sociabilidad.<br>\nEl mito de S\u00edsifo es una buena imagen para representar lo que acontece en la intimidad del hombre que, yendo tras el culto de la personalidad, comienza cada d\u00eda, solitariamente, el penoso trabajo de buscar una nueva imagen, una nueva forma para autoconstruirse y conquistar el demandado \u00e9xito social.<br>\nEn el fondo, lo que acaso suceda es que el hombre fascinado y seducido por la imagen \u00be \u00fanicamente por la mejor imagen social de s\u00ed mismo, se entiende, pueda dar poco importa que sea o no verdadera\u00be , ha tomado en serio a su propio yo. De ah\u00ed que el culto a la personalidad \u00be a la insolidaridad, como triste holocausto exigido por el \u00e9xito\u00be tenga mucho que ver con el narcisismo y la soledad.<br>\n<strong>Del activismo al aburrimiento: \u00bfuna forma de escapar a la soledad?<\/strong><br>\nAlgunas personas se arrojan en los brazos de un activismo sin fin; otras, por el contrario, apenas si encuentran alguna actividad que les merezca la pena. Ambas situaciones \u00beactivismo y aburrimiento\u00be son malas compa\u00f1eras de viaje del hombre en la traves\u00eda que es su vida.<br>\nLos primeros se debaten de aqu\u00ed para all\u00e1, se entregan a las mil y una gestiones que \u00bedicen\u00be es preciso hacer, o andan siempre comprometidos en el an\u00e1lisis y soluci\u00f3n de los problemas pol\u00edticos, sociales, cient\u00edficos, est\u00e9ticos o incluso religiosos. Para los segundos, en cambio, nada de eso resulta significativo y todo les es indiferente. Simplemente, sus propias vidas se han vuelto para ellos ininteresantes. Por eso apenas si se deciden a actuar, optando por el asentamiento casi definitivo en la pereza enfermiza.<br>\nUnos y otros huyen de s\u00ed mismos, aunque por caminos diversos. Unos y otros experimentan el vac\u00edo de sus respectivas vidas, diferenci\u00e1ndose s\u00f3lo en el modo en que tratan de hacer frente al insoportable horror vacui que experimentan. Unos y otros eluden el quedarse a solas consigo mismos, a fin de no abismarse y experimentar el v\u00e9rtigo que el vac\u00edo interior, que suscita ante sus perplejas miradas, la contemplaci\u00f3n del paisaje interior.<br>\nNinguno de ellos tolera quedarse a solas con s\u00ed mismo. Acaso porque, cuando lo hacen, se les pone de manifiesto que no tienen nada dentro, que en sus propias vidas no hay nada que les ata\u00f1a, que nada tienen de qu\u00e9 hablar con ellos mismos.<br>\nEn unas circunstancias como \u00e9stas, irrumpe la experiencia de la soledad con todas las caracter\u00edsticas de lo que, por ser insoportable, debe a toda costa eludirse. Activistas y aburridos escapan del miedo a la soledad a trav\u00e9s de sus respectivos activismo y aburrimiento.<br>\nA lo que parece, los activistas siguen el consejo que S\u00e9neca daba a Lucilio: \u00abMientras el retiro en ti mismo no te procure una seguridad suficiente, vuelve los ojos a los hombres que te rodean, pues no existe nadie que no se encuentre m\u00e1s seguro con cualquier otro que consigo mismo (\u2026) De esta forma, debes ir con la turba para apartarte de ti mismo, pues yendo s\u00f3lo contigo andas demasiado cerca de un malvado\u00bb.<br>\nLa persona aburrida a nada se entrega, ni siquiera a ella misma; simplemente deja saltar su atenci\u00f3n de una a otra cosa, sin detenerse ni penetrar en ninguna de ellas. Y aunque tal pasatiempo nada le aproveche, no obstante, con este recurso escapa as\u00ed al compromiso de conocerlas y a la posibilidad de conocerse. La persona aburrida ha perdido su amor propio, porque ella misma se percibe como ininteresante, como alguien para quien ning\u00fan pensamiento, ning\u00fan sentimiento, ninguna actividad tienen ya sentido. De aqu\u00ed su entrega a la curiositas, a la curiosidad con tal de escapar a la indiferencia que experimenta y a la soledad que sigue a ella.<br>\n<strong>Unos y otros tendr\u00edan que reflexionar en estas palabras de Unamuno:<\/strong><br>\n\u00abCada d\u00eda creo menos en todas esas otras cuestiones que han inventado las gentes para no tener que afrontar la \u00fanica verdadera cuesti\u00f3n que existe: la cuesti\u00f3n humana, que es la m\u00eda, y la tuya, y la del otro, y la de todos.