{"id":22320,"date":"1996-03-01T00:00:00","date_gmt":"1996-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=22320"},"modified":"2023-11-08T06:07:32","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:32","slug":"los_dioses_tutelares_del_amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1996\/03\/01\/los_dioses_tutelares_del_amor\/","title":{"rendered":"Los dioses tutelares del amor"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22320\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p><span style=\"color: #800080\"><em>Con la aparici\u00f3n del libro <\/em><strong>Los fantasmas de la sociedad contempor\u00e1nea<\/strong> <em>(Ed. Trillas, 1995) del doctor Llano, nos damos el lujo justificado de volver a publicar este brillante ensayo (incluido en su \u00faltima obra) que vio la luz en nuestras p\u00e1ginas hace casi diez a\u00f1os. Los antiguos griegos ven un dios detr\u00e1s de cada aspecto de la relaci\u00f3n amorosa. Aunque esto no pasaba de ser, para ellos y para nosotros, una bella met\u00e1fora, un sugerente s\u00edmbolo, \u00e9ste puede ayudarnos \u2013precisamente a t\u00edtulo de met\u00e1fora\u2013 para profundizar en el sentido de los diversos aspectos que presenta el amor.<\/em><\/span><br>\nLa literatura griega y latina nos ha familiarizado con los dioses del mundo helen\u00edstico y romano, respectivamente. Analizar los diversos planos de la relaci\u00f3n familiar nos evoca las divinidades que el genio cl\u00e1sico -en un intento de profundizaci\u00f3n- relacion\u00f3 con el amor.<br>\nEl desarrollo de las ideas de este estudio parte de un principio muy elemental que necesariamente debe explicarse.<br>\nPartimos del convencimiento de que las relaciones familiares son, en su ra\u00edz, relaciones de amor, y que en el hombre podemos identificar como b\u00e1sicos dos g\u00e9neros de amor: el que se tiene a las cosas y el que se profesa a las personas.<br>\nLas relaciones familiares son fundamentalmente de amor, de persona a persona y no de persona a cosa; la mayor\u00eda de los conflictos familiares son consecuencia de confundir esos dos tipos de amor, y amar a un individuo como si se trata de un objeto.<br>\nParalelas a esta distinci\u00f3n podemos ubicar las ense\u00f1anzas de la filosof\u00eda escol\u00e1stica. El amor admite una jerarqu\u00eda dependiendo del bien que busque. Si amamos algo por el placer que nos produce, el objeto de nuestro amor es el bien deleitable, en donde lo amado no es la cosa misma sino el deleite que provoca tal cosa. Si se ama por el provecho que brinda aquello que amamos, el objeto es en este caso el bien \u00fatil, donde no importa tampoco tanto lo amado en s\u00ed mismo como la utilidad que nos produce. Ejemplo de esto \u00faltimo puede ser la medicina, cuyo sabor amargo frecuentemente toleramos por la bondad de sus efectos, mientras que el pastel o cualquier golosina podr\u00eda ejemplificar el bien deleitable. Finalmente, podemos amar algo no por el goce que provoca ni por la utilidad que redit\u00faa sino porque es en s\u00ed mismo algo amable y posee valor propio, personal: se trata del bien honesto o bien en s\u00ed, que engendra un amor tributado exclusivamente a las personas. De este modo, el bien deleitable debe considerarse como cosa que produce placer; el bien \u00fatil es otra cosa que representa un medio para la consecuci\u00f3n de algo, y en cambio el bien honesto o bien en s\u00ed, es fin en s\u00ed mismo. Y s\u00f3lo la persona puede ser v\u00e1lidamente objetivo o fin de nuestro amor.<br>\nEl an\u00e1lisis siguiente de los planos de relaci\u00f3n familiar -que se resume como esquema en el cuadro- lo hemos hecho tomando como presupuestos b\u00e1sicos los principios anteriores. Veremos claramente c\u00f3mo las diversas manifestaciones de las relaciones familiares pueden ser explicadas en funci\u00f3n del tipo de amor que prevalezca entre los mismos c\u00f3nyuges y para con sus hijos, lo que permite establecer una jerarqu\u00eda en la naturaleza del amor entonces existente. Ello nos permitir\u00e1 explicar desde las manifestaciones m\u00e1s primarias del amor familiar hasta su expresi\u00f3n m\u00e1s alta y madura, que por ser tal re\u00fane en s\u00ed de un modo superior a todas las dem\u00e1s. Esta jerarqu\u00eda parte del bien deleitable y asciende hasta el bien en s\u00ed.