{"id":22223,"date":"1996-01-01T00:00:00","date_gmt":"1996-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=22223"},"modified":"1996-01-01T00:00:00","modified_gmt":"1996-01-01T00:00:00","slug":"el_derecho_a_envejecer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1996\/01\/01\/el_derecho_a_envejecer\/","title":{"rendered":"El derecho a envejecer"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22223\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Es un rasgo com\u00fan a casi todas las culturas conocidas el respeto e incluso veneraci\u00f3n por los ancianos. Tambi\u00e9n en nuestra cultura occidental se les reconoce una dignidad espec\u00edfica, que da lugar a determinadas diferencias.<br>\nLa organizaci\u00f3n de la sociedad seg\u00fan las edades es universal, y sobre este tipo de organizaci\u00f3n suele basarse la autoridad pol\u00edtica. Son determinados adultos los detentadores del poder y los depositarios del saber, de las tradiciones y de los secretos sagrados.<br>\nLa cuesti\u00f3n que hay que examinar aqu\u00ed es por qu\u00e9 se suele atribuir al anciano una dignidad tan alta y, en no pocos casos, la dignidad suprema. Para tal examen hace falta poner en claro qu\u00e9 quiere decir y qu\u00e9 sea la dignidad, por una parte, y qu\u00e9 tiene que ver eso con el tiempo, con la acumulaci\u00f3n de tiempo, por otra.<br>\nEn las \u00faltimas d\u00e9cadas se han dado circunstancias que hacen sumamente pertinente un estudio de este tipo. Una de ellas ha sido la generalizada valoraci\u00f3n de la juventud, que lleg\u00f3 a una especie de paidolatr\u00eda durante la d\u00e9cada de los sesenta, de la cual la autoconciencia occidental tom\u00f3 buena nota. Otra ha sido el gran desarrollo de las investigaciones gerontol\u00f3gicas, tambi\u00e9n desde esa d\u00e9cada, pero sobre todo en los \u00faltimos a\u00f1os.<br>\nLa apelaci\u00f3n al poder adquisitivo de la juventud en tanto mercado durante los 60, o al de la tercera edad en la de los 80, no constituye la aclaraci\u00f3n que se busca. M\u00e1s bien se trata asimismo de hechos que requieren tambi\u00e9n su propio an\u00e1lisis: desde un cierto punto de vista, si alguien tiene m\u00e1s riqueza puede suceder que por eso viva m\u00e1s tiempo, y que por eso se le atribuya m\u00e1s dignidad. Pero tambi\u00e9n podr\u00eda suceder que, al vivir m\u00e1s tiempo, adquiriera m\u00e1s dignidad y que, precisamente por eso, acumulara, m\u00e1s riqueza. Este punto de vista es el que se adoptar\u00e1 para el presente an\u00e1lisis.<br>\n<strong>HOMBRE EN GRADO SUPERLATIVO<br>\n<\/strong><br>\nEl anciano tiene la cualidad de hombre en grado superlativo porque de alg\u00fan modo \u00e9l ya ha alcanzado \u201clo que falta, el fin y la totalidad\u201d, esas tres dimensiones de la existencia humana que Heidegger diferencia tan ajustadamente, y que estructuran el propio ser del hombre en tanto que temporal.<br>\n\u201cEl alumno poco aventajado en la escuela es reconocido normalmente porque tiene la costumbre de adelantarse con el papel, anunciando que ya ha terminado, a los diez minutos escasos despu\u00e9s de que se le ha puesto la tarea (\u2026). As\u00ed hacen todos los mediocres en la vida, corren en seguida a anunciar que ya han terminado, y cuanto m\u00e1s alta es la tarea, m\u00e1s r\u00e1pidamente terminan\u201d. Esta observaci\u00f3n de Kierkegaard la tuvo muy en cuenta Heidegger durante los a\u00f1os 20, hasta la aparici\u00f3n de la primera edici\u00f3n de <strong>El ser y el tiempo, <\/strong>en 1927, y tambi\u00e9n durante los a\u00f1os posteriores.<br>\nEn ninguna cultura, ni tampoco en la nuestra, es asimilable el anciano al alumno poco aventajado de Kierkegaard. En ese caso no se le atribuir\u00eda tanta dignidad. El anciano al que se le atribuye mayor dignidad es aqu\u00e9l al que, en cierto modo, ya no \u201cle falta\u201d alguna de las dimensiones del \u201cser hombre\u201d; es el que abarca su vida y en alg\u00fan sentido dispone de ella como de una \u201ctotalidad\u201d, y, sin embargo, todav\u00eda no la ha terminado, aunque haya alcanzado su plenitud como hombre, aunque haya logrado su \u201cfin\u201d.