{"id":22014,"date":"1995-09-01T00:00:00","date_gmt":"1995-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=22014"},"modified":"2023-11-08T06:07:34","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:34","slug":"el_diccionario_de_la_tolerancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1995\/09\/01\/el_diccionario_de_la_tolerancia\/","title":{"rendered":"El diccionario de la tolerancia"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22014\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Pocos conceptos sociol\u00f3gicos se han usado con tanta profusi\u00f3n en los discursos internacionales y poqu\u00edsimos se encuentran tan mal aclarados y entendidos. La tolerancia se ha convertido, como tantas, en una palabra ret\u00f3rica. El a\u00f1o mundial de la tolerancia deber\u00eda servir, qu\u00e9 duda cabe, para vivirla (con verdadera tolerancia no se dar\u00eda el penoso, vergonzoso y tr\u00e1gico desastre de Yugoeslavia), pero m\u00e1s a\u00fan para aclararla. Tal parece que los intelectuales se han dado m\u00e1s, con motivo de este a\u00f1o, a hablar de la tolerancia que a precisar lo que significa.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Un error hist\u00f3rico<br>\n<\/strong>En la recta intelecci\u00f3n de esta importante categor\u00eda de la convivencia humana se parte de un supuesto hist\u00f3rico equivocado: que la intolerancia aparece en la historia del hombre cuando una doctrina religiosa \u00be el cristianismo, y aun el catolicismo\u00be pretende sostener una verdad absoluta \u00be m\u00e1s: trascendente y sobrenatural\u00be y la tolerancia nace cuando el moderno racionalismo de la Ilustraci\u00f3n defiende los fueros de la libertad religiosa, precisamente en el momento (1753) en que Fran\u00e7oise Marie Arouet, conocido como Voltaire, pone en circulaci\u00f3n su Tratado sobre la tolerancia.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Hay en esto no uno, sino varios equ\u00edvocos.<br>\n<\/strong>Por un lado, el notable fen\u00f3meno de los m\u00e1rtires pone de manifiesto que el cristianismo, lejos de introducir la intolerancia en la sociedad de su tiempo, la padece, con un padecimiento que no ha sido f\u00e1cilmente igualado, ni siquiera tal vez en las masacres sovi\u00e9ticas y nazis. Pero, sobre todo, se ignora que la definici\u00f3n y precisi\u00f3n del riguroso concepto de tolerancia (la tolerancia sugiere en alg\u00fan caso falta de rigor pero su concepto exige una precisi\u00f3n rigurosa), fue definido, de manera que hasta ahora no ha podido superarse, por un fraile \u00a1dominico y medieval! Dice Tom\u00e1s de Aquino que \u201cen el r\u00e9gimen humano la autoridad tolera con acierto algunos males para no impedir algunos bienes o para que no se incurra en males peores\u201d y apela para ello a una afirmaci\u00f3n hecha por San Agust\u00edn ocho siglos antes, que tiene a\u00fan plena vigencia: \u201csi proscribes a las meretrices de la sociedad humana, perturbar\u00e1s las pasiones libidinosas de toda la sociedad\u201d.<\/p>\n<p>No se sabe que la tolerancia de Voltaire, de donde arranca nuestro concepto contempor\u00e1neo, es muy poco tolerante. Por un lado, el escrito de Voltaire m\u00e1s que un estudio sobre la tolerancia es un ataque a la intolerancia, a todo fanatismo, y especialmente al fanatismo religioso. Por otro lado, la exaltaci\u00f3n poco menos que absoluta de la tolerancia se logra mediante la infravaloraci\u00f3n de las verdades absolutas (ll\u00e1mese esta devaluaci\u00f3n relativismo, escepticismo, agnosticismo, indiferentismo) pues todas las verdades trascendentes \u201ccontribuyen igualmente al bien de la sociedad\u201d, no importando m\u00e1s que esta finalidad utilitaria y no su valor de verdad. Finalmente, siendo para \u00e9l la tolerancia el bien m\u00e1ximo de la convivencia humana, pone a la religi\u00f3n \u00be cualquier religi\u00f3n\u00be a su servicio: las religiones son \u00fatiles \u00be pragm\u00e1ticamente \u00fatiles, sirva el pleonasmo\u00be para que la tolerancia no se convierta en libertinaje; son un freno \u00be \u00e9sta es la palabra que emplea\u00be para los posibles excesos de la tolerancia. Pero, adem\u00e1s, la tolerancia volteriana es intolerable con el intolerante; no ya con la intolerancia sino con la persona que la sustenta. No deja de ser una paradoja que la consigna principal del autor del Tratado sobre la tolerancia consista precisamente en aplastar al infame, sea quien fuere el o la infame que habr\u00eda de ser aplastado.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>La tolerancia, el bien y el mal<br>\n<\/strong>El m\u00e9rito de la definici\u00f3n de tolerancia de Aquino, a que acabamos de aludir (tolerar es permitir la existencia de ciertos males para no provocar otros y para no impedir ciertos bienes), consiste en hacer compatibles dos instancias que en este momento se encuentran en contradicci\u00f3n: la inequ\u00edvoca existencia y oposici\u00f3n entre el bien y el mal; y al mismo tiempo la inexcusable tolerancia que en determinadas coyunturas debe tenerse con quien hace el mal. El mal se tolera y padece, y el bien se defiende y difunde. Para ello es necesaria la convicci\u00f3n de que el bien y el mal existen y son discernibles. Ambas realidades \u00be difusi\u00f3n del bien y tolerancia del mal\u00be se complementan autolimit\u00e1ndose: la defensa y difusi\u00f3n del bien tiene su l\u00edmite en la autonom\u00eda de la persona, que debe tambi\u00e9n defenderse, como un bien que es: por ello no puede coaccionarse para que la persona acepte contra su conciencia el bien que defiendo y difundo, y \u00be en salvaguarda de esa autonom\u00eda de su dignidad\u00be tolero y padezco que \u00e9l defienda y difunda el mal, siempre que a su vez la defensa y difusi\u00f3n del mal, que tolera mi tolerancia, no perturbe la autonom\u00eda que yo, igualmente, poseo para difundir y defender el bien.<\/p>\n<p>Esto puede a\u00fan sostenerse hoy d\u00eda: Robert Spa\u00ebman ha dicho recientemente que la tolerancia es \u201cel \u00fanico modo de hacer consonantes los bienes comunes de una sociedad y los derechos inalienables del individuo\u201d. La sociedad tiene bienes comunes y universales que deben respetarse, pero el individuo posee igualmente derechos inalienables que se deben salvaguardar. La tolerancia no se entiende del todo del solo lado de los bienes universales ni del solo lado de los derechos individuales, porque es el equilibrio entre ambos.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia, autorizaci\u00f3n y permiso<br>\n<\/strong>La definici\u00f3n de tolerancia dada por Tom\u00e1s de Aquino incluye sobriamente el verbo permittere, permitir (Deus permittit aliqua mala fieri in universo: Dios permite que acaezcan males en el universo, para que no se impidan bienes mayores o se sigan peores males).