<br>\n\u00bbY como s\u00e9 que me dir\u00e1s que juego con los vocablos y me preguntar\u00e1s lo que quiero decir con eso de la cuesti\u00f3n humana, habr\u00e9 de repet\u00edrtelo una vez m\u00e1s: la cuesti\u00f3n humana es la cuesti\u00f3n de saber qu\u00e9 habr\u00e1 de ser de mi conciencia, de la tuya, de la del otro y de la de todos, despu\u00e9s de que cada uno de nosotros se muera. Todo lo que no sea encarar esto, es meter ruido para no o\u00edrnos. Y he aqu\u00ed por qu\u00e9 tememos tanto a la soledad y buscamos los unos la compa\u00f1\u00eda de los otros.<br>\n\u00bbSe busca la sociedad no m\u00e1s que para huirse cada cual de s\u00ed mismo, y as\u00ed, huyendo cada uno de s\u00ed, no se juntan y conversan sino sombras vanas, miserables espectros de hombres\u00bb.<br>\n<strong>Riqueza y necesidad de la soledad interior<\/strong><br>\nHay otro tipo de soledad que ciertas personas \u00bea lo que parece, muy pocas hoy\u00be ans\u00edan. Me refiero a esas situaciones en que se rehusa voluntariamente el encuentro con los otros, porque ha de satisfacerse la irrefrenable necesidad de estar a solas con uno mismo. Parad\u00f3jicamente, cuando se opta por ello, el hombre est\u00e1 solo (nadie le hace compa\u00f1\u00eda), pero no se siente solo (porque lleva a todos los que le rodean en su cabeza y en su coraz\u00f3n).<br>\nCualquier monta\u00f1ista entender\u00e1 muy bien a lo que me estoy refiriendo. Basta con remontar la fatigosa subida, coronar una cresta y expandir la mirada, que dilatada sobrevuela en el horizonte infinito, para darse cuenta de la necesidad de trepar solo sobre uno mismo: la m\u00e1s dif\u00edcil de las traves\u00edas humanas. All\u00ed todo es m\u00e1s puro. El l\u00edmpido y fresco viento de la cumbre, azota y allana los laberintos del alma, poniendo un poco de orden y paz, donde antes no lo hab\u00eda. Y se experimenta, junto a toda la peque\u00f1ez personal, la m\u00e1s honda soledad acompa\u00f1ada por la presencia de los otros en el recuerdo.<br>\nS\u00f3lo entonces se reanuda la marcha parsimoniosa con la levedad del incierto jadeo balbuciente: se trata de una incursi\u00f3n en la intimidad. Han quedado all\u00e1 lejos las prisas de la vida afanada en el paisaje urbano. Aqu\u00ed ni se est\u00e1 urgido para llevar enseguida y a todas partes el propio vac\u00edo. Aqu\u00ed la vida personal se adensa y maciza con la experiencia de lo intemporal y la copresencia de todos.<br>\nY, al no haber espectadores, todo se nimba con un halo m\u00e1s cierto y aut\u00e9ntico. Y comparece el silencio en el resonar de la tremenda algarab\u00eda vocinglera por entre los farallones interiores. La presencia inmensa de la soledad interior se acuna, como extra\u00f1ada de s\u00ed misma, en la atalaya enrocada del yo.<br>\nLa soledad as\u00ed emergida, encamina y sale garante de la rectitud de intenci\u00f3n del comportamiento del hombre. All\u00ed no comparecen las miradas de los curiosos y desocupados. Por no haber, no hay ni siquiera un espectador en cuyo rostro poder libar alg\u00fan aplauso, alg\u00fan gesto de aprobaci\u00f3n y asentimiento reforzante del propio valer, de la peque\u00f1a gesta realizada con la que luego vanagloriarse. All\u00ed, en el hond\u00f3n de la intimidad, tan s\u00f3lo suena, quedamente, la palabra del poeta:<br>\n\u00ab\u00a1Qu\u00e9 limpia la intenci\u00f3n cuando la vida\/ se ofrece al sacrificio silencioso,\/ al solitario esfuerzo, a la escondida\/ prueba de amor, tenaz y generoso!\/ \u00a1Qu\u00e9 pura el alma, libre y desprendida\/ del aplauso terreno y vanidoso,\/ pendiente s\u00f3lo de \u00c9l, agradecida\/ de la continua mirada del Esposo!\u00bb.<br>\n<strong>La soledad y las vivencias religiosas<\/strong><br>\nSon muchas y variadas las ocasiones en las que la soledad puede percibirse como atenazante. La experiencia religiosa es, qu\u00e9 duda cabe, una de las m\u00e1s importantes. Cierto que Dios puede permitir que una persona pase por esa dura traves\u00eda que los m\u00edsticos dieron en llamar la \u00abnoche oscura\u00bb. Pero no es menos cierto que la persona puede con su querer, irrumpir libremente en una todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil traves\u00eda: la de la soledad neur\u00f3tica.