{"id":23114,"date":"1997-07-01T00:00:00","date_gmt":"1997-07-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23114"},"modified":"2023-11-08T06:05:56","modified_gmt":"2023-11-08T11:05:56","slug":"en_las_redes_de_la_violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1997\/07\/01\/en_las_redes_de_la_violencia\/","title":{"rendered":"En las redes de la violencia"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23114\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Nadie pondr\u00e1 en duda que la violencia se ha incrementado en la sociedad actual, hasta el punto de constituir un hecho lacerante que convulsiona de dolor la vida ciudadana. Las p\u00e1ginas de los diarios constituyen, a este respecto, un buen indicador.<br>\nEl problema parece ser end\u00e9mico en las grandes ciudades y, por lo general, con tendencia al alza en la mayor\u00eda de los pa\u00edses. Baste considerar, por ejemplo, que la tercera parte de la poblaci\u00f3n norteamericana comprendida entre los 20 y 30 a\u00f1os de edad, se encuentra hoy en un proceso \u201csubjudice\u201d a causa de la violencia.<br>\nContrariamente a la imagen que se da, sin duda alguna el siglo XX pasar\u00e1 a la historia como uno de los m\u00e1s violentos. \u00bfPor qu\u00e9 se ha multiplicado tanto la violencia en el mundo?<br>\nHay, desde luego, muchas razones. Entre ellas no debiera olvidarse el tiempo de exposici\u00f3n de j\u00f3venes y menos j\u00f3venes a ciertos modelos de comportamientos violentos especialmente diseminados por el cine y la televisi\u00f3n, en aras del sexo, la ambici\u00f3n (de lo que no necesito ni tengo), y la envidia (de lo que el otro tiene y tal vez yo no tenga demasiada necesidad). He aqu\u00ed el fen\u00f3meno absurdo de la violencia gratuita y est\u00fapida.<br>\nLos mass media transmiten cualquier \u201cnoticia\u201d, con tal que d\u00e9 continuidad a su futuro, es decir, que venda y haga incrementar sus audiencias y ediciones. Y algo tiene que ver todo esto con las causas de la violencia, como tambi\u00e9n con sus consecuencias.<br>\nPero, \u00bfqu\u00e9 es lo que hace feliz a la persona? \u00bfDarse al otro o imponerse y violentar injustamente su persona e intimidad? Recuerde el lector la historia de Ca\u00edn. \u00bfAcaso le hace al hombre m\u00e1s digno abandonarse a sus impulsos ca\u00ednitas? \u00bfEs \u00e9ste tal vez el mejor modo de crecer?<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Un concepto que necesita perfilarse<\/strong><\/p>\n<p>No es f\u00e1cil acertar al explicar cu\u00e1les son las causas de la violencia. Ni siquiera su concepto est\u00e1 suficientemente explicitado. A fin de comprender mejor lo que se afirma con este t\u00e9rmino, conviene distinguir entre excitabilidad, impulsividad, agresividad, irritabilidad y violencia.<br>\nLa excitabilidad es una propiedad natural de los seres vivos que traduce la condici\u00f3n fisiol\u00f3gica de nuestra naturaleza, por cuya virtud no somos indiferentes frente a los est\u00edmulos, sino que una vez que \u00e9stos modifican nuestros umbrales sensoriales, son capaces de suscitar en nosotros las respuestas oportunas, a trav\u00e9s de las cuales nos adaptamos al medio.<br>\nEn principio, decir que una persona es excitable, es no decir nada. Afirmar que alguien es excitable es reconocer que est\u00e1 vivo, que es susceptible de ser modificado por los est\u00edmulos del medio y capaz de responder ante ellos. El uso coloquial del lenguaje, no obstante, suele introducir otro sesgo en el significado de este concepto. Y as\u00ed, cuando se califica a una persona como \u201cmuy excitable\u201d, lo que el hablante quiere significar es que su comportamiento, el modo en que responde a los est\u00edmulos del medio, es excesivo y desproporcionado. En este caso, excitabilidad e irritabilidad pueden llegar a ser coincidentes.<br>\nLa impulsividad es tambi\u00e9n una condici\u00f3n biol\u00f3gica que puede llegar o no a alterarse. Est\u00e1 en la base del esp\u00edritu de iniciativa, de los programas de acci\u00f3n, de cualquier proyecto biogr\u00e1fico libremente elegido. Sin ella, el mismo ejercicio de la libertad personal estar\u00eda imposibilitado.