{"id":23015,"date":"1997-05-01T00:00:00","date_gmt":"1997-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=23015"},"modified":"2023-11-08T06:07:06","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:06","slug":"cuando_el_barroco_dejo_huella","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1997\/05\/01\/cuando_el_barroco_dejo_huella\/","title":{"rendered":"Cuando el barroco dej\u00f3 huella"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23015\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Gran repercusi\u00f3n encontr\u00f3 el arte barroco en Nueva Espa\u00f1a, habida cuenta de los antecedentes hist\u00f3ricos propicios al desbordamiento de la ornamentaci\u00f3n, y de la estabilidad general que el pa\u00eds hab\u00eda logrado obtener para el siglo XVII, con todo lo que eso supon\u00eda de mayores bienes disponibles, de paz y de propensi\u00f3n mayor a la ostentaci\u00f3n. Ante las l\u00edneas depuradas de lo cl\u00e1sico, lo barroco busc\u00f3 la combinaci\u00f3n de los elementos, los salientes, los juegos de luces. Si en Espa\u00f1a eso respond\u00eda a una cierta tendencia acogida en algunas regiones m\u00e1s que en otras, en Nueva Espa\u00f1a vino a corresponder a la propensi\u00f3n de ascendencia ind\u00edgena, enemiga del vac\u00edo.<br>\nLa relativa uniformidad de las l\u00edneas de las construcciones del siglo XVI, se vio sucedida por la dispersi\u00f3n y la multiplicidad de las edificaciones de las siguiente centuria.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El regocijo de la exuberancia<\/strong><\/p>\n<p>De sus inicios, que recuerdan demasiado al barroco espa\u00f1ol, se pasa poco a poco al barroco mexicano hasta su proliferaci\u00f3n \u00faltima. La piedra o la madera, muchas veces policromada o recubierta con polvo de oro, fueron los materiales dominantes, a los que se agreg\u00f3 m\u00e1s tarde el bronce, y luego otros elementos.<br>\nEn t\u00e9rminos generales, las construcciones civiles de este estilo usaron dinteles, y las iglesias, arcos de medio punto. En la parte superior de la fachada fue com\u00fan encontrar un nicho, un relieve, o una ventana. A los lados de la portada, columnas y pilastras. Al paso del tiempo, la ornamentaci\u00f3n fue haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s rica en adornos, ya de figuras humanas, ya de flores, ya de frutos o animales. A esta etapa de mayor acentuaci\u00f3n en los elementos ornamentales corresponden los templos de San Agust\u00edn (convertido despu\u00e9s en Biblioteca Nacional, en la capital;Santa M\u00f3nica, de Guadalajara; y San Bernardo, tambi\u00e9n en M\u00e9xico. Por fin, el barroco se desborda hasta alcanzar la cima de su mayor despliegue, de que es ejemplo eminente la capilla de El Rosario, en Puebla. Varios templos del \u00e1rea poblana se hallan en la misma l\u00ednea exuberante, como ocurre con los de Santa Mar\u00eda Tonanzintla y San Francisco Acatepetl.<br>\nLa iglesia de Santa Mar\u00eda Tonanzintla ofrece, adem\u00e1s, la particularidad de que todas las figuras antropomorfas que en ella aparecen, tienen fisonom\u00eda ind\u00edgena: desde Dios hasta los \u00e1ngeles.<br>\nNo puede dejar de mencionarse el camar\u00edn del santuario de Ocotl\u00e1n, en Tlaxcala; o el camar\u00edn de la iglesia de San Miguel Allende, en Guanajuato.<br>\nParalelamente a las construcciones religiosas aparecieron las de tipo civil, conforme al estilo que se cita, tanto para alojamiento de autoridades (as\u00ed el Palacio Virreinal, en la Ciudad de M\u00e9xico), cuanto para asiento de colegios (el de San Ildefonso y las Vizca\u00ednas, de M\u00e9xico;casas particulares, etc\u00e9tera. No era raro que estas \u00faltimas se dispusieran en torno de un patio, y que en el caso de las pertenecientes a familias de posici\u00f3n desahogada, tuviesen dos pisos, destinado el de abajo a los servicios, y el de arriba a salas y dormitorios. En las pertenecientes a los nobles, no sol\u00eda faltar el escudo labrado en piedra, una fuente en medio del patio, almenas en la cornisa y una escalera monumental para comunicar los pisos.