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>AFRODITA CUSTODIA LA BELLEZA F\u00cdSICA <\/strong><\/p>\n<p>La relaci\u00f3n conyugal suele tener su nacimiento en el atractivo corporal entre dos personas: la belleza f\u00edsica suscita una apetencia que las logra vincular, siendo por lo tanto el eje en torno al cual surge esta manifestaci\u00f3n primitiva del amor familiar, que constituye su primer nivel. El amor de apetencia es puramente el amor sexual, que de acuerdo con el mito griego era puesto al amparo de Afrodita y ten\u00eda la connotaci\u00f3n precisa del deseo de engendrar en un cuerpo bello. Pero al ser el hombre la unidad de un cuerpo y un esp\u00edritu no es posible concebir realmente el amor de apetencia como el deseo exclusivamente carnal, ya que ello ser\u00eda llegar al extremo de las bestias. Por m\u00e1s acentuado y violento que pudiera ser, siempre presenta alg\u00fan rasgo de espiritualidad que lo suaviza y lo torna humano, lo que significa que en la pareja debe existir una atracci\u00f3n no \u00fanicamente sexual, y la belleza corporal debe estar completada con otra \u00edndole de belleza.<br>\nEs necesario ubicar justamente el amor de apetencia dentro del cuadro del amor familiar. Al ser la belleza f\u00edsica el n\u00facleo de donde brota y al irse deteriorando al paso de los a\u00f1os, suele suceder que los c\u00f3nyuges pierdan gradualmente inter\u00e9s en el cuidado de su persona, cooperando as\u00ed a la aceleraci\u00f3n del natural decaimiento de los atributos f\u00edsicos. Si bien es inadmisible cimentar todo el amor familiar en la conservaci\u00f3n del cuerpo, sosteniendo de este modo la apetencia, no lo es menos el abandonarse negligentemente al descuido del arreglo personal. Aun en la vejez, y principalmente en ella, los c\u00f3nyuges tienen la obligaci\u00f3n de presentarse dignamente el uno ante el otro. El amor familiar incluye multitud de aspectos, y el abandono de alguno, aunque se tratase del m\u00e1s primitivo, como lo es el amor de apetencia, va menguando lentamente la condici\u00f3n ideal que debe poseer; no debe perderse su riqueza en ninguna de sus m\u00faltiples facetas.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LA ARMON\u00cdA DEL CAR\u00c1CTER BAJO EL SIGNO DE EROS<\/strong><\/p>\n<p>Precisamente debido a que el amor humano no es solamente apetito sexual, la relaci\u00f3n conyugal entra\u00f1a un componente de orden superior: el atractivo que la persona tiene por las cualidades de su car\u00e1cter y temperamento. El deleite as\u00ed producido se refiere ya a la belleza ps\u00edquica, dando pie de este modo a lo que puede llamarse amor de complacencia. El eje de este nuevo plano de la relaci\u00f3n familiar es justo la belleza que el individuo posee por su car\u00e1cter, y junto con la belleza f\u00edsica integra una unidad inseparable: no existe todav\u00eda psic\u00f3logo alguno que pueda decidir si es la belleza f\u00edsica el atractivo principal que el hombre busca en la mujer (y viceversa), o si es m\u00e1s bien la belleza del car\u00e1cter lo que determina la direcci\u00f3n de esa tendencia. Ya sea que falte el amor de apetencia o el amor de complacencia, es muy improbable que se establezca una relaci\u00f3n duradera que permita el nacimiento de sus aspectos m\u00e1s elevados.<br>\nLos antiguos griegos ven un dios detr\u00e1s de cada aspecto de la relaci\u00f3n amorosa. Aunque esto no pasaba de ser, para ellos y para nosotros, una bella met\u00e1fora, un sugerente s\u00edmbolo, \u00e9ste puede ayudarnos, precisamente a t\u00edtulo de met\u00e1fora, para profundizar en el sentido de los diversos aspectos que presenta el amor. Por ejemplo, Eros era para ellos la deidad protectora del amor de complacencia, como s\u00edmbolo de la belleza ps\u00edquica ideal (la inocencia y el candor infantil, que era la representaci\u00f3n humana de este dios).<br>\nEn el amor de complacencia suele presentarse un fen\u00f3meno inverso a lo que ocurre en el amor de apetencia. Mientras que por naturaleza la belleza corporal va gradualmente declinando al paso del tiempo, la belleza ps\u00edquica tiende a acrecentarse mediante el esfuerzo consciente de la persona en vista de la p\u00e9rdida irrecuperable de los dones f\u00edsicos. Arist\u00f3teles ha observado agudamente que \u201c\u2026 cuando la flor de la edad se marchita, ocurre que tambi\u00e9n se desvanece el amor; la vista del amado no deleita ya al amante, ya no se dirigen solicitudes y cuidados al ser amado. Por el contrario, la uni\u00f3n persiste cuando un largo comercio ha hecho querido a cada uno el car\u00e1cter del otro, gracias a la conformidad que ha producido\u201d. Por ello, normalmente la persona deber\u00e1 cuidar y perfeccionar los rasgos de su temperamento aunque vaya perdiendo la buena presencia f\u00edsica. Por supuesto que el deterioro puede avanzar en ambos sentidos, y que el hombre a\u00f1ada a su fealdad corporal -que de alg\u00fan modo puede atenuar- la fealdad de un car\u00e1cter agrio y mezquino -consecuencia de un absoluto abandono ps\u00edquico- . Naturalmente, nada impide un proceso de progresiva maduraci\u00f3n del amor de complacencia, lo que resulta evidente al ver la persistencia del afecto amoroso entre los ancianos.