{"id":23121,"date":"1997-07-01T00:00:00","date_gmt":"1997-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23121"},"modified":"2023-11-04T14:20:51","modified_gmt":"2023-11-04T19:20:51","slug":"felicidad_de_celofan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1997\/07\/01\/felicidad_de_celofan\/","title":{"rendered":"Felicidad de celof\u00e1n"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23121\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Hoy en d\u00eda es frecuente buscar la felicidad donde no est\u00e1. Entre los diversos caminos falsos, hay algunos que destacan y que podemos constatar con facilidad: la posesi\u00f3n de bienes materiales y la b\u00fasqueda del placer. Si preguntamos a un estudiante universitario para qu\u00e9 estudia, es probable que escuchemos la siguiente respuesta: \u201cpara prepararme y poder ganar despu\u00e9s mucho dinero\u201d. Si observamos qu\u00e9 otras cosas le mueven en la vida, no tardaremos en concluir que el deseo de pasarla bien, divertirse y encontrar sensaciones placenteras. En este contexto, el esfuerzo que hoy en d\u00eda no est\u00e1 precisamente de moda s\u00f3lo se justifica si trae como resultado un beneficio econ\u00f3mico o una compensaci\u00f3n sensible y placentera.<br>\nHay otro \u00e1mbito, tal vez m\u00e1s sutil pero no por ello menos real, que cobra importancia entre las motivaciones que impulsan a la gente para tratar de ser feliz: el af\u00e1n de reconocimiento por parte de los dem\u00e1s, la fama, el tener una posici\u00f3n en la vida, el status; en una palabra, la imagen personal. No hay m\u00e1s que observar la infelicidad que experimentan, por ejemplo, aquellas personas que, por reveses econ\u00f3micos, se ven obligadas a modificar su nivel de vida. M\u00e1s que las privaciones objetivas en el orden material, parece pesarles la p\u00e9rdida de imagen, el qu\u00e9 dir\u00e1n los dem\u00e1s.<br>\nPara quien desea ser feliz y todos lo deseamos naturalmente es conveniente, en primer lugar, descartar esos \u00e1mbitos donde la felicidad no se encuentra, aunque lo parezca. Pero es preciso comprenderlo con argumentos que ofrezcan una suficiente explicaci\u00f3n, y no s\u00f3lo por intuici\u00f3n o por experiencia pr\u00e1ctica. \u00bfCu\u00e1les son las razones por las que la felicidad no puede identificarse ni con la posesi\u00f3n de bienes materiales, ni con el placer sensible, ni con la imagen social de una persona?<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>La infatigable carrera por tener<\/strong><\/p>\n<p>La vida humana, para vivirla con dignidad y conseguir el desarrollo que le corresponde, exige un m\u00ednimo de medios materiales. Parece oportuno subrayar la palabra m\u00ednimo, para dejar claro que la felicidad humana no depende del m\u00e1ximo de bienes materiales que se puedan adquirir. Veamos por qu\u00e9.<br>\nEs un hecho de experiencia que la acumulaci\u00f3n de dinero, de bienes materiales, no hace a la gente feliz. E incluso, no es infrecuente constatar la paradoja de que, mientras m\u00e1s se tiene, m\u00e1s infeliz se es. Quien luch\u00f3 por alcanzar una posici\u00f3n relevante en la vida, basada en el \u00e9xito econ\u00f3mico, porque pens\u00f3 que as\u00ed iba a ser feliz, se ha sentido decepcionado. Y es que el tener bienes materiales no satisface las ansias de felicidad que laten en el coraz\u00f3n del hombre. \u00bfPor qu\u00e9?<br>\nCuando la persona vive para los bienes materiales, para acumular riquezas, mientras m\u00e1s tiene, m\u00e1s desea poseer. Su apetito crece, progresivamente, conforme aumenta la posesi\u00f3n, al grado de extenderse hasta el infinito, como advierte Tom\u00e1s de Aquino. Se genera un c\u00edrculo vicioso que hace imposible la satisfacci\u00f3n del deseo: a mayor posesi\u00f3n, mayor apetencia; a mayor apetencia, mayor b\u00fasqueda de bienes materiales, y as\u00ed sucesivamente. Esto provoca que la apetencia se aleje cada vez m\u00e1s de los bienes obtenidos, con lo que la insatisfacci\u00f3n se agudiza en la misma proporci\u00f3n. La distancia entre la ambici\u00f3n y los bienes que se poseen, ordinariamente es mayor en quien m\u00e1s tiene. Y si el que m\u00e1s tiene est\u00e1 apegado a lo que posee, la proporci\u00f3n se cumple siempre, con la consiguiente infelicidad. Por eso aquella m\u00e1xima, que se atribuye a San Francisco de As\u00eds, est\u00e1 llena de sabidur\u00eda: \u201cdeseo poco, y lo poco que deseo lo deseo poco\u201d.