{"id":22113,"date":"1995-11-01T00:00:00","date_gmt":"1995-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=22113"},"modified":"2023-11-08T06:07:33","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:33","slug":"por_un_nuevo_modelo_de_empresa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1995\/11\/01\/por_un_nuevo_modelo_de_empresa\/","title":{"rendered":"Por un nuevo modelo de empresa"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22113\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Iniciamos esta importante reuni\u00f3n de personas vinculadas con las actividades de la empresa, en un momento en el que la opini\u00f3n p\u00fablica mexicana parece convencida de que M\u00e9xico necesita un nuevo modelo econ\u00f3mico, debido a las p\u00e9simas consecuencias acarreadas por aquel que hasta ahora, al parecer, hemos seguido. Este convencimiento deriva de instancias ideol\u00f3gicas de cualquier color y traza. No obstante, dudo que muchos sepan qu\u00e9 quieren decir cuando piden un nuevo modelo econ\u00f3mico. Se dice que el neoliberalismo, no funciona socialmente por las inaceptables diferencias que genera: y no voy a discutirlo, aunque no sea m\u00e1s que para no ganarme la antipat\u00eda de unos y otros.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El buen trabajo<\/strong><\/p>\n<p>Lo que s\u00ed puedo afirmar es que ning\u00fan modelo econ\u00f3mico es capaz por s\u00ed solo de hacer que los hombres hagamos un buen trabajo, ese good work del que Schumacher hablara visionariamente. Para ello se necesita, adem\u00e1s de un acertado enfoque de la macroeconom\u00eda, un marco jur\u00eddico concorde, y sobre todo un conjunto de convicciones \u00e9ticas vividas por los ciudadanos: la disposici\u00f3n de realizar en nosotros un concepto verdadero del hombre.<br>\nEl buen trabajo no se desarrolla en las ideas abstractas, sino en las empresas concretas: es ahora la empresa y no los grandes esquemas estatales de la econom\u00eda, las que cargan sobre s\u00ed \u2013 para mal o para bien- el protagonismo de la prosperidad econ\u00f3mica y de la justicia social. Si este eje fundamental falla, las leyes y las supuestas tendencias econ\u00f3micas trazar\u00e1n sus juegos de artificio en el vac\u00edo. Para hacer un buen trabajo se precisa que el individuo \u00be el trabajo es propiedad inalienable del individuo, no de la colectividad\u00be sepa y quiera hacerlo. Ni los c\u00f3digos jur\u00eddicos ni los planes econ\u00f3micos har\u00e1n que los trabajadores, en cualquier nivel, quieran, si no quieren.<br>\nLos individuos trabajan (cuando lo hacen) en las empresas, sean propias o sean ajenas: el ambulantaje no es sino un asombroso conjunto de peque\u00f1as empresas que rebrotan por las atarjeas de la necesidad.<br>\nLa empresa se ha convertido, as\u00ed, en el gozne de la capacitaci\u00f3n \u2013 que las personas sepan- y de la motivaci\u00f3n \u2013 que las personas quieran- . Parece que lo que necesitamos es un nuevo modelo de empresa, aunque no se desprecien ni las grandes visiones de la econom\u00eda ni los amplios marcos jur\u00eddicos.<br>\nEste nuevo modelo de empresa se ve apremiado por dos instancias inesquivables: de una parte, el hombre que la constituye; de otra, el mundo en el que trabaja. Se requiere sin duda un concepto acertado del ser humano, para que la empresa potencie y acent\u00fae sus posibilidades (de ah\u00edla \u00e9tica;y se requiere, tambi\u00e9n, una profunda comprensi\u00f3n de los problemas mundiales (nuevos y complejos problemas mundiales) ante los que las empresas se encuentran en la presente d\u00e9cada. Los problemas econ\u00f3micos que padecemos no pueden resolverse atendiendo dom\u00e9sticamente a nuestras crisis particulares. Se necesita una profunda visi\u00f3n antropol\u00f3gica (\u00bfnos hemos equivocado de modelos o nos hemos equivocado de hombre?) y una amplia perspectiva mundial (\u00bfen qu\u00e9 mundo estamos?). Sin estas dos importantes \u00f3pticas daremos costosos palos de ciego, sin acertarle a la pi\u00f1ata.