<br>\nLo que se llama proyecto de la existencia, en el contexto de la fenomenolog\u00eda existencial, corresponde m\u00e1s bien a lo que hace el joven, o quiz\u00e1 a lo que hace el hombre maduro. Es dudoso que se pueda aplicar al ni\u00f1o o al anciano.<br>\nLo que se proyecta es algo que puede ser hecho y que depende en alguna medida de decisiones propias. Lo que se proyecta es una tarea, m\u00e1s bien que la vida, y precisamente en virtud de esa diferencia entre la vida y la tarea proyectada puede hablarse de una vida cuajada, trunca en pleno comienzo, desperdiciada, etc\u00e9tera. Es esa diferencia justamente lo que permite hablar de \u201calumnos poco aventajados\u201d en la tarea de la existencia, seg\u00fan el ejemplo de Kierkegaard, o de \u201cun hombre en grado superlativo\u201d, seg\u00fan el modo de decir \u201canciano\u201d en la lengua de la tribu australiana de los kowarega.<br>\nPero esa diferencia no es ajena o previa a la biolog\u00eda, a la antropolog\u00eda cultural, o a la experiencia humana com\u00fan, tal como puede encontrarse reflejada en la literatura. La conmensuraci\u00f3n estricta entre la tarea y la vida es lo que se suele predicar de aqu\u00e9llos a quienes consideramos grandes hombres, o tambi\u00e9n h\u00e9roes.<br>\nNo obstante, parece que \u00e9se no es el caso para la mayor\u00eda de los hombres.<strong> <\/strong>Para la mayor\u00eda, es igualmente familiar el florecer y el agostarse, el fructificar y el sentir el vac\u00edo de la propia vida, y es en los momentos de este \u00faltimo tipo cuando surge con una fuerza peculiar la nostalgia de la juventud. Entonces es cuando se percibe con m\u00e1s nitidez la diferencia entre tarea y vida, entre impulso creador y conciencia de la propia duraci\u00f3n, entre proyecto de crear mundo humano y conciencia de mero transcurrir.<br>\n<strong>MEMORIA DE LO VIVIDO<br>\n<\/strong><br>\nEl anciano puede tener la convicci\u00f3n de que ha cumplido ya con la vida, y quienes le rodean tambi\u00e9n. No proyecta ninguna tarea nueva para una nueva vida que tuviese que empezar: sabe que no tiene fuerzas para empezarla y tampoco la proyecta. Sabe que lo suyo es contar historias y dar consejos, que su voz es la voz de la experiencia, es decir, de la memoria de lo vivido.<br>\nSi adem\u00e1s de eso emprende tareas nuevas en los ratos de ocio, o empieza a aprender algo que requiere una cierta inversi\u00f3n de tiempo, se dice que tiene <strong><em>esp\u00edritu juvenil.<\/em><\/strong> Esp\u00edritu juvenil es entonces una expresi\u00f3n que designa las actitudes ps\u00edquicas propias de un organismo con una elevada capacidad de generaci\u00f3n y regeneraci\u00f3n org\u00e1nica, y, tambi\u00e9n, con una elevada capacidad de aprendizaje. Designa el modo de temporalizar la existencia que conocemos con el nombre de <strong><em>juventud, <\/em><\/strong>y que es un per\u00edodo de tiempo cualitativamente distinto de los otros. Porque est\u00e1 aprendiendo, el joven no comprende ni sabe muchas cosas, y las aprende del que s\u00ed las sabe; porque tiene fuerza y quiere llegar pronto, el joven es impulsivo e impaciente, y frecuentemente ingenuo e inmoderado. Todas esas cualidades pueden ser consideradas positivamente desde un punto de vista y negativamente desde otro, y entonces se suele hablar de las virtudes y de los defectos propios de la juventud.<br>\nEn su sentido moral, las virtudes son propias y exclusivas de la subjetividad espiritual, pero aqu\u00ed se trata de una subjetividad espiritual que va tallando su propio rostro, apenas esbozado con un aire a su madre o a su abuelo, desde una libertad que estrena y con un ritmo que viene dado por su edad, es decir, determinado en un cierto sentido por la naturaleza.