<br>\nLa innegable importancia que tienen los amores de complacencia y de apetencia para la relaci\u00f3n conyugal no justifica que podamos fundamentar s\u00f3lo sobre ellos la relaci\u00f3n familiar.<br>\nLas bases ser\u00edan entonces peligrosamente endebles e inseguras. \u00bfCu\u00e1nto podr\u00eda durar el amor si se fincara todo \u00e9l en un cuerpo hermoso o en un car\u00e1cter dulce? Nadie ignora, lo ef\u00edmero del bien deleitable, que es hacia donde se dirigen com\u00fanmente la apetencia y la complacencia. Ello sugiere por tanto que el cimiento de las relaciones familiares deba buscarse en un nivel m\u00e1s alto y duradero, donde pueda garantizarse la solidez y estabilidad que le corresponde. El paso siguiente consistir\u00e1, pues, en avanzar hacia los aspectos que manifiestan el amor en el estadio siguiente, donde predomina el bien \u00fatil.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>PRESERVAR EL INTER\u00c9S REC\u00cdPROCO, LABOR DE HERMES<\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de agradarse f\u00edsica y ps\u00edquicamente, el hombre y la mujer deben ser \u00fatiles el uno para el otro, vale decir, deben rec\u00edprocamente proporcionarse una serie de satisfactores -materiales e intangibles- que est\u00e9n ordenados a fortalecer la relaci\u00f3n conyugal. Adem\u00e1s de su buena presentaci\u00f3n y car\u00e1cter, la mujer ha de ser ama de casa competente, administradora eficaz de la hacienda familiar, madre dedicada a los hijos\u2026; por su parte el hombre debe garantizarle seguridad econ\u00f3mica y protecci\u00f3n, conduci\u00e9ndose responsablemente en sus tareas profesionales; debe mantener la cohesi\u00f3n familiar con su cuidado y atenci\u00f3n\u2026 El amor de conveniencia se apoya en la utilidad y en el inter\u00e9s mutuo y proporciona as\u00ed una base m\u00e1s s\u00f3lida al amor de la pareja.<br>\nCom\u00fanmente se cree que para mantener este aspecto del amor conyugal es preciso ser servicial con el otro; ello es verdad pero s\u00f3lo hasta cierto punto. Lo verdaderamente aconsejable es exigir tambi\u00e9n al otro c\u00f3nyuge el cumplimiento de las obligaciones propias de su estado, porque a partir de entonces nosotros mismos nos hacemos objeto de la misma exigencia, lo que crea una tensi\u00f3n entre la pareja y permite que subsistan y se incrementen los nexos de conveniencia. Porque si alguien exige que los deberes que su c\u00f3nyuge tiene para \u00e9l sean efectivamente cumplidos, se ve exigido a su vez a cumplir con los suyos propios para con el otro, y as\u00ed se mantiene viva la din\u00e1mica de conveniencia que los une a ambos.<br>\nA tal grado es importante la exigencia en este nivel de la relaci\u00f3n familiar, que en caso de descuidarse o de claudicar en ella, todo el conjunto sufre deterioro, pues si se excusan con demasiada frecuencia las omisiones del otro en el cumplimiento de sus obligaciones, se propicia tambi\u00e9n la ocasi\u00f3n de mostrarse negligente respecto de las propias sin que nadie pueda reprocharlo. Al desarrollarse as\u00ed la relaci\u00f3n, el amor de conveniencia se va relajando cada vez m\u00e1s hasta que a fin de cuentas s\u00f3lo quedan despojos. La relaci\u00f3n familiar subsiste en buena parte gracias a esta exigencia mutua del cumplimiento de los deberes de cada uno, y se resquebraja en la medida en que claudiquemos. Para los griegos el amor de conveniencia era vigilado por Hermes, el dios del comercio, pues posee rasgos que recuerdan las relaciones comerciales -y esto no deteriora en nada la relaci\u00f3n familiar- que se entablan mediando un inter\u00e9s rec\u00edproco. Hay actualmente una tendencia al desprecio rom\u00e1ntico por este inter\u00e9s. Y ser\u00eda despreciable si sobre \u00e9l se basara el amor, porque as\u00ed como la relaci\u00f3n familiar no es exclusivamente agrado f\u00edsico y ps\u00edquico, la importancia del amor de conveniencia no debe ser exagerada, ni la utilidad que los c\u00f3nyuges encuentren entre s\u00ed puede reducirse al estricto cumplimiento de las cl\u00e1usulas del contrato matrimonial. El amor de conveniencia es un rasgo m\u00e1s en el gran cuadro del amor familiar, por lo que amplificarlo supondr\u00eda deformar la pintura. Pero el bien \u00fatil puede expresarse todav\u00eda de otras maneras, no necesariamente a trav\u00e9s del puro inter\u00e9s de tipo contractual. Debemos entonces ascender a un plano m\u00e1s alto para determinar de qu\u00e9 otras maneras la relaci\u00f3n familiar se establece en torno al bien \u00fatil.