<br>\nEn este caso, la soledad manifiesta la cerraz\u00f3n, el hermetismo del coraz\u00f3n que se acuna y revuelca en la tristeza de mentirse a s\u00ed mismo, hasta el punto de expulsar a Dios del sollozo de su pena. Cuando se rechaza la compa\u00f1\u00eda de Dios, es l\u00f3gico que la vida se experimente como un irremediable y hondo desamparo y desconsuelo.<br>\nEl poeta Bartolom\u00e9 Llorens, sintetizaba muy bien esta situaci\u00f3n cuando dec\u00eda: \u00abLa soledad, la noche en que viv\u00eda\/ el hondo desamparo y desconsuelo,\/ la triste esclavitud que me perd\u00eda\u00bb. Si en esa pat\u00e9tica circunstancia el hombre se abre a Dios, el desamparo, el desconsuelo, la tristeza y la esclavitud se viven de otra manera, cambian su significado y se tornan salvadoras. Por eso en la siguiente estrofa, una vez que el poeta ha abierto su intimidad a Dios, esas mismas dificultades \u00abson ahora presencia, luz sin velo,\/ son amor, son verdad, son alegr\u00eda,\/ son libertad en Ti, Se\u00f1or, \u00a1son cielo!\u00bb.<br>\nPor contra, cuando la persona se a\u00edsla y arropa con el sinsentido de su dolor, la soledad se agiganta, hasta el punto de que sus gritos no los oye nadie, ni siquiera la misma persona que los profiere: \u00abGrito; y hay un silencio\/ de sequedad amarga.\/ S\u00f3lo escucho mi voz, mi sangre herida,\/ mi ronco coraz\u00f3n, mi cruda entra\u00f1a\u00bb.<br>\nY es que, como escrib\u00eda San Agust\u00edn, \u00abDios es m\u00e1s interior a m\u00ed que lo m\u00e1s \u00edntimo m\u00edo\u00bb, por ser, en definitiva, el radical y \u00faltimo fundamento o\u00adntol\u00f3gico de mi realizaci\u00f3n como persona.<br>\nTodo esto nos permite afirmar al hombre, en su relaci\u00f3n con Dios, como lo \u00abcreado creador\u00bb, la criatura con capacidad creadora, una de las cuales acaso la m\u00e1s importante, es su capacidad dial\u00f3gica, pues mediante \u00e9sta el di\u00e1logo con el Ser deviene en intimior intimo meo.<br>\nAcaso por todo esto, la mayor\u00eda de las experiencias de soledad revelan que en el fondo, el hombre se ha distanciado de ese encuentro fecundante con el Ser que causa su ser. Y dado que Dios es pura comunicabilidad y soledad imposible, m\u00e1s \u00edntimo al hombre que su propia intimidad, las experiencias de soledad ponen de manifiesto, una vez m\u00e1s, el hecho de que el hombre se ha apartado de Dios, a pesar de que \u00aben Dios nos movemos, existimos y somos\u00bb.<br>\nNo deja de ser curioso que esta expresi\u00f3n que, como es sabido, se encuentra en San Pablo, procediera en sus or\u00edgenes de un poeta pagano: Arato. Pues como escribe Holzner, \u00abel fin de vuestro anhelo de uniros con Dios es bueno, pero lo busc\u00e1is por rodeos y caminos falsos. Y con todo, Dios es tan f\u00e1cil de hallar. \u00a1Volved a vosotros mismos! Dios est\u00e1 en nosotros, y nosotros estamos en \u00c9l. As\u00ed lo anunci\u00f3 ya uno de vuestro poetas, Arato: En \u00c9l vivimos y nos movemos y somos\u00bb.<br>\n<strong>Elogio de la soledad<\/strong><br>\nYa se advierte que no toda experiencia de soledad es nociva para la persona. M\u00e1s a\u00fan, en toda persona hay una necesidad insoslayable de soledad interior. Sin ella ninguna persona podr\u00eda encontrarse consigo misma. Ese primer y necesario encuentro es precisamente la condici\u00f3n de posibilidad de cualquier otro. El hombre ha de encontrarse a s\u00ed mismo para de verdad poder encontrarse con los que le rodean. Pero no puede encontrarse el hombre consigo mismo si no se encuentra con Dios, si no se encuentra a s\u00ed mismo en Dios.