<br>\nCuando la juventud y la madurez han transcurrido, el esp\u00edritu ha tallado ya su propio rostro moral, a trav\u00e9s del tiempo, del organismo. El anciano es sabio, experimentado, prudente y moderado. Se ha equivocado muchas veces.<br>\nComprende muchas cosas, pero su capacidad de aprendizaje, de generaci\u00f3n y regeneraci\u00f3n org\u00e1nica, es muy escasa. Por eso empieza a encontrar cada vez m\u00e1s cosas que no comprende. Porque comprender, aunque sea un acontecimiento netamente espiritual, es tambi\u00e9n netamente psicol\u00f3gico y, por tanto, dependiente de los procesos temporales del organismo. Lo que se comprende suelen ser los significados universales y abstractos, pero se comprenden a trav\u00e9s de los procesos de maduraci\u00f3n sensorial, motora, etc\u00e9tera, del organismo.<br>\nEl anciano sabe que hay cosas que \u00e9l ya no puede comprender, o que no le pueden gustar, porque ya est\u00e1 acostumbrado a otras y es consciente de que ya no puede cambiar. Tambi\u00e9n el joven sabe que hay cosas que el anciano ya no puede comprender.<br>\nEl esp\u00edritu, cuya cualidad moral puede ser sumamente excelsa en un anciano, y ha llegado a serlo gracias a y mediante los procesos ps\u00edquicos, puede llegar un momento en que encuentre cerrados los cauces de expresi\u00f3n precisamente por la esclerosis som\u00e1tica y ps\u00edquica. La plasticidad psicosom\u00e1tica tan propia de las primeras edades de la vida, tan propia de la libertad, queda anulada. No es que el esp\u00edritu haya desaparecido. Es que los mecanismos psicosom\u00e1ticos han perdido aquella flexibilidad y tienen una rigidez mec\u00e1nica, m\u00e1s propia de lo mineral, de lo inorg\u00e1nico, que de lo vivo y lo libre.<br>\nLos ancianos son los sujetos de esos cambios por los que los principios y convicciones se transforman frecuentemente en man\u00edas; pueden ser tan inmoderados, intemperantes y obstinados como los ni\u00f1os, como si no tuvieran sentido de la responsabilidad, como si ya no fueran libres; como si estuvieran atrapados en procesos ps\u00edquicos que se autonomizan del conjunto unitario de la psique; como si no recordaran lo que han sido y lo que son, lo que saben; como si su memoria hubiera sido sembrada de agujeros negros.<br>\nEl esp\u00edritu ha adquirido sus cualidades morales e intelectuales en los procesos temporales, pero ya no dispone de s\u00ed mismo en esos procesos, y ya no proyecta su existencia en ning\u00fan sentido; ya no temporaliza. Puede pensarse que dispone de s\u00ed mismo en la supra-temporalidad propia del esp\u00edritu. Y sin duda puede pensarse que dispondr\u00e1 plenamente de su existencia en la vida eterna. Pero eso no es lo que perciben las personas que conviven con el anciano y le cuidan.<br>\n<strong>M\u00c9RITO, VALOR, SENECTUD<br>\n<\/strong><br>\nPor supuesto, los avances de la medicina, de la psicolog\u00eda y de la asistencia social pueden conseguir que la calidad de vida en la ancianidad sea mayor, pero no pueden conseguir que la capacidad de generaci\u00f3n, regeneraci\u00f3n y aprendizaje del organismo vuelva a ser la misma que cuando ten\u00eda pocos a\u00f1os. En ese caso, el anciano dejar\u00eda de ser anciano, pero eso acarrear\u00eda tambi\u00e9n un problema grave de identidad: no sabr\u00eda bien lo que es, qui\u00e9n es, si ha cumplido o no con la vida, cu\u00e1nto le falta, qu\u00e9 podr\u00eda significar para \u00e9l acercarse a su plenitud final, a su fin y a su terminaci\u00f3n. Probablemente, en semejante hip\u00f3tesis, tampoco se podr\u00eda atribuir al anciano una dignidad espec\u00edficamente suya.