<br>\nSin embargo, si la impulsividad se intensifica m\u00e1s de la cuenta, la conducta personal puede desajustarse. Una persona muy impulsiva, por ejemplo, toma decisiones y act\u00faa demasiado aprisa, irracionalmente, sin que la reflexi\u00f3n atempere como debiera la pertinencia o no de las acciones que acomete. Por eso mismo, la impulsividad puede devenir en irritabilidad y generar ciertos conflictos que acaben en forma de un comportamiento violento.<br>\nLa irritabilidad manifiesta una propiedad del sistema nervioso central que, justamente, se muestra en el modo de afrontar la realidad, del cual, en buena parte, es responsable nuestro temperamento. En ocasiones, la irritabilidad deviene tambi\u00e9n en violencia, condicionada de alguna manera por la excesiva intensidad de las variables del medio y\/o por algunas disfunciones cerebrales.<br>\nLa agresividad, en cambio, expresa formas de comportamiento gestual o verbal que hunden sus ra\u00edces, simult\u00e1neamente, en factores biol\u00f3gicos y socioculturales. Acaso por eso, la agresividad se entiende hoy apelando al \u00e1mbito de cierta dimensi\u00f3n psicobiol\u00f3gica, cada vez mejor conocida.<br>\nLa estructura nerviosa de la que depende la agresividad radica principalmente en la am\u00edgdala cerebral una estructura asentada en el centro del mismo, aunque su manifestaci\u00f3n comportamental est\u00e9 mediada y modulada por la personalidad.<br>\nEn personas normales el comportamiento agresivo est\u00e1 subordinado, hasta cierto punto, a la libertad del sujeto, de manera que puede autorregularse ejerciendo la persona, sobre \u00e9l, un cierto autocontrol.<br>\nMuchas manifestaciones agresivas no debieran entenderse como comportamientos violentos. Por contra, en todo comportamiento violento est\u00e1 siempre presente, de alguna manera, la agresividad.<br>\nLa violencia, en cambio, es dependiente no s\u00f3lo del estilo de vida de la persona, sino tambi\u00e9n de numerosas variables socioculturales como desempleo, pobreza, educaci\u00f3n, valores, alienaci\u00f3n, manipulaci\u00f3n, etc\u00e9tera.<br>\nNo toda violencia es patol\u00f3gica, aunque toda manifestaci\u00f3n violenta constituya un flaco servicio al respeto que es debido a la condici\u00f3n humana de quienes as\u00ed se comportan y de quienes la padecen. La violencia depende tambi\u00e9n \u00a1y mucho! de factores comportamentales y cognitivos, sobre los que la educaci\u00f3n recibida y algunas manifestaciones culturales ejercen una relevante funci\u00f3n configuradora, por otra parte muy significativa.<br>\n<strong>Personalidades desajustadas<\/strong><br>\nLos efectos psicol\u00f3gicos de la violencia son numerosos y de diversa significaci\u00f3n, tanto en quienes la causan como en quienes la sufren. La persona violenta, a causa de este comportamiento, suele desajustarse. Para que el comportamiento violento se ponga en marcha es indispensable que acontezcan ciertas modificaciones profundas en el sistema endocrino y muy especialmente en las c\u00e1psulas suprarrenales.<br>\nEn situaciones violentas, la adrenalina y noradrenalina se excretan en forma cuantiosa, activando el ritmo cardiaco y respiratorio, la sudoraci\u00f3n, etc\u00e9tera, y disminuyendo la vascularizaci\u00f3n del aparato digestivo, el control de las emociones\u2026 Como consecuencia de ello, se modifica la din\u00e1mica del funcionamiento cerebral, bloque\u00e1ndose las funciones superiores de las que dependen el pensamiento, reflexi\u00f3n, memoria, control de los impulsos, lenguaje, etc\u00e9tera y siendo sustituidas por otras funciones mucho m\u00e1s primitivas e instintivas.<br>\nDesde el punto de vista psicol\u00f3gico, la atenci\u00f3n se dirige \u00fanicamente al contexto que ha originado el conflicto, mientras que la percepci\u00f3n queda cautiva en esa situaci\u00f3n. De este modo, se constri\u00f1e y restringe la libertad, mientras que la persona resulta incapacitada para poner la suficiente y necesaria distancia entre el hecho que la suscit\u00f3 y su propio comportamiento.