<\/p>\n<p>Pero la tolerancia, contempor\u00e1neamente entendida, no distingue entre cometer, autorizar y permitir. No se trata ya de que los males se cometan al amparo de la tolerancia, pues una ley elemental de la \u00e9tica humana, que a\u00fan rige al menos te\u00f3ricamente en todas las civilizaciones, nos impide obrar el mal para conseguir bienes o evitar males (ley que se expresa sucintamente, como todos saben, diciendo que el fin \u00be bueno\u00be no justifica los medios \u00be malos\u00be ). Pero tampoco se trata de autorizar que se hagan males, sino s\u00f3lo de permitirlos.<\/p>\n<p>Es important\u00edsimo entender \u00be porque ah\u00ed se encuentra la v\u00e9rtebra del conflicto\u00be que tolerar el mal no significa que el mal se convierta entonces, por magia de la tolerancia, en algo bueno. Sigue siendo malo, y por eso s\u00f3lo se tolera o permite. Autorizar, en su sentido m\u00e1s extremo, significa dar autoridad a alguien para que haga algo. Y permitir, tambi\u00e9n en su sentido l\u00edmite, tiene el sentido de no castigar. Podr\u00e1n darse circunstancias en que la frontera entre el autorizar y el permitir pueda llegar a hacerse muy sutil, pero el discernimiento ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil si se mantienen vivos en la conciencia del hombre los significados extremos del dar autoridad, por el lado de autorizar, y no castigar del otro lado. Esto explica por qu\u00e9 los partidarios del aborto tienen tanto cuidado en hablar de la despenalizaci\u00f3n y no de la autorizaci\u00f3n del aborto.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y proporci\u00f3n<br>\n<\/strong>A prop\u00f3sito: \u00bfno ser\u00e1 v\u00e1lido despenalizar, esto es, permitir el aborto, para evitar los evidentes males que se siguen de su prohibici\u00f3n o penalizaci\u00f3n? La tolerancia no s\u00f3lo requiere de la distinci\u00f3n entre el bien (el bien no se tolera, sino que se auspicia) y el mal (si no fuera mal no ser\u00eda tolerado, sino auspiciado;sino adem\u00e1s el de una objetiva proporci\u00f3n entre los bienes y los males. \u00c9ste es otro punto de los aciertos entra\u00f1ados en la breve e insuperable definici\u00f3n tomista de la tolerancia: se permite el mal para evitar males mayores o para no anular superiores bienes. La proporci\u00f3n es aqu\u00ed importante. El permitir cualquier mal, por cualquier raz\u00f3n, es precisamente el permisivismo, cuya fronda hace impracticables los caminos de la sociedad contempor\u00e1nea, y confunde las sendas de la tolerancia.<\/p>\n<p>Inspir\u00e9monos, como siempre, en la acci\u00f3n de Dios: \u00bfpor qu\u00e9 permite Dios que el hombre cometa acciones malas?, \u00bfpor qu\u00e9 permite que la ciza\u00f1a crezca junto al trigo? Porque al arrancar ahora la ciza\u00f1a se corre el peligro de arrancar el trigo, \u00a1y lo que queremos es que haya trigo, no que no haya ciza\u00f1a! De la misma manera, el \u00fanico modo de conseguir que el hombre no ejerza acciones malas, es el privarle de la libertad de hacerlas. Se conseguir\u00eda un buen comportamiento del aut\u00f3mata, no del hombre. As\u00ed traslada San Agust\u00edn sus propias cavilaciones a las presuntas cavilaciones de Dios: \u201cpens\u00f3 que los hombres ser\u00edan mejores servidores si libremente le serv\u00edan\u201d; es preferible que haya males con tal de que se salve la libertad.<\/p>\n<p>No es \u00e9se el caso del aborto: si se admite que el embri\u00f3n es vida humana \u00be y no hay modo de no admitirlo sin transgredir el sentido cient\u00edfico y el sentido com\u00fan\u00be , con la tolerancia de su muerte no podr\u00edamos evitar males mayores (\u00bfqu\u00e9 mayor mal que la muerte intencional de un inocente?), ni podr\u00edan salvarse mayores bienes (\u00bfqu\u00e9 bien mayor que el procurar la subsistencia de un ser humano inerme?).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y relativismo<br>\n<\/strong>Esto nos introduce en el meollo de la cuesti\u00f3n. El concepto moderno de tolerancia parece basarse en el indiferentismo o el relativismo: esto es, en la convicci\u00f3n de que no hay bienes absolutos, que deban defenderse por encima de todo, ni verdades objetivas, en las que no me est\u00e9 permitido ceder. La tolerancia fincada en el relativismo es herencia indudable de Voltaire, para el que es absurda la pretensi\u00f3n de quien juzga que posee la verdad. El relativismo es, en fin de cuentas, un subjetivismo: no hay bienes ni verdades absueltas (esto es, ab-solutas) de su relaci\u00f3n conmigo. De modo y manera que la verdad y el bien lo son s\u00f3lo en la medida de la relaci\u00f3n que yo guarde con ellos; es decir, en el grado en que yo considere aquello como bueno o como malo, como verdadero o como err\u00f3neo. Para decirlo al modo del relativismo, no deber\u00edamos personalizar: no es bueno o verdadero lo que yo considere como tal, sino lo que considere como tal cada uno. Claro se ve que, si hay tantas verdades y bienes como individuos, la tolerancia es el valor absoluto v\u00e1lido para todos. Pero, \u00bfnos salva la tolerancia del caos que se genera por este giro antropol\u00f3gico? Si el bien y la verdad no me trascienden, sino que arrancan de m\u00ed, \u00bfqui\u00e9n me defender\u00e1 del atropello de los que consideren que mi mal es su bien? \u00bfNo ser\u00e1 la tolerancia el derribo, desde su inicio, de toda eventual defensa?<\/p>\n<p>Si no hay verdades ni bienes absolutos, la tolerancia se convierte, curiosamente, en producto espurio del ego\u00edsmo humano. En efecto, si mi verdad es equivalente a la tuya, \u00bfpor qu\u00e9 debo tolerar tu verdad, que es diferente de la que yo sustento, y en cambio no defenderla y difundirla como si fuera la m\u00eda? Se me dir\u00eda que debo tolerarla porque los dem\u00e1s tienen el derecho de sostener sus propias verdades. Esto est\u00e1 muy bien dicho, pero no es lo que yo pregunto. Lo que yo pregunto es: \u00bfpor qu\u00e9 debo sostener mi verdad y tolerar tu verdad si las dos, la m\u00eda y la tuya, tienen, por definici\u00f3n, total equivalencia? La \u00fanica raz\u00f3n que puede darme el relativista es que yo no tolero mi verdad, sino que la sostengo, la defiendo y la difundo, y en cambio no sostengo ni defiendo ni difundo la verdad del otro, sino que la tolero, por la sola y mera raz\u00f3n de que la primera verdad es mi propia verdad y la segunda es la verdad ajena. La tolerancia se ha convertido, as\u00ed, en el \u00e9nfasis del ego\u00edsmo: a la verdad del otro la tolero, y a la m\u00eda no la tolero sino que la afirmo y defiendo. Se ve que la tolerancia del relativista se encuentra a un paso milim\u00e9trico de la intolerancia m\u00e1s peligrosa, puesto que tiene su origen en el ego\u00edsmo, sostenido como principio.