{"id":22813,"date":"1997-01-30T00:00:00","date_gmt":"1997-01-30T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=22813"},"modified":"1997-01-30T00:00:00","modified_gmt":"1997-01-30T00:00:00","slug":"valores_bajo_sospecha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1997\/01\/30\/valores_bajo_sospecha\/","title":{"rendered":"Valores bajo sospecha"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22813\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Marx lo profetiz\u00f3 perfectamente a mediados del \u00faltimo siglo: al lograrse el mercado mundial, no existir\u00eda ni un lugar ni una sola cosa que no se trocara en mercanc\u00eda; todo ser\u00eda sujeto de compra y venta, todo tendr\u00eda \u201cvalor\u201d.<\/p>\n<p class=\"subtit\">Por eso, el tema del valor de los valores puede entenderse de dos maneras.<\/p>\n<p><strong>1. Una evaluaci\u00f3n de los valores similar a la utilizada para los valores burs\u00e1tiles.<\/strong><br>\n\u00bfQu\u00e9 valor tienen hoy la constancia, lealtad, entrega o fidelidad? \u00bfQu\u00e9 valen actualmente la valent\u00eda, la honestidad y el honor? \u00bfQu\u00e9 \u201cganan\u201d quienes los practican? \u00bfSon los valores una buena inversi\u00f3n? En efecto, se dice que con la llegada del SIDA, la fidelidad est\u00e1 en alza; que con la pol\u00edtica, la honestidad ha ca\u00eddo bastante y que, junto al desempleo, sube otra vez la entrega. Ya lo dec\u00eda Paul Val\u00e9ry a fines de la segunda guerra: \u201cDigo que existe un valor llamado esp\u00edritu lo mismo que hay un valor petr\u00f3leo, trigo u oro\u201d. Pero cuando se afirma que el esp\u00edritu es un valor lo mismo que el petr\u00f3leo es porque en realidad no existe un valor del esp\u00edritu. Se trata entonces, si acaso, de un c\u00e1lculo de medidas, de comparaciones, lo que los griegos llamaron una metr\u00edtica: se miden los diferentes valores y lo que se puede ganar con ellos. En tal caso, el valor no es una meta sino un simple medio. El \u00fanico valor \u00be como el valor de intercambio en el universo mercantil\u00be , es el inter\u00e9s, el \u00e9xito, la ganancia. Pero, lo digo desde ahora, cuando todo tiene precio nada tiene valor, puesto que todo precio es relativo mientras que todo valor es absoluto.<br>\n2. En un segundo sentido, el valor de los valores podr\u00eda significar, \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 el fundamento, principio o ra\u00edz de los valores? \u00c9ste es un problema tan antiguo como la misma filosof\u00eda. Plat\u00f3n dec\u00eda: \u201cTodo lo que posee valor tiene que ser bueno\u201d. La idea del bien es el principal conocimiento, puesto que todas las cosas justas y los otros valores s\u00f3lo son justos y tienen valor por ella. \u00bfPor qu\u00e9 vale la pena ser honesto, dedicarse, entregarse? \u00bfPor qu\u00e9 es mejor trabajar bien que trabajar mal, si somos pagados de igual manera? \u00bfPor qu\u00e9 ser justo mientras otros no lo son, y no parece irles mal? \u00bfEn qu\u00e9 consiste este valor fundamental, originario, que da valor a todos los valores? \u00bfCu\u00e1l es el sentido de este valor originario?<br>\n<strong>El valor no es el t\u00e9rmino de un camino<\/strong><br>\nIntentar\u00e9 seguir un m\u00e9todo negativo y dilucidar primero qu\u00e9 desvaloriza la vida para as\u00ed entender, por el contrario, lo que podr\u00eda otorgarle valor.<br>\nCreo que el principal origen de cualquier decepci\u00f3n, es el paso de lo posible a lo real. Todo lo imaginado es imaginado como acabado, fijo, fuera del tiempo y del espacio, mientras que lo real est\u00e1 siempre en el espacio y en el tiempo: es relativo, comprometido con la mediaci\u00f3n. Y eso ser\u00e1 mi primer teorema: mostrar que la decepci\u00f3n consiste en haber proseguido, como si tuviera valor, algo que, al cumplirse, manifiesta tener escaso valor.