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>LARES: DIMINUTOS PROTECTORES DE LA CONVIVENCIA<\/strong><\/p>\n<p>La compa\u00f1\u00eda es el eje de esta nueva dimensi\u00f3n de la relaci\u00f3n familiar, en donde no se busca ya la utilidad desnuda, caracter\u00edstica de la conveniencia, sino a la persona en su individualidad peculiar. Es en este nivel cuando la mujer y el hombre adquieren mutuamente un sentido especial e insustituible: no es que el esposo busque la compa\u00f1\u00eda de cualquiera sino precisa y \u00fanicamente la de esta mujer y ninguna otra m\u00e1s. Cualquier mujer bella y de bello car\u00e1cter, y adem\u00e1s servicial, podr\u00eda tal vez llenar los requisitos de apetencia, complacencia y conveniencia, pero esa compa\u00f1\u00eda en que consiste la relaci\u00f3n familiar requiere de alguien enteramente singular, eso es, de una persona individualizada. Con todo, el amor de convivencia no llega todav\u00eda al centro de la persona, porque no alcanza a amarla en s\u00ed misma, ya que trae aparejada cierta dosis de utilidad, en cuanto que se ama a esta mujer por satisfacer la necesidad de verse acompa\u00f1ado de alguien en especial. Por eso, en el plano del amor de convivencia no se rebasa a\u00fan el bien \u00fatil, aunque sea \u00e9ste desde luego un plano m\u00e1s elevado que la pura conveniencia utilitaria.<br>\nLa convivencia se sostiene merced a la confianza mutua, s\u00ed, pero tambi\u00e9n gracias al respeto a la autonom\u00eda de la otra persona. Com\u00fanmente se resalta la importancia de lo primero y se olvida atender a lo segundo, con lo cual se supone que las cosas en el matrimonio ir\u00e1n mejor si los c\u00f3nyuges realizan juntos la casi totalidad de sus actividades, dejando poco o ning\u00fan margen para las ocupaciones estrictamente individuales, lo que equivale a disolver la riqueza de la compa\u00f1\u00eda en la indistinci\u00f3n y tedio del amontonamiento. El respeto a la autonom\u00eda personal redunda en beneficio de la convivencia, pues aparte de ser exigido por la propia naturaleza humana, el respetar el espacio interior de cada individuo, las experiencias independientes vividas incorporan a la del amor de convivencia valores que no ser\u00eda posible descubrir por otro camino que no fuera el de la existencia aut\u00f3noma. Podemos representar las zonas de convivencia gr\u00e1ficamente seg\u00fan el siguiente diagrama de Venn:<br>\nExisten zonas (a) que corresponden al desarrollo de actividades en donde tanto los hijos como los c\u00f3nyuges intervienen en conjunto, y otras en las que \u00fanicamente participan los hijos (b). Asimismo encontramos que hay actividades exclusivas para los c\u00f3nyuges (c), y de nuevo otras todav\u00eda m\u00e1s privadas y aut\u00f3nomas donde s\u00f3lo el marido y la mujer act\u00faan por separado (e), (f). Es tambi\u00e9n Arist\u00f3teles quien nos advierte que \u201c\u2026hay que distinguir entre el afecto del padre para con su hijo y el del hijo para con su padre, igual que entre el del marido con su mujer y el de la mujer con su marido. A cada uno de ellos corresponde una virtud propia: todos estos afectos se manifiestan de distinta manera y obedecen a razones diversas (\u2026). No se tienen, pues, por ambas partes los mismos deberes, y uno no debe buscar esa identidad\u201d.<br>\nResulta evidente, por otro lado, que el respeto por la autonom\u00eda va aparejado a la calidad del tiempo que dediquemos a la convivencia familiar, ya que no podemos llamar sin m\u00e1s \u201cconvivencia\u201d a cualquier reuni\u00f3n con los nuestros.<br>\nA veces basta el s\u00f3lo estar presente, pero a veces la sola presencia no basta; no se olvide que una de las finalidades de la convivencia es darse a conocer y dar a conocer el amor, para lo cual no son necesarias siempre las extroversiones verbales, tantas veces vac\u00edas e innecesarias, sino sobre todo el inobjetable lenguaje de los hechos cotidianos. Es preciso por eso que adem\u00e1s de respetar las zonas espec\u00edficas de las actividades de los miembros de la familia, no perdamos de vista el aspecto cualitativo del tiempo en el que la convivencia fruct\u00edfera exige ser mantenida.<br>\nEn la antig\u00fcedad cl\u00e1sica se reconoc\u00eda a un conjunto de diminutas deidades que, reuni\u00e9ndose en el hogar alrededor de la chimenea, proteg\u00edan los lazos de convivencia y uni\u00f3n familiar de sus moradores, que se tejen normalmente entre peque\u00f1os detalles diarios. Los Lares, el nombre que los latinos les daban, ejerc\u00edan su acci\u00f3n tutelar en el sitio m\u00e1s c\u00e1lido del recinto familiar, en torno al cual sus miembros conviv\u00edan. Debemos ahora ascender a un nivel todav\u00eda m\u00e1s alto en las relaciones familiares para ocuparnos del amor que surge no ya de la compa\u00f1\u00eda singular que humanamente necesitamos, sino de la voluntad de ayudar al otro haci\u00e9ndole bien. A medida que consideremos m\u00e1s profundamente su naturaleza nos iremos alejando cada vez m\u00e1s de la \u00f3rbita gobernada por el bien \u00fatil, acerc\u00e1ndonos as\u00ed paulatinamente al \u00e1mbito donde el amor tiene por objeto al bien en s\u00ed.