<\/p>\n<p>En efecto, si por el camino de la verdad absoluta y de la tolerancia al error puedo llegar a un equilibrio, por el camino de la verdad s\u00f3lo relativa y la tolerancia puedo llegar a la tiran\u00eda. (Parece indiscutible que el dictador Robespierre, durante el despotismo de la libertad o la \u00e9poca del terror, se inspir\u00f3 en las ideas de Rousseau y Voltaire).<\/p>\n<p>Ya sabemos lo que ocurre cuando alguien considera que su verdad debe imponerse sobre la de los dem\u00e1s (porque \u00e9sta es precisamente su verdad: que \u201csu verdad debe ser impuesta\u201d) y tiene poder para hacerlo. Si yo, serbio, considero bueno que los bosnios deban ser extinguidos \u00be y parece que estoy muy cerca de considerarlo\u00be y si toda verdad es verdadera para cada uno, \u00bfqu\u00e9 defensa tendr\u00e1n los bosnios?, \u00bfqu\u00e9 defensa tuvieron los jud\u00edos en tiempos del nazismo?, \u00bfno era la verdad del racista tan verdadera como la de cada uno? Bien pronto se ve que el relativismo tiene que entrar en retroceso y admitir que hay al menos una verdad universal que debe ser respetada por todos, so pena de extinci\u00f3n: la defensa de la vida humana, de la dignidad de la persona. Y esta verdad es universal y absoluta: porque no hablo de mi vida humana, sino de toda vida humana; ni de mi persona, sino de toda persona: el relativismo se ha desvanecido.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y democracia<br>\n<\/strong>La ausencia de un conjunto de verdades inamovibles no puede ser suplida con la democracia. La democracia no es capaz de hacer el milagro para que, por fuerza de votaci\u00f3n, lo malo se convierta en bueno y en verdadero lo falso. \u00bfHabr\u00e1 alguna diferencia para los bosnios asesinados si su muerte ha sido o no decidida por una parlamentaria mayor\u00eda serbia?, \u00bftendr\u00e1n alg\u00fan consuelo al saber que su muerte ha sido decidida mayoritariamente? Cuando se confunde la verdad con el error, lo bueno con lo malo, se arruinan el pluralismo y la democracia. Como lo dice claridosamente Rafael Termes, \u201cpara que todas las opciones privadas sean igualmente v\u00e1lidas, ninguna debe ser verdadera. \u00c9sta es la triste consecuencia del relativismo o pluralismo mal entendido: sin verdad que sirva de punto de referencia, nada es mejor ni peor\u201d.<\/p>\n<p>Estamos hablando de un conjunto de verdades. En realidad, para que no hubiera relativismo, habr\u00eda de admitirse que hay, que se dan, que existen, bienes verdaderos, con independencia de la moment\u00e1nea consideraci\u00f3n personal y humana. Con ese convencimiento, nos abocar\u00edamos a la tarea de buscar esas verdades, y de encontrarlas, porque hay algunas que est\u00e1n muy a la vista. M\u00e1s a\u00fan, si no partimos de esa aceptaci\u00f3n, no podr\u00edamos entendernos entre nosotros. Es el mismo Termes quien le dice a un interlocutor que no coincide con \u00e9l en absoluto: \u201cno tengo m\u00e1s remedio que concluir que, si ambos no estamos equivocados, \u00e9l tiene la raz\u00f3n o la tengo yo; lo que, ni por cortes\u00eda, puedo admitir es que los dos tengamos raz\u00f3n\u201d. Lo que podr\u00eda hacerse es tolerar que el otro piense como lo hace pero no admitir que est\u00e1 en la verdad. Porque el principio de no contradicci\u00f3n es una de las verdades absolutas que han de respetarse si queremos relacionarnos como seres inteligentes. \u00bfQu\u00e9 otras verdades hemos de aceptar universalmente para vivir en sociedad? Incluso quienes no aceptan verdades absolutas sino s\u00f3lo reglas de discusi\u00f3n o procedimientos que deben respetarse en cada caso, est\u00e1n aceptando una larga lista de cosas: \u201caceptan \u00be dice Termes\u00be que todos los seres que intervienen en la b\u00fasqueda del consenso son seres racionales y personas dignas; aceptan que todos admitir\u00e1n los l\u00edmites que impone la convivencia; aceptan que cualquier persona, por el hecho de serlo, est\u00e1 inclinada a respetar las decisiones justas, etc\u00e9tera\u201d.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Relativismo e intolerancia<br>\n<\/strong>Octavio Paz, en su pen\u00faltima obra, Itinerarios, admite, con exceso de bonom\u00eda respecto del relativismo, que \u201cnos ha dado muchas cosas buenas y la mejor entre ellas ha sido la tolerancia, el reconocimiento del otro\u201d. Pero esta inicial actitud positiva no le impide presentar al relativismo como una felix culpa que nos ha tra\u00eddo venturosamente la tolerancia, pero que arrastra una cauda de males inocultables. Estamos, pues, as\u00ed, de nuevo, frente a la tolerancia tomista (que brota de la consideraci\u00f3n del bien y del mal, de lo verdadero y lo falso) y la tolerancia volteriana (que nace del relativismo universal: todo es relativo, y por ello debemos tolerarnos \u00be excepto con el intolerante\u00be ). Para Paz, en efecto, el relativismo universal es contradictorio: \u201cning\u00fan relativismo puede ser universal sin dejar de ser relativismo\u201d, pues al menos ser\u00eda verdad absoluta que todo es relativo. Por esto mismo dec\u00eda Ortega que el relativismo es una doctrina suicida. Y sigue Paz: \u201cme doy cuenta de que el relativismo \u00be aparte de su intr\u00ednseca debilidad filos\u00f3fica\u00be es una forma atenuada y en cierto modo hip\u00f3crita del nihilismo. Nuestro nihilismo es solapado y est\u00e1 recubierto de una falsa benevolencia universal. Es un nihilismo que no se atreve a decir que lo es\u201d. En presunta independencia o ignorancia mutua, hay aqu\u00ed un coincidente casual consenso en pensadores de muy diversa raigambre. Se trata de una venturosa coincidencia occidental, desde tres puntos cardinales: el saj\u00f3n, el germano y el latino. Poco antes de que el N\u00f3bel mexicano dijera que la cultura de hoy (en que \u201ctriunfa un relativismo universal\u201d) esconde un nihilismo atenuado, recubierto de benevolencia, William Pftaff (International Herald Tribune, 1993) y Robert Spa\u00ebman (Universidad de Colonia, 1993) denominaron a este nihilismo epid\u00e9rmico, nihilismo vanal, que podr\u00eda llamarse, si no fuera pleonasmo, nihilismo anodino: no es que el hombre carezca de sentido, sino que al hombre contempor\u00e1neo le importa un bledo el busc\u00e1rselo, y prefiere vivir como si no lo poseyera.