{"id":21323,"date":"1994-07-01T00:00:00","date_gmt":"1994-07-01T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=21323"},"modified":"1994-07-01T00:00:00","modified_gmt":"1994-07-01T05:00:00","slug":"venturas_y_desventuras_de_la_creacion_literaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1994\/07\/01\/venturas_y_desventuras_de_la_creacion_literaria\/","title":{"rendered":"Venturas y desventuras de la creaci\u00f3n literaria"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"21323\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Se cuenta que el tercer marqu\u00e9s de Salisbury, Ministro de Asuntos Exteriores durante largos a\u00f1os en el gobierno de Disraeli, so\u00f1\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n que estaba pronunciando un discurso lleno de incoherencias en la C\u00e1mara de los Lores. Se despert\u00f3 sobresaltado y result\u00f3 que, en efecto, estaba en la C\u00e1mara de los Lores pronunciando un discurso lleno de incoherencias.<br>\nMe viene esta an\u00e9cdota a la memoria con motivo de explicar que hay trances en la vida del hombre en que \u00e9ste sufre una serie de fen\u00f3menos que tienen toda la apariencia exterior de un acontecimiento progresivo. Y uno de estos trances se produce cuando va a empezar a escribir un libro.<br>\nIniciemos el recorrido con el primer atisbo literario, el primer asomo, la semilla inicial, sembrada a muy temprana edad, pero de lent\u00edsimo desarrollo: la vocaci\u00f3n.<br>\nEsta palabra tiene una precisa y preciosa etimolog\u00eda latina que significa llamada. El futuro escritor siente desde muy ni\u00f1o esta llamada por un juego encontrado de rechazos y afinidades. Preferir\u00e1 como regalos una Historia Sagrada ilustrada por Gustavo Dor\u00e9 que un mecano; una colecci\u00f3n de Salgaris o de Verne, que un tren el\u00e9ctrico\u2026 Esta formaci\u00f3n no es todav\u00eda la vocaci\u00f3n, pero s\u00ed una muy marcada predisposici\u00f3n a ella. Y \u00abla llamada\u00bb, cuando se produce, s\u00f3lo se produce, como la tuberculosis, en quienes est\u00e1n predispuestos a recibirla.<br>\nViene luego, una larga formaci\u00f3n autodidacta en que se va forjando el sentido cr\u00edtico y autocr\u00edtico. \u00a1Ay de aquel que no posea \u00e9ste \u00faltimo! no llegar\u00e1 lejos en nada: hasta en las cartas que se escriben de ni\u00f1o o adolescente, el futuro escritor pretender\u00e1 que no sean una pura acumulaci\u00f3n de noticias, sino que buscar\u00e1 una cierta perfecci\u00f3n armonizando determinado sentido del humor con reflexiones no triviales; se llenan cuadernos con pensamientos propios o ajenos, frases felices que se nos ocurrieron al azar o de otros que apuntamos como homenaje de respeto y admiraci\u00f3n a su talento o a su ingenio y de s\u00fabito sobre aquel campo larga y previamente abonado, surge una idea germinal: un tema para un verso, un cuento, o un discursito que a la sobremesa de una comida de amigos haga re\u00edr a los cuates.<br>\nEsta idea literaria inicial, y que pasa del pensamiento a la acci\u00f3n (al acto de escribir algo), generalmente nos emboba. He empleado la palabra justa. Lo mismo de ni\u00f1os que de maduros, nos emboba.