{"id":21522,"date":"1994-11-01T00:00:00","date_gmt":"1994-11-01T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=21522"},"modified":"1994-11-01T00:00:00","modified_gmt":"1994-11-01T05:00:00","slug":"amor_y_familia_en_octavio_paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/","title":{"rendered":"Amor y familia en Octavio Paz"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"21522\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Hasta donde llega mi informaci\u00f3n, Octavio Paz no ha abordado nunca de modo directo y sistem\u00e1tico el tema de la familia y el matrimonio. Sin embargo, si nos zambullimos con atenci\u00f3n en sus obras, cunden chispazos que poco a poco llegan a iluminar una multitud de facetas de estas realidades. Y no escasean las sorpresas. Tampoco las lecciones.<br>\nDe \u00e9stas \u00faltimas adelanto una que viene bien como pre\u00e1mbulo: no se debe reconstruir su opini\u00f3n sobre esta materia alrededor de una o dos afirmaciones, ni siquiera a partir de todas las que tratan ese tema, sino s\u00f3lo a partir de una visi\u00f3n global de su pensamiento. Este es un principio elemental del estudio de todo pensador (y de todo tema), pero se descuida m\u00e1s frecuentemente cuando se trata de un autor cuyas ideas est\u00e1n al alcance de un p\u00fablico extremamente amplio y llegan a gentes que ni las buscaban.<br>\n<strong>EL AMOR<\/strong><br>\nLa puerta obligada para entrar en materia es el tema que s\u00ed ha tratado Paz de modo sistem\u00e1tico, el amor, tan l\u00facidamente descrito en La llama doble. Ahora se\u00f1alar\u00e9 algunos puntos que me parecen relevantes, pero remito al lector al libro mismo -cuya lectura aconsejo vivamente- y a la rese\u00f1a que de \u00e9l publiqu\u00e9 en el n\u00famero 211 de esta revista. La idea aue domina en este largo ensavo, tanto en la parte hist\u00f3rica (cap\u00edtulos 1 a 5 ) como en la que podr\u00edamos llamar sistem\u00e1tica (cap\u00edtulos 5 a 9), es que la noci\u00f3n de persona es el constitutivo esencial de nuestra imagen del amor y que la persona est\u00e1 constituida, a su vez, por la unidad de alma y cuerpo. En muchas p\u00e1ginas se percibe como una fascinaci\u00f3n, un estupor ante la unidad del hombre, unidad que desaf\u00eda muchos de nuestros esquemas racionales, sobre todo esos esquemas dualistas de la modernidad que invitan a tomar partido por el alma o por el cuerpo.<br>\nEl primer cap\u00edtulo se abre con una descripci\u00f3n de la experiencia po\u00e9tica que la presenta como el \u2018testimonio de los sentidos\u2019, una revelaci\u00f3n de la unidad del hombre: la mirada del esp\u00edritu encuentra, a trav\u00e9s de los ojos de la carne, \u2018otro mundo, el mundo otro que es este mundo\u2019 (la Llama \u2026, p.9). En el sentido estricto del t\u00e9rmino \u2018poes\u00eda\u2019, se trata de la recreaci\u00f3n del poema a partir del texto escrito; en el caso del amor humano, es el acceso a la persona a trav\u00e9s de su cuerpo. As\u00ed pues, la experiencia po\u00e9tica, que en tantos otros campos se vive como una evidencia de unidad suficientemente fuerte como para rechazar, con la autoridad de la vida, a las razones que imponen quiebras en nuestro ser, es tambi\u00e9n aqu\u00ed un llamado a confiar m\u00e1s en nuestra sensibilidad.<br>\nPor sensibilidad entiendo la percepci\u00f3n inmediata, no alterada por formulaciones razonadas, esa capacidad de comprensi\u00f3n que tantas veces no va acompa\u00f1ada de la capacidad de justificar lo comprendido. Si es posible hablar de sensibilidad en este sentido, es decir, m\u00e1s all\u00e1 de lo estrictamente sensible, es gracias a la unidad del hombre, de la que el ensayo de Paz est\u00e1 embebido: \u201ccuando hablo de persona humana no evoco una abstracci\u00f3n: me refiero a una totalidad concreta. He mencionado una y otra vez a la palabra alma y me confieso culpable de una omisi\u00f3n: el alma, o como quiera llamarse a la psiquis humana, no s\u00f3lo es raz\u00f3n e intelecto: tambi\u00e9n es una sensibilidad. El alma es cuerpo: sensaci\u00f3n; la sensaci\u00f3n se vuelve afecto, sentimiento, pasi\u00f3n\u201d (La Llama\u2026, pp.170-171).<br>\nQue el amor es una relaci\u00f3n entre personas puede parecer una afirmaci\u00f3n in\u00fatil por obvia. Sin embargo, cada vez que nos rehusamos a conceder el nombre de amor a algo que se quiere hacer pasar por tal est\u00e1 de por medio la presencia\/ausencia de la persona. Evidentemente, no se trata de que la acci\u00f3n la realice o no una persona, pues en ese sentido todo acto del hombre es personal. Se trata de que en la acci\u00f3n entre en juego su espec\u00edfico ser personal. \u201cHacer el amor\u201d es una metonimia de gran fuerza y belleza dentro del contexto de la unidad alma\/cuerpo. La metonimia es un recurso ret\u00f3rico (un tropo) que sustituye el nombre de la causa por el del efecto -viceversa-, el del continente por el del contenido -o viceversa-, etc\u00e9tera, como en \u201cleer a Cervantes\u201d, \u201cdar una caridad\u201d, o \u201ccoadyuvar con Los Pinos\u201d. \u201cHacer el amor\u201d es una expresi\u00f3n<br>\nmeton\u00edrnica porque, aunque textualmente s\u00f3lo alude a la puesta en obra de un acto de amor, la realidad significada es mucho m\u00e1s rica: amor no es s\u00f3lo el efecto del acto sino tambi\u00e9n su causa y, adem\u00e1s, el acto es en s\u00ed mismo amor y manifestaci\u00f3n de amor. El problema est\u00e1 en que es posible realizar una acci\u00f3n f\u00edsicamente id\u00e9ntica que no sea ni acto ni efecto ni manifestaci\u00f3n de amor a la que, por su valor paradigm\u00e1tico, sigamos aludiendo con la expresi\u00f3n \u201chacer el amor\u201d. El resultado es tan lamentable y<br>\ndeformante como el actual uso de \u201ccaridad\u201d como sin\u00f3nimo de \u201climosna\u201d.