<br>\nAmbas cuestiones \u2013 la propiamente humana y la verdaderamente mundial- se cruzan en un punto cr\u00edtico: el nuevo modo de hacer la empresa requiere, como ya he afirmado en otro lugar, un nuevo modo de ser del empresario. Nuevo modo de ser, expliquemos, que consiste no en fantasmag\u00f3ricas visiones, sino en el ser que realmente somos, es decir, verdaderos hombres (mejor: hombres verdaderos), y no suced\u00e1neos humanos, producto de provisionales culturas de pacotilla.<br>\nEl empresario ha de ser hoy, antes que nada, un hombre de cabeza abierta, mirada amplia, diafragma visual panor\u00e1mico. Este modo de ser es una implicaci\u00f3n direct\u00edsima del fen\u00f3meno econ\u00f3mico que ha dado en llamarse globalizaci\u00f3n.<br>\n<strong>Ensanchar la mirada<\/strong><br>\nNuestra mirada directiva se refer\u00eda antes a un contorno espec\u00edfico del mercado. Esta perspectiva mercantil ya no sirve: los mercados han perdido la posibilidad de manejarse en plural. El mercado m\u00e1s grande del mundo no son los Estados Unidos sino el mundo mismo. Resultamos ahora miopes no porque hayamos contra\u00eddo este defecto \u00f3ptico, sino porque se nos ha ensanchado el paisaje: nuestro primer cambio es el de alargar el horizonte de nuestra mirada, y ello no es f\u00e1cil para quienes estamos acostumbrados a la ceguera de taller. Necesitamos un instrumental informativo m\u00e1s complejo, s\u00ed, pero lo importante es una nueva actitud mental frente a la geograf\u00eda, una nueva perspectiva del mundo.<br>\nMas la globalizaci\u00f3n no se refiere s\u00f3lo al mercado de venta, como muchos suponen, sino, paralelamente, al de adquisici\u00f3n. El radio de nuestra proveedur\u00eda es ahora el planeta mismo, y esto es un fen\u00f3meno rigurosa y estrictamente contempor\u00e1neo, al relacionarse no s\u00f3lo con las materias primas que componen nuestro producto, sino con las partes mismas, ya elaboradas, que lo integran. Para poner un ejemplo muy pr\u00f3ximo (pues lleva mi propio apellido), un cigarro habano, cuya concepci\u00f3n original proviene de Cuba, se elabora hoy con tabaco recogido en las vegas de Santo Domingo, con fibras cultivadas en los tabacales de San Andr\u00e9s Tuxtla, Veracruz, y con la capa exterior proveniente de Camer\u00fan; las operaciones industriales se realizan en Kingston, Jamaica, y las comerciales se dirigen desde Nueva York. Se trata de un simple cigarro habano.<br>\nA la globalizaci\u00f3n del mercado sigue el car\u00e1cter internacional del capital. No nos gusta que el capital mexicano se invierta en otro lado, pero, en cambio, estamos ansiosos de que los dem\u00e1s hagan con nosotros lo que criticamos. El capital siempre ha sido ap\u00e1trido, y hay que admitirlo as\u00ed. Nos hemos tenido que acostumbrar, a marchas forzadas, al hecho de que el papel comercial no ha de colocarse s\u00f3lo en las demarcaciones nacionales. La ampliaci\u00f3n de nuestras perspectivas entra\u00f1a que los modelos econ\u00f3micos hagan a los pa\u00edses atractivos lugares de inversi\u00f3n; esto no deben perderlo de vista los preconizadores de modelos nuevos para M\u00e9xico.<br>\nPor otra parte, la globalizaci\u00f3n del mercado y del dinero se ve acompa\u00f1ada por la del personal, lo cual resulta a\u00fan m\u00e1s complejo porque integrar personas de distintas culturas es m\u00e1s dif\u00edcil que ensamblar piezas provenientes de los cuatro puntos cardinales. Pero la globalizaci\u00f3n del personal de las empresas implica otro \u00e1ngulo a tenerse en cuenta, porque transforma radicalmente las llamadas relaciones obrero-patronales: hoy, los obreros de Detroit no compiten con los capitalistas de la Ford o de la Chrysler, sino con los propios obreros automotrices de Osaka o Kioto; y los competidores direct\u00edsimos de nuestros operarios textiles del Estado de M\u00e9xico son sus hom\u00f3logos de Corea o Bangladesh. El leninista, \u201coperarios del mundo, un\u00edos\u201d, se ha convertido en una competencia mundial (que no tiene por qu\u00e9 ser destructiva) entre los obreros de los m\u00e1s diversos or\u00edgenes.