<br>\nDesde otro punto de vista se entiende tambi\u00e9n por qu\u00e9 los bienes materiales no pueden proporcionar la felicidad. Sencillamente porque las necesidades m\u00e1s profundas que el hombre ha de satisfacer para ser feliz no son de orden material sino inmaterial. El dinero y las riquezas en general no pueden solucionar la necesidad de afecto que tiene una persona o el af\u00e1n por conocer la verdad que late en el fondo de toda inteligencia humana. Las potencias superiores del hombre, como son inteligencia, voluntad y afectividad, crecen y se desarrollan mediante otro tipo de realidades de car\u00e1cter no material, que son las que hacen al hombre ser m\u00e1s, a diferencia de la acumulaci\u00f3n de objetos materiales, que lo reducen a tener m\u00e1s. Escuchemos a Octavio Paz: \u201cNuestro tiempo es simplista, sumario y brutal. Despu\u00e9s de haber ca\u00eddo en la idolatr\u00eda de los sistemas ideol\u00f3gicos, nuestro siglo ha terminado en la adoraci\u00f3n de las Cosas. \u00bfQu\u00e9 lugar tiene el amor en un mundo como el nuestro?\u201d.<br>\nHay una gran diferencia entre tener m\u00e1s y ser m\u00e1s. El tener esas cosas que se adoran no acrecienta el ser, cuya dilataci\u00f3n s\u00ed depende del amor. M\u00e1s a\u00fan, el tener, cuando es desordenado, empeque\u00f1ece el ser lo reduce, lo rebaja y, en esta misma medida, hace al hombre infeliz. Por ejemplo, el avaro se empobrece como persona y en su ego\u00edsmo s\u00f3lo experimenta infelicidad. En cambio, la felicidad se encuentra estrechamente relacionada con el ser m\u00e1s, con ese cambio interior progresivo que procede de unos valores que transforman las potencialidades humanas, al enriquecerlas. Por eso, Juan Pablo II advierte que: \u201cpara el hombre, para las comunidades humanas, para las naciones y las sociedades, ser es m\u00e1s importante que tener. Es m\u00e1s importante lo que uno es que cuanto posee\u201d.<br>\n<strong>La felicidad pide eternidad<\/strong><br>\nActualmente el bienestar material, el confort, la comodidad, y todo lo que produzca placer sensible o sensual, parece buscarse obsesivamente. Nos encontramos muy condicionados no determinados por toda una propaganda, con las t\u00e9cnicas m\u00e1s refinadas, para inclinarnos a la b\u00fasqueda de lo placentero, como si se tratase de un fin. De un fin que ser\u00eda la fuente de la felicidad y que incluir\u00eda, por la misma raz\u00f3n, el rechazo del dolor. As\u00ed lo expresa Juli\u00e1n Mar\u00edas: \u201cHay que buscar la felicidad del mayor n\u00famero, la mayor cantidad de placer y el m\u00ednimo de dolor, y que los dolores sean transitorios y pasen pronto. Esto es lo que aproximadamente opina el mundo actual\u201d.<br>\nLa actitud no es nueva. Ya Horacio acu\u00f1\u00f3 en su tiempo la expresi\u00f3n carpe diem!, que significa \u201caprovecha el momento\u201d, \u201cdisfruta el d\u00eda\u201d, \u201cno dejes pasar la oportunidad\u201d, \u201cvive el presente\u201d. Esta postura identifica la felicidad con el placer inmediato e invita a olvidarse del futuro, que seguramente traer\u00e1 complicaciones, trabajo, vejez, escasez de dinero, enfermedades y muerte. Lo que hay que hacer es disfrutar ahora y todo lo que se pueda. Hay que estar volcados en el presente: carpe diem! Si bien la actitud no es nueva, qu\u00e9 duda cabe de que en la actualidad se encuentra potenciada. Por eso resulta urgente contestar a la pregunta de si el placer puede satisfacer nuestro deseo de ser felices.