<br>\n\u00bfD\u00f3nde se ha de buscar la presencialausencia de la persona? Si, por ejemplo, el \u201cpartner\u201d puede ser sustituido indiferentemente por otro que d\u00e9 el mismo resultado, es claro que la atenci\u00f3n no se dirig\u00eda a la persona. Es \u00e9sta justamente \u201cla l\u00ednea que se\u00f1ala la frontera entre el amor y el erotismo. El amor es una atracci\u00f3n hacia una persona \u00fanica: a un cuerpo y a un alma\u201d (La Llama\u2026, p.33). Hace a\u00f1os Paz hab\u00eda escrito precisamente que \u201cel erotismo tiende a enaltecer no el car\u00e1cter \u00fanico del objeto er\u00f3tico sino sus singularidades y exentricidades\u201d. La expresi\u00f3n \u201cobjeto er\u00f3tico\u201d es sumamente reveladora: en el puro erotismo el otro es un objeto, no un sujeto, no una persona.<br>\nEn <em>La llama doble<\/em> encontramos dos afirmaciones complementarias muy densas de significado por el hecho de coincidir en su formulaci\u00f3n: \u201cHay una conexi\u00f3n \u00edntima y causal, necesaria, entre las nociones de alma, persona, derechos humanos y amor\u201d (p.129), y \u201cHay una conexi\u00f3n \u00edntima y causal entre amor y libertad\u201d (p.157). Muchas conclusiones importantes pueden salir de estas premisas. Una consecuencia de esta conexi\u00f3n la hab\u00eda enunciado Paz en una entrevista de 1978: \u201cNi el concepto de alma ni el de persona y menos a\u00fan el de libertad aparecen en el erotismo\u201d. \u00bfPor qu\u00e9, entonces, el erotismo se hace pasar tan f\u00e1cilmente por libertad? Es una de las falacias, uno de los \u201ctiros por la culata\u201d de la modernidad -la desvirtuaci\u00f3n del mercado libre, de los partidos pol\u00edticos, de los medios de comunicaci\u00f3n, etc\u00e9tera (cfr. La Llama\u2026, p.160) que, en el tema que nos ocupa, consiste en llamar \u201clibertad er\u00f3tica\u201d a una servidumbre.<br>\nEn mi opini\u00f3n, lo que aqu\u00ed se delinea es una libertad en sentido fuerte: la libertad es fuerte en la medida en que se despliega en unos valores objetivos y los realiza, no en la medida en que se despega de ellos y menos a\u00fan en la medida en que no hubiera tales valores. Es en la cr\u00edtica de Paz al mercado puro, a una cierta concepci\u00f3n de democracia y al relativismo donde m\u00e1s claramente se puede apreciar esta afirmaci\u00f3n de la exigencia de un orden natural. Por este motivo me parece oportuno exponer estas ideas antes de pasar a ver lo que dice expl\u00edcitamente a prop\u00f3sito de la familia y el matrimonio.<br>\n<strong>LA LIBERTAD <\/strong><br>\nSi ante afirmaciones como \u201cla libertad no es absoluta\u201d nos sentimos defraudados o menos libres que antes, hay algo en nuestra noci\u00f3n de libertad que la deforma sustancialmente. Ese car\u00e1cter no absoluto, si se comprende cabalmente, no deja lugar a la desilusi\u00f3n o, si se prefiere, nos des-ilusiona en serio, porque nos libera de una ilusi\u00f3n de libertad que nos esclavizaba. Es ilusoria y no deseable una \u201clibertad\u201d que carezca de toda orientaci\u00f3n. Una libertad as\u00ed ser\u00eda una condenaci\u00f3n, como lo vio l\u00facidamente Sartre, quien, con admirable coherencia, \u00aben un momento de desesperaci\u00f3n dijo: \u201cEl infierno es los otros\u201d. Frase terrible pues los otros son nuestro horizonte: el mundo de los hombres. (\u2026) Olvid\u00f3 quiz\u00e1 que el nosotros es un t\u00fa colectivo: para amar a los otros hay que amar antes al otro, al pr\u00f3jimo. Nos hace falta, a los modernos, redescubrir el t\u00fa\u00bb (Hombres\u2026, p.123).<br>\nEI t\u00fa me revela, en primer lugar, que si mi libertad no es absoluta es porque es m\u00eda y no de mi vecino. En la enc\u00edclica Veritatis splendor se lee que la libertad \u201cno tiene su origen absoluto e incondicionado en si misma sino en la existencia en la que se encuentra y que representa para ella, al mismo tiempo un l\u00edmite y una posibilidad\u201d. Al ser m\u00eda, le est\u00e1 vedado actuar en el siglo XV, o en las islas Comores, o con gustos de adolescente, o con sensibilidad de mujer, o con virtudes de que carezco, etc\u00e9tera.\u00a0 Al mismo tiempo, al ser m\u00eda, es posible que yo quiera escribir este art\u00edculo, que lo escriba con los recursos que tengo, etc\u00e9tera. Aqu\u00ed surge una nueva determinaci\u00f3n que trae consigo el t\u00fa: mi libertad no es absoluta porque hay otras libertades. No es procedente apelar a mi libertad para publicar este art\u00edculo, pues por el mism0 precio la directora de la revista apelar\u00e1 a la suya. Ahora bien, as\u00ed como al ser m\u00eda, mi libertad recibe una limitaci\u00f3n y al mismo tiempo su realidad as\u00edtambi\u00e9n la libertad del otro relativiza la m\u00eda al tiempo que la confirma como libertad. Por eso Paz termina el comentario a Sartre arriba citado -un homenaje in memoriam, de 1980- con una par\u00e1frasis: \u201cla libertad es los otros\u201d, (Hombres\u2026, p.125).<br>\nLa libertad es tan poco absoluta como la persona. La persona dice esencia mente relaci\u00f3n a otro y es en esta relacionalidad donde se despliega su libertad. Al recibir en 1982 el Premio Cervantes, Paz precis\u00f3 que \u201cla libertad, que comienza por ser la afirmaci\u00f3n de mi singularidad, se resuelve en el reconocimiento del otro y de 10s otros: su libertad es condici\u00f3n de la m\u00eda. En su isla Robinson no es realmente libre; aunque no sufre voluntad ajena y nadie lo constri\u00f1e, su libertad se despliega en el vac\u00edo. La libertad del solitario es semejante a la soledad del d\u00e9spota, poblada de espectros. Para realizarse, la libertad debe encarnar y enfrentarse a otra conciencia y a otra voluntad: el otro es, simult\u00e1neamente, el l\u00edmite y la fuente de mi libertad\u201d.