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ZEUS, ENFRENTAMIENTO DE FUERZA Y DEBILIDAD <\/strong><\/p>\n<p>Aunque la beneficencia suele tener un matiz sem\u00e1ntico algo desprestigiado, pues se piensa que alude a una difusa y simplona filantrop\u00eda propia de los esp\u00edritus blandos, nosotros habremos de referirnos a ella ci\u00f1\u00e9ndonos a su estricto sentido etimol\u00f3gico: benefacere, expresi\u00f3n latina que significa hacer bien; la beneficencia es entonces el procurar el bien al otro. Hacemos el bien a los dem\u00e1s sobre todo cuando descubrimos en ellos alguna carencia o los encontramos necesitados de algo, y estamos en condiciones de ofrecer el remedio oportuno. De esta manera el amor de beneficencia supone una relaci\u00f3n entre dos partes, una de las cuales se encuentra en situaci\u00f3n de inferioridad o desventaja respecto de la otra, y en donde el uno se ve beneficiado en su indigencia por la ayuda que le presta el otro, cuya superioridad -en el sentido que sea- le hace asumir el papel de benefactor. El amor de beneficencia es esta intenci\u00f3n de procurar alg\u00fan bien a quien lo necesite y que por cuya evidente impotencia no podr\u00eda obtenerlo por s\u00ed mismo. En el seno familiar la superioridad tradicionalmente se representa en la figura varonil del padre, que m\u00e1s que otra cosa ha de ser \u201cfuerte\u201d (o al menos parecerlo), mientras que la contraparte suele estar interpretada por la mujer y secundariamente por los hijos, quienes han de mostrar su obvia debilidad y necesidad de protecci\u00f3n.<br>\nEl hacer el bien a quien lo necesita es una tendencia natural al hombre, como lo es el apartarse del mal y buscar lo bueno, tanto para uno mismo como para los dem\u00e1s, No se necesitan en realidad dotes extraordinarias de virtud para obrar de este modo, sino conservar un m\u00ednimo de sensibilidad y calor humanos. M\u00e1s a\u00fan, en todo hombre bien nacido se da una natural satisfacci\u00f3n en ayudar a quien lo necesita, y un natural repudio a dejarlo despiadadamente en su necesidad. Por eso, debido a que el amor de beneficencia, para darse, implica la debilidad del otro, podemos caer en la tentaci\u00f3n de proporcionar una ayuda que \u00fanicamente satisfaga temporalmente la necesidad de la otra persona, colaborando, hasta cierto punto, para que persista en su impotencia y oblig\u00e1ndola de alguna manera a depender de nosotros, con lo cual podremos sentirnos enga\u00f1osamente gratificados de tener constantemente al lado a alguien que por si solo es incapaz de bastarse y tiene que recurrir a nuestros auspicios para salir adelante.<br>\nEl paternalismo puede ser ciertamente halagador, pero debemos tener presente que es la peor opci\u00f3n para formar y fortalecer verdaderamente a quienes por su edad, su temple emocional y ps\u00edquico, o por su condici\u00f3n natural, son m\u00e1s d\u00e9biles que uno. El sano amor de beneficencia act\u00faa subsidiariamente: ofrece asistencia en aquellos aspectos en que el otro es d\u00e9bil y durante el tiempo que lo siga siendo, ya que busca que el beneficio no lo haga a\u00fan m\u00e1s inepto, sino que a trav\u00e9s del bien que se le hace deje progresivamente de serlo.<br>\nPor otra parte, se tiene la creencia absolutamente infundada e injustificable de que en la relaci\u00f3n familiar s\u00f3lo al padre corresponde desempe\u00f1ar el papel de benefactor, por cuanto que en \u00e9l exclusivamente concurren las cualidades \u00f3ptimas para comportarse como tal. Ello no es sino otra manifestaci\u00f3n m\u00e1s del enga\u00f1oso paternalismo. El amor de beneficencia no s\u00f3lo se expresa en la figura f\u00e9rrea del var\u00f3n, sino tambi\u00e9n en la oportunidad que \u00e9ste ofrece a sus allegados de ser a la vez benefactores suyos, como cuando el hombre no oculta sus flaquezas a la mujer y las pone a su amparo, o cuando el padre permite al hijo mayor la ayuda en algo que \u00e9l desconozca. Tal vez no haya nada m\u00e1s ajeno al aut\u00e9ntico amor de beneficencia que la estoica actitud imperturbable de quien, ocultando su natural debilidad, asume la postura de benefactor de todo, haciendo casi ostentaci\u00f3n de su pretendida fortaleza, sin permitir que nadie le haga el bien, aunque se encuentre en verdad necesitado.<br>\nPara los griegos, Zeus era el patr\u00f3n de la beneficencia, al ser la divinidad m\u00e1s poderosa de todas, a quien los otros dioses y los mortales recurr\u00edan para encontrar remedio a su indigencia.<br>\nCon esta modalidad del amor humano nos hemos aproximado un paso m\u00e1s al \u00e1mbito del bien honesto o bien por s\u00ed, cuya presencia se har\u00e1 cada vez mayor conforme examinemos el siguiente plano de la relaci\u00f3n familiar, la \u00faltima expresi\u00f3n del amor fincado en el bien \u00fatil, que sin embargo virtualmente linda con el bien por s\u00ed e insin\u00faa su llegada: la concordancia entre las personas respecto de aquello que aman.