{"id":21414,"date":"1994-09-01T00:00:00","date_gmt":"1994-09-01T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=21414"},"modified":"2023-11-08T06:07:35","modified_gmt":"2023-11-08T11:07:35","slug":"el_oficio_de_ser_hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/09\/01\/el_oficio_de_ser_hombre\/","title":{"rendered":"El oficio de ser hombre"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"21414\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>S\u00f3lo la familia es capaz de comenzar con un comienzo definitivo, valga la paradoja la formaci\u00f3n del oficio de hombre.<br>\nEn el mundo del Estado y del mercado, rige el criterio axiol\u00f3gico de generalidad: el mayor bien es el que beneficia al mayor n\u00famero; si el mal es para pocos es menos malo; y si el bien es para muchos es m\u00e1s bueno. Este principio de generalidad tiende a degradarse, porque la bondad no se puede medir con unidades cuantitativas.<br>\nEn el mundo del hogar, la amistad, las acciones fiduciales; en el mundo de la pertenencia y entrega que eso es la familiano rige el criterio de generalidad sino el de incidencia: tiene m\u00e1s valor lo que cala m\u00e1s profundamente en la vida del individuo; y, al contrario, el mal es menor si es s\u00f3lo superficial o epid\u00e9rmico; o, al rev\u00e9s, el mal es peor si afecta al fondo de la persona.<br>\n<strong>El incendio y las trenzas rojas<\/strong><br>\nPara ilustrar la diferencia entre estos dos criterios, me valdr\u00e9 de dos im\u00e1genes: el ni\u00f1o del incendio del museo y la ni\u00f1a de las trenzas rojas.<br>\nEn el incendio del museo, guiado por el criterio de generalidad, rescatar\u00eda aquel cuadro de Picasso, \u00fanico en el mundo como todos los Picassos, por todos apetecido y apreciado; en cambio, abandonar\u00eda al pobre ni\u00f1o. Ni\u00f1os hay muchos. A juzgar por el documento propuesto para la Conferencia Internacional sobre Poblaci\u00f3n y Desarrollo que tendr\u00e1 lugar en El Cairo, hay demasiados. Uno menos carece de importancia; m\u00e1s a\u00fan, si se halla, como \u00e9ste, abandonado; tal vez fuera incluso ben\u00e9fico prescindir de \u00e9l. Un Picasso ya nadie puede hacerlo. Un ni\u00f1o, cualquier est\u00fapido lo hace. En cambio, para el criterio de incidencia, la salvaci\u00f3n del ni\u00f1o es la mejor posibilidad, porque lo mejor no es lo que beneficia a muchos sino lo que m\u00e1s afecta a la persona.<br>\nGeneralidad e incidencia son criterios axiol\u00f3gicos complementarios. Pero para la sociedad mercantil contempor\u00e1nea son excluyentes; el de generalidad ha tomado la forma omnipresente de la oferta y la demanda. Barry Commoner, uno de los grandes personajes partidarios de la conservaci\u00f3n natural, se extra\u00f1a de que se hable tanto de una medicina desconocida para una enfermedad incurable como el c\u00e1ncer, y nunca se diga nada del hombre que la descubrir\u00eda si llegara a nacer.<br>\nEsta diversidad de criterios axiol\u00f3gicos nos impulsa a enfocar de un modo nuevo los problemas sociales y sus soluciones. Ante la abundancia de piojos en la ni\u00f1ez de los barrios bajos londinenses, la sanidad oficial decret\u00f3 la necesidad de que la cabeza de los ni\u00f1os fuera totalmente rapada. Gilbert Chesteron, sale en defensa de una pobre chiquilla que luce unas hermosas trenzas rojas, como su \u00fanica posesi\u00f3n en el mundo: \u00abLos doctores propusieron abolir el pelo, en lugar de abolir los piojos.