<\/p>\n<p>Y es aqu\u00ed como se ve, con meridiana claridad, que la tolerancia volteriana, hongo \u00be venenoso o ben\u00e9fico\u00be que brota del turbio relativismo universal, termina siendo intolerante. El relativismo que impera hoy es intolerante con el que admite verdades absolutas que dan sentido a su existencia. Se le obliga culturalmente a ser vanalmente nihilista; y, en caso de no serlo, se le denomina precisamente intolerante, dogm\u00e1tico, fundamentalista\u2026<\/p>\n<p>Ninguna intolerancia debe ser admitida; pero, puestos a ser intolerantes, parecer\u00eda m\u00e1s l\u00f3gico serlo con quien quiere desperdiciar su vida en una nihilista vanalidad y no con quien quiere darle sentido y misi\u00f3n a su propia vida y a la de los dem\u00e1s. \u00bf\u00c9ste ser\u00eda el infame que habr\u00eda de ser aplastado? Me pregunto en mis peores momentos si hay una intolerancia mayor que la de impedirme vivir como si mi vida tuviera sentido; si hay intolerancia m\u00e1s profunda que la de pretender arrebatarle a alguien el sentido de su vida.<br>\nOctavio Paz, por laberintos diversos, desemboca finalmente en un concepto de tolerancia que, como el de Aquino, no s\u00f3lo no prescinde, sino que se apoya en el discernimiento del bien y del mal. \u201cArriesgo una hip\u00f3tesis: tal vez una de las causas de la progresiva degradaci\u00f3n de las sociedades democr\u00e1ticas ha sido el tr\u00e1nsito de valores fundados en un absoluto, es decir, en una metahistoria, al relativismo contempor\u00e1neo\u201d. Pero, entre l\u00edneas, puede verse que la vigencia de ese absoluto metahist\u00f3rico no es incompatible ni con la democracia ni con la tolerancia. \u00c9stas no requieren que todo sea relativo, sino que lo absoluto, aun si\u00e9ndolo, no se imponga a los dem\u00e1s por medio de la fuerza: \u201cLa tolerancia implica que, al menos en la esfera p\u00fablica, nuestras convicciones religiosas y morales no sean obligatorias para todos, sino solamente para aquellos que las comparten con nosotros\u201d.<\/p>\n<p>Esta hip\u00f3tesis arriesgada por Paz es, en cambio, una tesis definitiva del Concilio Vaticano II: que los hombres \u201cact\u00faen seg\u00fan su propio criterio y hagan uso de su libertad responsable, no movidos por coacci\u00f3n, sino guiados por la conciencia del deber\u201d.<\/p>\n<p>No obstante, la presencia del nihilismo escala niveles de enorme trascendencia p\u00fablica: en nuestro pa\u00eds, en nombre de la tolerancia se prohibe en la escuela estatal la ense\u00f1anza de toda religi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 tolerancia es \u00e9sa? Bas\u00e1ndose en el principio v\u00e1lido y admitido de que no debe imponerse una religi\u00f3n determinada, se impone el mandato de no ense\u00f1ar ninguna. \u00bfNo nos mostrar\u00eda la tolerancia m\u00faltiples caminos y sistemas para evitar tanto la imposici\u00f3n de una religi\u00f3n como la proscripci\u00f3n de todas?, \u00bfno es acaso el arrancar el destino trascendente del hombre, y hacerlo desde la ni\u00f1ez indefensa, la peor, por totalitaria y profunda, de las intolerancias? Si para no imponer a un adolescente una profesi\u00f3n determinada se le ofrecen diversas opciones en su bachillerato, \u00bfno cabr\u00eda optar por diversas v\u00edas en busca del propio destino metaf\u00edsico o incluso la de la negaci\u00f3n de todo destino futuro?<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y fundamentalismo<br>\n<\/strong>Acabamos de tropezar con el hecho sociol\u00f3gico de que hoy a quien sostiene convicciones firmes, que considera como verdades absolutas (pretensi\u00f3n volteriana absurda), se le llama intolerante y fundamentalista. No cabe duda de que el fundamentalismo implica intolerancia. Pero, \u00bfes intolerancia la firmeza de convicciones? A nadie se le escapa que en la respuesta a esta pregunta nos jugamos la solidez de los valores que vivimos, los que los vivimos. Hay una emergente tendencia contempor\u00e1nea que responde a ese nihilismo vanal con un insistente retorno a los valores cl\u00e1sicos y b\u00e1sicos. Ha de saberse que este retorno a lo b\u00e1sico no es identificable con el fundamentalismo. El fundamentalista, s\u00ed, sostiene convicciones determinadas y no acepta negociar con ellas: a lo que nada debe objetarse, puesto que hay convicciones no negociables. Pero lo que define al fundamentalismo no es s\u00f3lo la tenencia de una convicci\u00f3n firme: se caracteriza por su inflexibilidad est\u00e1tica. En sentido contrario, el cristianismo se ha se\u00f1alado a lo largo de la historia por su din\u00e1mica interna: no pretende que el mundo sea como es, aunque llegara \u00be como lleg\u00f3\u00be a hacerse cristiano, sino mantenerlo cristiano en su continuo devenir otro distinto (Etienne Gilson). Finalmente el fundamentalista mantiene una actitud que le lleva a imponer sus convicciones a los dem\u00e1s, incluso haciendo uso de la fuerza f\u00edsica, actitud que Octavio Paz y la declaraci\u00f3n conciliar, cada uno por su lado, acaban de se\u00f1alar como el meollo de la intolerancia.<\/p>\n<p>Ante el lamentable deterioro de los adictos al nihilismo vanal (s\u00f3lo el placer y el consumo tienen sentido), el fundamentalista opta por un retorno, pero retorno a un sistema totalitario de la peor catadura, no por ser materialista y econ\u00f3mico, sino ideol\u00f3gico y expansionista, con expansionismos de guerra santa.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia e igualdad<br>\n<\/strong>Nuestra propuesta \u00be la de la recuperaci\u00f3n de los valores b\u00e1sicos del hombre sencillo\u00be , en cambio, quiere dar un amplio espacio a la tolerancia. El nihilismo vanal, que es la forma contempor\u00e1nea del relativismo, confunde la tolerancia con la indiferencia, la tolerancia con la igualdad. La sociedad liberal tiende a decolorar los m\u00e9ritos de la tolerancia. El derecho a la tolerancia se va transformando en derecho a la igualdad axiol\u00f3gica. Todos los valores son equiparables desde el mero momento en que haya uno solo \u00be uno solo es la minor\u00eda m\u00e1s absoluta\u00be que los sustente. Esto se ve con prisma de aumento en los puntos \u00e1lgidos de nuestra actual sociedad: la drogadicci\u00f3n, el homosexualismo, la pornograf\u00eda\u2026<\/p>\n<p>Una cosa es que se tolere la postura individual del drogadicto, del libertino, del alcoh\u00f3lico y del gay, por fuerza de la dignidad de toda persona, y otra cosa es que sus comportamientos se erijan en encarnaci\u00f3n de valores generalizables en el conjunto social. No han de confundirse los conceptos de pluralismo y tolerancia con la indefinici\u00f3n \u00e9tica. Sin convicciones firmes y verdaderas, se diluyen la seriedad de la vida y la fuerza de los valores, que se convierten en postulados insostenibles, precisamente porque resulta igualmente posible sostenerlos todos a la vez, aunque sean contradictorios.<\/p>\n<p>Con ello nos introducimos en el espinoso asunto de otra p\u00e1gina del diccionario de la tolerancia: el concepto de la intransigencia respecto de lo verdadero.