<br>\nEsta libertad finita, condicionada9, que se despliega ante otras libertades, parece destinada al c\u00e1lculo, al equilibrio de libertades, al pacto sobre los \u00e1mbitos de actuaci\u00f3n. Pero la realidad es otra. Las libertades no pueden ser objeto de adiciones y sustracciones. En esto consiste la cr\u00edtica que Paz dirige a un modo actualmente muy extendido de entender la democracia que deforma su verdadero sentido. \u201cLa democracia no es una panacea: es una forma de convivencia, un sistema para que la gente no se mate, para que los gobiernos se renueven pac\u00edficamente y los presidentes entren en el Palacio presidencial por la puerta del voto. La democracia nos ense\u00f1a a convivir y nada m\u00e1s\u201d. El \u00e9nfasis en el car\u00e1cter puramente funcional de la democracia pone en evidencia otra determinaci\u00f3n de la libertad, quiz\u00e1 la m\u00e1s olvidada -o rechazada- en nuestra \u00e9poca: su referencia a un orden objetivo.<br>\nLa necesidad de que la libertad tenga un criterio de actuaci\u00f3n aparece desde hace tiempo en las reflexiones de Paz sobre la democracia y el mercado, pero de manera especial en los \u00faltimos a\u00f1os. Particularmente notable en este sentido es Itinerario\u201d (otro libro que no hay que dejar de leer). En el ensayo autobiogr\u00e1fico que da nombre al volumen afirma que el sistema democr\u00e1tico hoy dominante se caracteriza por el relativism0, que consiste, entre Otras Cosas, en no se\u00f1alar a la sociedad meta alguna ni c\u00f3digo de valores. Por tal motivo \u201ceste sistema no contesta a las preguntas fundamentales que se han hecho los hombres desde que aparecieron sobre la tierra. Todas ellas se cifran en la siguiente: \u00bfcu\u00e1l es el sentido de mi vida y a d\u00f3nde voy? En suma, el relativismo es el eje de la sociedad democr\u00e1tica: asegura la convivencia civilizada de las personas, las ideas y las creencias; al mismo tiempo, en el centro de la sociedad relativista hay un hueco, un vac\u00edo que sin cesar se ensancha y que deshabita las almas\u201d (Itinerario, p.126).<br>\nEl vac\u00edo, generado por la visi\u00f3n reductiva de la libertad (como pura ausencia de v\u00ednculos), puede ser eliminado con la\u00a0 recuperaci\u00f3n de una libertad orientada a la plenitud de la persona. Esa plenitud se encuentra en la comuni\u00f3n con el otro, con otra persona, que es otra libertad. Ahora bien, si la libertad es pura ausencia de v\u00ednculos, pretender que una libertad se plenifique gracias a otra libertad es como querer llenar un vac\u00edo con vac\u00edo. En direcci\u00f3n opuesta de este absurdo, Paz rescata la vinculaci\u00f3n entre libertad y virtud y echa de menos los tiempos en que la salud pol\u00edtica estaba cimentada en la virtud de los ciudadanos. Virtud \u201cdenota siempre dominio sobre nosotros mismos. Cuando la virtud flaquea y nos dominan las pasiones -casi siempre las inferiores: la envidia, la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza- las rep\u00fablicas perecen. Cuando ya no podemos dominar a nuestros apetitos, estamos listos para ser dominados por el extra\u00f1o\u201d (Itinerario, p. 132).<br>\nLa democracia no puede ser de suyo un ideal de vida\u201d. Tampoco, evidentemente, el mercado, que es inmisericorde. Pero no hemos de pensar \u00fanicamente en el drama de los condenados a malvivir en la miseria sino tambi\u00e9n en la desgracia, no menor, de quienes en la holgura llevan una vida menos humana, porque \u201caparte de las injusticias y desigualdades que produce, el mercado da\u00f1a moral y espiritualmente a los hombres pues substituye la antigua noci\u00f3n de valor por la de precio. Ahora bien, las cosas m\u00e1s altas y mejores -la virtud, la verdad, el amor, la fraternidad, la libertad, el arte, la caridad, la solidaridad- no tienen precio\u201d (Itinerario, p.235).<br>\nVuelve ahora esa \u00edntima conexi\u00f3n entre alma, persona, derechos humanos, amor y libertad. Paz se sit\u00faa claramente contra corriente cuando pone en conexi\u00f3n la moralidad p\u00fablica y los derechos humanos: \u201cEs extra\u00f1o que en una \u00e9poca en que se habla tanto de derechos humanos, se permita el alquiler y la venta, como se\u00f1uelos comerciales, de im\u00e1genes del cuerpo de hombres y mujeres para su exhibici\u00f3n, sin excluir a las partes m\u00e1s \u00edntimas. Lo escandaloso no es que se trate de una pr\u00e1ctica universal y admitida por todos sino que nadie se escandalice: nuestros resortes morales se han entumecido\u201d (La Llama\u2026, p.1 58)<br>\n<strong>LA FAMILIA<\/strong><br>\nHay algunas afirmaciones elementales que, aunque est\u00e1n dichas de paso, no por ello carecen de importancia. Se les puede incluso atribuir la fuerza de lo que seda por supuesto. Octavio Paz sostiene que la familia \u201ces el n\u00facleo y el alma de cada sociedad\u201d (Itinerario, p.173), la cual, por ende, no puede subsistir sin la familia. S obre este car\u00e1cter esencial de la familia no se detiene, pues le parece incuestionable, al menos si se presupone la \u00edndole social del hombre. Lo que a mi juicio constituye la contribuci\u00f3n m\u00e1s relevante de Paz es la consideraci\u00f3n de la familia como trasmisora de cultura. La humanizaci\u00f3n del hombre va m\u00e1s all\u00e1 de lo biol\u00f3gico y es justamente la familia el medio ordinario por el que la natura recibe su acabamiento de cultura que intr\u00ednsecamente exige. Sobre el caso concreto de nuestro pa\u00eds afirmaba Paz en 1975: (En el fondo de la psiquis mexicana hay realidades recubiertas por la historia y por la vida moderna. Realidades ocultas pero presentes. (\u2026) La familia es una realidad muy poderosa.