<br>\nAl surgir la llama de la violencia, la persona sufre una p\u00e9rdida de libertad y una primitivizaci\u00f3n de toda su conducta. En un primer momento, se pone fuera de s\u00ed, deja de ser due\u00f1a de sus actos, dimite de sus convicciones, queda abolida su voluntad y renuncia a sus m\u00e1s dignas capacidades cognitivas. En este primer estadio, la violencia supone una grave abolici\u00f3n de la persona (en tanto que ser racional), experimentando una eventual y r\u00e1pida animalizaci\u00f3n.<br>\nQuien a causa de la violencia pierde el respeto al otro, simult\u00e1neamente, se pierde el respeto y, en cierto modo, se ataca a s\u00ed misma. Atentar contra la dignidad de los dem\u00e1s, es destruir lo que hay de humanidad en ellos y, en consecuencia, tambi\u00e9n en nosotros.<br>\n<strong>Tensi\u00f3n: ant\u00edtesis de la ternura<\/strong><br>\nDesde esta perspectiva, el comportamiento violento supone abdicar de uno de los rasgos m\u00e1s caracter\u00edsticos y preciosos de la condici\u00f3n humana: la capacidad de compasi\u00f3n y ternura. La violencia es su contrario.<br>\nPor la compasi\u00f3n, la persona se hace una con los otros, sintoniza con ellos, se \u201c(com)padece\u201d de ellos. La compasi\u00f3n pone de manifiesto que somos capaces de hacer nuestro el dolor ajeno (as\u00ed se trasluce, espont\u00e1neamente, en el rostro de cuantos espor\u00e1dicamente observan a cualquier persona que sufre).<br>\nEste rasgo com\u00fan y propio de nuestra condici\u00f3n humana por otra parte, universal e incondicionada respecto de factores culturales, \u00e9tnicos, pol\u00edticos, econ\u00f3micos y religiosos queda pulverizado y extinguido, como consecuencia de la violencia.<br>\nAlgo parecido acontece respecto de la ternura. Toda violencia comporta tensi\u00f3n, y la tensi\u00f3n es la ant\u00edtesis de la ternura. Una vez que comienza el comportamiento violento y que en la hondura de la persona arde el fogonazo de la crispaci\u00f3n, se cierra herm\u00e9ticamente su capacidad de recepci\u00f3n y acogida. Por ello, habr\u00eda de figur\u00e1rsela ic\u00f3nicamente con una figura convexa, mientras que la acogida, la ternura y el perd\u00f3n se representar\u00edan a trav\u00e9s de una figura c\u00f3ncava. En la violencia el yo afila, magnifica, autoafirma y se hace prepotente, pero s\u00f3lo en sus aspectos instintivos e irracionales.<br>\nBajo las m\u00e1scaras de la fuerza que conforma tal actitud, se desvela al fin la impotencia menesterosa, el desvalimiento de quien ha perdido su capacidad de control. La violencia hace patente, en \u00faltima instancia, la transformaci\u00f3n del yo, ahora mudado en un yo-fuerza, que es tanto como decir de un yo-d\u00e9bil, un yo-sin-yo. Pues lo propio del yo humano es la racionalidad. Fuerza y racionalidad, a qu\u00e9 dudarlo, constituyen modulaciones contrapuestas del yo, si\u00e9ndole la primera propia y connatural, y la segunda un mero artefacto desnaturalizador.<br>\nLa debilidad impl\u00edcita de las personas violentas emerge as\u00ed como la ant\u00edtesis de la fortaleza de las personas amables y aceptadoras.<br>\nEn quienes la sufren, constituye tambi\u00e9n una relevante prueba que pone de manifiesto los valores que llevan dentro.<br>\nEn todo caso, es mejor padecer la injusticia que causarla. En efecto, sufrirla no empeque\u00f1ece la dignidad de la persona. M\u00e1s a\u00fan, se puede sufrir esta injusticia y, no obstante, crecer en dignidad, en aquella que optimiza el perd\u00f3n, el mayor de todos los dones.<br>\nPor contra, quienes ceden a estos impulsos, arroj\u00e1ndose en brazos de la conducta violenta, frecuentemente son arrastrados por ella. Lo que demuestra, en cierto sentido, que la violencia es m\u00e1s fuerte que ellos, que su libertad ha sido neutralizada por el cambio de circunstancias que aqu\u00e9lla suscita.<br>\n<strong>\u00bfC\u00f3mo reaccionar ante la violencia?<\/strong><br>\nUna persona es tanto m\u00e1s fuerte, m\u00e1s ella misma, cuanto m\u00e1s libre \u00be mejor y eficazmente\u00be dirige su conducta hacia la meta que hab\u00eda concebido con independencia de cu\u00e1les sean las circunstancias, violentas o no, que acontezcan en su entorno.<br>\nCuando quien padece o sufre la injusticia de la violencia responde a su vez con un comportamiento violento, renuncia a su libertad, pues previamente a sufrirla, no hab\u00eda decidido en modo alguna comportarse de esta suerte.