<br>\n<strong>El empresario bic\u00e9falo<\/strong><br>\nNo obstante, este movimiento de dilataci\u00f3n por parte del empresario de cualquier lugar, y tambi\u00e9n de M\u00e9xico, necesita ser complementado parad\u00f3jicamente con otro de contracci\u00f3n, que exige en el director de empresas una suerte de bicefalia. Si en el terreno del mercado, dinero y personal deben pensarse a lo grande del mundo, en el del producto y servicio se ha de pensar a lo peque\u00f1o de su especialidad. En el momento actual no se puede ser especialista de todo, ni siquiera en la fabricaci\u00f3n de un motor de explosi\u00f3n. La especialidad consistir\u00e1 en la elaboraci\u00f3n concreta de alguna de sus piezas y quiz\u00e1 s\u00f3lo en la de un resorte o un alambre.<br>\nEsta constricci\u00f3n de especialidades muy determinadas en el producto o servicio es precisamente la que permite la apertura globalizadora. Una peque\u00f1a empresa, con un producto muy espec\u00edfico, puede venderle lo mismo a la General Motors que a la Toyota; a la Siemens que a la Westinghouse.<br>\nEl fen\u00f3meno de contracci\u00f3n especialista, hace posible que las empresas medianas y peque\u00f1as puedan abrirse al gran mercado del mundo, como ocurre sin duda en la Mittelstand, la empresa germ\u00e1nica familiar, que prospera a la sombra de los grandes conglomerados. Muchas de ellas, pueden ser proveedoras de un peque\u00f1o artilugio automotriz no s\u00f3lo a la Volkswagen y Mercedes Benz, sino a Ford, Renault, Fiat, Chrysler, Toyota y Nissan. Se trata de localizar un mercado especializado, que ha dado en llamarse nicho, palabra de explicables resonancias necrol\u00f3gicas, porque quien no acierta a definirlo bien, corre el riesgo de ser enterrado en \u00e9l.<br>\nLo sorprendente para nosotros es que este doble movimiento de di\u00e1stole y s\u00edstole, se d\u00e9 tambi\u00e9n en la peque\u00f1a empresa italiana, caracteriol\u00f3gicamente m\u00e1s cercana a nosotros. Quiz\u00e1 no debamos imitar s\u00f3lo sin discernimiento a nuestros vecinos del norte.<br>\nPorque \u00e9sta es nuestra observaci\u00f3n final sobre la globalizaci\u00f3n de las empresas: globalizaci\u00f3n no es homogeneizaci\u00f3n. Hemos descrito un trazo del tipo de empresario que se necesita, asunto que es m\u00e1s importante y m\u00e1s interesante que el del modelo econ\u00f3mico que se requiere. Pero el tipo de empresario no es uniforme en el mundo. S\u00ed lo son los problemas con que la empresa, de cualquier latitud, debe enfrentarse; lo son tambi\u00e9n algunas t\u00e9cnicas administrativas universalmente aceptadas como eficaces. Pero el modo de ser empresario es muy diverso en las diferentes culturas. Hampden-Turner, nos habla del modo de dirigir la empresa en Estados Unidos, Gran Breta\u00f1a, Suecia, Francia, Jap\u00f3n y Alemania.<br>\nEstos modos derivan sobre todo del variable enfoque \u00e9tico de las relaciones humanas. El empresario de cada pa\u00eds debe elegir su propio modo, sin acogerse a discutibles imitaciones. No s\u00f3lo el empresario de cada pa\u00eds, sino cada empresario, porque la empresa no es el producto de un sistema prefabricado, sino que arranca de la persona, florece a partir de su estilo de ser y es fruto de su car\u00e1cter, consecuencia que brota de su m\u00e1s \u00edntimo talante\u2026<br>\n<strong>Compaginar racionalismo objetivista y profundidad humana<\/strong><br>\nHay otro rasgo del director de empresa contempor\u00e1neo que debe trazarse hoy con m\u00e1s fuerza. Desde hace diez a\u00f1os, en un movimiento progresivamente acelerado, se le pide al director, m\u00e1s que nunca, lo que desde siempre ha constituido el meollo del quehacer del management. En efecto, la direcci\u00f3n general implica cada vez m\u00e1s la acci\u00f3n de s\u00edntesis sobre los elementos que concurren en esa organizaci\u00f3n de faz complicada y poli\u00e9drica que llamamos empresa; implica cada vez m\u00e1s la interrelaci\u00f3n de factores dis\u00edmbolos que gozan cada uno de su propia independencia; la armon\u00eda y equilibrio de profesiones y oficios con c\u00f3digos de leyes t\u00e9cnicas y operativas dotados cada uno de una coherencia interna; coherencia