<br>\nEs el hogar en el sentido original de la palabra: centro y reuni\u00f3n de los vivos y los muertos, a un tiempo altar, cama donde se hace el amor, fog\u00f3n donde se cocina, ceniza que entierra a los antepasados. La familia mexicana ha atravesado casi indemne varios siglos de calamidades y s\u00f3lo hasta ahora comienza a desintegrarse en las ciudades. La familia ha dado a los mexicanos sus creencias, valores y conceptos sobre la vida y la muerte, lo bueno y lo malo, lo masculino y lo femenino, lo bonito y lo feo, lo que se debe hacer y lo indebido. En el centro de la familia: \u201cel padre\u201d.<br>\nA la vuelta de once a\u00f1os Paz se pronunciaba diversamente sobre la figura central de la familia: \u201cLa sociedad hispanocat\u00f3lica es comunitaria y su n\u00facleo es la familia, peque\u00f1o sistema solar que gira alrededor de un astro fijo: la madre\u201d. Este cambio de parecer consiste en una profundizaci\u00f3n. El protagonismo del padre tiene una vigencia<br>\nsuperficial, responde con datos externos a la cuesti\u00f3n sobre \u201cqui\u00e9n manda\u201d. Pero esos actos de mando no configuran a las personas y a los pueblos en profundidad como la acci\u00f3n de la madre. Paz piensa que la familia, mientras no deje de ser\u00a0 familia, es suficientemente fuerte como para conservar la identidad de un pueblo. A prop\u00f3sito de los latinoamericanos que viven en los Estados Unidos asegura: \u201cLa familia es el centro cultural; mientras haya familia hisp\u00e1nica, familia chicana, familia puertorrique\u00f1a y familia mexicana en los Estados Unidos, habr\u00e1 supervivencia cultural de lo hisp\u00e1nico en los Estados Unidos\u201d.<br>\nCiertamente es posible tambi\u00e9n perder el sentido de la mesura acerca de los valores familiares, pero \u00e9ste no ser\u00eda nunca un motivo suficiente para descalificar en pleno la instituci\u00f3n familiar: \u201cEn el dominio de la econom\u00eda tambi\u00e9n es urgente despertar energ\u00edas y fuerzas no utilizadas. Por ejemplo, la familia. En Jap\u00f3n ha sido un foco de creaci\u00f3n econ\u00f3mica y cultural. En M\u00e9xico tambi\u00e9n podr\u00eda serlo. Es verdad que la familia mexicana ha tenido una influencia negativa pues ha sido el origen del patrimonialismo y el nepotismo. Los lazos familiares y amistosos han sido m\u00e1s fuertes que los lazos ideol\u00f3gicos y que las consideraciones t\u00e9cnicas. Nuestros prohombres han protegido a sus parientes con puestos p\u00fablicos y prebendas. Pero es imposible olvidar que la familia mexicana ha sido el centro de la solidaridad social y la depositaria de los valores tradicionales\u201d.<br>\nLos textos anteriores, a la luz de los referentes a la libertad, muestran una concepci\u00f3n de la familia basada en una configuraci\u00f3n del ser humano dada, no estipulada, creadora de cultura, no fruto de ella. Cierto, es una peculiar naturaleza que exige terminantemente una autorrealizaci\u00f3n, una autocreaci\u00f3n, a tal punto que es del todo imposible encontrar una naturaleza humana en estado puro: los hombres aparecen siempre recreados por s\u00ed mismos. El papel de la familia en esta recreaci\u00f3n es complejo. La familia ofrece un sinn\u00famero de conformaciones seg\u00fan las culturas, pero ella, en s\u00ed misma, pertenece a la configuraci\u00f3n dada del hombre. El hombre es un ser en el que lo dado comprende la exigencia de lo no-dado, y el no-dado forma un patrimonio susceptible de trasmisi\u00f3n (es decir, de ser dado), en la cual el primer escal\u00f3n es ordinariamente<br>\nla familia. En ella lo dado y lo no dado est\u00e1n tan entrelazados que parecen indiscernibles, como se puede ver en las mencionadas dimensiones sexualidad\/erotismo\/amor, que son precisamente eso, dimensiones de una realidad \u00fanica. Que el erotismo (cultura) niegue a la sexualidad (naturaleza) es un modo de hablar: la niega en el sentido de que va m\u00e1s all\u00e1, pero en realidad la asume. Otro tanto acontece en la trasfiguraci\u00f3n del erotismo por el amor. Bien dice Paz que no se trata de un paso de lo corporal a lo espiritual sino a lo personal, que consiste en una unidad alma\/cuerpo.<br>\nDesde este contexto veo presentarse en el horizonte de nuestras consideraciones un paso que Paz no da y que vendr\u00eda a reforzar poderosamente su canto a la unidad de la persona humana. La experiencia po\u00e9tica le permite superar la visi\u00f3n racionalista de quien en lo sexual s\u00f3lo percibe una realidad biol\u00f3gica o, con la a\u00f1adidura del elemento cultural, una relaci\u00f3n sujeto\/objeto; la supera hasta perfilar la noci\u00f3n de amor que ya expusimos. \u00bfP0r qu\u00e9 no aplicar la misma experiencia a la g\u00e9nesis de cada persona<br>\nhumana? Relegar la reproducci\u00f3n al \u00e1mbito de la naturaleza \u00bfno es quitar humanidad al inicio de la humanidad? Si el acto conyugal no es pura sexualidad sino tambi\u00e9n erotismo y amor en estrecha unidad donde el amor asume las otras dimensiones, por qu\u00e9 pensar que el hijo proviene s\u00f3lo del ayuntamiento biol\u00f3gico y no de toda esa unidad?