<br>\n\u00bbAhora bien, el objeto y prop\u00f3sito de estas p\u00e1ginas es proclamar que debemos comenzar completamente de nuevo y comenzar por el otro extremo. Yo comienzo con el pelo de una ni\u00f1a. Todo lo dem\u00e1s puede ser malo, pero s\u00e9 que esto, cuando menos, es bueno. Lo que se oponga a ello debe derrumbarse. Si el propietario (de las viviendas), la ley y la ciencia est\u00e1n en contra del pelo de la ni\u00f1a, entonces el propietario, la ley y la ciencia deben derrumbarse. Con el pelo rojo de una chiquilla del arroyo yo incendiar\u00e9 la civilizaci\u00f3n moderna: puesto que la ni\u00f1a debe tenerlo largo, debe tenerlo limpio; si debe tenerlo limpio, debe tener casa limpia; debe tener madre libre y descansada, que la peine aun cuando para ello sea necesaria una revoluci\u00f3n. Nadie mutilar\u00e1 ni tocar\u00e1 a esa rapazuela; no se le cortar\u00e1 el pelo como a un presidario. Las columnas de la sociedad se estremecer\u00e1n\u2026 y a la ni\u00f1a no se le tocar\u00e1 ni un cabello de su cabeza\u00bb (1).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Escuela de libertad<\/strong><\/p>\n<p>Empecemos por la familia. Empecemos por el ni\u00f1o del museo, por la ni\u00f1a de las trenzas rojas. No queremos s\u00f3lo la libertad de la educaci\u00f3n; queremos la educaci\u00f3n de la libertad.<br>\nMe atrevo a decir que \u00fanicamente en la familia el hombre aprende a ser libre. Si por libertad se entiende liberaci\u00f3n de necesidades y v\u00ednculos, el mercado de abundancia y el Estado providente y paternalista pueden esponjar esas supuestas libertades humanas. Pero la libertad, en serio, tiene su habitat en el hogar.<br>\nEs all\u00ed donde se suscitan los verdaderos valores que liberan al ser humano; es en el horizonte de la familia en donde aparecen los fines \u00faltimos que, al decir de Paz (2), son los que de verdad cuentan, porque son los que dan sentido a nuestra existencia, tal como \u00e9l los enumera: la felicidad en esta vida, la salvaci\u00f3n en la otra, el bien, la verdad, la sabidur\u00eda, el amor. Sobre todo, a\u00f1adimos nosotros, la libertad. Este horizonte de finalidades \u00faltimas, de valores verdaderos, es la alternativa del futuro.<br>\nOccidente requiere una resurrecci\u00f3n, un regreso al lugar en donde tales valores se encuentran delicadamente guardados.<br>\n\u00bfC\u00f3mo se educa la libertad en la familia? No s\u00f3lo porque en ella el hombre se siente libre, y puede actuar de una manera que ser\u00eda irrepetible fuera de su casa. Es cierto, como dice el propio Chesterton, que \u00abel hogar es el centro de la libertad\u2026 M\u00e1s a\u00fan, es el \u00fanico centro de la anarqu\u00eda. Es el \u00fanico punto del planeta cuyo arreglo el hombre puede alterar s\u00fabitamente, donde puede hacer experimentos o permitirse un capricho. En todo lugar a donde vaya, debe atenerse a las normas estrictas de la tienda, la taberna, el club o el museo. En su propia casa podr\u00e1, si le da la gana, comer sus comidas en el suelo. Yo mismo lo suelo hacer y ello me produce una infantil y po\u00e9tica impresi\u00f3n de excursi\u00f3n. Provocar\u00eda considerable trastorno si tratara de hacerlo en un restaurante. Es el \u00fanico lugar tranquilo, el \u00fanico lugar salvaje en un mundo de reglamentos y tareas. Uno solamente puede retozar en su casa, peque\u00f1a omnipotencia humana, c\u00e1mara de la libertad\u00bb (3).<br>\nLa familia no es el centro de la libertad porque pueda ser el rinc\u00f3n privilegiado de nuestros caprichos, sino porque es el caldo de cultivo de los tres componentes que constituyen la esencia de la libertad: capacidad de compromiso, capacidad de renuncia y capacidad del don de s\u00ed.