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EL ASNO SUBI\u00d3 AL TEJADO<\/strong><\/p>\n<p>Son muchos los que piensan que el escritor que se dispone a empezar una obra vive momentos de especial clarividencia, de m\u00e1gica lucidez, de afinamiento de sus potencias mentales. Les aseguro que es mentira. El autor sufre, por el contrario, un visible proceso de estupidez, senilidad anticipada y grave desafinaci\u00f3n de sus potencias intelectuales: no atiende cuando le hablan, no entiende lo que le dicen, confunde los nombres de sus hijos, intenta abrir con la llave de su auto la puerta de un coche que no es suyo, se calza con zapatos de distinto color\u2026<br>\nHay una locuci\u00f3n latina que dice: Asnus ad t\u00e9culas, \u00abel asno se subi\u00f3 al tejado\u00bb. No se sabe c\u00f3mo consigui\u00f3 llegar hasta all\u00ed, pero lo cierto es que, de ahora en adelante, ser\u00e1 muy dif\u00edcil desalojarlo de tan ins\u00f3lito lugar. Al autor, en trance de empezar un libro, le acontece lo propio: la idea germinal de su pr\u00f3xima obra Asnus ad t\u00e9culas se le ha subido al tejado y ya no hay quien la saque de all\u00ed. Y esto aconteci\u00f3 al Marqu\u00e9s de Salisbury cuando so\u00f1aba despierto en la C\u00e1mara de los Lores: iba a iniciar la escritura de un libro y el asno lo ten\u00eda ya en la azotea. A tal estado de indefensi\u00f3n mental, algunos le llaman \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb. Y la culpa del error de creer que es un estado semidivino, la tiene Gustavo Adolfo Becker, quien escribi\u00f3:<br>\nLocura que el esp\u00edritu exalta y enardece.<br>\nEmbriaguez divina del genio creador\u2026<br>\n\u00a1Tal es la inspiraci\u00f3n!<br>\nNo le hagan caso. La inspiraci\u00f3n se define harto mejor con este di\u00e1logo entre un escritor y su mujer, que no se entender\u00eda cabalmente si no se explicara primero que las esposas de los escritores pertenecen a una fauna especialmente cruel:<br>\n\u00bfQu\u00e9 te pasa hoy, querido, que pareces tonto?<br>\nEs que voy a empezar un libro responde \u00e9l humildemente.<br>\n\u00a1Doctor, doctor! exclama ella acudiendo al tel\u00e9fono. No hace falta que venga. No es falta de riego. Es que\u2026 \u00a1est\u00e1 inspirado!<br>\nOrtega y Gasset, en uno de sus m\u00e1s deliciosos escritos Ensayos sobre el amor afirma que el enamoramiento supone una situaci\u00f3n de minusvalidez para el que lo padece. Y lo explica con el ejemplo de un hombre que contempla en toda su amplitud, el panorama del mundo con sus bellezas, miserias, armon\u00edas, desequilibrios y problemas. El enamorarse, dice el fil\u00f3sofo, es reducir el campo de visi\u00f3n y concentrarlo exclusivamente sobre el ser amado. Con lo que deja de contemplar la amplitud del mundo y el foco de su visi\u00f3n se va reduciendo, y reduciendo, hasta que todo queda a oscuras, salvo aquello que se ama. El enamorado queda ciego, minusv\u00e1lido, para la pluralidad de las cosas. Y s\u00f3lo tiene ojos para la singularidad amada.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ARRIBO M\u00c1GICO Y TURBADOR<\/strong><\/p>\n<p>De este modo entiendo yo tambi\u00e9n la primera fase de la creaci\u00f3n literaria, mal llamada \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb, y que no es otra cosa que la captaci\u00f3n de una idea la idea germinal, la idea creadora de la obra futura y su aislamiento de todas las dem\u00e1s.<br>\nSi bien es cierto que el autor posee un caudal de opiniones, gustos, lecturas y tendencias est\u00e9ticas previas a la obra literaria que va a escribir, no es menos cierto que existen determinados momentos en que el autor percibe un clima interior, una extra\u00f1a tensi\u00f3n, que le hace especialmente vulnerable para recibir una suerte de soplo que le dicta la idea sobre la que ha de escribir. Y, a veces, \u00e9sta llega sola, sin buscarla, ni llamarla, m\u00e1gicamente, turbadoramente.