<br>\nLa autosuficiencia de lo biol\u00f3gico para suscitar nuevas vidas humanas favorece la consideraci\u00f3n reductiva. Pero \u00bfes eso lo que llamamos \u201ctraer un hombre al mundo\u201d? Si, por el contrario, llevamos la unidad de la persona a sus \u00faltimas consecuencias, resulta que la persona, cuyo constitutivo radical es la llamada a la comuni\u00f3n, tiene su origen,<br>\ndeslumbrante de belleza, en una comuni\u00f3n de personas: amor que, por la condici\u00f3n humana -cuerpo y alma, naturaleza y cultura-, es tambi\u00e9n erotismo y sexo. \u201cTraer un hombre al mundo\u201d, pues, comprende las tres dimensiones: comunicarle la vida biol\u00f3gica, trasmitirle una identidad -un ethos- y situarlo en una comuni\u00f3n de personas.<br>\nLa llama doble no dice casi nada sobre los hijos y sobre la paternidad y la maternidad. Un pasaje que suscita en algunos lectores la expectativa de una consideraci\u00f3n del hijo parece luego eludir la cuesti\u00f3n: \u00abel sexo es la ra\u00edz, el erotismo es el tallo y el amor la flor. \u00bfY el fruto? Los frutos del amor son intangibles. \u00c9ste es uno de sus enigmas\u00bb (La llama\u2026, p.37). En la l\u00f3gica interna del libro todo esto es perfectamente coherente: Paz subraya varias veces que no se ocupar\u00e1 de la sexualidad sino del amor. Con la consideraci\u00f3n de la unidad de la persona en la g\u00e9nesis de la persona el hijo podr\u00eda volver a ser un tema de amor.<br>\n<strong>EL MATRIMONIO<\/strong><br>\nSobre la esencia del matrimonio, que en un tiempo Paz consider\u00f3 un enemigo del amor, hay en sus \u00faltimos escritos varios puntos significativos, en los que se reflejan las concepciones arriba anotadas sobre la libertad, el amor y la familia. De esos puntos destacar\u00e9 dos.<br>\nPor una parte, su matrimonio lo ha llevado a superar esa visi\u00f3n. \u00abLa lndia me enfrent\u00f3 al amor: all\u00e1 conoc\u00ed a mi mujer\u00bb. Frase breve, dejada caer en una entrevista, que no podr\u00eda estar m\u00e1s alejada del antagonismo postulado anteriormente. \u00bfC\u00f3mo puede decir que se enfrent\u00f3 al amor, ya pasados los 50 a\u00f1os, cuando no le faltaron antes lo que cualquiera llamar\u00eda amores? Y precisamente ese amor es el que, asumido bajo la forma de matrimonio, presenta desde entonces como una realidad social, y a la vez, como cifra de su identidad personal: \u201c-Esos a\u00f1os en la lndia qu\u00e9 influencia han tenido en usted? -Sobre todo de orden personal. En la lndia encontr\u00e9 a mi mujer, a Marie-Jo. Despu\u00e9s de nacer, es lo m\u00e1s importante que me ha pasado. -Se casaron all\u00ed? -S\u00ed, debajo de un gran \u00e1rbol. Un <em>nim<\/em> muy frondoso\u201d.<br>\nEl segundo punto es la confluencia de una visi\u00f3n realista y el convencimiento de que el amor del hombre y la mujer, hecho sociedad -la comuni\u00f3n vuelta comunidad-, es un bien. Un bien que hace de la fidelidad un ideal irrenunciable del amor. Es verdad que Paz se refiere a una unicidad del amor en sentido sincr\u00f3nico (no m\u00e1s de uno a la vez), no diacr\u00f3nico, y que prescindir de este \u00faltimo sentido supone caer en la paradoja de que una sucesi\u00f3n de fidelidades (de amores) en el fondo es una sucesi\u00f3n de infidelidades, pero eso no quita valor a la intuici\u00f3n del nexo profundo entre alma y amor. Este nexo, con la \u00edndole hist\u00f3rica del hombre, hace que entregarme entero (nota esencial del amor) signifique entregar mi vida, mi historia y, por tanto, tambi\u00e9n mi futuro, sin el cual yo no soy yo. No es de extra\u00f1ar que quien apuesta por la espiritualidad del alma<br>\ny el valor de la fidelidad en el amor tenga la valent\u00eda de afirmar que el amor es \u201clo m\u00e1s cercano, en esta tierra, a la beatitud de los bienaventurados\u201d (La Llama\u2026, p.218) y nos ofrezca luces entusiasmantes sobre la libertad, la persona y la familia.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"21522\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leer despu\u00e9s 0Hasta donde llega mi informaci\u00f3n, Octavio Paz no ha abordado nunca de modo directo y sistem\u00e1tico el tema de la familia y el matrimonio. Sin embargo, si nos zambullimos con atenci\u00f3n en sus obras, cunden chispazos que poco a poco llegan a iluminar una multitud de facetas de estas realidades. Y no escasean las sorpresas. Tampoco las lecciones. De \u00e9stas \u00faltimas adelanto una que viene bien como pre\u00e1mbulo: no se debe reconstruir su opini\u00f3n sobre esta materia alrededor de una o dos afirmaciones, ni siquiera a partir de todas las que tratan ese tema, sino s\u00f3lo a partir de una visi\u00f3n global de su pensamiento. Este es un principio elemental del estudio de todo pensador (y de todo tema), pero se descuida m\u00e1s frecuentemente cuando se trata de un autor cuyas ideas est\u00e1n al alcance de un p\u00fablico extremamente amplio y llegan a gentes que ni las buscaban. EL AMOR La puerta obligada para entrar en materia es el tema que s\u00ed ha tratado Paz de modo sistem\u00e1tico, el amor, tan l\u00facidamente descrito en La llama doble. Ahora se\u00f1alar\u00e9 algunos puntos que me parecen relevantes, pero remito al lector al libro mismo -cuya lectura aconsejo vivamente- y a la rese\u00f1a que de \u00e9l publiqu\u00e9 en el n\u00famero 211 de esta revista. La idea aue domina en este largo ensavo, tanto en la parte hist\u00f3rica (cap\u00edtulos 1 a 5 ) como en la que podr\u00edamos llamar sistem\u00e1tica (cap\u00edtulos 5 a 9), es que la noci\u00f3n de persona es el constitutivo esencial de nuestra imagen del amor y que la persona est\u00e1 constituida, a su vez, por la unidad de alma y cuerpo. En muchas p\u00e1ginas se percibe como una fascinaci\u00f3n, un estupor ante la unidad del hombre, unidad que desaf\u00eda