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Comprometerse, renunciar, darse<\/strong><\/p>\n<p>Capacidad de compromiso. La familia es una gozosa fuente de compromisos profundos, serios e inamovibles, que el hombre bien nacido asume con valent\u00eda y decisi\u00f3n. El hombre libre no carece de v\u00ednculos sino que se compromete en profundidad. Cuanto m\u00e1s profundas son las ra\u00edces del \u00e1rbol bien radicado, m\u00e1s libre se encuentra para resistir el vendaval; al contrario, la arena suelta del desierto, lib\u00e9rrima carencia de ataduras, es esclava de una brisa ligera. Quien no se encuentra dentro de una familia, con todo el valor de la preposici\u00f3n, es erradicado, voluble, carente de ligaduras, habitante de la nada.<br>\nCapacidad de renuncia. \u00bfQu\u00e9 precio tiene una sonrisa? \u00bfC\u00f3mo se paga el galante acercamiento de una silla? \u00bfQu\u00e9 cuenta presento cuando visito a un amigo enfermo? \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00eda si nos declar\u00e1ramos en huelga y cesaran todas estas acciones libres y personales hechas al margen de la pol\u00edtica o la econom\u00eda? o, peor a\u00fan, \u00bfqu\u00e9 suceder\u00eda si pas\u00e1ramos factura por ellas? \u00bfEn d\u00f3nde, fuera de la familia, se aprende a sonre\u00edr, servir, practicar la ayuda al otro? Esto es, \u00bfen d\u00f3nde, fuera de la familia, se aprende a ser libre?<br>\nCapacidad del don de s\u00ed. No necesitamos muchas palabras para percatarnos de que si hay un lugar en la vida, si hay un espacio en la sociedad en donde se ensaye, practique y ejercite el acto supremo del don de s\u00ed, es en la familia. Fuera de ella es dif\u00edcil y excepcional el acto de entrega de la persona. O, por mejor decir, quien no aprendi\u00f3 a ser generoso en el hogar no lo ser\u00e1 despu\u00e9s, aunque quisiera, en el \u00e1mbito p\u00fablico. La entrega desinteresada de s\u00ed corre pareja con el sentido de responsabilidad; con el control de los instintos; con el temple de las capacidades; con el dominio del yo; con la afirmaci\u00f3n del car\u00e1cter.<br>\nLa entrega de s\u00ed mismo es el acto cimero de los seres libres, su ejercicio m\u00e1s noble y perfecto. No s\u00f3lo es el acto fundamental para la educaci\u00f3n de nuestra libertad. Es el acto educativo por excelencia. Para sorpresa del orbe, \u00abcada hombre se realiza (se educa) mediante la entrega sincera de s\u00ed mismo\u2026, pues subrayamos esto la educaci\u00f3n es, ante todo, una d\u00e1diva de humanidad\u00bb (4). En las escuelas pueden aprenderse oficios determinados y \u00fatiles, mientras que en la familia se aprende cuando se aprende el m\u00e1s alto y fundamental de los menesteres: el de ser hombre.<br>\nEsta entrega de s\u00ed que se vigoriza en el \u00e1mbito familiar sigue derroteros distintos a los de las transacciones mercantiles; en cierto modo, resulta su ant\u00edpoda. Si en el mercado se trata de conseguir lo m\u00e1s contra lo menos posible, en el don de s\u00ed se trata de entregarlo todo por nada.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El definitivo caso de la vaca<\/strong><\/p>\n<p>En la vida p\u00fablica rige el criterio operativo de la eficacia; alcanzamos aquello de lo que carecemos, por ese movimiento fuerte del ser humano que llamamos desiderium. En el mundo ordinario familiar rige el criterio operativo de la fecundidad, por ese movimiento no menos compulsivo y apremiante, llamado effusio, que impele a compartir aquello que tenemos. La eficacia persigue lograr objetivos; la fecundidad, expandirse en frutos.