<br>\nLa generaci\u00f3n de cada uno de mis libros y perd\u00f3nenme si desciendo, al explicarlo, al cap\u00edtulo de las experiencias personales, el momento inicial de donde surge la idea que m\u00e1s tarde ha de ser desarrollada, ha tenido unos or\u00edgenes inusuales, extravagantes, insospechados y hasta c\u00f3micos.<br>\nDurante una larga \u00e9poca de sequ\u00eda mental, abulia literaria y falta de inspiraci\u00f3n, se present\u00f3 ante m\u00ed la idea primigenia de mi novela Los renglones torcidos de Dios.<br>\nPara escapar a esta aton\u00eda, coment\u00e9 con mi mujer (que ha sido siempre mi m\u00e1s leal y segura consejera) que las producciones literarias de ficci\u00f3n que hasta entonces hab\u00eda escrito y que m\u00e1s me satisfac\u00edan eran aqu\u00e9llas en que la fantas\u00eda creadora se iba tejiendo sobre la urdimbre de un paisaje o un ambiente real.<br>\nY que, en consecuencia, como no encontraba tema alguno que me inspirase, ser\u00eda necesario provocarlo. La idea de mi futuro libro era muy vaga e imprecisa: desarrollar una idea inventada que aconteciera en un lugar cierto que reuniera estas condiciones: ser nuevo para m\u00ed; ser chocante, sorprendente, distinto a todo y desconocido de la inmensa mayor\u00eda de los lectores, como un monasterio budista para mujeres en el T\u00edbet, pongamos por caso; un \u00abhar\u00e9n\u00bb de esclavas en Ir\u00e1n que los hay en nuestros d\u00edas; una pesquer\u00eda de tiburones en el mar Rojo u otro escenario igualmente intrigante, ins\u00f3lito y fascinante. Mi mujer, por supuesto, deb\u00eda acompa\u00f1arme y la consult\u00e9 si prefer\u00eda el har\u00e9n de esclavas o el monasterio de mujeres budistas. Y ella, con la rudeza que dan los largos a\u00f1os de convivencia, al o\u00edrme exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Est\u00e1s completamente loco!\u00bb. Y esta frase, dicha en broma, fue la clave que me inspir\u00f3, en serio, encerrarme en una casa de locos, para estudiar desde cerca el pavoroso mundo de los enfermos mentales y desarrollar en un manicomio la intriga de la novela que es, junto con Edad prohibida, la que ha alcanzado por su n\u00famero de ediciones el mayor favor del p\u00fablico.<br>\nEsta es la primera fase del proceso de creaci\u00f3n literaria: la captaci\u00f3n de la idea germinal y el consiguiente embobamiento del autor, al contemplarla tan derretido como Romeo al mirar a Julieta o Calixto al vislumbrar a Melibea.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>VIVIR EN UNA BOLA DE CRISTAL<\/strong><\/p>\n<p>No es s\u00f3lo enamoramiento de la idea lo que estrecha siguiendo el criterio de Ortega y Gasset la visi\u00f3n del panorama general del escritor. Tambi\u00e9n le acontece que, a partir de ese instante mismo, el autor empieza a evadirse del mundo de lo real para sumergirse en el mundo de lo ficticio. Todo cuanto estamos diciendo se refiere a obras de invenci\u00f3n, no a obras did\u00e1cticas, hist\u00f3ricas o de opini\u00f3n. En este otro g\u00e9nero literario del que hablamos, el autor va a historiar lo no hist\u00f3rico, es decir, relatar\u00e1 unos hechos no reales sino inventados; se encerrar\u00e1 en una bola de cristal, donde casi todo es mentira, y ha de sentir y vivir con tal veracidad el panorama de su fabulaci\u00f3n, respirar con tal intensidad el aire de su ficci\u00f3n, para relatar como si fuera cierto lo que no lo es, que la realidad le estorba, ha de olvidarse de ella, desprenderse de ella, porque si no lo consigue no podr\u00e1 escribir lo que pretende.<br>\nConocida es la an\u00e9cdota de aquel brit\u00e1nico, muy apegado a su descanso semanal, al que interrumpieron un s\u00e1bado su partida de golf, para informarle que su casa hab\u00eda ardido, su mujer se hab\u00eda fugado con otro y su negocio hab\u00eda quebrado, y respondi\u00f3: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 disgusto me voy a llevar el lunes!