<br>\nBuscar\u00e9 mostrar, primero, que no hay valor donde no hay vida y, en consecuencia, que el \u201cm\u00e1s all\u00e1\u201d de la vida \u00be una eternidad concebida sin pasado, sin ahora y sin futuro\u00be no es m\u00e1s que, como dec\u00eda Bergson, una \u201ceternidad de muerte\u201d, y que s\u00f3lo alg\u00fan nihilismo reconoce cualquier valor a la muerte.<br>\nSegundo, que el valor de los valores no es la inmediatez: el valor no es el t\u00e9rmino de un camino, no es algo como un acabamiento.<br>\nTercero, por consiguiente, la mediaci\u00f3n puede tener valor; pero no toda mediaci\u00f3n. Aunque toda mediaci\u00f3n tiende hacia algo, el valor no es esta meta que es una inmediaci\u00f3n. El valor de los valores es lo que da estilo y sentido a la mediaci\u00f3n, es decir al trabajo, a la entrega, a la vida. El valor de los valores ser\u00eda como la transmutaci\u00f3n de lo sobrenatural en lo natural. Cuando se\u00f1alo que el valor de los valores es lo que da sentido al trabajo y a la vida, quiero decir que no tiene valor trabajar para trabajar el trabajo en cuanto trabajo; no la vida en cuanto vida da sentido a la vida.<br>\nMi primer teorema, mi primer intento de an\u00e1lisis, es demostrar que el valor de los valores no es una inmediaci\u00f3n. No conocemos \u00be no digo, imaginamos\u00be , nada tan denso, rico, abundante, profuso, como la realidad del presente. No agotar\u00edamos nunca su inventario y, sin embargo, experimentamos siempre alguna precariedad, alguna inconsistencia del presente. \u00bfEs este sentimiento de carencia e indigencia del presente, el que nos da la impaciencia del porvenir o, m\u00e1s bien, ser\u00e1 esta originaria impaciencia del porvenir la que nos hace experimentar el presente como indigente, como un puro plazo?<br>\nParece como si el presente, lo inmediato, fuera s\u00f3lo la espera de un valor que lo justificar\u00e1 todo, y por eso, esta espera desvaloriza el presente.<br>\nBaudelaire escrib\u00eda: \u201c\u00a1Oh muerte! Viejo capit\u00e1n, ya es tiempo: levemos anclas. Este pa\u00eds nos aburre. \u00a1Oh muerte! Zarpemos. Queremos lanzarnos al fondo del abismo infierno o cielo, qu\u00e9 importa, al fondo de lo desconocido para encontrar, por fin, algo nuevo\u201d.<br>\nCuando los hombres quisieron representarse el origen de su existencia pensaron que, en un primer momento, el hombre viv\u00eda cara a cara con el mismo ser infinito en la simplicidad de una infinitud de perfecciones infinitas. \u00bfPodr\u00eda desear algo m\u00e1s? A pesar de ello, el hombre pudo ser tentado. Este mito o relato de la tentaci\u00f3n originaria, manifiesta el insuperable deseo del porvenir que constituye la misma conciencia: donde no hay nada m\u00e1s que esperar, la conciencia se aburre, desea cualquier cosa, algo por venir, falta el sabor del tiempo. En este sentido, en una primera aproximaci\u00f3n, el valor ser\u00eda la improvisaci\u00f3n, la embriaguez de zarpar, el trance de la aventura, el impulso de la vida.<br>\n<strong>Inquietud: una interrogante<\/strong><br>\nEste ejemplo, relato paradigm\u00e1tico de la tentaci\u00f3n, manifiesta que la mera inmediatez aunque ser\u00eda la inmediatez de la plenitud del mismo infinito, de la misma perfecci\u00f3n infinita, incluso la del Absoluto, no puede ser el valor, y menos a\u00fan, el valor de los valores. As\u00ed, se plantea una alternativa o, bien, un problema: el de la inquietud.