<br>\nSin caer en el extremo de los estoicos, que consideraban el placer como algo necesariamente malo, contrario a la naturaleza del hombre, s\u00ed podemos reconocer que el placer sensible, aun cuando es l\u00edcito y bueno, tiene la caracter\u00edstica de ser transitorio: dura poco tiempo. La felicidad, en cambio, se\u00f1ala Pieper, \u201cno es felicidad si no es perdurable; la felicidad pide eternidad\u201d. De aqu\u00ed que el placer, por su transitoriedad, por su fugacidad, no pueda resolver el problema de la felicidad. Quien centra su vida en el goce sensible tiene la experiencia de con qu\u00e9 angustiosa facilidad el placer se le escapa de las manos, las satisfacciones derivadas de momentos placenteros se desear\u00edan prolongar, pero se acaban. La consecuencia es el vac\u00edo interior, la frustraci\u00f3n del que pretend\u00eda ser feliz por ese camino y qued\u00f3 m\u00e1s insatisfecho de lo que se encontraba antes de la experiencia placentera.<br>\nOtra raz\u00f3n que explica por qu\u00e9 el placer no satisface, cuando se le busca como fin en s\u00ed mismo, como fuente de felicidad es, casi dir\u00edamos, de orden fisiol\u00f3gico. El que se inclina obsesivamente tras el placer tiende a echar mano, una y otra vez, reiterativamente, de los est\u00edmulos que le han producido sensaciones placenteras. Pues bien, resulta que la capacidad de disfrutar el placer, de deleitarse a partir de esos est\u00edmulos, se va atrofiando en proporci\u00f3n directa a la frecuencia e intensidad del est\u00edmulo: la sensaci\u00f3n placentera, procedente de un mismo est\u00edmulo, es cada vez menor. Esto provoca que, si se persiste en la tendencia de buscar el placer a toda costa, se tenga que recurrir a est\u00edmulos cada vez m\u00e1s fuertes para compensar esa p\u00e9rdida de capacidad en la apreciaci\u00f3n sensible. Un ejemplo muy claro se da en las drogas y en el sexo. En las drogas, quien comienza con las llamadas drogas blandas tiene que saltar a las fuertes, porque el efecto de las primeras se va experimentando cada vez con menor intensidad. En el sexo, porque quien lo ha concebido como medio para saciar ego\u00edstamente su apetito concupiscible, nunca quedar\u00e1 satisfecho e ir\u00e1 a la b\u00fasqueda de nuevas experiencias, pensando que as\u00ed alcanzar\u00e1 su objetivo; el resultado ser\u00e1, indefectiblemente, la insatisfacci\u00f3n sexual, originada por una direcci\u00f3n equivocada de esta actividad, al haberla reducido a un ejercicio exclusivamente placentero.<br>\nLas razones anteriores son suficientes para entender que la vida de una persona, si se centra en el objetivo del placer, acaba en el absurdo y en la contradicci\u00f3n. Y es que el hombre no est\u00e1 hecho para agotar su vida en las experiencias placenteras, sino para proyectarla hacia ideales m\u00e1s altos que le den sentido. Por eso Viktor Frankl afirma que: \u201csi el placer fuese realmente el sentido de la vida, habr\u00eda que llegar a la conclusi\u00f3n de que la vida carece, en rigor, de todo sentido\u201d.<br>\n<strong>\u201cMuri\u00e9ndose de bienestar\u201d<\/strong><br>\nEl placer puede tambi\u00e9n convertirse en el fin de la vida humana de manera m\u00e1s sutil, en forma de bienestar. El bienestar entendido como el conjunto de condiciones materiales b\u00e1sicas que permiten llevar una vida verdaderamente humana es algo que no necesita justificaci\u00f3n. Pero cuando se convierte en el objetivo central de la vida y se le identifica con la comodidad material, suele llevar consigo la renuncia a valores superiores, de orden inmaterial y espiritual. Por eso se entiende lo que Aquilino Polaino-Lorente refer\u00eda en alguna ocasi\u00f3n: en una relevante entrevista a un personaje europeo se le pregunt\u00f3 c\u00f3mo se encontraban sus conciudadanos. El entrevistado contest\u00f3: \u201cmis paisanos est\u00e1n muri\u00e9ndose de bienestar\u201d. Y es que el bien-estar material mal entendido puede ser, por su propia naturaleza, un caldo de cultivo ag\u00f3nico en que la vida humana resulte insufrible, a pesar de las comodidades con que aqu\u00e9lla se rodea. Y, en cualquier caso, \u201cel bienestar por s\u00ed mismo no produce la felicidad; es simplemente un requisito de ella\u2026 La felicidad no consiste simplemente en estar bien, sino en estar haciendo algo que llene la vida\u201d.