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia e intransigencia<br>\n<\/strong>Puy Mu\u00f1oz nos hace ver c\u00f3mo en el entramado social debe darse cabida al hecho de que la verdad es una y excluyente (esto es, excluye la verdad de la proposici\u00f3n opuesta), y por eso frente a los derechos de la verdad ha de valer el principio de intransigencia. Pero, al mismo tiempo, se ha de aceptar que la estimaci\u00f3n cognoscitiva humana, por la naturaleza misma limitada del hombre, es varia y parcial. Ante este hecho, ha de valer el principio de tolerancia, precisamente por la variedad y parcialidad de las estimaciones humanas.<\/p>\n<p>Articula as\u00ed Puy Mu\u00f1oz el principio de intransigencia o\u00adntol\u00f3gica (del ser de las cosas), en virtud del cual han de defenderse y difundirse los derechos de la verdad una y excluyente, junto con el principio de tolerancia gnoseol\u00f3gica (del conocer de las personas), que da cabida a las diversas estimaciones humanas acerca de la verdad o\u00adntol\u00f3gica, incluso en el caso de que aquellas estimaciones sean err\u00f3neas.<\/p>\n<p>De acuerdo con el principio de tolerancia a cualquiera le est\u00e1 permitido difundir lo que considera verdadero. Por ello mismo, el principio de intransigencia no capacita a imponer la verdad, aun cuando fuera absoluta.<\/p>\n<p>La interrelaci\u00f3n de ambos principios (hay verdades absolutas, aunque nuestra estimaci\u00f3n pueda ser parcial) no tolera el error a costa de la verdad, porque todo ser humano se encuentra moral e internamente obligado a llegar a la verdad absoluta, aunque se le tolere socialmente que no lo logre. De esta manera se margina el gran peligro de la tolerancia: que gracias a ella lo malo se tome por bueno y por verdadero lo err\u00f3neo.<br>\nLa tolerancia se hace necesaria en virtud de la dignidad de la persona, pero tambi\u00e9n por causa de la falibilidad de esta. Si el hombre no pudiera equivocarse pr\u00e1ctica o te\u00f3ricamente, no requerir\u00eda de la tolerancia. Por eso, tolerar el error, insistimos, no es considerar la equivocaci\u00f3n como acierto, sino tener en cuenta que en determinadas circunstancias reprimir el error ser\u00eda un mal m\u00e1s grande que permitirlo. La permisi\u00f3n del error es, pues, considerada no como virtud sino, precisamente, como mal menor. En esto tambi\u00e9n difieren la tolerancia del Aquinate y la tolerancia de Voltaire.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y falibilidad<br>\n<\/strong>En aquellos casos en que, para una determinada persona, su error es invencible, la persona que est\u00e1 en el error no ser\u00e1 inculpada, pero el error sigue siendo error, por mucho que disculpemos de \u00e9l a la persona. En la moral cat\u00f3lica la tolerancia se encuentra \u00edntimamente conexa con la conciencia moral err\u00f3nea invencible: aunque debamos exculpar al que yerra involuntariamente, no podemos dar por verdadera su equivocaci\u00f3n. El que se lleva del estacionamiento un autom\u00f3vil ajeno creyendo que es el propio, no ser\u00e1 moralmente culpable, pero no por eso hay un cambio real en la factura de propiedad del autom\u00f3vil.<\/p>\n<p>La tolerancia no mina los fundamentos de la verdad, sino que se limita a hacer posible la convivencia. Al afirmar con fuerza an\u00e1loga la intransigencia o\u00adntol\u00f3gica y la tolerancia gnoseol\u00f3gica no colocamos a la tolerancia en la cumbre de los principios sociales pero damos cabida al principio de solidaridad, seg\u00fan el cual todos estamos obligados moralmente a procurar (no a coaccionar) que nuestro pr\u00f3jimo salga del error, lo mismo que estamos obligados nosotros a no incurrir en \u00e9l. Por ello, es muy importante retener, otra vez con Puy Mu\u00f1oz, que para defender la tolerancia no es en modo alguno necesario sostener, como se sostiene hoy generalmente, que:<\/p>\n<p>a) todos los sistemas de juicios son igualmente verdaderos (relativismo)<br>\nb) todos los sistemas de juicios son igualmente falsos (escepticismo)<br>\nc) los principios supremos son incognoscibles por el individuo (agnosticismo personal) o por la comunidad (indiferentismo social).<\/p>\n<p><strong>Estas<\/strong> afirmaciones no son, como tambi\u00e9n se cree, condiciones de la posibilidad democr\u00e1tica. Al contrario, Michael Novak ha mostrado recientemente que uno de los cuatro principios que sostienen la democracia en cualquier sociedad es que la verdad importa. Incluso quienes no creen en Dios admiten la diferencia entre la verdad y la mentira. El relativismo no es democr\u00e1tico, porque si no hay verdad, el entendimiento, la raz\u00f3n, el di\u00e1logo, no cuentan. S\u00f3lo queda apelar a la voluntad. Cuando no es la verdad la que impera, la voluntad se impone, que es la alternativa totalitaria.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Intransigencias y concesiones nobil\u00edsimas<br>\n<\/strong>Pensamos que Josemar\u00eda Escriv\u00e1 de Balaguer, gracias en buena parte a la extraordinaria difusi\u00f3n de su libro Camino, ha introducido de manera generalizada en la cultura del cristiano actual de un modo asequible y pr\u00e1ctico, el convencimiento de que la verdad y la caridad no son contrarios que deban conciliarse, sino absolutos vitales que el cristianismo hace f\u00e1cilmente compatibles y arm\u00f3nicos. Por eso puede afirmarse, con \u00e9l, que la caridad nos lleva a concesiones nobil\u00edsimas y la verdad a intransigencias nobil\u00edsimas tambi\u00e9n. La intransigencia, en efecto, deriva de la persuasi\u00f3n de la verdad del propio ideal, en el que ni por amistad se puede ceder, como tampoco por amistad se conceder\u00eda que dos m\u00e1s dos son cinco.<\/p>\n<p>Pero esta intransigencia no es intemperancia y ser intransigente no es lo mismo que ser cerril, porque se debe, s\u00ed, ser intransigente en la doctrina y en la conducta, pero blando en la forma.<\/p>\n<p>La caridad, adem\u00e1s, nos lleva a un atractivo rejuego de transigencia e intransigencia: transigencia para las miserias ajenas e intransigencia para las propias.<\/p>\n<p>\u00bfNo estamos aqu\u00ed hablando del reverso, en el cristiano, de lo que es el anverso en el relativismo? En \u00e9ste, siendo todas las opiniones equivalentes, defiendo las m\u00edas y tolero las ajenas; pero aqu\u00ed se nos insta a ser tolerante con las miserias ajenas, al tiempo que intolerante con las propias.<\/p>\n<p>Se atisba que esta intransigencia respecto de la verdad y transigencia con las personas, nos coloca en una posici\u00f3n de 180 grados frente a la violencia derivada de una supuestamente inevitable lucha de clases, secuela comunista a\u00fan vigente en M\u00e9xico. El comunismo con su pretensa lucha de clases, partera de la historia, persegu\u00eda terminar con el hombre que hac\u00eda el mal \u00be y lo logr\u00f3 en varias decenas de millones, durante la \u00e9poca de Stalin\u00be en tanto que en la doctrina cristiana se nos insta a terminar con el mal que hace el hombre, pero precisamente \u00a1para salvar al hombre! No hay que aplastar al infame sino a la infamia.