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>APOLO, LA UNIDAD EN EL CANTO COM\u00daN<\/strong><\/p>\n<p>Cuando dos personas se vinculan entre s\u00ed por querer ambas las mismas cosas, nace el amor de concurrencia, en donde el lazo que ata no es ya la necesidad de compa\u00f1\u00eda o la delectaci\u00f3n corp\u00f3rea o ps\u00edquica, ni la satisfacci\u00f3n de ayuda a la debilidad del otro, sino aquello que es para los dos la finalidad querida en com\u00fan.<br>\nActualmente parece creerse que la cima del amor humano consiste en que dos personas se quieran entre s\u00ed, independientemente de su capacidad de querer lo mismo, de compartir alg\u00fan objetivo com\u00fan. Con demasiada frecuencia olvidamos que el querer-a es vano y ef\u00edmero si no crece a la par el querer-con que lo robustece, porque el amar a alguien necesariamente supone que se amen con \u00e9l aquellas cosas que ambos ven como propias, y en virtud de las cuales existe una comunidad de fines. Precisamente el amor de concurrencia lo encontramos expresado en las palabras con que el poeta espa\u00f1ol Miguel Hern\u00e1ndez introduce a su primera Eleg\u00eda compuesta en memoria de un amigo entra\u00f1able: \u201cEn Orihuela, su pueblo y el m\u00edo, se me ha muerto como del rayo Ram\u00f3n Sij\u00e9, con quien tanto quer\u00eda\u201d. Desgraciadamente, esta perspectiva del amor humano se halla un tanto desdibujada en nuestros d\u00edas, al punto que pocos son los que estar\u00edan dispuestos a aceptar que la concurrencia de objetivos reviste tanta importancia como para fincar una nueva dimensi\u00f3n en la relaci\u00f3n familiar, pero es justo en ella donde aparece, acaso con mayor claridad, la fundamental relevancia de este aspecto.<br>\nEn gran medida, la pareja logra cohesi\u00f3n y armon\u00eda en virtud del amor de concurrencia, ya que en el grado en que tenga m\u00e1s y m\u00e1s altos fines que alcanzar tanto m\u00e1s estrecha podr\u00e1 l\u00f3gicamente ser su compenetraci\u00f3n y entendimiento. Ello, por otra parte, es algo natural y de sentido com\u00fan pues, como Arist\u00f3teles observa, es propio de los que se aman querer y decidir las mismas cosas.<br>\nPero, \u00bfacaso es posible pensar que el v\u00ednculo conyugal pueda tener un objetivo com\u00fan de mayor gravedad e importancia que los hijos, su procreaci\u00f3n, su cuidado y formaci\u00f3n? Los hijos son en verdad el fundamento del amor de concurrencia, ya que a partir de este n\u00facleo b\u00e1sico es como la relaci\u00f3n de la pareja adquiere solidez, al concentrar sus esfuerzos en una finalidad tan especial y singular como puede ser la educaci\u00f3n de un hijo, cuya llegada es el principio de la relaci\u00f3n genuinamente familiar y de su consolidaci\u00f3n progresiva. Citando de nuevo a Arist\u00f3teles, \u201cparece igualmente que los hijos constituyen un lazo para el uno y el otro; por esta raz\u00f3n las uniones est\u00e9riles se deshacen m\u00e1s prontamente, puesto que los hijos son el bien com\u00fan de los padres y todo lo que es com\u00fan mantiene la concordia entre ellos\u201d. Desde esta perspectiva podemos apreciar cu\u00e1n falso es el dictamen, lamentablemente hoy d\u00eda tan en boga, seg\u00fan el cual los hijos son muchas veces un estorbo o una carga o\u00adnerosa para los c\u00f3nyuges. Lejos de ello, insistimos, son el nexo que confirma la uni\u00f3n de dos voluntades por su concurrencia hacia objetivos com\u00fanmente queridos. Ha dicho Saint-Exup\u00e9ry: \u201cAmar no consiste tanto en mirarse el uno al otro como en mirar juntos en la misma direcci\u00f3n\u201d.<br>\nEn la mitolog\u00eda griega, el amor de concurrencia era preservado por Apolo, quien con su lira, al caer la noche, lograba que los dioses olvidaran las diferencias y las rencillas del d\u00eda, uni\u00e9ndolos en el canto com\u00fan. Con todo y su enorme significaci\u00f3n para la solidez de las relaciones familiares, esta modalidad del amor humano se inscribe todav\u00eda en el marco de la utilidad, o al menos se encuentra pr\u00f3ximo a su frontera, por cuanto que la concurrencia nos incita de alg\u00fan modo a ver en el otro un elemento indispensable para la consecuci\u00f3n de lo que ambos queremos, pudiendo estar te\u00f1ida la relaci\u00f3n resultante de un cierto tinte utilitario (no obstante menor que en los otros planos previamente descritos, o al menos este aspecto utilitario no constituye la esencia del amor de concurrencia en s\u00ed mismo).