\u00bb. Pues bien: este par\u00e9ntesis que ha sabido abrir el brit\u00e1nico del cuento durante su fin de semana, ha de abrirlo el escritor durante toda su etapa creacional, sin interferencias, familiares, pol\u00edticas, financieras o de cualquier otro orden. Y si no es capaz de tan dif\u00edcil abstracci\u00f3n, olv\u00eddese: no es escritor. Si \u00e9l no se abstrae en su literatura al escribirla, \u00bfc\u00f3mo conseguir\u00e1 que se abstraigan los dem\u00e1s al leerle?<br>\nLa segunda fase es la gestaci\u00f3n, es decir, el desarrollo de la idea primigenia; darle forma y vida, con un argumento puesto a su servicio, personajes al servicio del argumento, di\u00e1logos al servicio del los personajes, y un ambiente, un clima, un aire peculiar, al servicio del conjunto. Se trata de escribir la obra imaginada. Y en verdad que es un fascinante proceso, que en determinados aspectos supera a la maternidad. Porque la mujer sabe todo lo que ocurre dentro de ella durante la gestaci\u00f3n, pero nada hace para que as\u00ed sea, en tanto que el escritor ha de actuar para que aquel embri\u00f3n de la idea germinal adquiera la forma que \u00e9l le d\u00e9 y no otra, y se desarrolle y crezca. Esto es lo que tiene de fascinante y turbador esta segunda fase del proceso literario: proceso creador por excelencia. Y aqu\u00ed s\u00ed que la inteligencia se afina, la memoria se dilata, la imaginaci\u00f3n se abre, las ideas acuden obedientes y las palabras se aprestan al conjuro de las ideas. El escritor no vive ya en el mundo real, sino en el de la ficci\u00f3n al que ha logrado introducirse tras grandes dosis de silencio y soledad.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>ADI\u00d3S A LOS AMIGOS<\/strong><\/p>\n<p>Quisiera trasladar a ustedes mi profundo respeto por la terrible y radical soledad del escritor en estos trances. Les invito a observarlo cuando, puesto ya el punto final de su obra, cruza por \u00faltima vez en viaje de regreso, el muro que separa lo ficticio de lo real. En este tiempo ha desarrollado en su cerebro y en su coraz\u00f3n la idea germinal, del mismo modo que el hijo se desarrolla como dijimos antes en el seno de la mujer, aunque con una intervenci\u00f3n tambi\u00e9n lo dijimos harto m\u00e1s directa que aqu\u00e9lla. Y, tan absorto est\u00e1, que se sorprende, si es noche, de que lo sea; si es de d\u00eda, que haya amanecido. No recuerda cu\u00e1ntas horas lleva inmerso en la irrealidad, ni si ha comido algo en este tiempo o se olvid\u00f3 de comer. Amontona las cuartillas con cierta melancol\u00eda de haber llegado al punto final, pues se cierra para siempre la puerta por donde se evad\u00eda a aquel mundo de ficci\u00f3n cuyo primer contacto con el hallazgo del tema, con el primer encuentro con la idea le cautiv\u00f3, tal vez, varios a\u00f1os atr\u00e1s. M\u00e1s adelante, en otras obras futuras, otros mundos se abrir\u00e1n para \u00e9l. Pero \u00e9ste se ha cerrado para siempre. Escuchar\u00e1 otras voces, ver\u00e1 otros rostros, pero \u00e9stos ya no. Con ellos ha convivido \u00edntimamente los meses o los a\u00f1os que dur\u00f3 la gestaci\u00f3n. Con ellos fue feliz o desdichado. Pero son sus hijos y sus amigos: los quiere. S\u00f3lo as\u00ed debe entenderse la tan tra\u00edda y llevada vanidad del escritor. Un elogio a sus personajes no incide tanto en su soberbia como en sus sentimientos. Acepta y desea el elogio, no por halagar su ingenio sino por su profundo amor hacia quienes, siendo sus hijos, fueron tambi\u00e9n sus compa\u00f1eros en las horas m\u00e1s nobles y de mayor plenitud.