<br>\nLa cuesti\u00f3n todav\u00eda pendiente es por qu\u00e9 se le atribuye dignidad a eso. Un reci\u00e9n nacido tiene una dignidad y merece respeto, una mujer transportando en brazos a un ni\u00f1o tambi\u00e9n, e igualmente un enfermo o un anciano. Todos tienen y merecen la dignidad y el respeto que corresponde a una persona humana, pero adem\u00e1s, cada uno tiene y merece una dignidad espec\u00edficamente propia de su edad, de su situaci\u00f3n, de sus circunstancias.<br>\nAhora se trata de ver cu\u00e1l es la dignidad espec\u00edficamente propia del anciano, para lo cual es preciso poner en claro lo que significa <strong><em>dignidad.<\/em><\/strong><br>\nEn el lenguaje ordinario, la palabra <strong><em>dignidad<\/em><\/strong> est\u00e1 vinculada en su campo significativo con las palabras <strong><em>valor <\/em><\/strong>y <strong><em>m\u00e9rito. <\/em><\/strong>Algo o alguien tiene m\u00e1s dignidad cuanto m\u00e1s vale y m\u00e1s merece, o, m\u00e1s bien a la inversa, vale y merece tanto m\u00e1s cuanto mayor dignidad posee. La palabra <strong><em>m\u00e9rito<\/em><\/strong> tiene adem\u00e1s la connotaci\u00f3n de deuda: lo que alguien merece es tambi\u00e9n algo que le es debido, y lo que le es debido es algo en cierto modo ya suyo, que le es propio.<br>\nLa palabra espa\u00f1ola <strong><em>senectud<\/em><\/strong> deriva del nombre latino <strong><em>senex senis, <\/em><\/strong>de cuyo comparativo <strong><em>senior-oris<\/em><\/strong> deriva a su vez nuestro sustantivo <strong><em>se\u00f1or, <\/em><\/strong>usado para designar a los viejos m\u00e1s respetables, que se convierte en sin\u00f3nimo de <strong><em>dominus<\/em><\/strong> (due\u00f1o, poseedor) al comienzo de la edad media. De ah\u00ed deriva la palabra <strong><em>se\u00f1or\u00edo, <\/em><\/strong>y las palabras <strong><em>senador, senado <\/em><\/strong>y<strong><em> senil.<\/em><\/strong><br>\nNuestra palabra <strong><em>anciano <\/em><\/strong>deriva del adverbio <strong><em>anzi, <\/em><\/strong>que proviene del lat\u00edn <strong><em>ante. <\/em><\/strong>Significa <strong><em>anterior, de antes.<\/em><\/strong><br>\nEl t\u00e9rmino <strong><em>viejo <\/em><\/strong>se forma a partir del lat\u00edn vulgar <strong><em>vetulus, <\/em><\/strong>y del lat\u00edn cl\u00e1sico <strong><em>vetus-veteris. <\/em><\/strong>Estos t\u00e9rminos dan lugar a nuestros vocablos <strong><em>vetusto, veterano<\/em><\/strong> y tambi\u00e9n a <strong><em>veterinario, <\/em><\/strong>derivado de <strong><em>veterinae, <\/em><\/strong>que significa \u201cbestia de carga\u201d en el sentido de \u201canimales viejos, impropios para montar\u201d.<strong><em> <\/em><\/strong>Parece que en torno a la ra\u00edz de <strong><em>senex senis <\/em><\/strong>se han concentrado m\u00e1s palabras que connotan la dignidad, y en torno a la de <strong><em>vetus-eris<\/em><\/strong> menos. Quiz\u00e1 el campo sem\u00e1ntico de la palabra <strong><em>viejo<\/em><\/strong> contiene tambi\u00e9n m\u00e1s expresiones que designan la degradaci\u00f3n y el deterioro producido por el paso del tiempo.<br>\nEn un sentido, pues, produce degradaci\u00f3n y deterioro, desgaste, destrucci\u00f3n. En otro, produce todo lo contrario, y confiere nobleza, dignidad.<br>\nLo que menos valor tiene y lo que menos merece es, desde luego, la nada: es lo menos digno, la ausencia de dignidad. Hay valor y m\u00e9rito donde hay algo. Algo significa otra cosa distinta de la nada y distinta del caos. Del caos surge algo cuando empieza a haber un m\u00ednimo de orden, y un m\u00ednimo de orden se genera a partir de dos puntos que constituyen una recta. Eso es ya una figura, una <strong><em>forma. <\/em><\/strong>Dos puntos unidos por una misma l\u00ednea espacial o temporal constituyen un eje.<br>\n<strong>DIGNIDAD QUE CONTIENE TODOS LOS TIEMPOS<br>\n<\/strong><br>\nUna persona es un eje con dos polos. Persona significa etimol\u00f3gicamente <strong><em>cara, m\u00e1scara, <\/em><\/strong>y jur\u00eddica y filos\u00f3ficamente significa ser due\u00f1o de los propios actos y de las propias palabras, ser due\u00f1o de la propia expresi\u00f3n, de la manifestaci\u00f3n de s\u00ed mismo.