{"id":20920,"date":"1993-11-01T00:00:00","date_gmt":"1993-11-01T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=20920"},"modified":"2023-11-08T06:04:50","modified_gmt":"2023-11-08T11:04:50","slug":"universidad_donde_hay_peligro_hay_salvacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1993\/11\/01\/universidad_donde_hay_peligro_hay_salvacion\/","title":{"rendered":"Universidad donde hay peligro, hay salvaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"20920\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Es quiz\u00e1 el genius loci el que me lleva a recordar aqu\u00ed y ahora, a Etienne Gilson. Parafraseando lo que el gran medievalista escribi\u00f3 sobre fa suerte hist\u00f3rica de la filosof\u00eda, podr\u00edamos decir que la Universidad entierra a sus enterradores y renace de sus cenizas como el Ave F\u00e9nix. El discurso sobre la crisis de la Universidad ha sido, durante d\u00e9cadas, uno de los lugares comunes del debate acerca de la situaci\u00f3n de la educaci\u00f3n y la cultura en el siglo XX. Ni siquiera han faltado propuestas concretas para sustituir la unidad de la Universidad por la dispersi\u00f3n de una especie de multiversity, o los edificios y el c\u00e9sped del campus por el espacio electr\u00f3nico de las redes de computadoras y los bancos de datos. Casi nadie cree ya en esas utop\u00edas tecnocr\u00e1ticas. Una vez m\u00e1s, la Universidad se ha vuelto a revelar como un instrumento socialmente imprescindible. Pero esta aparente victoria no ofrece motivos serios para el optimismo: todo lo contrario.<br>\nHeidegger sol\u00eda citar el l\u00facido verso de H\u00f6lderlin: Donde est\u00e1 el peligro, all\u00ed surge tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n. (Wo aber Gefahr ist, w\u00e4chst das Rettende auch). Ahora bien, cuando el peligro no comparece, cuando uno se cree a salvo, la necesidad de salvaci\u00f3n permanece oculta: donde no hay peligro, tampoco hay salvaci\u00f3n. Y esto es quiz\u00e1 lo que sucede en la Universidad actual. Resulta muy significativo que los recientes diagn\u00f3sticos de autores como Bloom y MacIntyre, en los que se denuncian las ilusiones residuales de la educaci\u00f3n liberal e ilustrada, apenas hayan encontrado eco en los ambientes acad\u00e9micos, dominados por el activismo y la trivialidad.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Cuando sobra organizaci\u00f3n y falta vida<\/strong><\/p>\n<p>Como ha dicho el fil\u00f3sofo alem\u00e1n Robert Spaemann, la utop\u00eda est\u00e1 muerta, m\u00e1s muerta que -desde el Gott ist tot de Nietzsche- lo estuviera nunca Dios. Pero, \u00bfqu\u00e9 resta cuando lo que sustitu\u00eda a la religi\u00f3n se revela como ilusorio? O bien la vuelta al origen el retorno a Dios, o bien una radical anti-utop\u00eda que niega cualquier dimensi\u00f3n trascendental del pensamiento humano. El profesor Richard Rorty ha dibujado esta anti- utop\u00eda: es el sue\u00f1o de una sociedad liberal, en la cual han desaparecido todas las exigencias absolutas del conocimiento, la religi\u00f3n y la \u00e9tica, en la cual s\u00f3lo se consideran como verdaderos el placer y el dolor; no debemos tomamos ya nada en serio, queremos sentimos bien, y eso es todo. Seg\u00fan Spaemann, el lugar del nihilismo heroico de Nietzsche lo ha ocupado el nihilismo banal. El nihilismo banal se llama a s\u00ed mismo liberal ya sus adversarios fundamentalistas. Para este nihilismo light, libertad significa multiplicaci\u00f3n de posibilidades de opci\u00f3n. Pero no deja emerger ninguna opci\u00f3n por la que valga la pena renunciar a todas las dem\u00e1s. Ya no hay lugar para el tesoro escondido en el campo, por el cual vende todo quien lo encuentra.<br>\nEl relativismo esc\u00e9ptico de la cultura dominante no s\u00f3lo implica la muerte espiritual del alma, sino tambi\u00e9n de toda cultura vital, sin la cual la Universidad misma acaba por responder a la f\u00fanebre descripci\u00f3n que de ella hiciera Ortega y Gasset: Cosa triste, inerte, opaca, casi sin vida. La Universidad que, desde hace ocho Siglos, ha sido capaz de responder a los desaf\u00edos provenientes del exterior, se muestra ahora inerme ante la amenaza que brota de ella misma y que la est\u00e1 vaciando de su propio contenido. Estamos ante el fen\u00f3meno que los soci\u00f3logos actuales denominan implosi\u00f3n, es decir, explosi\u00f3n seca, hacia dentro producida por un interno vac\u00edo. No se trata de un problema funcional; se trata de una decisiva encrucijada institucional. Lo que le sobra a la Universidad es organizaci\u00f3n; lo que le falta es vida. Lo que necesita es, con palabras de Karl Jaspers, esa fuerza espiritual b\u00e1sica, sin la cual son in\u00fatiles todas las reformas de la Universidad.