<br>\n\u00bfSomos seres inquietos se\u00f1alaba San Agust\u00edn y otros pensadores posteriores, hasta Malebranche, por haber perdido nuestro lugar natural, nuestra morada, porque nos alejamos, nos desviamos, del valor de los valores; somos seres inquietos, echados a la mediaci\u00f3n, por haber perdido la inmediatez originaria que expresa, en este sentido, nuestra inquietud, nuestra b\u00fasqueda de Dios? O, \u00bfno ser\u00eda m\u00e1s bien que, por ser siempre inquietos, hemos perdido nuestra morada originaria, hemos podido apartarnos de Dios y perder la inmediatez? El hombre no est\u00e1 ahora en la mediaci\u00f3n por haber perdido la plenitud de la inmediatez, sino que nunca la inmediatez pudo significar una plenitud para un ser cuya mediaci\u00f3n es el mismo ser.<br>\nPor tanto, la inquietud no es derivada, no es una consecuencia, de nuestra condici\u00f3n ca\u00edda, sino que es originaria. En efecto, la inquietud es la misma esencia de la vida, digo la inquietud, pero hubiera podido decir la mediaci\u00f3n.<br>\nSi en una tienda de herbolaria pedimos lirios o claveles, y nos proporcionan unas peque\u00f1as semillas sin forma, lo que compramos es el porvenir ya en el presente. Eso es lo propio de la vida. La flor est\u00e1 ya en la semilla; el porvenir est\u00e1 ya esper\u00e1ndose a s\u00ed mismo en la materialidad del presente. Por eso, me parece que hay una consustancialidad \u00be pertenecen a la misma sustancia\u00be en la idea de la flor que est\u00e1 todav\u00eda por venir y la materialidad de la semilla que tengo ahora en la mano. Esta unidad de la flor en la semilla, los bi\u00f3logos la llaman una tendencia, y lo propio de una tendencia es que el porvenir est\u00e1 ya obrando en el presente.<br>\nEl porvenir act\u00faa en la materialidad del presente y lo que une el porvenir al presente \u00be como una causa a su efecto\u00be , no es una gran audacia idiom\u00e1tica el llamarlo tiempo. Pero esto es tan viejo como la misma filosof\u00eda, por eso Arist\u00f3teles (quiz\u00e1 ense\u00f1ado por Plat\u00f3n) llamaba entelequia al alma, que es el mismo principio de la vida. \u00bfQu\u00e9 quiere decir esto?, que lo propio de todo ser vivo, de cualquier semilla, es que su fin que est\u00e1 por venir (thelos) lo tiene en ella misma: posee en s\u00ed, su fin como su propia meta, como su destino, como lo que tiene que cumplir. Es, a ella misma, su propia inquietud.<br>\nEn el mito de la creaci\u00f3n del alma, Plat\u00f3n relata que hab\u00eda dos elementos: lo mismo y lo otro. Lo mismo siempre id\u00e9ntico a s\u00ed, eterno, no sometido a la corrupci\u00f3n, y al no devenir: inmaterial, inteligible, siempre id\u00e9ntico en el reposo. Pero exist\u00eda otro elemento: lo otro que era, a la vez, una alteraci\u00f3n indefinida, cambiante sin cesar, lo m\u00faltiple. El demiurgo, pues, tomaba esos dos elementos obteniendo un tercero, mezclaba otra vez y produc\u00eda un cuarto elemento: el alma. Pero Plat\u00f3n a\u00f1ad\u00eda: \u201cel elemento de lo mismo, lo id\u00e9ntico, lo eterno, lo inteligible, es el modelo\u201d. El alma es la mezcla de una mezcla y el alma est\u00e1 en la materialidad del porvenir y tiene que hacerse parecida al modelo, hacerse parecida a la eternidad inteligible de su modelo. Es decir, el alma tiene originariamente que ser lo que no podr\u00e1 ser nunca. Prosigue como el valor mismo de su vida lo que no encontrar\u00e1 nunca. Vive de su propia inquietud y, si me atrevo a decirlo, en otro sentido, de su mismo fracaso. El fracaso es el mismo dinamismo de la vida. Por eso, bien dec\u00eda Claudel: \u201cSomos la promesa nunca cumplida\u201d; y el mismo Pascal metaf\u00edsico, cristiano, m\u00edstico y gran cient\u00edfico del siglo XVII afirmaba: \u201cNuestra naturaleza est\u00e1 en el movimiento \u00be es decir, en la mediaci\u00f3n\u00be , el reposo completo es la muerte\u201d. Por eso, me parece, existe una ilusi\u00f3n de las escatolog\u00edas, que nos representa y hace considerar la ultimidad como el supremo valor.