<\/p>\n<p>La intransigencia con el error y la transigencia con el que yerra es una m\u00e1xima secular del cristiano, de acuerdo con la lapidaria consigna de Agust\u00edn de Hipona: diligite homines, interficite errores: acabad con los errores, pero amad a los hombres.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia, opini\u00f3n y respeto<br>\n<\/strong>Otra de las desviaciones contempor\u00e1neas es pensar que, si hemos de tolerar los errores, declarados como tales, m\u00e1s a\u00fan son tolerables las opiniones, en las que la posibilidad de error est\u00e1 todav\u00eda en suspenso.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la filosof\u00eda tradicional, se encuentra en estado de certeza quien se halla seguro de que su afirmaci\u00f3n es verdadera. Y en esa misma filosof\u00eda tradicional se define la opini\u00f3n como el asentimiento a la verdad de un juicio con temor de la verdad opuesta. No hay en la opini\u00f3n un rechazo seguro de la posibilidad contraria, que pudiera tal vez \u00be y queda as\u00ed un residuo de duda\u00be ser verdadera, lo que significa, de alguna manera indirecta, que no se ha asumido por completo la alternativa elegida, por cuanto cabe que quiz\u00e1 \u00be permitiendo ese resto de duda\u00be pudiera resultar falsa.<\/p>\n<p>Hay asuntos en los que al hombre no le cabe saber, porque no puede; pero le est\u00e1 permitido (y aun exigido) estimar, calcular, anticiparse\u2026 Pertenece, en efecto, a la raz\u00f3n de ciencia afirmar que es imposible que lo que se sabe sea en realidad de otra manera, mientras que pertenece a la raz\u00f3n de opini\u00f3n considerar que lo que se estima como verdadero puede ser en realidad distinto.<\/p>\n<p class=\"subtit\">Se ve con claridad que:<\/p>\n<p><strong>a)<\/strong> hay verdades cient\u00edficas (esto es, que constituyen un conocimiento cierto basado en razones seguras), al punto que no pueden ser impunemente negadas, sin que el sujeto quede atrapado en contradicci\u00f3n con otras verdades elementales y consigo mismo. As\u00ed, el ser no es el no ser, el todo es mayor que la parte, los \u00e1ngulos internos de un tri\u00e1ngulo equivalen a dos \u00e1ngulos rectos, el bien debe procurarse y el mal evitarse, constituyen verdades ciertas sobre las que no cabe opini\u00f3n, sino certeza, bien porque su objeto es evidente de suyo, bien porque ha podido hacerse evidente mediante demostraciones ya conocidas y seguras.<\/p>\n<p><strong>b)<\/strong> Hay, en cambio, verdades, sobre las que cabe que, en un determinado punto de nuestra existencia, no est\u00e9n revestidas a\u00fan de personal certeza. Tal puede ser, por caso, el hecho de la existencia de Dios la cual, para alguno, por circunstancias que no podemos analizar aqu\u00ed, puede no ser, o no ser a\u00fan, una verdad cierta. Pero trat\u00e1ndose, como se trata, de una cuesti\u00f3n fundamental para el propio destino, el individuo no debe mantenerse en un estado de opini\u00f3n (menos a\u00fan de duda), sino que habr\u00e1 de procurar \u00be por razones no\u00e9ticas y por razones morales\u00be allegarse la certeza que le falta.<\/p>\n<p>De parecida manera, poseemos s\u00f3lo una opini\u00f3n acerca de la composici\u00f3n molecular del agua y podr\u00edamos mantenernos en ese simple estado, mientras no nos vi\u00e9ramos en la coyuntura de resolver, por nuestra situaci\u00f3n, circunstancia, oficio o cargo, un problema estrechamente relacionado con tal composici\u00f3n molecular. Si no lo hici\u00e9ramos as\u00ed, nuestra postura ser\u00eda equiparable a lo que se llama ignorancia debida y vencible (la falta de certeza, sea en la opini\u00f3n, sea en la duda, sea en el error, constituye una suerte de ignorancia, por lo que implica de falta de conocimiento).<\/p>\n<p><strong>c)<\/strong> Finalmente hay verdades que no ser\u00e1n nunca objeto de certeza, porque corresponde a su estructura no\u00e9tica el pertenecer al \u00e1mbito subjetivo de la opini\u00f3n, pues se trata de verdades que no tienen m\u00e1s valor que el subjetivo. \u00c9ste ser\u00eda el caso de la proposici\u00f3n acerca de la calidad de Rafael como pintor comparada con la de Miguel \u00c1ngel \u00be o de Picasso comparada con la de Van Gogh. Procurar que este g\u00e9nero de opiniones se convierta en certeza entra\u00f1ar\u00eda una especie de dogmatismo impl\u00edcito, y en el orden social imponer tal tipo de opiniones es propio de la tiran\u00eda.<\/p>\n<p>En referencia con la opini\u00f3n y la tolerancia se dan, as\u00ed, tres tipos de verdades que han de distinguirse con claridad:<br>\na) Verdades que son objeto de certeza y no pueden serlo de opini\u00f3n so pena que el individuo entre en contradicci\u00f3n con otras verdades fundamentales evidentes, que ser\u00eda tanto como entrar en contradicci\u00f3n consigo mismo (esto es, del entendimiento con el entendimiento).<\/p>\n<p>b) Verdades que no son para m\u00ed a\u00fan objeto de certeza pero acerca de ellas mi inteligencia no ha de descansar hasta que lo sean (por deber de mi oficio en la comunidad o por deber de mi oficio inexcusable de hombre).<\/p>\n<p>c) Verdades que no son objeto de certeza, y la inteligencia har\u00eda muy mal empecin\u00e1ndose en que lo sean. Debe tenerse criterio para permanecer en el estado de opini\u00f3n en que se encuentran. Cuando hablamos de opiniones, en el sentido fuerte del vocablo, nos referimos precisamente a los juicios de este \u00faltimo rango, los que por su estructura, dijimos, pertenecen m\u00e1s al \u00e1mbito del sujeto que del objeto.<\/p>\n<p><strong>D<\/strong>eterminado as\u00ed el \u00e1mbito de la opini\u00f3n, parecer\u00eda que toda opini\u00f3n, justamente por su dimensi\u00f3n subjetiva y no definitiva, habr\u00eda de ser objeto privilegiado de nuestra tolerancia: debo tolerar la opini\u00f3n ajena. Pero si bien se mira, tolerar \u00be sufrir, padecer, soportar\u00be la opini\u00f3n ajena, no ser\u00eda por ser opini\u00f3n (ya que, al serlo, no sabemos si est\u00e1 equivocada) sino por ser ajena. Se descubre de nuevo aqu\u00ed el ego\u00edsmo del relativista disfrazado de tolerancia: la opini\u00f3n ajena debe soportarse por ser ajena, por no ser m\u00eda. Si la tolerancia es un mal menor, aqu\u00ed el mal menor ser\u00eda el otro (e incluso el mal mayor, porque el infierno, dir\u00e1 Sartre, son los otros).<\/p>\n<p>En este punto el pensamiento cristiano, precisamente por el alt\u00edsimo grado que concede a la dignidad humana, ha dado un paso de gigante en favor de la persona. Recu\u00e9rdese que la tolerancia se refiere a no impedir el mal o el error de otros, pudiendo evitarlo. Por ello, tolerar lo que se considera indiferente u opinable carece de sentido: lo opinable debe ser reconocido, respetado, y no meramente tolerado.