interna que los hace irreductibles a los c\u00f3digos y lenguajes de otras operaciones con las que, no obstante, deben entrelazarse estrech\u00edsimamente: ingenier\u00eda de la producci\u00f3n; econom\u00eda de mercado; jurisprudencia del abogado corporativo; psicolog\u00eda industrial de las relaciones humanas; operaciones del contador; sofisticadas complejidades financieras\u2026<br>\nPero la interdisciplinariedad de la que ahora hablamos reviste una caracter\u00edstica nueva, debido al reclamo que reivindican para s\u00ed los aspectos culturales del hombre: las cuestiones axiol\u00f3gicas, los profundos planteamientos \u00e9ticos, que sacuden desde sus cimientos nuestras costumbres operativas, han ascendido a un nivel de relevancia tal que deben por necesidad atenderse con punter\u00eda y tino, con acierto.<br>\nAl mismo tiempo, los problemas de inform\u00e1tica y tecnolog\u00eda se nos han complicado, al punto de requerir un complejo herramental matem\u00e1tico.<br>\nY esto es lo nuevo: ambos aspectos \u2013 tecnolog\u00eda y cultura- mantienen ahora su primac\u00eda en la empresa con paridad de rango. Si siempre fue necesario su s\u00edntesis, hoy no se trata de una necesidad sino de una perentoria exigencia que nos reclama con apremio; fracasar\u00eda toda empresa que no cuente con directores capaces de entenderse con los hombres, tanto como manejarse con los n\u00fameros.<br>\nComo lo dir\u00eda ese agudo estudioso del capitalismo, Daniel Bell, se requiere compaginar el racionalismo objetivista que domina la tecnoestructura y la profundidad humana que impera en los \u00e1mbitos culturales.<br>\nAl mismo tiempo que llamo la atenci\u00f3n sobre esta necesidad, se\u00f1alo, con el mismo vigor, la escasez que tenemos de hombres que posean esta ambivalencia casi monstruosa: todos conocemos a muchos pol\u00edticos con una obvia habilidad de relacionarse con los dem\u00e1s, pero con muy poca exactitud y precisi\u00f3n en sus juicios; todos conocemos a muchos financieros con una gran destreza num\u00e9rica pero cerrados psicol\u00f3gicamente a la comprensi\u00f3n de los dem\u00e1s; muchos pol\u00edticos simp\u00e1ticos pero ambiguos; y muchos ingenieros rigurosos pero aburridos.<br>\nSi la globalizaci\u00f3n de las empresas requiere de sus gerentes una apertura de esp\u00edritu, una amplitud de mirada, esta s\u00edntesis de la t\u00e9cnica y la \u00e9tica exige al mismo tiempo un gran temple y una gran flexibilidad.<br>\n<strong>Violencia, competencia, amistad<\/strong><br>\nHay a\u00fan una tercera y \u00faltima l\u00ednea que desear\u00eda recalcar en este somero perfil del management abocado al siglo XXI.<br>\nLa figura del hombre de empresa destaca hoy por el sentido competitivo de la vida. Se ha hecho un exagerado \u00e9nfasis en el valor promocional de la competencia. Estoy muy lejos de desmerecer esta caracter\u00edstica insustituible en los negocios. Sin la competencia, los procesos mercantiles se paralizar\u00edan. Pero nuestro error, digo, o mejor a\u00fan, me atrevo a decir, es el de elevar la competencia al lugar privilegiado de las relaciones humanas, convirtiendo as\u00ed todos nuestros nexos individuales en transacciones mercantiles. No hemos de olvidar que el hombre, dejado a las leyes de mercado, es decir, arrojado a la desabrigada intemperie de la oferta y la demanda, corre el riesgo de perecer. No sobrevienen entonces los m\u00e1s fuertes \u2013 como querr\u00eda Darwin- sino los m\u00e1s violentos. La violencia, bajo el eufemismo de agresividad, se convierte as\u00ed no s\u00f3lo en la ley de la calle \u2013 del asalto, del secuestro- sino en el r\u00e9gimen de nuestras propias empresas.<br>\nNo es verdad que gracias al mercado el consumidor adquiere su personalizaci\u00f3n concreta; no es verdad. Prof\u00e9ticamente, Max Weber anunci\u00f3 el car\u00e1cter impersonal del mercado. \u201cCuando el mercado se abandona a su propia legalidad \u2013 la oferta y la demanda, dec\u00eda- no conoce ninguna obligaci\u00f3n de fraternidad ni de piedad, ninguna de las relaciones originarias de las que son portadoras las comunidades de car\u00e1cter personal\u201d.