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>DOS PERSONAJES SINGULARES: EL CR\u00cdTICO Y EL EDITOR<\/strong><\/p>\n<p>Ah\u00ed est\u00e1 con su melancol\u00eda a cuestas camino de la editorial. Un personaje nuevo entra en juego: el editor. Con la emoci\u00f3n del que penetra en sitio sagrado, con la unci\u00f3n de quien lleva en las manos una reliquia, el autor entrega su obra al empresario.<br>\nRecuerdo un episodio que me acaeci\u00f3 cuando entregu\u00e9 a mi editor el original de Edad prohibida. En mi \u00e1nimo estaba presentarle a mis hijos, mis amigos, mis personajes con los que hab\u00eda convivido a lo largo de 35 meses intens\u00edsimos. El editor, tomando el ejemplar de mis manos, lo sopes\u00f3 entre las suyas haci\u00e9ndolo oscilar de arriba a abajo, y con gesto y palabras de experto sentenci\u00f3: \u00abTrescientas pesetas. El ejemplar se vender\u00e1 a trescientas pesetas\u00bb. Y yo sent\u00ed la angustia de haberme envilecido como si los treinta que me correponder\u00edan por derechos de autor fueran los treinta denarios de Judas y yo hubiera vendido con ellos y por ellos, a mis propios hijos. Y es que en ese instante brev\u00edsimo en que pasa de unas manos a otras, la obra de arte (quiz\u00e1 mediocre, quiz\u00e1 truncada, pero concebida y gestada con anhelo de obra de arte) se transforma dolorosamente en mercanc\u00eda.<br>\nEntra en escena un nuevo personaje, el \u00faltimo que cierra el ciclo de la creaci\u00f3n literaria, nombre temible: el cr\u00edtico. La obra literaria ya est\u00e1 en la calle. La pura creaci\u00f3n ha concluido. El libro ya naci\u00f3. El p\u00fablico lector tiene noticia de su nacimiento cuando la tiene con la indiferencia con que nos enteramos de que ha parido la vaca de un vecino. El editor le mira dar los primeros pasos con el inter\u00e9s de un empresario taurino por el torerillo que acaso lleve oro en su capote. El autor le mira con amor, mas con un solo ojo. Pues el otro ojo, crispado, lo tiene puesto en el cr\u00edtico, hacia quien avanza ya el reci\u00e9n nacido cit\u00e1ndole de lejos sin pensar, tan joven es, en el riesgo de la cornada\u2026 o en otro riesgo mayor: el del desaire, caso de que el cr\u00edtico no acuda a la cita.<br>\nExacerbado su amor propio hasta el paroxismo y no recuperado a\u00fan el equilibrio ni el sosiego mental que perdi\u00f3 desde su hallazgo con el tema, menospreciar\u00e1 al cr\u00edtico por despecho si no le trata bien, en la misma medida en que le considerar\u00e1 alma gemela caso de que el cr\u00edtico lo elogie. Y con toda honestidad, pose\u00eddo de su raz\u00f3n y de la debilidad mental de su adversario, considerar\u00e1, de mil casos mil, que si le ha censurado es, sencillamente, porque aquel pigmeo, aquel pitecantropus erectus, no le ha entendido.<br>\nPor lo general, la posici\u00f3n del cr\u00edtico hacia el autor es mucho m\u00e1s mesurada que la del autor despechado hacia el cr\u00edtico, ya que \u00e9ste \u00faltimo pone normalmente m\u00e1s mesura que pasi\u00f3n en sus juicios, cosa, que es obvio, no le acontece, por muy ilustre que sea, al progenitor de la criatura. De ah\u00ed que hasta el prudente y pac\u00edfico Cervantes arremetiera con estos versos no s\u00e9 exactamente si contra un cr\u00edtico o contra el p\u00fablico que le silb\u00f3 una comedia:<br>\n\u00ab\u2026 el escribir es ingenio: y no el silbar. Y esto al hombre se prohibe, porque en circunstancia igual, silba cualquier animal pero s\u00f3lo el hombre escribe\u00bb.