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y di\u00e1logo<br>\n<\/strong>Este respeto es condici\u00f3n imprescindible para que exista el di\u00e1logo, y el di\u00e1logo es, a su vez, conditio sine qua non para que se puedan sostener inteligentemente opiniones diversas.<\/p>\n<p>El valor formativo del di\u00e1logo para la inteligencia tiene un car\u00e1cter general, pues la inteligencia del hombre, desde la filosof\u00eda antigua, fue detectada no en cuanto inteligencia l\u00f3gica sino, m\u00e1s a\u00fan, dial\u00f3gica. Como ya fue advertido por Wittgenstein, lo que sabe uno s\u00f3lo no lo sabe nadie. El pensamiento solitario es tan irregular como el hecho de hablar a solas. Pero el di\u00e1logo posee, adem\u00e1s, un valor espec\u00edfico, como tambi\u00e9n supieron ya los antiguos, en el campo de lo que puede ser de otra manera, en el de lo mudable y contingente, que es el circuito propio de la opini\u00f3n. Si en el \u00e1mbito te\u00f3rico cient\u00edfico se requiere sobre todo el rigor de la l\u00f3gica, en la atm\u00f3sfera de lo opinable la l\u00f3gica se ve suplida por el consejo, por la concurrencia de pareceres. Dado que la opini\u00f3n es una verdad vista desde una determinada perspectiva, con el temor al peso de una perspectiva opuesta, el di\u00e1logo se ostenta como necesario para conocer estas otras perspectivas que se consideran de fuerza inferior o no se atendieron, o no se advirtieron.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo, en este terreno, no corresponde s\u00f3lo a lo que hoy se llama intercambio de opiniones. Lo m\u00e1s v\u00e1lido de \u00e9l es la comunicaci\u00f3n de los fundamentos racionales de cada una de las opiniones en juego.<\/p>\n<p>Esta comunicaci\u00f3n puede no proporcionarnos certeza (la finalidad del di\u00e1logo no se reduce a ello), ni siquiera la convergencia un\u00e1nime, que tampoco es el objetivo del di\u00e1logo, v\u00e1lido incluso en el caso de disensi\u00f3n; pero s\u00ed puede dar lugar a tres fen\u00f3menos que deben subrayarse: el cambio de opini\u00f3n, el conocimiento de los fundamentos en que se basan otras opiniones diversas de la m\u00eda, y la advertencia del valor o falta de m\u00e9rito de las razones en que mi opini\u00f3n se basa, contrastada con las de otros. En concreto, una inteligencia no se encuentra bien formada mientras no adquiera la capacidad de cambiar de opini\u00f3n. Aqu\u00ed se inhiere el formidable temple moral requerido para buscar sistem\u00e1ticamente la verdad y permanecer en ella (lo que implica cambiar de opini\u00f3n cuando se demuestra que no era verdadera la anteriormente pose\u00edda).<\/p>\n<p>El di\u00e1logo por el que se intercambian los fundamentos racionales de las distintas opiniones sobre un tema, se encuentra \u00edntimamente vinculado con la actitud existencial y social de esa tolerancia que ahora toma la modalidad del respeto. Sin respeto no es posible el di\u00e1logo. Pero en el momento actual, en que el hecho de la tolerancia no suele ser bien entendido, el di\u00e1logo puede convertirse en un serio obst\u00e1culo para la formaci\u00f3n del entendimiento. El entendimiento se perfecciona mediante la verdad y s\u00f3lo mediante ella. Pero si la tolerancia significara que no hay nunca verdades ciertas, y que todas son susceptibles de ponerse en la tela de juicio de la discusi\u00f3n, entonces las posibilidades de perfeccionamiento de la inteligencia quedan canceladas sin salida, y el di\u00e1logo resulta palabrer\u00eda in\u00fatil.<\/p>\n<p>El respeto nos impulsa, en cambio, a entender las razones por las que nuestro interlocutor afirma lo contrario. Respeto es comprensi\u00f3n, no asentimiento; es la situaci\u00f3n privilegiada que nos permite relacionarnos, en el sentido m\u00e1s amplio del verbo, con quien piensa de distinto modo del nuestro \u00be e incluso con quien est\u00e1 patentemente en el error y entonces el respeto adquiere la modalidad de tolerancia\u00be no por obsequio de lo que piensa, sino de su persona, que siempre es merecedora de todo el respeto, a t\u00edtulo de persona. Ha de discernirse bien, por tanto, entre el respeto con las personas por un lado y por otro la admisi\u00f3n de que todo puede ser verdadero, bastando s\u00f3lo que haya alguien que lo proponga independientemente de las razones en que se apoye.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y estad\u00edstica<br>\n<\/strong>Pero en el momento actual el criterio de verdad no es ya la manifestaci\u00f3n patente de las realidades sobre las que juzgamos, sino la mayor\u00eda. La vehemencia de las opiniones, en la que se apoyaba el hombre decimon\u00f3nico, se ha sustituido ahora por su n\u00famero. La democracia, que es un sistema para convenir la manera de reglar nuestra convivencia, se transforma as\u00ed en su reverso: en el totalitarismo de la verdad; pues la verdad no se produce por la mera suma de lo opinable. Nunca una opini\u00f3n, por numerosa y popular que sea, puede convertirse en verdad, debido a ese s\u00f3lo hecho: la verdad no se origina a partir de la publicidad o la propaganda, como se lleg\u00f3 a decir en tiempos del nazismo. La mayor\u00eda puede ser ahora el fen\u00f3meno social m\u00e1s intolerante. El sol no dej\u00f3 de moverse cuando Cop\u00e9rnico demostr\u00f3 el heliocentrismo: era ya inm\u00f3vil antes de que los habitantes de la tierra lo supi\u00e9ramos.<\/p>\n<p>El imperio de la estad\u00edstica es uno de los modernos obst\u00e1culos para la consecuci\u00f3n de la verdad, que la inteligencia s\u00f3lo desarrolla pensando por s\u00ed misma, o, dicho negativamente, su perfeccionamiento no es el producto de la acumulaci\u00f3n de los conocimientos u opiniones obtenidos por los dem\u00e1s. E incluso puede llegarse, por ese camino de la estad\u00edstica, a aberraciones monstruosas tanto en el nivel te\u00f3rico como en el nivel pr\u00e1ctico. Tal ocurre con el hombre medio, de Tonquelet: si las estad\u00edsticas suecas se\u00f1alan que durante un a\u00f1o se producir\u00e1 un determinado n\u00famero de asesinatos, los delincuentes que privasen de vida en Estocolmo a un n\u00famero de ciudadanos englobado dentro de aquella cifra, no deber\u00edan considerarse asesinos, pues ya estaban estad\u00edsticamente predeterminados a dar muerte a ese m\u00ednimo de personas: verdadero asesino ser\u00eda quien privara de su vida a uno m\u00e1s de los previstos; es decir, el que no respetase la estad\u00edstica.