<br>\nCon el amor de concurrencia abandonamos finalmente las manifestaciones de la relaci\u00f3n familiar regidas por el bien \u00fatil, que en modo alguno podr\u00eda constituir ni el fundamento ni la finalidad preponderante de esta relaci\u00f3n: \u201cLa amistad basada \u00fanicamente en la utilidad desaparece al mismo tiempo que esta utilidad, porque no eran amigos uno del otro, sino de aquel provecho\u201d. Siendo ello indeseable para la relaci\u00f3n familiar, debemos ahora considerar las peculiaridades del amor que tiende no ya a alg\u00fan rasgo especial de la persona que agrade f\u00edsica o ps\u00edquicamente, ni a ninguna cualidad que suponga un valor de utilidad, sino a la propia persona por s\u00ed misma, e incluso por algo superior a ella.<\/p>\n<p class=\"subtit\">FIL\u00cdA TUTELA LA AMISTAD<\/p>\n<p>Literalmente tomada de acuerdo con su sentido etimol\u00f3gico, la benevolencia, bene volere, es querer bien a alguien. El amor benevolente consistir\u00e1 as\u00ed en querer al otro en virtud del hecho de ser persona, vale decir, por su singularidad inconfundible e inalienable que lo hace valioso y bueno ante todo por s\u00ed mismo, independientemente de que a m\u00ed me parezca tal, o de que pueda servirme o de que pueda necesitar mi ayuda. As\u00ed como el hacer el bien apunta a la asistencia en una necesidad, el querer el bien supera la intenci\u00f3n del simple remediar una carencia para irrumpir de lleno en la interioridad personal del otro, ofrendando este bien por el exclusivo m\u00e9rito de ser sencillamente \u201c\u00e9l\u201d. El objetivo del amor de benevolencia es la perfecci\u00f3n de la persona: el bien querido para el otro busca sin m\u00e1s que ensanche los espacios de su posibilidad. Tal actitud de entrega implica de una parte el respeto a la individualidad y, de otra, el fomento de la virtud, puesto que \u00fanicamente a trav\u00e9s de la aceptaci\u00f3n del otro tal como es y del est\u00edmulo y cultivo de h\u00e1bitos buenos es posible crear un ambiente propicio para la efectiva superaci\u00f3n.<br>\nPara el griego el amor de benevolencia era custodiado por la diosa Fil\u00eda, a la que podemos entender en un sentido amplio como la divinidad tutelar de lo que nosotros denominamos amistad. El nombre preciso de Fil\u00eda deriva de que la benevolencia en la Grecia cl\u00e1sica ten\u00eda su manifestaci\u00f3n paradigm\u00e1tica en el amor de la madre por sus hijos, vale decir, en una disposici\u00f3n de entrega absoluta que no busca nada para s\u00ed y se satisface con el provecho de perfecci\u00f3n que ofrece al otro queriendo su bien.<br>\nQueda claro que el amor de benevolencia es amor de sacrificio aunque, como el de la madre, sacrificio gustoso; es el olvido de uno mismo por la persona del otro, el af\u00e1n por su bien s\u00f3lo porque es justamente el bien suyo, aparte de cualquier deseo propio e incluso de su relaci\u00f3n conmigo. La radical profundidad del amor de benevolencia, ejemplificado al modo como los griegos lo conceb\u00edan, debe en \u00faltima instancia dar pleno asentimiento a esta pregunta: \u00bfCu\u00e1l es tu bien aun en el caso de que yo no estuviera? Merced a estas exigencias y cualidades que reclama poseer, la benevolencia ocupa el plano m\u00e1s eminente en la jerarqu\u00eda humana del amor. Por sus solas fuerzas y atendiendo a la pura realidad terrena, el hombre es capaz de franquear esta frontera. De hecho, la capacidad de amar de verdad con benevolencia, con el sacrificio y la negaci\u00f3n que conlleva, apunta claramente a una dimensi\u00f3n suprema a la que sin embargo el puro ser del hombre no puede acceder por virtud propia, por lo cual se hace necesario acudir a una perspectiva distinta de la meramente humana para comprenderla y ver de qu\u00e9 modo es posible al hombre tener cabida en ella. Al arribar a la frontera del amor humano llegamos tambi\u00e9n al l\u00edmite de las posibilidades de los griegos en su concepci\u00f3n del amor. La distancia que existe entre Afrodita y Fil\u00eda es muy ancha, y es un esfuerzo admirable el de la filosof\u00eda griega el haber distinguido con tanta precisi\u00f3n cada una de las modalidades en que humanamente el amor puede manifestarse.<br>\nEl cuadro pintado por los griegos es, as\u00ed, minucioso y fiel a la realidad, pero est\u00e1 inacabado, porque no es posible al hombre llegar a completarlo por sus solas fuerzas, como ya observamos. Era del todo necesario que para concebir y tener acceso a la m\u00e1xima expresi\u00f3n del amor tuviera el auxilio de una luz superior. El esclarecimiento de la posibilidad de alcanzar esta cumbre debi\u00f3 venir de una fuente sobrehumana, y encontr\u00f3 su cumplimiento en la ense\u00f1anza del cristianismo. A partir de ese momento se acaban los s\u00edmbolos y las met\u00e1foras m\u00edticas. Aparece la realidad de Dios -Dios es amor- como causa e inspiraci\u00f3n del supremo nivel a que pueden llegar las relaciones del amor en los seres humanos.