muchos de nuestros esquemas racionales, sobre todo esos esquemas dualistas de la modernidad que invitan a tomar partido por el alma o por el cuerpo. El primer cap\u00edtulo se abre con una descripci\u00f3n de la experiencia po\u00e9tica que la presenta como el \u2018testimonio de los sentidos\u2019, una revelaci\u00f3n de la unidad del hombre: la mirada del esp\u00edritu encuentra, a trav\u00e9s de los ojos de la carne, \u2018otro mundo, el mundo otro que es este mundo\u2019 (la Llama \u2026, p.9). En el sentido estricto del t\u00e9rmino \u2018poes\u00eda\u2019, se trata de la recreaci\u00f3n del poema a partir del texto escrito; en el caso del amor humano, es el acceso a la persona a trav\u00e9s de su cuerpo. As\u00ed pues, la experiencia po\u00e9tica, que en tantos otros campos se vive como una evidencia de unidad suficientemente fuerte como para rechazar, con la autoridad de la vida, a las razones que imponen quiebras en nuestro ser, es tambi\u00e9n aqu\u00ed un llamado a confiar m\u00e1s en nuestra sensibilidad. Por sensibilidad entiendo la percepci\u00f3n inmediata, no alterada por formulaciones razonadas, esa capacidad de comprensi\u00f3n que tantas veces no va acompa\u00f1ada de la capacidad de justificar lo comprendido. Si es posible hablar de sensibilidad en este sentido, es decir, m\u00e1s all\u00e1 de lo estrictamente sensible, es gracias a la unidad del hombre, de la que el ensayo de Paz est\u00e1 embebido: \u201ccuando hablo de persona humana no evoco una abstracci\u00f3n: me refiero a una totalidad concreta. He mencionado una y otra vez a la palabra alma y me confieso culpable de una omisi\u00f3n: el alma, o como quiera llamarse a la psiquis humana, no s\u00f3lo es raz\u00f3n e intelecto: tambi\u00e9n es una sensibilidad. El alma es cuerpo: sensaci\u00f3n; la sensaci\u00f3n se vuelve afecto, sentimiento, pasi\u00f3n\u201d (La Llama\u2026, pp.170-171). Que el amor es una relaci\u00f3n entre personas puede parecer una afirmaci\u00f3n in\u00fatil por obvia. Sin embargo, cada vez que nos rehusamos a conceder el nombre de amor a algo que se quiere hacer pasar por tal est\u00e1 de por medio la presencia\/ausencia de la persona. Evidentemente, no se trata de que la acci\u00f3n la realice o no una persona, pues en ese sentido todo acto del hombre es personal. Se trata de que en la acci\u00f3n entre en juego su espec\u00edfico ser personal. \u201cHacer el amor\u201d es una metonimia de gran fuerza y belleza dentro del contexto de la unidad alma\/cuerpo. La metonimia es un recurso ret\u00f3rico (un tropo) que sustituye el nombre de la causa por el del efecto -viceversa-, el del continente por el del contenido -o viceversa-, etc\u00e9tera, como en \u201cleer a Cervantes\u201d, \u201cdar una caridad\u201d, o \u201ccoadyuvar con Los Pinos\u201d. \u201cHacer el amor\u201d es una expresi\u00f3n meton\u00edrnica porque, aunque textualmente s\u00f3lo alude a la puesta en obra de un acto de amor, la realidad significada es mucho m\u00e1s rica: amor no es s\u00f3lo el efecto del acto sino tambi\u00e9n su causa y, adem\u00e1s, el acto es en s\u00ed mismo amor y manifestaci\u00f3n de amor. El problema est\u00e1 en que es posible realizar una acci\u00f3n f\u00edsicamente id\u00e9ntica que no sea ni acto ni efecto ni manifestaci\u00f3n de amor a la que, por su valor paradigm\u00e1tico, sigamos aludiendo con la expresi\u00f3n \u201chacer el amor\u201d. El resultado es tan lamentable y deformante como el actual uso de \u201ccaridad\u201d como sin\u00f3nimo de \u201climosna\u201d. \u00bfD\u00f3nde se ha de buscar la presencialausencia de la persona? Si, por ejemplo, el \u201cpartner\u201d puede ser sustituido indiferentemente por otro que d\u00e9 el mismo resultado, es claro que la atenci\u00f3n no se dirig\u00eda a la persona. Es \u00e9sta justamente \u201cla l\u00ednea que se\u00f1ala la frontera entre el amor y el erotismo. El amor es una atracci\u00f3n hacia una persona \u00fanica: a un cuerpo y a un alma\u201d (La Llama\u2026, p.33). Hace a\u00f1os Paz hab\u00eda escrito precisamente que \u201cel erotismo tiende a enaltecer no el car\u00e1cter \u00fanico del objeto er\u00f3tico sino sus singularidades y exentricidades\u201d. La expresi\u00f3n \u201cobjeto er\u00f3tico\u201d es sumamente reveladora: en el puro erotismo el otro es un objeto, no un sujeto, no una persona. En La llama doble encontramos dos afirmaciones complementarias muy densas de significado por el hecho de coincidir en su formulaci\u00f3n: \u201cHay una conexi\u00f3n \u00edntima y causal, necesaria, entre las nociones de alma, persona, derechos humanos y amor\u201d (p.129), y \u201cHay una conexi\u00f3n \u00edntima y causal entre<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[19],"class_list":["post-21522","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-miscelanea","tag-ejemplar_215"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v21.2 (Yoast SEO v27.6) - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-premium-wordpress\/ -->\n<title>Amor y familia en Octavio Paz - Revista ISTMO<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_MX\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Amor y familia en Octavio Paz\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Leer despu\u00e9s 0Hasta donde llega mi informaci\u00f3n, Octavio Paz no ha abordado nunca de modo directo y sistem\u00e1tico el tema de la familia y el matrimonio. 