<br>\n<strong>Deseo, tiempo y eternidad<\/strong><br>\nEn efecto, no hay vida en donde no act\u00faa el alma y no hay alma que no sea una entelequia \u00be es decir, que sea a ella misma, su propia inquietud\u00be . Hay una ilusi\u00f3n inherente a la misma noci\u00f3n de entelequia puesto que somos lo que tiene que cumplir su propio fin. \u00bfC\u00f3mo no tener ilusi\u00f3n de que el valor se encuentre en esa reuni\u00f3n con nuestro thelos? \u00bfC\u00f3mo no tener ilusi\u00f3n de que al cabo del porvenir est\u00e1 nuestra perfecci\u00f3n, es decir, que habremos cumplido todo lo que en nosotros era posible? As\u00ed es como natural, espont\u00e1nea y necesariamente, nos representamos el futuro como el thelos, la promesa, lo que perseguimos, el cumplimiento de nuestra vida, la meta. De ah\u00ed viene la ilusi\u00f3n inevitable que nos hace considerar el tiempo como el camino de la perfecci\u00f3n; como una peregrinaci\u00f3n hacia la felicidad: al cabo del tiempo ser\u00e1 la plenitud, la inmediatez. Lo anuncia, en efecto, el s\u00e9ptimo \u00e1ngel del Apocalipsis: \u201cSer\u00e1 la eliminaci\u00f3n de toda negatividad () no habr\u00e1 m\u00e1s tiempo\u201d, ser\u00e1 el fin de todos los tiempos. Esto es, para m\u00ed, una ilusi\u00f3n que nos hace considerar el futuro como la promesa de cualquier ultimidad.<br>\nExperimentamos, as\u00ed, un sentimiento espont\u00e1neo de que el valor de los valores est\u00e1 en este m\u00e1s all\u00e1 del tiempo, m\u00e1s all\u00e1 de toda espera, de todo deseo, de toda mediaci\u00f3n; en este futuro sin futuro que algunos fil\u00f3sofos llamaron la eternidad. Pero la plenitud y la inmediatez de tal perfecci\u00f3n, son incompatibles con la misma naturaleza de la conciencia que siempre supera, trasciende, lo inmediato; la uni\u00f3n de la conciencia con la inmediatez ser\u00eda la inconsciencia.<br>\nSeg\u00fan entiendo, no hay fin o inmediatez posibles para un ser que se define por su misma inquietud y por la infinitud de su tarea. Lo mismo que el alma plat\u00f3nica, nunca acabar\u00e1 de cumplir lo que tiene que ser. Es una tarea infinita que va desarrollar. As\u00ed es como todos los metaf\u00edsicos cl\u00e1sicos definieron al hombre por la infinitud de su voluntad. Por eso Descartes se\u00f1alaba en 1639, el deseo que cada uno tiene de poseer todas las perfecciones que puede concebir, y en consecuencia, todas las que creemos ser en Dios; de ah\u00ed viene la voluntad sin l\u00edmites que Dios nos di\u00f3, y es principalmente a causa de esta voluntad infinita que est\u00e1 en nosotros, como se puede decir que nos cre\u00f3 a su imagen.<br>\nMientras que, al cabo de su metamorfosis, cada insecto viene a ser perfecto, ning\u00fan hombre acaba su obra en s\u00ed mismo ni alcanza su perfecci\u00f3n. En efecto, a diferencia de todas las otras criaturas, como lo dice el mismo Pascal, \u201cel hombre fue creado s\u00f3lo para la infinitud\u201d, por eso, como lo apuntara Malebranche: \u201cel hombre siempre tiene movimiento para ir m\u00e1s all\u00e1, posee movimiento hacia el m\u00e1s all\u00e1, siempre tiene inquietud, siempre est\u00e1 en la mediaci\u00f3n\u201d.<br>\n<strong>Cinco consecuencias<\/strong><br>\nEntendemos ahora que el infinito es la meta, el destino, la mira, la punter\u00eda, el inobjetivable correlato de nuestra voluntad. Si mi voluntad es infinita lo que quiere es el infinito; el infinito es su meta, no puede ser satisfecha mientras no lo haya alcanzado, y no lo alcanzar\u00e1 nunca.