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>CARITAS, M\u00c1S ALL\u00c1 DE LA FRONTERA GRIEGA <\/strong><\/p>\n<p>El amor de trascendencia se tributa al otro no s\u00f3lo por \u00e9l, sino adem\u00e1s por algo superior a \u00e9l. Deriva del bien que est\u00e1 por encima de nosotros, que nos supera y trasciende. No proviene de la benevolencia aunque quiere el bien para el otro; es as\u00ed amor por la persona, pero no por alg\u00fan atractivo o virtud propios: se le ama porque hay en ella presente algo superior, justo en funci\u00f3n de lo cual es valiosa y buena. Su nombre es caritas, la caridad, amor al pr\u00f3jimo por el simple hecho de que es obra de Dios, un hijo suyo a quien conoce por su nombre. Sabemos qu\u00e9 es la caridad, el verdadero amor de trascendencia, sobre todo por su admirable definici\u00f3n en San Pablo: \u201cLa caridad no es long\u00e1nime, es benigna; no es enga\u00f1osa, no se hincha; no es descort\u00e9s, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera\u201d.<br>\nEstas palabras nos permiten comprender el grandioso sentido que posee la caridad como amor que es de trascendencia, pero tambi\u00e9n podemos darnos cuenta del significado pr\u00e1ctico que lleva impl\u00edcito para la relaci\u00f3n familiar. El amor de trascendencia hace posible que el amor persista a pesar de los defectos, ya que no est\u00e1 fincado en un aspecto parcial (est\u00e9tico, ps\u00edquico o funcional) del otro, ni siquiera en su fundamental car\u00e1cter de persona, sino en el hecho de que \u00e9l ha sido creado a imagen de Dios, y que por tanto ha de ser amado independientemente de la valoraci\u00f3n que yo le asigne en funci\u00f3n de lo que pueda representar para m\u00ed.<br>\nLa expresi\u00f3n m\u00e1s radical de este amor, que la caridad entra\u00f1a y exige, es lo que podr\u00edamos llamar una de las caracter\u00edsticas diferenciales del cristianismo: el amor al enemigo. Ello no es sino llevar hasta sus \u00faltimas consecuencias el amor cristiano, y podr\u00eda incluso parecer una exigencia imposible de cumplir por antinatural. Pregunt\u00e1ndose eso justamente, si no es absurda la pretensi\u00f3n (y el mandato, de consiguiente) de amar a quien no nos ama y quiere nuestro mal, Santo Tom\u00e1s de Aquino responde que no, ya que no se nos ordena amar al enemigo por su aversi\u00f3n a nosotros, vale decir, por ser nuestro enemigo, sino por virtud de algo en \u00e9l que con todo y no ser m\u00e9rito suyo le hace digno de ser amado: el hecho de ser hijo de Dios. El amor de trascendencia todo lo tolera, todo lo excusa, como lo dijo San Pablo. Tal es el plano superior al que la caridad conduce al amor humano, trascendiendo verdaderamente el nivel de las solas fuerzas del hombre.<br>\nNo debemos pensar que el amor de trascendencia anula el resto de las modalidades del amor. Recordemos siempre que las relaciones familiares se traban de un modo an\u00e1logo a como se trenzan entre s\u00ed la multitud de hilos que componen una cuerda. En la medida en que uno o varios hilos se rompan, la cuerda perder\u00e1 cohesi\u00f3n y podr\u00e1 deshilarse a fin de cuentas. El amor de trascendencia en la relaci\u00f3n familiar supone y aun reclama que la apetencia, la complacencia, la convivencia, la beneficencia o la benevolencia ocupen el sitio que en justicia deben ocupar sin que ninguno sobresalga o meng\u00fce en detrimento de otro. Cada nivel comprehende, supera y torna m\u00e1s pleno al anterior. Ninguna de estas modalidades del amor conyugal por s\u00ed sola debe ser entendida como la meta ideal de las relaciones familiares, en el sentido de que todas las otras modalidades tarde o temprano hayan de disolverse hasta que s\u00f3lo persista una de ella, puesto que cada una constituye un modelo que dirige lo que es inferior a \u00e9l, puli\u00e9ndolo y haciendo que se manifiesta en la plenitud de sus posibilidades. Si alguna de estas modalidades se cierra a s\u00ed misma, queda paralizada y se corrompe. En la expresi\u00f3n de San Agust\u00edn, en el amor no se puede decir basta: la medida del amor no se termina. Si no se le da m\u00e1s combustible, el fuego del amor se apaga: \u00e9sta es la esencia de su dinamismo.<br>\nLa caridad, de este modo, otorga al amor humano, incluso en sus manifestaciones m\u00e1s primitivas, la potencia de superar lo dado y salir fuera de s\u00ed y fuera de las estrechas limitaciones naturales, para encaminarse hasta un \u00e1mbito superior, propio solamente de lo divino.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22320\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la aparici&oacute;n del nuevo libro Los fantasmas de la sociedad contempor&aacute;nea (Ed. 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