<br>\nEn la actualidad se ha acu\u00f1ado la expresi\u00f3n calidad de vida, que viene a ser la forma contempor\u00e1nea de entender el bienestar. Incluye los siguientes aspectos:<br>\n* la salud f\u00edsica y ps\u00edquica: el cuidado del cuerpo y de la mente;<br>\n* el contacto con la naturaleza y el alejamiento de ambientes contaminados;<br>\n* el aprovechamiento de los medios que la t\u00e9cnica ofrece, para tener resueltas las necesidades materiales personales;<br>\n* el aprovechamiento de los adelantos tecnol\u00f3gicos que llenan la vida de comodidades y la hacen cada vez m\u00e1s placentera.<br>\nSi bien cada uno de estos aspectos, tomado aisladamente, puede tener un determinado valor, lo negativo del enfoque en su conjunto radica en la ausencia de un proyecto de vida que enriquezca al hombre de manera integral. Aqu\u00ed todo aparece centrado, en definitiva, en el bienestar, sin abrir la perspectiva hacia los bienes y valores que ensanchan y proporcionan contenido a la persona humana: que la hacen ser m\u00e1s. La calidad de vida, por tanto, tampoco es suficiente para alcanzar la felicidad.<br>\n<strong>Obsesionados por el maquillaje<\/strong><br>\nHay, finalmente, quienes cifran su felicidad en ser reconocidos, valorados o admirados por los dem\u00e1s. Como si su personalidad dependiera de un reconocimiento p\u00fablico, en lugar de fundamentarla en lo que se es, en la realidad personal \u00fanica e irrepetible. Estas personas viven obsesionadas por su imagen, les importa demasiado lo que los dem\u00e1s piensan o dicen de ellas y procuran, a toda costa, quedar siempre bien, producir buenas impresiones.<br>\nCon esto no queremos decir que sea equivocado tener y mantener una buena imagen personal. Esto es v\u00e1lido y loable, pero con la condici\u00f3n de que la imagen sea consecuencia de lo que se es, que derive de unos valores reales que se poseen, que sea coherente con lo que uno se esfuerza por lograr. En estos casos la imagen jugar\u00e1 incluso un papel importante de servicio a los dem\u00e1s, en tanto que la primera forma de servir a quienes nos rodean habr\u00e1 de consistir en el ejemplo que les proporcionemos. Los hijos necesitan apoyarse en una buena imagen de sus padres. Pero si esa imagen fuera pura apariencia, si no correspondiera a lo que realmente se es, el efecto en los hijos, tarde o temprano, se tornar\u00eda contraproducente.<br>\nEn una entrevista a Enrique Krauze, sobre el primer bienio de la gesti\u00f3n de Ernesto Zedillo, le preguntan: \u201c\u00bflos asesores de imagen han sido los peores enemigos del Presidente?\u201d. Respuesta: \u201cLa imagen, por s\u00ed misma, es lo de menos. Lo importante es el contenido pol\u00edtico que la anima. A estas alturas la imagen no se construye ya con frases o maquillaje, sino con hechos. Si a partir de ahora y a lo largo de su tercer a\u00f1o de gobierno la opini\u00f3n p\u00fablica cree que Zedillo est\u00e1 verdaderamente comprometido a encabezar el cambio de sistema, entonces el respeto y la estima p\u00fablica al Presidente crecer\u00e1n. De no ocurrir esto, pienso que la imagen presidencial se deteriorar\u00e1 en un clima generalizado de des\u00e1nimo y desconfianza\u201d.