<br>\nDe aqu\u00ed la grandeza y el elogio de la soledad. Porque es en la soledad buscada, encontrada y querida donde la persona puede llevar a cabo esa experiencia de que tanto precisa. Nada de particular tiene que sin ella ning\u00fan asunto personal encuentre la soluci\u00f3n apropiada. Se entiende, entonces, que haya muchas personas que, persuadidas como est\u00e1n de esta necesidad, defiendan con todas sus fuerzas ese \u00e1mbito de soledad, para encontrarse con ellas mismas cada d\u00eda, por muchas que sean sus ocupaciones y las suscitaciones del medio.<br>\nEn mi opini\u00f3n puede pues afirmarse que el camino de la soledad a la comuni\u00f3n, atraviesa la interioridad. Las experiencias de soledad surgen cuando el hombre se olvida de s\u00ed hasta el extremo de renunciar a todo lo que no sea su interioridad, de manera que no se frustre la comunicaci\u00f3n primera, el encuentro de los encuentros, sobre cuya base \u00fanicamente pueden asentar las otras comunicaciones y los otros encuentros.<br>\nEste modo de entender la soledad es compatible y, desde luego, respetuosa, con la estructura bifronte del ser del hombre: un ser hecho para la apertura que en ocasiones se repliega en el hermetismo; un ser permanentemente permeable y, sin embargo, tantas veces voluntariamente clausurado; un ser hecho para la donaci\u00f3n y, no obstante, con tan fuertes tendencias al ahorro de s\u00ed; un ser hecho al fin para la comunicabilidad y el goce en la coparticipaci\u00f3n y, sin embargo, la mayor\u00eda de las veces incomunicado, aislado, y macizada de opacidades su intimidad, hasta el extremo de no poder dar cabida a ning\u00fan otro.<br>\nSi el hombre quiere adentrarse en busca de su propio sentido, ha de advertir que las actitudes inmanentes son malas consejeras, que la inmanencia es a la larga esclavizadora.<br>\nEn cambio, en las actitudes trascendentes se manifiesta la grandeza de lo que \u00abest\u00e1 m\u00e1s all\u00e1\u00bb, de lo que \u00absobre-sale\u00bb, de lo que atraviesa y traspasa, de lo que trasciende al fin los l\u00edmites significados por el propio sujeto. Lo trascendente, en el orden del ser, es \u00ablo otro\u00bb que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las realidades intramundanas; y, en el orden del conocer, lo que como un trascensus del sujeto supera su limitaci\u00f3n y clausura.<br>\nHemos visto c\u00f3mo la soledad del hombre est\u00e1 m\u00e1s referida y es m\u00e1s dependiente de la inmanencia que de la trascendencia. Es cierto que el hombre habr\u00e1 de continuar debati\u00e9ndose entre la inmanencia y la trascendencia. Pero advi\u00e9rtase que lo que hay m\u00e1s all\u00e1 de las experiencias de soledad poco importa que \u00e9stas se refieran al anciano o al adolescente son las actitudes inmanentes que repliegan y amordazan al hombre en s\u00ed mismo, transform\u00e1ndolo en lo que no es: un ser solipsista, perfectamente incomunicado y herm\u00e9tico respecto del pr\u00f3jimo y del mundo, que s\u00f3lo oye su propia voz y cuya voz s\u00f3lo se dirige a s\u00ed mismo.<br>\nQuienes optan, en cambio, por la trascendencia jam\u00e1s estar\u00e1n solos, ya que con sus voces fundan un compromiso dial\u00f3gico en la comunidad del \u00abnosotros\u00bb, cuyo eco e interacci\u00f3n ser\u00e1n expresiones gratificantes, calurosas y magnificadoras del ser que se es.<br>\nDe aqu\u00ed que la b\u00fasqueda de la trascendencia sea el mejor remedio para la soledad, pues si en lugar de escapar de s\u00ed, la persona se zambulle en su interioridad m\u00e1s \u00edntima, de seguro que se encontrar\u00e1 con Dios, pues como escribi\u00f3 Bernardo de Claraval, \u00abnunca estoy menos solo que cuando estoy solo\u00bb.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23316\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para hacerse verdadera, la persona ha de buscar dentro de s&iacute; &mdash;por caminos de trascendencia&mdash; la voz que le es propia, suya, particular&iacute;sima y, desde ella, salir al paisaje de los otros, para hacerles y hacerse compa&ntilde;&iacute;a.<\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1218],"tags":[52],"class_list":["post-23316","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-coloquio","tag-ejemplar_233"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v21.2 (Yoast SEO v27.6) - 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