<br>\nEsto significa que las circunstancias, y no su libertad, son las que dirigen su comportamiento o, si se prefiere, que aqu\u00e9llas han sustituido a \u00e9sta y, en consecuencia, el comportamiento que de aqu\u00ed resulta es circunstanciado pero no personalizado.<br>\nPor contra, quienes no responden a ella, quienes sujetan su potencial conducta violenta, subordin\u00e1ndola a lo que la raz\u00f3n prudencialmente en ese caso les aconseja, crecen en libertad, adensan su humanidad y mejoran su control personal. Y lo que es m\u00e1s importante, contribuyen al bien del otro.<br>\nDevolver un mal por otro mal, no deja de ser un mal en s\u00ed mismo considerado. En cambio, devolver un bien por un mal injustamente recibido, necesariamente comporta un bien. Tanta es la bondad de esta \u00faltima forma de comportarse que, en ocasiones, el propio bien de la conducta de quienes as\u00ed responden, logra desarmar y extinguir la violencia impotente de quienes injustamente lo atacaron.<br>\nHay otras muchas consecuencias psicol\u00f3gicas de la violencia, en las que aqu\u00ed no puedo penetrar como debiera. Por citar s\u00f3lo algunas, piense el lector en el desprecio, temor, culpabilidad, celos, aislamiento, soledad, resentimiento e insatisfacci\u00f3n consigo mismo.<br>\nA ello hay que a\u00f1adir la frustraci\u00f3n, estr\u00e9s, ansiedad y toda la amplia constelaci\u00f3n de enfermedades psicosom\u00e1ticas y de las mal llamadas \u201cenfermedades de la civilizaci\u00f3n\u201d que le acompa\u00f1an: cef\u00e1leas, \u00falcera g\u00e1strica, infarto de miocardio, hipertensi\u00f3n arterial, insomnio\u2026 Muchas enfermedades cr\u00f3nicas como c\u00e1ncer, diabetes, asma, epilepsia o esclerosis lateral amiotr\u00f3fica, por se\u00f1alar algunas, empeoran con la violencia.<br>\nPor \u00faltimo, la totalidad de los trastornos psiqui\u00e1tricos son, obviamente, los que m\u00e1s intensamente sufren el impacto de la violencia, agrav\u00e1ndose su evoluci\u00f3n o maligniz\u00e1ndose, hasta el punto de hacerse cr\u00f3nicos e irreversibles y, por tanto, sin posibilidades de recuperaci\u00f3n.<br>\nEn cualquier caso, la violencia sostenida est\u00e1 en la g\u00e9nesis de muchos trastornos de la personalidad. Una vez que \u00e9sta es modalizada por las conductas violentas, acaba por configurarse seg\u00fan un patr\u00f3n psicopatol\u00f3gico casi imposible de modificar.<br>\nClaro que hay tambi\u00e9n otras muchas dimensiones implicadas en el hecho de la violencia. \u00c9ste es el caso, por ejemplo, del instinto de supervivencia, del impulso por conservar la vida, la honra y la fama, o la tendencia a no claudicar ante un abuso injustificado que, adem\u00e1s, resulta atentatorio contra la dignidad personal.<br>\nPero no debiera apelarse con excesiva facilidad a tal instancia para legitimar el propio comportamiento violento. En este punto conviene no enga\u00f1arse. Cuando las personas lo hacen, casi nunca suelen quedar tranquilas. Al contrario, en el fondo de su ser nacen las dudas, lo que unido al deterioro sufrido en su dignidad a causa de su conducta violenta, constituye un mentis rotundo de que tal comportamiento jam\u00e1s debiera realizarse.<br>\nEs de prudencia examinar en cada caso lo que resulta m\u00e1s conveniente hacer, valorar los bienes a cuyo logro se encaminan unos y otros comportamientos, ponderar el bien que de ellos puede derivarse para los dem\u00e1s, atenerse al bien impl\u00edcito y fontal que entrevera en s\u00ed mismo cada comportamiento.<br>\nProceder de este modo ayuda a crecer y robustece al propio yo, ampl\u00eda y profundiza la libertad personal, dignifica a quienes as\u00ed se comportan, hace madurar la personalidad y, como veremos, hace progresar la existencia de otros muchos valores en nuestra sociedad.<br>\n<strong>La violencia del autodominio<\/strong><br>\nNuestra conducta no acontece en el vac\u00edo. Nuestra libertad, sin dejar de pertenecernos, tiene indudablemente una dimensi\u00f3n social. La libertad humana y el uso que de ella hagamos, pone de manifiesto la insoslayable interdependencia entre las personas. Ninguna llega a ser quien es sin la ayuda de los dem\u00e1s.