<br>\nHoy, por fuerza del mercantilismo imperante, se ha propalado la err\u00f3nea idea de que el impulso natural del hombre es el del deseo de remediar nuestras carencias y no la efusi\u00f3n de nuestra plenitud. Los muchos que as\u00ed piensan marginan la vida familiar y su profundo mordiente educativo; han arrinconado la vida del esp\u00edritu, la cual se acrecienta al compartirse, y se limitan s\u00f3lo a lo material, que se pierde cuando se comparte.<br>\nPara ilustrar lo anterior, me valgo de un ejercicio tomado de mi colega P\u00e9rez L\u00f3pez: en un autom\u00f3vil utilitario y peque\u00f1o, viajo imprudentemente por carretera estrecha y noche lluviosa, a doscientos kil\u00f3metros por hora. Una vaca atraviesa la carretera; su impacto acabar\u00e1 con mi vida. Aprieto a\u00fan m\u00e1s el acelerador para salvarla, cuando, en el breve trecho disponible, aparece un ni\u00f1o de siete a\u00f1os persiguiendo una pelota. El ejercicio termina con una decisi\u00f3n: si dirigen el autom\u00f3vil contra el ni\u00f1o salvando la vida de ustedes o la dirigen contra la vaca perdiendo ustedes su vida y salvando al ni\u00f1o. (El estado de la vaca no entra en la decisi\u00f3n). Tengo la certeza de que casi la totalidad de los lectores optar\u00eda por donar su propia existencia a un ni\u00f1o desconocido, abandonado y como el del incendio sobrante e in\u00fatil. Nadie se encuentra dispuesto a seguir viviendo con un ni\u00f1o de siete a\u00f1os debajo de las ruedas de su Tsuru o su Volkswagen.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Entre el acoso y la estocada<\/strong><\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n familiar es el polo opuesto de la que rige en los medios de comunicaci\u00f3n. Habermas acierta al decir que el paradigma de la comunicaci\u00f3n no verbal es el de la madre con el hijo en su seno. Una comunicaci\u00f3n que dista mucho de ser silenciosa: se constituye, al contrario, en voz existencial magna y amplificada, aunque sea sin palabras, porque es y las madres encintas lo saben la donaci\u00f3n de la vida. Se me dir\u00e1 que describo una realidad rom\u00e1ntica e idealista. Yo digo en cambio que \u00e9sta es la realidad verdadera y no la de las fantas\u00edas publicitarias, de los enga\u00f1os pragm\u00e1ticos mercantiles, la de los vac\u00edos discursos pol\u00edticos.<br>\nNo puede ignorarse el acoso que el Estado, el mercado y los medios de comunicaci\u00f3n colectiva ejercen sobre el \u00e1mbito familiar para que su riqueza educativa se empobrezca.<br>\nEl acoso es un t\u00e9rmino que, en lengua castellana, tiene un tinte preferentemente taurino. Se acosa a la vaquilla hasta amansarla y tirarla al suelo, a fin de poder marcarla. El Estado reglamenta el n\u00famero de hijos por nacer y las escuelas a las que acudir\u00e1n gratuitamente; el mercado invade el hogar con artefactos que desplazan a los hijos. Cuentan m\u00e1s los aparatos el\u00e9ctricos que las personas; se prefiere el autom\u00f3vil antes que al ni\u00f1o; el televisor a la conversaci\u00f3n amable; se amueblan las casas no para los que viven en ellas sino de cara a los eventuales festejados; se piensa menos en el servicio dom\u00e9stico que en las visitas casuales. El mercado hace preferir la cosa que puede comprarse y venderse, a la persona que no es objeto de transacci\u00f3n alguna. Este es el acoso, la sujeci\u00f3n, el amansamiento, la marca.