<br>\nA esta categor\u00eda pertenecieron residencias del tipo de la casa del conde de Santiago; la casa de campo de los marqueses del Valle de Orizaba (Casa de los Mascarones;el palacio de Iturbide; y la Casa de los Azulejos, entre otras.<br>\n<strong>Derrumbar los l\u00edmites<\/strong><br>\nLa \u00faltima expresi\u00f3n de la tendencia desbordante puesta en marcha por el barroco fue el estilo churriguera o churrigueresco, que tom\u00f3 su nombre, como se sabe, de don Jos\u00e9 Churriguera, aunque en sentido estricto, no fue \u00e9l quien lo puso en circulaci\u00f3n, ya que fue m\u00e1s bien arquitecto que trabaj\u00f3 dentro del estilo barroco. Con la tendencia churrigueresca, todo l\u00edmite a la ornamentaci\u00f3n cedi\u00f3 y se produjo el total desbordamiento. En realidad, entre el barroco y el churrigueresco no hubo s\u00f3lo un aumento en el grado del adorno; tambi\u00e9n existieron algunas diferencias formales. Como quiera que el barroco no desde\u00f1\u00f3 el uso de las columnas, y el churrigueresco s\u00ed, prefiriendo, en lugar de ellas, el est\u00edpite, que es un soporte cargado de ornatos y cuya disposici\u00f3n es tan irregular como il\u00f3gica, puesto que su base es siempre m\u00e1s peque\u00f1a por su altura.<br>\nCorresponden a tal tendencia algunos interiores, como ocurre con el altar de los Reyes, de la catedral de M\u00e9xico, y algunos exteriores, como la fachada del Sagrario Metropolitano, construido por Lorenzo Rodr\u00edguez, de 1749 a 1768. Dentro de este estilo, est\u00e1n asimismo, el templo capitalino de la Sant\u00edsima Trinidad; el templo jesu\u00edtico de Tepotzotl\u00e1n, en donde no hay resquicio libre, bajo el peso ubicuo de la ornamentaci\u00f3n m\u00e1s fant\u00e1stica y la parroquia de Santa Prisca, en Taxco, costeada por el minero Jos\u00e9 de la Borda, cuyos retablos chirriguerescos, con un exterior barroco, hacen de ella una verdadera joya arquitect\u00f3nica.<br>\nEn otras partes del territorio novohispano se edificaron construcciones en el mismo cauce, como Nuestra Se\u00f1ora de Ocotl\u00e1n, en Tlaxcala; el templo de la Valenciana, en Guanajuato; y los templos queretanos de Santa Rosa y Santa Clara.<br>\n<strong>Tallar y dibujar en barroco<\/strong><br>\nAlgunas expresiones de la escultura y la pintura, en \u00e1ngulos especiales, aparecen como elementos de las construcciones de tipo religioso.<br>\nTal fue el caso, por ejemplo, de los p\u00falpitos de varios conventos del siglo XVI, como el agustiniano de Yecapixtla; la ornamentaci\u00f3n impresionante del templo dominico de Oaxaca; o de las pinturas del convento de Atlatlahucan y del de Epazoyucan. La necesidad de completar el trazo arquitect\u00f3nico, o de contar con las im\u00e1genes destinadas al culto, dio a la escultura y a la pintura coloniales un impulso particular. Y no es dable separar este cap\u00edtulo del arte en Nueva Espa\u00f1a, de la acci\u00f3n de los religiosos que, como el franciscano fray Pedro de Gante, supieron dar aliento a la ense\u00f1anza de las artes y los oficios entre los nativos. Del plantel fundado por \u00e9l en el convento de San Francisco, de M\u00e9xico salieron muchos artesanos y artistas indios que colaboraron en la obra escult\u00f3rica y pict\u00f3rica del primer siglo de la era virreinal.<br>\nLa inspiraci\u00f3n y las tendencias escult\u00f3ricas de los primeros siglos fueron, a su vez, una supervivencia de las antiguas inquietudes ind\u00edgenas; los religiosos se\u00f1alaban el modelo, pero eran manos nativas las que lo realizaban, como es patente en multitud de obras. Las esculturas revelan tal impulso, e incluso a veces, como en el caso de las im\u00e1genes hechas en pasta de ca\u00f1a de ma\u00edz que son prueba de c\u00f3mo la t\u00e9cnica precortesiana no se hab\u00eda perdido.<br>\nAl igual que en la pintura, la escultura resiente, poco m\u00e1s tarde, la presencia de artistas europeos, a ellos se deben los grandes retablos.