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El primer cap\u00edtulo se abre con una descripci\u00f3n de la experiencia po\u00e9tica que la presenta como el \u2018testimonio de los sentidos\u2019, una revelaci\u00f3n de la unidad del hombre: la mirada del esp\u00edritu encuentra, a trav\u00e9s de los ojos de la carne, \u2018otro mundo, el mundo otro que es este mundo\u2019 (la Llama \u2026, p.9). En el sentido estricto del t\u00e9rmino \u2018poes\u00eda\u2019, se trata de la recreaci\u00f3n del poema a partir del texto escrito; en el caso del amor humano, es el acceso a la persona a trav\u00e9s de su cuerpo. As\u00ed pues, la experiencia po\u00e9tica, que en tantos otros campos se vive como una evidencia de unidad suficientemente fuerte como para rechazar, con la autoridad de la vida, a las razones que imponen quiebras en nuestro ser, es tambi\u00e9n aqu\u00ed un llamado a confiar m\u00e1s en nuestra sensibilidad. Por sensibilidad entiendo la percepci\u00f3n inmediata, no alterada por formulaciones razonadas, esa capacidad de comprensi\u00f3n que tantas veces no va acompa\u00f1ada de la capacidad de justificar lo comprendido. Si es posible hablar de sensibilidad en este sentido, es decir, m\u00e1s all\u00e1 de lo estrictamente sensible, es gracias a la unidad del hombre, de la que el ensayo de Paz est\u00e1 embebido: \u201ccuando hablo de persona humana no evoco una abstracci\u00f3n: me refiero a una totalidad concreta. He mencionado una y otra vez a la palabra alma y me confieso culpable de una omisi\u00f3n: el alma, o como quiera llamarse a la psiquis humana, no s\u00f3lo es raz\u00f3n e intelecto: tambi\u00e9n es una sensibilidad. El alma es cuerpo: sensaci\u00f3n; la sensaci\u00f3n se vuelve afecto, sentimiento, pasi\u00f3n\u201d (La Llama\u2026, pp.170-171). Que el amor es una relaci\u00f3n entre personas puede parecer una afirmaci\u00f3n in\u00fatil por obvia. Sin embargo, cada vez que nos rehusamos a conceder el nombre de amor a algo que se quiere hacer pasar por tal est\u00e1 de por medio la presencia\/ausencia de la persona. Evidentemente, no se trata de que la acci\u00f3n la realice o no una persona, pues en ese sentido todo acto del hombre es personal. Se trata de que en la acci\u00f3n entre en juego su espec\u00edfico ser personal. \u201cHacer el amor\u201d es una metonimia de gran fuerza y belleza dentro del contexto de la unidad alma\/cuerpo. La metonimia es un recurso ret\u00f3rico (un tropo) que sustituye el nombre de la causa por el del efecto -viceversa-, el del continente por el del contenido -o viceversa-, etc\u00e9tera, como en \u201cleer a Cervantes\u201d, \u201cdar una caridad\u201d, o \u201ccoadyuvar con Los Pinos\u201d. \u201cHacer el amor\u201d es una expresi\u00f3n meton\u00edrnica porque, aunque textualmente s\u00f3lo alude a la puesta en obra de un acto de amor, la realidad significada es mucho m\u00e1s rica: amor no es s\u00f3lo el efecto del acto sino tambi\u00e9n su causa y, adem\u00e1s, el acto es en s\u00ed mismo amor y manifestaci\u00f3n de amor. El problema est\u00e1 en que es posible realizar una acci\u00f3n f\u00edsicamente id\u00e9ntica que no sea ni acto ni efecto ni manifestaci\u00f3n de amor a la que, por su valor paradigm\u00e1tico, sigamos aludiendo con la expresi\u00f3n \u201chacer el amor\u201d. El resultado es tan lamentable y deformante como el actual uso de \u201ccaridad\u201d como sin\u00f3nimo de \u201climosna\u201d. \u00bfD\u00f3nde se ha de buscar la presencialausencia de la persona? Si, por ejemplo, el \u201cpartner\u201d puede ser sustituido indiferentemente por otro que d\u00e9 el mismo resultado, es claro que la atenci\u00f3n no se dirig\u00eda a la persona. Es \u00e9sta justamente \u201cla l\u00ednea que se\u00f1ala la frontera entre el amor y el erotismo. El amor es una atracci\u00f3n hacia una persona \u00fanica: a un cuerpo y a un alma\u201d (La Llama\u2026, p.33). Hace a\u00f1os Paz hab\u00eda escrito precisamente que \u201cel erotismo tiende a enaltecer no el car\u00e1cter \u00fanico del objeto er\u00f3tico sino sus singularidades y exentricidades\u201d. La expresi\u00f3n \u201cobjeto er\u00f3tico\u201d es sumamente reveladora: en el puro erotismo el otro es un objeto, no un sujeto, no una persona. 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Sin embargo, si nos zambullimos con atenci\u00f3n en sus obras, cunden chispazos que poco a poco llegan a iluminar una multitud de facetas de estas realidades. Y no escasean las sorpresas. Tampoco las lecciones. De \u00e9stas \u00faltimas adelanto una que viene bien como pre\u00e1mbulo: no se debe reconstruir su opini\u00f3n sobre esta materia alrededor de una o dos afirmaciones, ni siquiera a partir de todas las que tratan ese tema, sino s\u00f3lo a partir de una visi\u00f3n global de su pensamiento. Este es un principio elemental del estudio de todo pensador (y de todo tema), pero se descuida m\u00e1s frecuentemente cuando se trata de un autor cuyas ideas est\u00e1n al alcance de un p\u00fablico extremamente amplio y llegan a gentes que ni las buscaban. EL AMOR La puerta obligada para entrar en materia es el tema que s\u00ed ha tratado Paz de modo sistem\u00e1tico, el amor, tan l\u00facidamente descrito en La llama doble. Ahora se\u00f1alar\u00e9 algunos puntos que me parecen relevantes, pero remito al lector al libro mismo -cuya lectura aconsejo vivamente- y a la rese\u00f1a que de \u00e9l publiqu\u00e9 en el n\u00famero 211 de esta revista. La idea aue domina en este largo ensavo, tanto en la parte hist\u00f3rica (cap\u00edtulos 1 a 5 ) como en la que podr\u00edamos llamar sistem\u00e1tica (cap\u00edtulos 5 a 9), es que la noci\u00f3n de persona es el constitutivo esencial de nuestra imagen del amor y que la persona est\u00e1 constituida, a su vez, por la unidad de alma y cuerpo. En muchas p\u00e1ginas se percibe como una fascinaci\u00f3n, un estupor ante la unidad del