<br>\nSi el hombre fue creado para el infinito:<br>\n1. No hay nada en la naturaleza tan inmenso, que no sea peque\u00f1o respecto a lo que queremos.<br>\n2. No existe nada en la naturaleza que nos sujete o detenga, sin que podamos escapar. Por eso, dicen los cl\u00e1sicos, siempre podemos proseguir o huir, afirmar o negar. Tenemos libre albedr\u00edo.<br>\n3. Nada hay nada en la naturaleza que pueda satisfacer nuestra voluntad, que la colme; eso s\u00f3lo lo intentamos en la pasi\u00f3n, al dar un precio infinito a algo finito. Esto constituye un fetichismo de lo infinito, un fetichismo del deseo, pero siempre fracasa. Es la ilusi\u00f3n de la pasi\u00f3n.<br>\n4. Es una sola y misma cosa experimentar nuestra libertad respecto a cualquier cosa finita y experimentar nuestro destino sobrenatural.<br>\n5. Al ser finitos y proseguir el infinito, no podemos ser m\u00e1s que unos seres de la inquietud. Debemos cumplir lo infinito en lo finito. Somos la mediaci\u00f3n infinita.<br>\nAs\u00ed, quer\u00eda mostrar que el valor de los valores no puede ser ninguna inmediatez. Entonces, \u00bfpuede haber un valor de la mediaci\u00f3n en cuanto que mediaci\u00f3n? Toda mediaci\u00f3n es el dinamismo de un intervalo, el ejercicio de una tendencia, de un deseo. Por tanto, \u00bfc\u00f3mo puede tener valor una tendencia sin el valor de hacia lo que tiende? Descubrimos, entonces, la naturaleza contradictoria del deseo; todo deseo es ansia de porvenir, cambio, innovaci\u00f3n, aventura, deseo de lo posible. Deseamos que las cosas sean de otra manera a como son. Todo deseo es deseo de la contingencia.<br>\n<strong>Naturaleza contradictoria del deseo<\/strong><br>\nPero lo importante es que, al mismo tiempo, todo deseo es deseo de aquello que no nos dejar\u00eda nada m\u00e1s que esperar, es decir, todo deseo es, simult\u00e1neamente, deseo de eternidad, sosiego, descanso, paz, plenitud. Quisi\u00e9ramos ver tan cumplidas nuestras posibilidades que no nos quedara nada m\u00e1s que cumplir. Todo deseo es deseo de la necesidad.<br>\nDig\u00e1moslo tajantemente: todo deseo es, a la vez, deseo de zarpar y de llegar por fin a un puerto donde no tuvi\u00e9ramos ya que salir. Todo deseo es a la vez deseo de progreso y orden, de trascendencia e inmanencia, de mediaci\u00f3n e inmediatez. Lo mismo que Bergson hab\u00eda mostrado que el impulso vital es tambi\u00e9n impulso para mantener e impulso para cambiar.<br>\nEsta naturaleza contradictoria del deseo nos hace comprender la naturaleza contradictoria de la libertad entendida como el poder de cumplir nuestro deseo, puesto que no podemos cumplirlo. Por eso hay una antit\u00e9tica de la libertad. Es muy notable que dos fil\u00f3sofos casi contempor\u00e1neos, con veinte a\u00f1os de distancia, al intentar concebir la libertad suprema, la de Dios, se la representaran como mera contingencia, como mera necesidad. Cuando Descartes quiere concebir la libertad de Dios, piensa que nada puede limitarla y por eso afirma: \u201cDios hubiera podido hacer que dos afirmaciones contradictorias, al unirse, fueran verdaderas, o que existieran montes sin valles. Dios puede todo\u201d. Spinoza contesta: \u201cPero si Dios puede todo, no puede nunca todo lo que puede, y por eso, esa toda potencia es una impotencia\u201d.<br>\nNo. Lo que sucede es que concibieron la libertad como cumplimiento del deseo. Pero la verdadera libertad es cumplir, realizar todo lo posible. Todo lo posible es real; lo que no es real es imposible y, por tanto, no es tarea de la libertad.