<\/p>\n<p>En resumen, en relaci\u00f3n con el respeto y la tolerancia, hemos de asentar que el hombre se ve obligado a opinar, pero:<br>\na) no todas las opiniones son plausibles (sino las que cuenten con un proporcionado fundamento racional;b) ni todo es opinable (como opina el relativismo;c) ni es posible que toda opini\u00f3n sea elevada al grado de certeza (pues hay un sano pluralismo en el orden de los pensamientos).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tolerancia y amistad<br>\n<\/strong>Nos cuenta Octavio Paz en sus Itinerarios que, cuando se percat\u00f3 de los enga\u00f1os y falacias del sistema comunista y se retract\u00f3 de su ideolog\u00eda, se qued\u00f3 sin amigos. La tolerancia (o el respeto, en el caso de la opini\u00f3n) no es s\u00f3lo una actitud intelectual y teor\u00e9tica, sino que, en su plenitud, implica una importante dimensi\u00f3n existencial.<\/p>\n<p>Acabamos de ver c\u00f3mo la tolerancia puede adquirir la forma intransigente respecto de la verdad en cuesti\u00f3n y la transigencia respecto de la persona que sostiene un error en relaci\u00f3n con ella. Con San Agust\u00edn habr\u00e1 que manifestar nuestra renuencia a admitir los errores, pero ello no entra\u00f1a en modo alguno el rechazo a las personas que los sostienen.<\/p>\n<p>La actitud cristiana de la vida nos dice que es posible ser fiel a la verdad y fiel a la relaci\u00f3n amistosa. Estamos hablando de la \u00fanica religi\u00f3n que se ha atrevido audazmente a postular el amor al enemigo. Porque ninguna persona queda totalizada por ninguno de sus aspectos. El amor de amistad se refiere a la persona toda entera, y la persona es mult\u00edvoca y poliforme: es el \u00fanico ser del universo que no puede verse m\u00e1s que abarcando el multicolor caleidoscopio de todos sus matices. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00e9 de rechazar a un amigo cuando disiente de m\u00ed en su ideolog\u00eda? \u00bfNo resulta rid\u00edculo distanciarse de una persona por la desavenencia en una opini\u00f3n deportiva? \u00bfAcaso no se pueden tener verdaderos amigos m\u00e1s que entre los afiliados a un mismo partido? \u00bfDebemos pertenecer a la misma profesi\u00f3n para que surja la amistad entre nosotros? \u00bfNo se resiste la persona a ser vista monocordemente bajo el prisma \u00fanico de cada uno de estos aspectos?<\/p>\n<p>La tolerancia entra\u00f1a sin duda, intelectualmente, un cierto desapego respecto de la proposici\u00f3n err\u00f3nea o la conducta equivocada que se tolera, por cuanto que no se asume, ni se autoriza, sino s\u00f3lo se permite. Pero esta posici\u00f3n en el nivel intelectual no tiene por qu\u00e9 transminarse a los dem\u00e1s niveles de la vida. El subsumir la riqueza de la vida humana en una de sus solas dimensiones \u00be y especialmente en la del entendimiento\u00be constituye un totalitarismo existencial tan peligroso incluso como el totalitarismo pol\u00edtico. Ya dijimos que ni por amistad, ni por cortes\u00eda \u00be como dir\u00eda Termes\u00be podemos admitir que dos y dos no sean cuatro. Pero hemos de a\u00f1adir que no debemos dejar de ser amigos de quien sostenga que son cinco. Nuestro nivel de amistad no coincide con el de la aritm\u00e9tica.<\/p>\n<p>Al tener en cuenta que toda persona conlleva una complejidad de aspectos, al punto que ninguno de ellos, aisladamente tomado, la define, hemos de destacar por lo menos dos aspectos esenciales de todo individuo humano: el entendimiento y la voluntad. Los hombres pueden querer las mismas cosas, aunque piensen de distinta manera; y coincidir en su modo de entender la realidad aunque tengan metas volitivas diferentes y aun opuestas.<\/p>\n<p>Una de las realidades que me atrajo la mirada en mis relaciones con el Opus Dei fue precisamente el saber que se trataba de la primera instituci\u00f3n de la Iglesia que admit\u00eda jur\u00eddicamente como cooperadores a quienes no fueran cat\u00f3licos, ni aun cristianos. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n precisamente porque hoy, con buena voluntad, suelen considerarse compatibles la disidencia intelectual y la existencial amistad, excepto en el caso de la verdad religiosa. Se ignora el ya cl\u00e1sico aserto de P\u00edo XII: \u201cla afirmaci\u00f3n de que la desviaci\u00f3n religiosa y moral ha de ser siempre impedida (\u2026) no puede tener un valor de absolutismo incondicionado\u201d.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 se piense as\u00ed porque es en la religi\u00f3n en donde parece que la tolerancia es m\u00e1s dif\u00edcil e incluso que la intolerancia es recomendable. En efecto, como lo dicen Martinell Griff\u00e9 y Puy Mu\u00f1oz, la religi\u00f3n \u00be m\u00e1s que la filosof\u00eda y la pol\u00edtica\u00be mantiene \u201cen vilo la vida humana en toda su plenitud\u201d. Sin embargo, precisamente porque toda religi\u00f3n entra\u00f1a una profunda relaci\u00f3n de los hombres con Dios, es contradictorio el que sea la religi\u00f3n precisamente quien separe a los hombres entre s\u00ed.<\/p>\n<p>La amistad nos lleva a respetar el parecer de los dem\u00e1s \u00be aunque lo juzguemos err\u00f3neo\u00be en obsequio de la libertad del amigo. Entonces se engendra la tolerancia , que no es ya el perd\u00f3n gratuito al error, mirado con desprecio desde arriba, sino la postura que hace posible ser fiel a la verdad y conservar al amigo como tal.<\/p>\n<p>Una clara expresi\u00f3n natural de la amistad ser\u00eda la de una tolerancia reduplicativa: \u201ccuando, consciente y seguro de poseer la verdad, tolero que el amigo adopte con respecto a m\u00ed una actitud de tolerancia, como si la verdad estuviera de su parte, y sin admitir que lo est\u00e9\u201d.<\/p>\n<p>Pase lo que pase en el turbio mare magnum de nuestras opiniones, hemos de tener la convicci\u00f3n de que es posible conservar una estrecha relaci\u00f3n de amistad en el meollo mismo de la divergencia intelectual.<\/p>\n<p>Mientras no pensemos as\u00ed, mientras no pensemos que no hay ning\u00fan infame que aplastar, sino que podemos tender la mano amiga a todo cong\u00e9nere, no habremos traspasado el umbral de la verdadera tolerancia, para quedarnos en el estrecho pasillo de la tolerancia volteriana.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"22014\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para muchos la tolerancia s&oacute;lo se hace posible en un clima cultural laxo, en donde no se admiten verdades absolutas. &iquest;Puede coexistir la tolerancia con convicciones firmes y seguras?<\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":2655767,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[44,1218],"tags":[45,24],"class_list":["post-22014","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-gestionincertidumbre","category-coloquio","tag-gestionincertidumbre","tag-ejemplar_220"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v21.2 (Yoast SEO v27.6) - 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