<br>\nA la vista de las ponencias preparadas por la o\u00adnU para el Congreso Mundial sobre Poblaci\u00f3n en El Cairo, no se trata ya de acoso, sino de estocada, para seguir empleando un t\u00e9rmino taurino. Se trata no ya de reducir la potencialidad educativa y transformadora de la familia, sino de extinguirla.<br>\nPresiento que nuestra familia al menos la nuestrasaldr\u00e1 indemne de la estocada, y por ello me preocupa m\u00e1s el acoso que el lance de muerte.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Salpullidos puntiformes y caprichosos<\/strong><\/p>\n<p>Describamos por ello los rasgos de este acoso incisivo y demoledor. El Estado, el mercado y los medios de comunicaci\u00f3n colectiva son nobles instituciones de las que no podemos prescindir. Pero por el sesgo materialista de nuestra cultura se han unido, dentro de sus intr\u00ednsecas divergencias, para fomentarnos un nuevo estilo de vida que carec\u00eda de nombre hasta hace pocos meses, cuando, a espaldas uno del otro, dos intelectuales de mentalidad tan diversa como William Ptaff, del International Herald Tribune (13.X.93) y el germ\u00e1nico Robert Spaemann, de la Universidad de Colonia, han coincidido curiosamente bautiz\u00e1ndolo con el nombre de nihilismo. Pero no un nihilismo profundo, que toma dram\u00e1tica conciencia de que el hombre no tiene sentido, al modo de Frederich Nietzsche, sino un nihilismo epid\u00e9rmico que Spaemann ha llamado con acierto nihilismo banal y que podr\u00eda denominarse, si no fuera pleonasmo, nihilismo anodino; no es que el hombre carezca de sentido sino que al hombre contempor\u00e1neo le importa un bledo el busc\u00e1rselo, y prefiere vivir como si no lo poseyera.<br>\nEl mundo serio del Estado, el mercado y la comunicaci\u00f3n colectiva acosa al mundo de la familia infiltr\u00e1ndose en ella con una perspectiva vital que se opone abiertamente a aquellos valores que son el humus en donde florece la libertad bien enraizada, y que describimos antes como capacidad de compromiso, capacidad de renuncia y capacidad de don de s\u00ed. Esta oposici\u00f3n a los valores profundos de nuestra vida es dif\u00edcil de tratarse intelectualmente, pues parece m\u00e1s bien un conjunto de salpullidos puntiformes y caprichosos; pero est\u00e1 dejando en nosotros y en nuestros hijos un poso de aspecto t\u00e1rtrico. Esta corriente, aunque asist\u00e9mica, constituye una parte importante (y peligrosa) de nuestra cultura, que procurar\u00e9 resumir en pocos trazos.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El culto del deseo<\/strong><\/p>\n<p>A las tres capacidades de las que habl\u00e1bamos (compromiso, renuncia y don de s\u00ed) se enfrentan en bloque y radicalmente el hedonismo, consumismo y pesimismo sin defensas.<br>\nEl primer rasgo de lo que hemos llamado nihilismo banal es el hedonismo, entendido sobre todo no s\u00f3lo como b\u00fasqueda absolutizada del placer sensible, sino m\u00e1s a\u00fan, del placer instant\u00e1neo, aunque pasajero. La cultura de nuestros antepasados ense\u00f1aba que las satisfacciones m\u00e1s profundas requieren educaci\u00f3n y entrenamiento (una pieza literaria, una sinfon\u00eda o un buen vino). En el momento contempor\u00e1neo se busca primordialmente la satisfacci\u00f3n inmediata que responda tempestivamente al deseo. Esta satisfacci\u00f3n es, por su naturaleza, hueca e insuficiente. El hombre de hoy se mueve bajo la urgencia de la procuraci\u00f3n acelerada de satisfacciones sucesivas, en lo que Jos\u00e9 Gaos encuentra una de las notas caracter\u00edsticas de nuestro tiempo: la progresiva velocidad en el acceso a nuevas satisfacciones, el continuo desplazarse sin sentar plaza (sentar plaza, tener sosiego, acogerse a un hogar permanente al cual recurrir con reiteraci\u00f3n es, en cambio, la nota caracter\u00edstica de la familia tal como nosotros la concebimos). De este modo, la apetencia constitutiva que el hombre posee hacia el bien infinito se sustituye por una sucesi\u00f3n infinita de bienes finitos.