<br>\nLa verdadera libertad consiste en haber superado la antit\u00e9tica del deseo; no estriba en alcanzar, cumplir, adue\u00f1arse, sino, m\u00e1s bien, en el mismo ejercicio, en el mismo acto de la mediaci\u00f3n. La libertad consiste en el acierto, en la maestr\u00eda del acto mismo, de la misma mediaci\u00f3n, sin preocuparse del resultado o del fin de la inmediatez. Por eso, hay un ejemplo muy caracter\u00edstico en la moral provisional de Descartes, cuando dice en su tercera regla que la soberana felicidad, la suprema libertad, es gozar s\u00f3lo del ejercicio de nuestra voluntad. Escribe: \u201cEsta soberana felicidad, que las almas vulgares esperan en vano de la fortuna, es decir, de lo que cumplen, de lo que se adue\u00f1an, de lo que poseen, s\u00f3lo podemos obtenerla por nosotros mismos\u201d. Es decir, el resultado, lo que va a ocurrir, no es exactamente mi responsabilidad, es terreno de la responsabilidad de Dios, es como un f\u00edat: yo act\u00fao tanto como puedo, conforme con el bien que concibo; lo que en realidad suceder\u00e1 no siempre est\u00e1 en mis manos lograrlo.<br>\nPor eso, Descartes se\u00f1ala que la verdadera libertad consiste en someterse a la voluntad de Dios; pero someterse no es acabar con el querer, mientras prosigo todo lo mejor. As\u00ed es como escribe a la princesa Isabel: \u201cEl verdadero oficio de la raz\u00f3n consiste en examinar el acertado valor de todos los bienes que parecen depender de nuestro quehacer y dedicarnos para alcanzarlo, pero si la fortuna nos hace fracasar seguiremos, sin embargo, gozando de toda la beatitud natural\u201d. Si la fortuna nos es contraria, si todo fracasa a pesar nuestro, deberemos estar tan felices como si la hubi\u00e9ramos alcanzado. Nuestra libertad ha actuado bien. El valor no consiste en la posesi\u00f3n de cualquier objeto, sino en el adue\u00f1amiento y en el ejercicio de nuestra voluntad; el valor no consiste en lo que queremos, sino en nuestro mismo modo de querer. Es lo que Descartes llamaba la generosidad, que defin\u00eda como \u201cla libre disposici\u00f3n de nuestras voluntades\u201d, es decir, como la voluntad que tenemos sobre nuestras voluntades, como el libre uso de mi voluntad. De tal manera, que s\u00f3lo quiero lo que quiero querer; por eso, ahora entendemos que el objeto de nuestro deseo no puede ser ning\u00fan objeto.<br>\nEn efecto, cuando los griegos, Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles, concibieron el deseo sobre el modelo de la necesidad, pensaron que lo mismo que el hambre prosigue la saciedad, lo mismo el deseo desea no desear m\u00e1s. Pero, \u00bfqui\u00e9n dese\u00f3 nunca ser anor\u00e9xico? Cuando no sabemos qu\u00e9 m\u00e1s desear, no llega la felicidad sino el aburrimiento. Cuando no s\u00e9 qu\u00e9 desear, deseo desear. Por eso, el deseo es, a s\u00ed mismo, su propio goce. Todo deseo es deseo del no s\u00e9 qu\u00e9, deseo de la transici\u00f3n, no de un objeto, que ser\u00eda una inmediatez, sino deseo de la pura transici\u00f3n, del puro paso, del puro cambio, de la pura mediaci\u00f3n.<br>\nResumo: no es la meta la que suscita el deseo, es el deseo el que se propone una meta para tener algo qu\u00e9 desear. As\u00ed es como lo que deseamos no es el fin, acabamiento, desvanecimiento del deseo; lo que deseamos es sentir la vida del porvenir en el presente, es cumplir el mismo ejercicio del tiempo; lo que deseamos es la exultaci\u00f3n de la mediaci\u00f3n es, en otras palabras, la misma intensidad de la vida.