<br>\nLo m\u00e1s serio de la vida es ese mundo de las relaciones personales, que no pueden traducirse en t\u00e9rminos de dinero, ni de influencia, ni de poder, t\u00e9rminos mon\u00f3tonamente circulares: con el dinero consigo influencia, con la influencia logro poder, con el poder obtengo dinero\u2026 Lo m\u00e1s serio de la vida son las relaciones familiares, los nexos de amistad, las vinculaciones del compa\u00f1erismo, los ideales del voluntariado. Ya dijo Arist\u00f3teles que se pod\u00eda ser feliz sin dinero y sin poder, pero no sin amigos.<br>\n\u00bfPor qu\u00e9 hemos descarnado nuestras relaciones de organizaci\u00f3n hasta proscribir en ellas lo que es m\u00e1s serio de la vida? \u00bfNo es el momento de hacer compatible la vida de los negocios con una existencia verdaderamente humana, en donde nuestros aut\u00e9nticos valores no s\u00f3lo no se marginen, sino que, al rev\u00e9s, den aliento, vida y est\u00edmulo a todos nuestros trabajos profesionales, incluyendo el de los negocios?<br>\nSe ha dictaminado seriamente al estudiar la mejor\u00eda de la industria del pa\u00eds a\u00fan m\u00e1s poderoso del mundo que hay en \u00e9l un exceso de competencia y un d\u00e9ficit de cooperaci\u00f3n.<br>\nExiste en el \u00e1mbito de los negocios un clima ol\u00edmpico, de campeonato, en donde la competencia no mide al que es realmente competente sino al que es competidor. Al punto de que muchos empresarios han atrofiado la innata capacidad de todo hombre para lograr metas comunes con los dem\u00e1s; porque s\u00f3lo saben competir versus otros.<br>\nNo puede convertirse la vida en una plaza monocolor del mercado. Esto, al menos por una raz\u00f3n que todos admitimos en los momentos l\u00facidos de nuestra existencia: hay realidades que no se pueden vender, y hay realidades que no tienen precio para ser compradas. Las m\u00e1s valiosas fibras del hombre no son susceptibles de compraventa. S\u00f3lo el necio \u2013 dec\u00eda con fuerza el poeta castellano- confunde valor con precio.<br>\nPero el injertar el sentido de cooperaci\u00f3n dentro de un \u00e1mbito monop\u00f3lico de competencia \u2013 porque en esa situaci\u00f3n parad\u00f3jica nos encontramos; el inherir la cooperaci\u00f3n en las relaciones de competitividad- lleva consigo un cambio en la estructura de valores; una revisi\u00f3n sobre el concepto de la dignidad humana \u2013 que impide la comparaci\u00f3n, el m\u00e1s y el menos, entre los individuos- ; una vigorizaci\u00f3n del alcance de nuestras metas, excesivamente individuales, y por ello excesivamente cortas; un incremento de la capacidad de acci\u00f3n asociada en equipo; implica, en resumen, una honda reconversi\u00f3n antropol\u00f3gica, una erupci\u00f3n desde las entra\u00f1as de nuestra esencia humana.<br>\nElla nos pondr\u00eda en relieve los peligros de una competencia polarizada, o mejor, nos har\u00eda ver su peligro fundamental se\u00f1alado por C.S. Lewis: \u201clo que queremos dejar claramente se\u00f1alado es que el orgullo es esencialmente competencia\u201d. Cierto que no afirma que la competencia es esencialmente orgullo, no querr\u00eda yo decirlo, pero si recordar que, de cualquier manera, el orgullo es un problema que se encuentra en el centro de nuestra vida moral. El car\u00e1cter del orgullo est\u00e1 asociado a Hitler, Stalin, Hussein, Castro; esto es, lo m\u00e1s opuesto a lo que una econom\u00eda de mercado quiere conseguir.<br>\nComo lo dice Benjam\u00edn Coriat, refiri\u00e9ndose a las empresas del otro lado del Pac\u00edfico, debemos conseguir un equilibrio en las dosis de competencia y cooperaci\u00f3n.