<br>\nEl valor de la imagen, por tanto, depende del contenido que representa. Consecuentemente, la felicidad no deriva de la imagen sino de la realidad, del ser que la fundamenta. De ah\u00ed que, quien trabaja sobre la imagen y descuida el ser, no crece como hombre, no se encamina hacia su plenitud y se queda vac\u00edo por dentro, insatisfecho e infeliz. \u00c9sta es la raz\u00f3n principal que explica por qu\u00e9 la imagen personal y lo que se relaciona \u00edntimamente con ella, como el status o la fama, no es la fuente de la felicidad, a pesar de que hoy en d\u00eda muchos parecen buscarla en ese \u00e1mbito. Tal vez el ejemplo m\u00e1s elocuente lo encontramos entre los llamados nuevos ricos, que se caracterizan por su af\u00e1n de demostrar a los dem\u00e1s su val\u00eda por lo que han logrado obtener. Incurren entonces en la ostentaci\u00f3n a trav\u00e9s de los productos m\u00e1s caros, sofisticados y vistosos casa, coche, joyas, forma de vestir, para que nadie dude de la posici\u00f3n que han alcanzado.<br>\nUna vez m\u00e1s llegamos a la conclusi\u00f3n de que la felicidad apunta hacia el ser. La encontramos en la persona aut\u00e9ntica, en la que hay coherencia entre lo que es y lo que manifiesta, entre su realidad y su imagen; por eso vive tranquila y poco le importa el qu\u00e9 dir\u00e1n: no necesita el aplauso o el reconocimiento del p\u00fablico para ser feliz. Sencillamente hace lo que tiene que hacer, cumple con sus deberes, crece interiormente, y vive llena de paz y serenidad. Ciertamente, de ordinario tendr\u00e1 una buena imagen ante los dem\u00e1s, pero no porque se la haya propuesto como meta, sino por haberla obtenido como consecuencia de haber apuntado al fondo, en lugar de haberse quedado en la superficie, en las apariencias. Por haber trabajado sobre el ser m\u00e1s que sobre la imagen.<br>\n<strong>El camino es siempre interior<\/strong><br>\nA pesar de las limitaciones del m\u00e9todo experimental para sacar conclusiones en torno a la felicidad, existen algunos resultados interesantes que arrojan ciertas luces. Por ejemplo, los psic\u00f3logos David G. Myers (Hope College de Michigan) y Ed Diener (Universidad de Illinois) han estudiado el tema de la felicidad durante m\u00e1s de diez a\u00f1os. En Scientific American, de mayo de 1996, publicaron el resumen de un trabajo en el que analizan los resultados de las investigaciones sobre la felicidad realizadas en ese per\u00edodo por especialistas de todo el mundo. Esas investigaciones se llevan a cabo mediante encuestas. Pero esto no significa que s\u00f3lo midan impresiones subjetivas: se ha podido comprobar que quienes se sienten felices, tambi\u00e9n parecen as\u00ed a sus m\u00e1s \u00edntimos amigos y familiares, e incluso a los psic\u00f3logos que los interrogan. Esta triple coincidencia entre el propio interesado, quienes lo conocen \u00edntimamente y el especialista que lo entrevista suele ser el criterio para concluir que una persona es feliz.<br>\nPues bien, la principal conclusi\u00f3n del estudio fue que la felicidad no est\u00e1 relacionada tanto con factores externos cuanto con el propio car\u00e1cter, es decir, con la interioridad del sujeto. Nos parece una conclusi\u00f3n de sumo valor, que coincide con lo que hemos descubierto en los p\u00e1rrafos anteriores: que la felicidad est\u00e1 vinculada con lo m\u00e1s \u00edntimo de la persona, con su ser, y no tanto con las realidades exteriores como ser\u00edan los bienes materiales, los est\u00edmulos placenteros o el reconocimiento de los dem\u00e1s; y esa conclusi\u00f3n de los psic\u00f3logos norteamericanos confirma tambi\u00e9n, por v\u00eda experimental, lo que la antropolog\u00eda filos\u00f3fica cl\u00e1sica dir\u00e1 acerca del \u00e1mbito de la felicidad:<br>\n\u201cLo m\u00e1s profundo y lo m\u00e1s elevado del hombre est\u00e1 en su interior. En vano se buscar\u00e1 la felicidad en lo exterior si no se halla dentro de nosotros mismos: la plenitud humana lleva consigo riqueza de esp\u00edritu, paz y armon\u00eda del alma, serenidad. El camino de la felicidad est\u00e1 dentro de nosotros: es un camino interior\u201d.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23121\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre la b&uacute;squeda del placer y la posesi&oacute;n de bienes materiales, la felicidad pareciera escurrirse como agua, ser s&oacute;lo una sombra, una quimera, un suspiro que nunca pudiera concretarse. 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