<br>\nArrastrado por esta compulsi\u00f3n irrefrenable de satisfacerse, el hombre pierde el dominio de s\u00ed, aquello que antes se denominaba aguantarse y aguantar, tanto el deseo de placer como las inevitables situaciones dolorosas de la vida.<br>\nEl hombre ha perdido, as\u00ed, no s\u00f3lo la capacidad de renuncia, sino la aptitud de resistencia (de aguante) ante el deseo de placer y ante la entereza en el dolor.<br>\nLa eliminaci\u00f3n del aguantar subjetivo corre pareja con la supresi\u00f3n del prohibir objetivo. Prohibir ser\u00eda malo y permitir ser\u00eda bueno. Es as\u00ed como el tono de vida hedonista desemboca sin quererlo en el permisivismo, otro trazo de la cultura actual, si es que ambos hedonismo y permisivismo no se identifican. Las categor\u00edas morales de la vida no residen en el permiso y en la prohibici\u00f3n, sino en el bien y el mal; ser\u00e1 bueno prohibir lo malo y ser\u00e1 malo prohibir lo bueno. El permisivismo, como el relativismo, es una teor\u00eda suicida: si todo debiera estar permitido habr\u00e1 de permitirse tambi\u00e9n el prohibir. Giles Lipovettsky, autor de El crep\u00fasculo del deber afirma que la vida permisiva desencadena un ascenso del individualismo. Esto es, una depauperaci\u00f3n de nuestras disposiciones de entrega, un retraimiento de lo que hemos denominado don de s\u00ed.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>La moda de consumir valores<\/strong><\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la nota hedonista, pero sustancialmente distinta de ella, nuestro tiempo se caracteriza tambi\u00e9n por lo que ha dado en llamarse consumismo, que no es af\u00e1n de posesi\u00f3n de cosas materiales; dir\u00edamos, a\u00fan m\u00e1s, que representa el polo opuesto de la avaricia. El consumismo no nos inclina tanto a la posesi\u00f3n cuanto al uso, y en cierto modo a la no posesi\u00f3n; esto es, al desecho de aquello que pose\u00edamos y que habr\u00e1 de ser sustituido, supuestamente, por algo mejor: lo importante es que sea, sobre todo, otro distinto de lo que yo y los dem\u00e1s us\u00e1bamos antes. El consumismo es, en cierta manera, un modo de distinci\u00f3n. Carente de esa personalidad o car\u00e1cter que se aprende en la familia, me distingo de los dem\u00e1s por las novedades que uso, aunque ellas mismas me identifiquen tambi\u00e9n con los que ahora las usan igualmente, siendo devorado por la cadena sin fin de los malls, supertiendas y centros comerciales cada vez m\u00e1s gigantescos y envolventes.<br>\nAventuremos una definici\u00f3n de consumismo: tendencia contempor\u00e1nea por la que los bienes de uso que habr\u00edan de ser duraderos se convierten en bienes fungibles (aquellos que no pueden usarse sin consumirse: no me puedo tomar de nuevo el mismo bistec; debo comer otro). Esta mutaci\u00f3n est\u00e1 sujeta, al igual que la satisfacci\u00f3n moment\u00e1nea de los deseos placenteros, a una aceleraci\u00f3n progresiva. Lo preocupante es que no s\u00f3lo los bienes de uso se han transformado en bienes de consumo; sino que los valores humanos han perdido su vigente permanencia y se han convertido en otra realidad consumible m\u00e1s, de manera que el valor lo es s\u00f3lo durante la instant\u00e1nea permanencia de su moda; no porque valga, sino porque es nuevo.