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22113\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0Iniciamos esta importante reuni\u00f3n de personas vinculadas con las actividades de la empresa, en un momento en el que la opini\u00f3n p\u00fablica mexicana parece convencida de que M\u00e9xico necesita un nuevo modelo econ\u00f3mico, debido a las p\u00e9simas consecuencias acarreadas por aquel que hasta ahora, al parecer, hemos seguido. Este convencimiento deriva de instancias ideol\u00f3gicas de cualquier color y traza. No obstante, dudo que muchos sepan qu\u00e9 quieren decir cuando piden un nuevo modelo econ\u00f3mico. Se dice que el neoliberalismo, no funciona socialmente por las inaceptables diferencias que genera: y no voy a discutirlo, aunque no sea m\u00e1s que para no ganarme la antipat\u00eda de unos y otros. El buen trabajo Lo que s\u00ed puedo afirmar es que ning\u00fan modelo econ\u00f3mico es capaz por s\u00ed solo de hacer que los hombres hagamos un buen trabajo, ese good work del que Schumacher hablara visionariamente. Para ello se necesita, adem\u00e1s de un acertado enfoque de la macroeconom\u00eda, un marco jur\u00eddico concorde, y sobre todo un conjunto de convicciones \u00e9ticas vividas por los ciudadanos: la disposici\u00f3n de realizar en nosotros un concepto verdadero del hombre. El buen trabajo no se desarrolla en las ideas abstractas, sino en las empresas concretas: es ahora la empresa y no los grandes esquemas estatales de la econom\u00eda, las que cargan sobre s\u00ed \u2013 para mal o para bien- el protagonismo de la prosperidad econ\u00f3mica y de la justicia social. Si este eje fundamental falla, las leyes y las supuestas tendencias econ\u00f3micas trazar\u00e1n sus juegos de artificio en el vac\u00edo. Para hacer un buen trabajo se precisa que el individuo \u00be el trabajo es propiedad inalienable del individuo, no de la colectividad\u00be sepa y quiera hacerlo. Ni los c\u00f3digos jur\u00eddicos ni los planes econ\u00f3micos har\u00e1n que los trabajadores, en cualquier nivel, quieran, si no quieren. Los individuos trabajan (cuando lo hacen) en las empresas, sean propias o sean ajenas: el ambulantaje no es sino un asombroso conjunto de peque\u00f1as empresas que rebrotan por las atarjeas de la necesidad. La empresa se ha convertido, as\u00ed, en el gozne de la capacitaci\u00f3n \u2013 que las personas sepan- y de la motivaci\u00f3n \u2013 que las personas quieran- . Parece que lo que necesitamos es un nuevo modelo de empresa, aunque no se desprecien ni las grandes visiones de la econom\u00eda ni los amplios marcos jur\u00eddicos. Este nuevo modelo de empresa se ve apremiado por dos instancias inesquivables: de una parte, el hombre que la constituye; de otra, el mundo en el que trabaja. Se requiere sin duda un concepto acertado del ser humano, para que la empresa potencie y acent\u00fae sus posibilidades (de ah\u00edla \u00e9tica;y se requiere, tambi\u00e9n, una profunda comprensi\u00f3n de los problemas mundiales (nuevos y complejos problemas mundiales) ante los que las empresas se encuentran en la presente d\u00e9cada. Los problemas econ\u00f3micos que padecemos no pueden resolverse atendiendo dom\u00e9sticamente a nuestras crisis particulares. Se necesita una profunda visi\u00f3n antropol\u00f3gica (\u00bfnos hemos equivocado de modelos o nos hemos equivocado de hombre?) y una amplia perspectiva mundial (\u00bfen qu\u00e9 mundo estamos?). Sin estas dos importantes \u00f3pticas daremos costosos palos de ciego, sin acertarle a la pi\u00f1ata. Ambas cuestiones \u2013 la propiamente humana y la verdaderamente mundial- se cruzan en un punto cr\u00edtico: el nuevo modo de hacer la empresa requiere, como ya he afirmado en otro lugar, un nuevo modo de ser del empresario. Nuevo modo de ser, expliquemos, que consiste no en fantasmag\u00f3ricas visiones, sino en el ser que realmente somos, es decir, verdaderos hombres (mejor: hombres verdaderos), y no suced\u00e1neos humanos, producto de provisionales culturas de pacotilla. El empresario ha de ser hoy, antes que nada, un hombre de cabeza abierta, mirada amplia, diafragma visual panor\u00e1mico. Este modo de ser es una implicaci\u00f3n direct\u00edsima del fen\u00f3meno econ\u00f3mico que ha dado en llamarse globalizaci\u00f3n. Ensanchar la mirada Nuestra mirada directiva se refer\u00eda antes a un contorno espec\u00edfico del mercado. Esta perspectiva mercantil ya no sirve: los mercados han perdido la posibilidad de manejarse en plural. El mercado m\u00e1s grande del mundo no son los Estados Unidos sino el