<br>\n<strong>Trabajo y abnegaci\u00f3n<\/strong><br>\nAdem\u00e1s, ninguna voluntad tiene sentido donde no hay esfuerzo, ning\u00fan esfuerzo es posible sin resistencia. Ahora bien, la resistencia es la materialidad del presente que siempre se opone a nuestros proyectos, es decir, a la impaciencia del porvenir. De tal modo que no hay voluntad sin materia, y que siempre, cuando quiere, el esp\u00edritu est\u00e1 obrando en la materia. Al obrar, la mediaci\u00f3n no acaba de inmediatizarse. Para el muchacho que estudia piano, el m\u00e1s m\u00ednimo esfuerzo, los cinco minutos de cada d\u00eda, se acumulan y se hacen presentes en los a\u00f1os siguientes; todo su pasado, esforz\u00e1ndose en sus ejercicios, vive en el virtuoso que est\u00e1 tocando. El trabajo sintetiza el deseo de la mediaci\u00f3n y el deseo de la inmediaci\u00f3n, pues el mismo resultado \u00be la inmediatez, lo que vengo a alcanzar\u00be es un nuevo medio para obrar m\u00e1s adelante, de tal manera que s\u00f3lo hay valor por la mediaci\u00f3n. El primer valor de la mediaci\u00f3n es el trabajo, esto es, cumplir en la naturaleza la vida misma del esp\u00edritu.<br>\nPor eso, hay un valor casi insuperable de los deberes de estado. Por eso existe un valor del \u00e1nimo, el \u00e1nimo que es la virtud de empezar; un valor de la perseverancia, que es la virtud de proseguir (me atrevo a decir que la perseverancia es la verdad del \u00e1nimo, puesto que nada empez\u00f3 si no prosigui\u00f3;hay un valor de la entrega, de la dedicaci\u00f3n, puesto que todo se cumple poco a poco. Una cadena s\u00f3lo vale lo que vale el m\u00e1s d\u00e9bil de sus eslabones y hay un valor de la humildad puesto que s\u00f3lo al someterse a las cosas, las sometemos.<br>\nHemos visto que somos caracterizados por una voluntad infinita, por un deseo inobjetivable, es decir, por una exigencia de lo sobrenatural. Por ello, el segundo valor que se une al valor del trabajo es la abnegaci\u00f3n. La abnegaci\u00f3n manifiesta que lo espiritual es absolutamente irreductible a todo lo natural. As\u00ed, en el mismo trabajo, hay un valor del desinter\u00e9s, de la generosidad; lo que hago no lo hago porque me es \u00fatil sino porque es un bien; este valor consiste en hacerse, en no querer m\u00e1s que ser el mediador, la mediaci\u00f3n. Y, en efecto, todo lo recib\u00ed y tengo que transmitirlo increment\u00e1ndolo, aument\u00e1ndolo de mi propio esfuerzo, de mi propia dedicaci\u00f3n; transmito la vida que recib\u00ed, transmito el saber que recib\u00ed, transmito los ejemplos que recib\u00ed, transmito la relaci\u00f3n que recib\u00ed. El resultado no es el motivo de mi acci\u00f3n; hago, como dec\u00eda Descartes, todo lo que puedo para cumplir, pero el resultado no es de mi responsabilidad: hago todo cuanto puedo.<br>\nLa significaci\u00f3n objetiva, lo que la historia har\u00e1 con lo que hice, eso depende de la posteridad: o acoger\u00e1 mis esfuerzos o los dejar\u00e1 in\u00fatiles, eso no me corresponde. En una perspectiva m\u00e1s cristiana: el arquitecto que eleva un templo espiritual a Dios, necesita piedras vivas; lo que me corresponde es cortar la piedra que soy como si tuviera que ser utilizada por el arquitecto, pero no conozco sus fines, su voluntad; quiz\u00e1s, aunque tallada, la dejar\u00e1: eso no me corresponde. \u00danicamente me corresponde hacerme digno de ser utilizado, pero el resultado, finalmente, no est\u00e1 en mi mano. Por eso, act\u00fao no tanto por lo que alcanzo, sino por lo que atestiguo; lo mismo que los m\u00e1rtires son testimonio de lo que los posee, obrando nos hacemos testimonio del infinito que nos posee. Y, en efecto, somos siempre desunidos por lo que poseemos y \u00fanicamente unidos por lo que nos posee, de tal manera, que el valor de los valores me parece esa uni\u00f3n del trabajo y de la abnegaci\u00f3n.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22813\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Qu&eacute; hace a una vida valiosa? &iquest;Es mi vida valiosa? &iquest;En qu&eacute; consiste el valor de los valores? 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