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>EL \u00daNICO MOMENTO HERMOSO<\/strong><\/p>\n<p>Confieso que he aprendido mucho de ciertos cr\u00edticos (y muy concretamente de algunos especialmente agudos y perspicaces).<br>\nPero, entretanto\u2026<br>\nDe los personajes de La br\u00fajula loca se ha dicho (El Comercio, Gij\u00f3n, 20 de enero): \u00abLos personajes son presentados de manera superficial, sin que haya el menor s\u00edntoma de analizaci\u00f3n psicol\u00f3gica, cosa a la cual la verdad no estamos acostumbrados los lectores de la novel\u00edstica actual\u00bb.<br>\nDe esos mismos personajes (Madrid, 5 de enero): \u00abAparte la sensacional y avasallante figura que es el protagonista, los personajes secundarios son de tal contextura humana que, como se dice en el teatro, cualquier primer actor, por admirable que fuere, no tendr\u00eda inconveniente en representarlos, ya que papeles as\u00ed son de los que acreditan para siempre a una primera actriz, a un primer actor\u00bb.<br>\nDe ellos mismos (El Ideal, Granada, 17 de enero): \u00abPor la autenticidad de los personajes secundarios, debemos considerar esta f\u00e1bula como una de las m\u00e1s puras obras ambientales escritas en idioma espa\u00f1ol en los \u00faltimos diez a\u00f1os\u00bb. A estos personajes, Jes\u00fas Otero P\u00e9rez, los considera \u00absin matices y superficiales\u00bb; Rafael Ferreres, de Levante, de Valencia: \u00abverdaderos arquetipos literarios por el profund\u00edsimo estudio de sus caracteres\u00bb; Cerezales:<br>\n\u00abcomparsas dibujados en claroscuro\u00bb; Nicol\u00e1s Gonz\u00e1lez Ruiz: \u00abde estirpe galdosiana por su ancha significaci\u00f3n y la abundancia de su humanidad\u00bb.<br>\nComo ver\u00e1n ustedes, no est\u00e1 del todo injustificado el desconcierto. Los ba\u00f1os de agua caliente y fr\u00eda, s\u00e1dicamente alternados, suponen para el autor una especie de sauna moral de terribles efectos terap\u00e9uticos, pues tan pronto le obligan a ascender ingr\u00e1vido a las cumbres del optimismo, como le despe\u00f1an acto seguido, dando tumbos, a las simas del despecho para volver a subir, descender, ascender y bajar, en un columpio demencial.<br>\nA la luz de este estado moral, azotado por los vientos encontrados de tal variedad de juicios, no es extra\u00f1o que el autor se considere definitivamente parachutado a los abismos del limbo. Y, para terminar, si a esto a\u00f1adimos que cuando publiqu\u00e9 La br\u00fajula loca no faltaron amigos que se acercaron a felicitarme por la aparici\u00f3n de \u00abLa bruja y la loca\u00bb; que cuando publiqu\u00e9 Edad prohibida, se congratulaban de haber le\u00eddo \u00abLa vida deseada\u00bb y, cuando aparecieron Los renglones torcidos de Dios, juraban haber le\u00eddo \u00abLos caminos enderezados del Se\u00f1or\u00bb; y que la remuneraci\u00f3n del autor no depende del \u00e9xito de las ventas sino de la sola honestidad del editor ya que el primero ignora siempre a ciencia cierta el n\u00famero de ejemplares vendidos, hay que convenir con<br>\nAlfredo de Vigni en su Diario de un poeta que \u00abel \u00fanico momento realmente hermoso de una obra es aqu\u00e9l en que se escribe\u00bb.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"21323\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Venciendo los distintos obst&aacute;culos que los correos de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico idearon, se concret&oacute; la cita: Torcuato Luca de Tena vendr&iacute;a a la ciudad de M&eacute;xico, y por invitaci&oacute;n de ISTMO, hablar&iacute;a sobre el proceso de creaci&oacute;n literaria. 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