<br>\nLos dos polos de la persona son, pues, su ser y su manifestaci\u00f3n. La relaci\u00f3n entre los dos es tal que la persona puede dar y darse o no. Ese dominio tan originario sobre la expresi\u00f3n y manifestaci\u00f3n del propio ser se llama tambi\u00e9n libertad. En s\u00ed mismo no lo conocemos, sino solamente su expresi\u00f3n. Por eso en s\u00ed mismo es incognoscible; es un misterio. Lo consideramos lo m\u00e1ximamente valioso y lo m\u00e1ximamente digno porque es capaz de producir, de causar, de construir formas, ejes, realidades, vida, a partir del caos o incluso a partir de nada.<br>\nEse misterio lo percibimos en el ni\u00f1o, en la mujer que transporta a su hijo, en el enfermo, en el anciano. Por eso le atribuimos a todos la dignidad de \u201cpersona humana\u201d.<br>\nPero adem\u00e1s de eso el anciano es un eje con dos polos en otro sentido. Ha descrito el arco completo de los diferentes tiempos de la vida humana, y esos tiempos est\u00e1n articulados en una unidad que es lo que ha sido su vida.<br>\nDesde el punto de vista existencial y moral, y desde el punto de vista biogr\u00e1fico y cultural, su vida puede haber sido m\u00e1s o menos fecunda y m\u00e1s o menos unitaria; m\u00e1s o menos triunfal o fracasada. Pero desde todos esos puntos de vista los hombres no podemos juzgar la vida de los dem\u00e1s de un modo definitivo y con suficientes garant\u00edas de verdad y justicia, y por eso mucho menos podemos sentenciarla.<br>\nEn cambio, desde el punto de vista biol\u00f3gico s\u00ed que se puede juzgar. Se puede decir que la vida de un anciano ha recorrido el trayecto completo de la vida humana, y que muestra la longitud de su eje. El anciano ha corrido la carrera y ha llegado a la meta. C\u00f3mo es la vida humana y d\u00f3nde est\u00e1n los recodos del camino es algo que \u00e9l sabe. Su valor, su dignidad y su m\u00e9rito estriba en que \u00e9l ha hecho ese viaje, ha recorrido y construido esa vida, y sabe por experiencia c\u00f3mo es eso. La dignidad de la senectud, su valor y su m\u00e9rito, es que contiene en s\u00ed los diferentes tiempos del hombre. Los contiene como pasado y como recuerdo.<br>\nLo propio de los ancianos es contar historias a los ni\u00f1os y dar consejos a los j\u00f3venes, y lo que merecen, lo que se les debe, es escucha atenta. Ellos hacen con la vida humana, pero no en abstracto, sino en concreto, algo que ni los ni\u00f1os ni los j\u00f3venes pueden hacer, algo que nadie m\u00e1s que ellos pueden hacer, que es contarla y pensarla desde el final.<br>\nPor eso tambi\u00e9n se les debe y merecen la atenci\u00f3n adecuada para que est\u00e9n en las mejores condiciones posibles para pensarla y contarla. La atenci\u00f3n adecuada para que sean due\u00f1os de su propia expresi\u00f3n, de sus palabras y de sus actos, precisamente cuando los mecanismos psicosom\u00e1ticos mediante los que eso se logra han empezado a autonomizarse y a obstaculizar la expresi\u00f3n de la realidad personal unitaria.<br>\nSi cabe entender la eternidad seg\u00fan la definici\u00f3n de Boecio como la <strong><em>posesi\u00f3n total y simult\u00e1nea de una vida interminable, <\/em><\/strong>cabe tambi\u00e9n pensar que para el hombre la vida eterna sea la posesi\u00f3n total y simult\u00e1nea de los tiempos cualitativamente distintos en que consisti\u00f3 su despliegue temporal, la posesi\u00f3n total y simult\u00e1nea de sus diferentes edades. Y sin duda, eso ha de estar relacionado con la felicidad eterna (Extracto de <strong>Los otros humanismos. <\/strong>EUNSA. Pamplona. 1994, 211 p\u00e1gs.).<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22223\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florecer y agostarse son cualidades de los tiempos. 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