mundo mismo. Resultamos ahora miopes no porque hayamos contra\u00eddo este defecto \u00f3ptico, sino porque se nos ha ensanchado el paisaje: nuestro primer cambio es el de alargar el horizonte de nuestra mirada, y ello no es f\u00e1cil para quienes estamos acostumbrados a la ceguera de taller. Necesitamos un instrumental informativo m\u00e1s complejo, s\u00ed, pero lo importante es una nueva actitud mental frente a la geograf\u00eda, una nueva perspectiva del mundo. Mas la globalizaci\u00f3n no se refiere s\u00f3lo al mercado de venta, como muchos suponen, sino, paralelamente, al de adquisici\u00f3n. El radio de nuestra proveedur\u00eda es ahora el planeta mismo, y esto es un fen\u00f3meno rigurosa y estrictamente contempor\u00e1neo, al relacionarse no s\u00f3lo con las materias primas que componen nuestro producto, sino con las partes mismas, ya elaboradas, que lo integran. Para poner un ejemplo muy pr\u00f3ximo (pues lleva mi propio apellido), un cigarro habano, cuya concepci\u00f3n original proviene de Cuba, se elabora hoy con tabaco recogido en las vegas de Santo Domingo, con fibras cultivadas en los tabacales de San Andr\u00e9s Tuxtla, Veracruz, y con la capa exterior proveniente de Camer\u00fan; las operaciones industriales se realizan en Kingston, Jamaica, y las comerciales se dirigen desde Nueva York. Se trata de un simple cigarro habano. A la globalizaci\u00f3n del mercado sigue el car\u00e1cter internacional del capital. No nos gusta que el capital mexicano se invierta en otro lado, pero, en cambio, estamos ansiosos de que los dem\u00e1s hagan con nosotros lo que criticamos. El capital siempre ha sido ap\u00e1trido, y hay que admitirlo as\u00ed. Nos hemos tenido que acostumbrar, a marchas forzadas, al hecho de que el papel comercial no ha de colocarse s\u00f3lo en las demarcaciones nacionales. La ampliaci\u00f3n de nuestras perspectivas entra\u00f1a que los modelos econ\u00f3micos hagan a los pa\u00edses atractivos lugares de inversi\u00f3n; esto no deben perderlo de vista los preconizadores de modelos nuevos para M\u00e9xico. 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Este convencimiento deriva de instancias ideol\u00f3gicas de cualquier color y traza. No obstante, dudo que muchos sepan qu\u00e9 quieren decir cuando piden un nuevo modelo econ\u00f3mico. Se dice que el neoliberalismo, no funciona socialmente por las inaceptables diferencias que genera: y no voy a discutirlo, aunque no sea m\u00e1s que para no ganarme la antipat\u00eda de unos y otros. El buen trabajo Lo que s\u00ed puedo afirmar es que ning\u00fan modelo econ\u00f3mico es capaz por s\u00ed solo de hacer que los hombres hagamos un buen trabajo, ese good work del que Schumacher hablara visionariamente. Para ello se necesita, adem\u00e1s de un acertado enfoque de la macroeconom\u00eda, un marco jur\u00eddico concorde, y sobre todo un conjunto de convicciones \u00e9ticas vividas por los ciudadanos: la disposici\u00f3n de realizar en nosotros un concepto verdadero del hombre. El buen trabajo no se desarrolla en las ideas abstractas, sino en las empresas concretas: es ahora la empresa y no los grandes esquemas estatales de la econom\u00eda, las que cargan sobre s\u00ed \u2013 para mal o para bien- el protagonismo de la prosperidad econ\u00f3mica y de la justicia social. Si este eje fundamental falla, las leyes y las supuestas tendencias econ\u00f3micas trazar\u00e1n sus juegos de artificio en el vac\u00edo. Para hacer un buen trabajo se precisa que el individuo \u00be el trabajo es propiedad inalienable del individuo, no de la colectividad\u00be sepa y quiera hacerlo. Ni los c\u00f3digos jur\u00eddicos ni los planes econ\u00f3micos har\u00e1n que los trabajadores, en cualquier nivel, quieran, si no quieren. Los individuos trabajan (cuando lo hacen) en las empresas, sean propias o sean ajenas: el ambulantaje no es sino un asombroso conjunto de peque\u00f1as empresas que rebrotan por las atarjeas de la necesidad. La empresa se ha convertido, as\u00ed, en el gozne de la capacitaci\u00f3n \u2013 que las personas sepan- y de la motivaci\u00f3n \u2013 que las personas