<br>\nComo escribe L\u00e9vinas (1951), \u201cla comprensi\u00f3n del otro es inseparable de su invocaci\u00f3n. Comprender a una persona es ya hablarle. Poner la existencia de otro, dej\u00e1ndole ser, es ya haber aceptado esta existencia, haberla tenido en cuenta\u201d.<br>\nEn la violencia sucede lo contrario. El otro, sin llegar a desaparecer, se encuentra sometido al poder de quien lo violenta, aunque s\u00f3lo sea parcialmente. Esta negaci\u00f3n parcial acontece cuando se niega su independencia a trav\u00e9s de la posesi\u00f3n que lo reduce a un ser \u201cpara-m\u00ed\u201d. Pero la posesi\u00f3n no se consigue sin su completa negaci\u00f3n.<br>\nEn uno u otro sentido, es necesario reconocer la insuficiencia de tal posesi\u00f3n o, si se prefiere, el reconocimiento de que el \u00e1mbito de dominaci\u00f3n del poseedor, aun cuando logre esclavizarlo, jam\u00e1s acaba de abarcarlo por completo.<br>\nDe aqu\u00ed que concluya L\u00e9vinas: \u201cEl otro es el \u00fanico ente en el que la negaci\u00f3n s\u00f3lo puede tener un car\u00e1cter total: un asesinato. El otro es al \u00fanico al que puedo querer matar\u201d.<br>\nDe aqu\u00ed podemos derivar las consecuencias sociales de la violencia. La violencia constituye la negaci\u00f3n de las relaciones interpersonales; destruye el tejido social; engendra siempre violencia.<br>\nPoco importa que sus manifestaciones sean gestuales o f\u00edsicas, emocionales o instintivamente actuadas. En cualquier caso, siempre que hay violencia se extingue el bien com\u00fan de la sociedad (de todos), adem\u00e1s del bien personal del violentador y del violentado.<br>\nNada de particular tiene que all\u00ed donde la violencia se asienta, no pueda crecer la paz, el orden social y la seguridad ciudadana. \u00bfC\u00f3mo invitar en esas circunstancias a la solidaridad? \u00bfTendr\u00eda sentido hablar de justicia social, en una \u201csociedad\u201d configurada como un conglomerado informe y contrahecho, en el que los m\u00e1s elementales derechos humanos han sido sistem\u00e1ticamente conculcados y atropellados?<br>\nLa violencia desune, niega cualquier vinculaci\u00f3n y acaba por desintegrar la sociedad entera. Al impedir que las personas se comuniquen, las condena al solipsismo y al soliloquio, instaurando un autismo comportamental que empobrece, envilece y asfixia.<br>\nLas consecuencias sociales de la violencia acaban por amputar la dimensi\u00f3n social de la persona, que de \u201canimal pol\u00edtico\u201d deviene entonces en un ser ap\u00e1trida, en un \u201cparia\u201d, en una persona sin identidad.<br>\nPero si la violencia es el c\u00e1ncer de la socializaci\u00f3n, ella misma s\u00ed que puede socializarse, incluso democratizarse. Acaso por eso mismo, hoy se ha abolido la compasi\u00f3n por el pr\u00f3jimo, reduci\u00e9ndola a un prejuicio individualista e insolidario que, en tanto que resto at\u00e1vico y obsoleto, dificulta la acci\u00f3n de la t\u00e9cnica, la objetividad, la ideolog\u00eda y el sistema.<br>\nLa violencia socialmente magnificada despoja al hombre de su conciencia y de su raz\u00f3n, es decir, de su concreta humanidad, de su identidad personal, transformando el medio social en el espejismo de un escenario selv\u00e1tico, incompatible con la vida humana.<br>\nPara hacerle frente, s\u00f3lo cabe invocar otro tipo de violencia: la violencia intropunitiva de los antiviolentos, la de aquellos que se hacen violencia a s\u00ed mismos, con tal de no ser violentos contra los dem\u00e1s, la violencia que supone someterse a los otros y colocarlos por delante de uno mismo.<br>\n\u00c9sta es la violencia del asceta y del m\u00edstico \u00be violenti rapiunt\u00be , de la que tan necesitada est\u00e1 nuestra sociedad. Pero no se olvide que \u00e9sta es, tambi\u00e9n, la violencia necesaria para autodominarse, poseerse y conducirse mejor a s\u00ed mismo, es decir, para alcanzar la felicidad.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23114\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La violencia desune, rompe cualquier lazo con los otros &bdquo;oellos son nuestra negaci&oacute;n&bdquo;o y mutila, desde lo m&aacute;s profundo, la savia por la que circula nuestro ser de hombres. 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