hombre, unidad que desaf\u00eda muchos de nuestros esquemas racionales, sobre todo esos esquemas dualistas de la modernidad que invitan a tomar partido por el alma o por el cuerpo. El primer cap\u00edtulo se abre con una descripci\u00f3n de la experiencia po\u00e9tica que la presenta como el \u2018testimonio de los sentidos\u2019, una revelaci\u00f3n de la unidad del hombre: la mirada del esp\u00edritu encuentra, a trav\u00e9s de los ojos de la carne, \u2018otro mundo, el mundo otro que es este mundo\u2019 (la Llama \u2026, p.9). En el sentido estricto del t\u00e9rmino \u2018poes\u00eda\u2019, se trata de la recreaci\u00f3n del poema a partir del texto escrito; en el caso del amor humano, es el acceso a la persona a trav\u00e9s de su cuerpo. As\u00ed pues, la experiencia po\u00e9tica, que en tantos otros campos se vive como una evidencia de unidad suficientemente fuerte como para rechazar, con la autoridad de la vida, a las razones que imponen quiebras en nuestro ser, es tambi\u00e9n aqu\u00ed un llamado a confiar m\u00e1s en nuestra sensibilidad. Por sensibilidad entiendo la percepci\u00f3n inmediata, no alterada por formulaciones razonadas, esa capacidad de comprensi\u00f3n que tantas veces no va acompa\u00f1ada de la capacidad de justificar lo comprendido. Si es posible hablar de sensibilidad en este sentido, es decir, m\u00e1s all\u00e1 de lo estrictamente sensible, es gracias a la unidad del hombre, de la que el ensayo de Paz est\u00e1 embebido: \u201ccuando hablo de persona humana no evoco una abstracci\u00f3n: me refiero a una totalidad concreta. He mencionado una y otra vez a la palabra alma y me confieso culpable de una omisi\u00f3n: el alma, o como quiera llamarse a la psiquis humana, no s\u00f3lo es raz\u00f3n e intelecto: tambi\u00e9n es una sensibilidad. El alma es cuerpo: sensaci\u00f3n; la sensaci\u00f3n se vuelve afecto, sentimiento, pasi\u00f3n\u201d (La Llama\u2026, pp.170-171). Que el amor es una relaci\u00f3n entre personas puede parecer una afirmaci\u00f3n in\u00fatil por obvia. Sin embargo, cada vez que nos rehusamos a conceder el nombre de amor a algo que se quiere hacer pasar por tal est\u00e1 de por medio la presencia\/ausencia de la persona. Evidentemente, no se trata de que la acci\u00f3n la realice o no una persona, pues en ese sentido todo acto del hombre es personal. Se trata de que en la acci\u00f3n entre en juego su espec\u00edfico ser personal. \u201cHacer el amor\u201d es una metonimia de gran fuerza y belleza dentro del contexto de la unidad alma\/cuerpo. La metonimia es un recurso ret\u00f3rico (un tropo) que sustituye el nombre de la causa por el del efecto -viceversa-, el del continente por el del contenido -o viceversa-, etc\u00e9tera, como en \u201cleer a Cervantes\u201d, \u201cdar una caridad\u201d, o \u201ccoadyuvar con Los Pinos\u201d. \u201cHacer el amor\u201d es una expresi\u00f3n meton\u00edrnica porque, aunque textualmente s\u00f3lo alude a la puesta en obra de un acto de amor, la realidad significada es mucho m\u00e1s rica: amor no es s\u00f3lo el efecto del acto sino tambi\u00e9n su causa y, adem\u00e1s, el acto es en s\u00ed mismo amor y manifestaci\u00f3n de amor. El problema est\u00e1 en que es posible realizar una acci\u00f3n f\u00edsicamente id\u00e9ntica que no sea ni acto ni efecto ni manifestaci\u00f3n de amor a la que, por su valor paradigm\u00e1tico, sigamos aludiendo con la expresi\u00f3n \u201chacer el amor\u201d. El resultado es tan lamentable y deformante como el actual uso de \u201ccaridad\u201d como sin\u00f3nimo de \u201climosna\u201d. \u00bfD\u00f3nde se ha de buscar la presencialausencia de la persona? Si, por ejemplo, el \u201cpartner\u201d puede ser sustituido indiferentemente por otro que d\u00e9 el mismo resultado, es claro que la atenci\u00f3n no se dirig\u00eda a la persona. Es \u00e9sta justamente \u201cla l\u00ednea que se\u00f1ala la frontera entre el amor y el erotismo. El amor es una atracci\u00f3n hacia una persona \u00fanica: a un cuerpo y a un alma\u201d (La Llama\u2026, p.33). Hace a\u00f1os Paz hab\u00eda escrito precisamente que \u201cel erotismo tiende a enaltecer no el car\u00e1cter \u00fanico del objeto er\u00f3tico sino sus singularidades y exentricidades\u201d. La expresi\u00f3n \u201cobjeto er\u00f3tico\u201d es sumamente reveladora: en el puro erotismo el otro es un objeto, no un sujeto, no una persona. En La llama doble encontramos dos afirmaciones complementarias muy densas de significado por el hecho de coincidir en su formulaci\u00f3n: \u201cHay una conexi\u00f3n \u00edntima y causal, necesaria, entre las nociones de alma, persona, derechos humanos y amor\u201d (p.129), y \u201cHay una conexi\u00f3n \u00edntima y causal entre","og_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/","og_site_name":"Revista ISTMO","article_published_time":"1994-11-01T05:00:00+00:00","author":"Revista ISTMO","twitter_card":"summary_large_image","twitter_misc":{"Escrito por":"Revista ISTMO","Tiempo de lectura":"21 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/"},"author":{"name":"Revista ISTMO","@id":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/#\/schema\/person\/4e32b4f542913811211d27f750b1d747"},"headline":"Amor y familia en Octavio Paz","datePublished":"1994-11-01T05:00:00+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/"},"wordCount":4282,"commentCount":0,"keywords":["215"],"articleSection":["Miscel\u00e1nea"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/","url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/11\/01\/amor_y_familia_en_octavio_paz\/","name":"Amor y familia en Octavio Paz - 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