<br>\nNo quiero ser negativo pero, a veces, parece que la esposa o el marido son un bien fungible m\u00e1s; una pieza de recambio, una refacci\u00f3n desechable, para decirlo en jerga automotriz. Paralelamente, los hijos consideran el hogar de los padres como una vivienda optativa, valedera mientras no aparezca igual que la ropa de moda otra mejor; y, al rev\u00e9s, nos encontramos con hijos hu\u00e9rfanos de padres vivos como afirma dram\u00e1ticamente Juan Pablo II en la Carta a las familias.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Incendiar el mundo<\/strong><\/p>\n<p>Pero esta \u00abmoral\u00bb sirve s\u00f3lo para el placer, la salud, el bienestar por eso es tan atractiva a los j\u00f3venes y a los que quieren regresar a la juventud por ella; pero nos deja inermes, literalmente descobijados, a la intemperie, en el dolor, la enfermedad y la desgracia. Ese momento resulta insoportable, porque carece de recursos para darle la cara. De ah\u00ed que el nihilismo banal sea una moral de huida, una moral cobarde, de derrota, pues no afronta con seriedad el sentido \u00faltimo de la existencia, que es el gesto protot\u00edpicamente humano.<br>\nPodr\u00eda parecer que nuestra alternativa, la que responde a este atractivo nihilismo banal; nuestra instancia al retorno de los valores cl\u00e1sicos y b\u00e1sicos, al compromismo, a la renuncia, al don de s\u00ed, carece de garra y de se\u00f1uelo. Y es verdad. Pero abrigamos la sospecha de que encierra la fuerza explosiva de las resurrecciones y que seremos una chispa que desencadene la explosi\u00f3n.<br>\nPorque \u00e9sta ser\u00eda la conclusi\u00f3n de nuestras reflexiones. La familia no debe adoptar s\u00f3lo una posici\u00f3n de parapeto a fin de defenderse de los acosos e infiltraciones que ejerce el nihilismo banal. Ha de adquirir conciencia, primero, de que tales acosos son inocuos, epid\u00e9rmicos, dije, si no hay complicidad libre de nuestra parte, porque el compromiso, renuncia y capacidad de entrega est\u00e1n en nuestras manos, y no en los reglamentos estatales, ni en las instancias mercantiles, ni en los oropeles televisivos: ninguno de ellos tiene fuerza sin nuestra complicidad libre. Y segundo, que la familia es la \u00fanica alternativa del futuro, si sabe ejercer la libertad de la que es maestra. El hogar tiene su sentido etimol\u00f3gico en el fog\u00f3n, en la hoguera; no debe verse s\u00f3lo en su sentido de resguardo, guarida o refugio, sino tambi\u00e9n de irradiaci\u00f3n, expansi\u00f3n e incendio. Tengamos, por lo menos, el ansia, como Chesterton, de incendiar al mundo con las trenzas pelirrojas de una ni\u00f1a; es decir, con los valores potenciales y explosivos de nuestros hijos. No se trata de salvarlos del incendio, sino de incendiar al mundo con ellos. (Resumen de la ponencia presentada en el Primer Congreso Panamericano sobre Familia y Educaci\u00f3n. Monterrey, 1994).<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"21414\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la urdimbre familiar, de amistad y convivencia, hermandad y filiaci&oacute;n, lo que se relaciona es la persona en su condici&oacute;n de puro ser, en donde cada uno tiene esa cualidad absoluta que corresponde a la persona como tal. 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