<br>\nParalelamente a creaciones de esa especie se difunden los trabajos de las artes menores; se forja el hierro y aparecen rejas art\u00edsticas; se percibe la influencia europea en el mobiliario, ora castellano, ora de tendencia renacentista, ora barroca; se siguen labrando las piedras preciosas; y no se olvida el caracter\u00edstico arte ind\u00edgena del mosaico de plumas, de modo que en la trama del mestizaje cultural, los mosaicos de plumas se convert\u00edan en im\u00e1genes y ornaban mitras episcopales.<br>\nComo reflejo lejano del barroco europeo, la pintura de esta clase en Nueva Espa\u00f1a fue, asimismo, un arte de fuerte matiz dram\u00e1tico. La pintura barroca fue puesta en marcha por el sevillano Sebasti\u00e1n L\u00f3pez de Arteaga.<br>\nSon pocos los cuadros que de \u00e9l se conservan \u00be en forma destacada su Incredulidad de Santo Tom\u00e1s, y de los Desposorios\u00be , pero que patentizan su trazo muy personal y su estilo conforme a la escuela de Zurbar\u00e1n. Tuvo disc\u00edpulos, y el m\u00e1s notable fue Jos\u00e9 Ju\u00e1rez, hijo de Luis Ju\u00e1rez, de gran precisi\u00f3n de l\u00edneas y colorido impresionante. Fue alumno suyo, igualmente, Baltasar de Echave y Rioja.<br>\nEn su campo, la escultura barroca abandon\u00f3 tambi\u00e9n el cauce sereno para acoger las actitudes tensas, y aun en veces angustiosas. Se encuadr\u00f3 en el mismo estilo, por su parte, la talla en madera que produjo siller\u00edas tan ricas como las del coro del templo de San Agust\u00edn \u00be hoy en el sal\u00f3n llamado \u201cGeneralito\u201d, de la Escuela Nacional Preparatoria, en M\u00e9xico\u00be ; la de la catedral de M\u00e9xico; y la de la catedral de Durango.<br>\nDesbordado el barroco, el churrigueresco llev\u00f3 la escultura ornamental hasta un l\u00edmite no sospechado antes. Lo mismo en fachadas que en interiores, como ya se ha visto. Lo retablos llegaron a ser verdaderos derroches de arte. Pr\u00e1cticamente la escultura lleg\u00f3 a fundirse con la arquitectura en un sentido integral. Es l\u00edcito mencionar a este respecto, entre los escultores del siglo XVIII, a los Cora, de Puebla, cuyos trabajos fueron hechos para edificios religiosos de su ciudad; Mariano de las Casas, de Quer\u00e9taro; los S\u00e1yago y los Ure\u00f1a.<br>\nEn el paso del siglo XVII al XVIII hubo pintores con nombrad\u00eda y m\u00e9ritos suficientes como Crist\u00f3bal de Villalpando, Juan Correa y Juan y Nicol\u00e1s Rodr\u00edguez Ju\u00e1rez. Pero en plena exuberancia churrigueresca, cuando la pintura no ten\u00eda cabida posible en los muros cargados de esculturas, los pintores volcaron su inspiraci\u00f3n en im\u00e1genes y retratos para uso particular. Las solicitudes fueron considerables y ello determin\u00f3 que aun artistas que en otras condiciones hubieran podido realizar una obra m\u00e1s depurada y valiosa, como Jos\u00e9 de Ibarra y Miguel Cabrera, hubiesen tenido que ceder, con dem\u00e9rito de su calidad creadora, a una producci\u00f3n excesiva. Varios retratos de este \u00faltimo \u00be incluso su c\u00e9lebre efigie de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz\u00be testimonian la capacidad del pintor.<br>\nDe la escuela propiciada por Cabrera existieron varios pintores nada despreciables. Uno de ellos, Antonio P\u00e9rez de Aguilar, realiz\u00f3 el bodeg\u00f3n de mayor val\u00eda en la era colonial.<br>\nMuchas artes menores supieron del barroquismo que tan bien se aven\u00eda con el esp\u00edritu mexicano, y as\u00ed, lo mismo en joyas que en hierros forjados, qued\u00f3 la huella palpitante, ruidosa, retadora y l\u00fadica del barroco.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"23015\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se desborda el alma en formas, en materiales; es su manera de hablar. Gritar cantando, gemir con l&aacute;grimas de piedra, disfrazarse con adornos dorados. 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