quieran- . Parece que lo que necesitamos es un nuevo modelo de empresa, aunque no se desprecien ni las grandes visiones de la econom\u00eda ni los amplios marcos jur\u00eddicos. Este nuevo modelo de empresa se ve apremiado por dos instancias inesquivables: de una parte, el hombre que la constituye; de otra, el mundo en el que trabaja. Se requiere sin duda un concepto acertado del ser humano, para que la empresa potencie y acent\u00fae sus posibilidades (de ah\u00edla \u00e9tica;y se requiere, tambi\u00e9n, una profunda comprensi\u00f3n de los problemas mundiales (nuevos y complejos problemas mundiales) ante los que las empresas se encuentran en la presente d\u00e9cada. Los problemas econ\u00f3micos que padecemos no pueden resolverse atendiendo dom\u00e9sticamente a nuestras crisis particulares. Se necesita una profunda visi\u00f3n antropol\u00f3gica (\u00bfnos hemos equivocado de modelos o nos hemos equivocado de hombre?) y una amplia perspectiva mundial (\u00bfen qu\u00e9 mundo estamos?). Sin estas dos importantes \u00f3pticas daremos costosos palos de ciego, sin acertarle a la pi\u00f1ata. Ambas cuestiones \u2013 la propiamente humana y la verdaderamente mundial- se cruzan en un punto cr\u00edtico: el nuevo modo de hacer la empresa requiere, como ya he afirmado en otro lugar, un nuevo modo de ser del empresario. Nuevo modo de ser, expliquemos, que consiste no en fantasmag\u00f3ricas visiones, sino en el ser que realmente somos, es decir, verdaderos hombres (mejor: hombres verdaderos), y no suced\u00e1neos humanos, producto de provisionales culturas de pacotilla. El empresario ha de ser hoy, antes que nada, un hombre de cabeza abierta, mirada amplia, diafragma visual panor\u00e1mico. 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No nos gusta que el capital mexicano se invierta en otro lado, pero, en cambio, estamos ansiosos de que los dem\u00e1s hagan con nosotros lo que criticamos. El capital siempre ha sido ap\u00e1trido, y hay que admitirlo as\u00ed. Nos hemos tenido que acostumbrar, a marchas forzadas, al hecho de que el papel comercial no ha de colocarse s\u00f3lo en las demarcaciones nacionales. La ampliaci\u00f3n de nuestras perspectivas entra\u00f1a que los modelos econ\u00f3micos hagan a los pa\u00edses atractivos lugares de inversi\u00f3n; esto no deben perderlo de vista los preconizadores de modelos nuevos para M\u00e9xico. 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El buen trabajo no se desarrolla en las ideas abstractas, sino en las empresas concretas: es ahora la empresa y no los grandes esquemas estatales de la econom\u00eda, las que cargan sobre s\u00ed \u2013 para mal o para bien- el protagonismo de la prosperidad econ\u00f3mica y de la justicia social. Si este eje fundamental falla, las leyes y las supuestas tendencias econ\u00f3micas trazar\u00e1n sus juegos de artificio en el vac\u00edo. Para hacer un buen trabajo se precisa que el individuo \u00be el trabajo es propiedad inalienable del individuo, no de la colectividad\u00be sepa y quiera hacerlo. Ni los c\u00f3digos jur\u00eddicos ni los planes econ\u00f3micos har\u00e1n que los trabajadores, en cualquier nivel, quieran, si no quieren. Los individuos trabajan (cuando lo hacen) en las empresas, sean propias o sean ajenas: el ambulantaje no es sino un asombroso conjunto de peque\u00f1as empresas que rebrotan por las atarjeas de la necesidad. 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No nos gusta que el capital mexicano se invierta en otro lado, pero, en cambio, estamos ansiosos de que los dem\u00e1s hagan con nosotros lo que criticamos. El capital siempre ha sido ap\u00e1trido, y hay que admitirlo as\u00ed. Nos hemos tenido que acostumbrar, a marchas forzadas, al hecho de que el papel comercial no ha de colocarse s\u00f3lo en las demarcaciones nacionales. La ampliaci\u00f3n de nuestras perspectivas entra\u00f1a que los modelos econ\u00f3micos hagan a los pa\u00edses atractivos lugares de inversi\u00f3n; esto no deben perderlo de vista los preconizadores de modelos nuevos para M\u00e9xico. 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