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El amor a la verdad compromete<\/strong><\/p>\n<p>No nos faltan serios motivos para pensar que esta energ\u00eda espiritual de fondo no se puede reducir a un humanismo et\u00e9reo y sincr\u00e9tico. Como dec\u00eda el Fundador de la Universidad de Navarra, Josemar\u00eda Escriv\u00e1, la Universidad sabe que la objetividad cient\u00edfica rechaza justamente toda neutralidad ideol\u00f3gica, toda ambig\u00fcedad, todo conformismo, toda cobard\u00eda: el amor a la verdad compromete la vida y el trabajo entero del cient\u00edfico, y sostiene su temple de honradez ante posibles situaciones inc\u00f3modas, porque a esta rectitud comprometida no corresponde siempre una imagen favorable en la opini\u00f3n p\u00fablica (1). La presunta neutralidad est\u00e1 resultando una ficci\u00f3n inhabitable porque acaba desembocando en la intolerancia y el fanatismo. Por su parte, el pensamiento d\u00e9bil, sustitutivo postmoderno de la objetividad ilustrada, constituye la expresi\u00f3n cultural de un permisivismo en el cual lo que se permite es precisamente el dominio de los d\u00e9biles por parte de los fuertes, de los pobres por los ricos. Salvar\u00e1n este mundo nuestro (\u2026) no los que pretenden narcotizar la vida del esp\u00edritu, reduciendo todo a cuestiones econ\u00f3micas o de bienestar material, sino los que tienen fe en Dios y en el destino eterno del hombre, y saben recibir la verdad de Cristo como luz orientadora para la acci\u00f3n y la conducta. Porque el Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres. Es un Padre que ama ardientemente a sus hijos, un Dios Creador que se desborda en cari\u00f1o por sus criaturas, y concede al hombre el gran privilegio de poder amar, trascendiendo as\u00ed lo ef\u00edmero y lo transitorio (2).<br>\nEstamos apuntando al n\u00facleo profundo que confiere unidad y fundamento a esa comunidad de investigaci\u00f3n y aprendizaje que era \u2013 que todav\u00eda podr\u00eda ser la Universitas Studiorum, la Universitas Magistrorum et Alumnorum. El Papa Juan Pablo II, con su ins\u00f3lita radicalidad, se\u00f1al\u00f3 ese n\u00facleo cuando, hace algunos a\u00f1os, mantuvo ante los estudiantes de Coimbra que la Universidad es esencialmente un \u00e1mbito de libertad para la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios. La filiaci\u00f3n divina es el misterio que nos libera de la vanidad y de la dispersi\u00f3n: el amor paternal de Dios abre la \u00fanica posibilidad real de que los seres humanos se amen los unos a los otros, y susciten as\u00ed una cultura innovadora. El v\u00ednculo del Evangelio con el hombre -dijo Juan Pablo II en la Universidad Complutense de Madrid- es creador de cultura en su mismo fundamento, ya que ense\u00f1a a amar al hombre en su humanidad y en su dignidad excepcional. (\u2026) La s\u00edntesis entre cultura y fe no es s\u00f3lo una exigencia de la cultura, sino tambi\u00e9n de la fe (\u2026). Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida.<br>\nLa fe se hace cultura porque ense\u00f1a a amar al hombre en su concreta humanidad, en esa unidad vital que est\u00e1 hecha de materia y de esp\u00edritu, de intimidad y trascendencia, de singularidad irrepetible y de apertura a lo universal. No es un acontecimiento hist\u00f3rico contingente el hecho de que la Universidad sea una instituci\u00f3n original y originariamente cristiana. Como tampoco lo misma idea de Universidad se oscurece y debilita cuando se olvidan sus ra\u00edces cristianas.<br>\nYa en el primer tercio de este siglo, Max Weber nos, ofreci\u00f3 la cr\u00f3nica anticipada de esa unidad perdida. Disipada la fe en el \u00fanico Dios verdadero, lo que queda es un polite\u00edsmo de los valores, un Olimpo neopagano, del que parten solicitaciones contrapuestas. El hombre contempor\u00e1neo se encuentra internamente desgarrado por una multiplicidad de lealtades incompatibles entre s\u00ed que, en su ruidosa carencia de armon\u00eda, s\u00f3lo coinciden en excluir la fidelidad indivisible al unum necessarium. Cada uno de nosotros experimenta en su propia carne esas vivencias de discontinuidad, que le obligan a cambiar de disfraz varias veces al d\u00eda. La persona ha vuelto a adquirir su etimol\u00f3gico significado de m\u00e1scara, de manera que en un solo sujeto cohabitan varias personas, sin que sea f\u00e1cil identificarse con ninguna de ellas.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Redescubrir el mundo de la vida<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 somos: miembros de una familia, profesionales, ciudadanos, creyentes, o simplemente payasos? Todo eso y nada de eso. Max Weber lo anunci\u00f3: el desencantamiento del mundo por la ciencia, la modernizaci\u00f3n salvaje, habr\u00eda de conducir a la producci\u00f3n de un tipo de hombres que serian especialistas sin alma, vividores sin coraz\u00f3n. Ya est\u00e1n por todas partes. Como tambi\u00e9n se ha hecho persuasiva la falta de sentido, que, seg\u00fan el soci\u00f3logo alem\u00e1n, seria el precio que habr\u00eda que pagar por la generalizada sustituci\u00f3n de las convicciones por las convenciones.<br>\nSe ha producido una nueva complejidad que no consiste s\u00f3lo en el aumento de las complicaciones que acompa\u00f1an desde siempre a la vida humana. Tambi\u00e9n ahora es verdad lo que dec\u00eda T.S. Eliot de todos nosotros: Human kind cannot support too much reality. Pero lo que ahora acontece es que la nueva complejidad no procede de un exceso de realidad sino de un vac\u00edo de ser. La proliferaci\u00f3n de la anomia y de los efectos perversos, que provoca en nosotros un estado de perplejidad, tiene su causa en la separaci\u00f3n entre las estructuras pol\u00edticas y econ\u00f3micas, por una parte, y la vida real y concreta de los individuos, por otra. Lo que los soci\u00f3logos llaman tecnoestructura o tecnosistema \u2013 el entramado del mercado, el Estado y los mass media- ofrece un aspecto de lo unreal, en el sentido de Newmann: el hombre de la calle ya no es capaz de reconocerse en esas configuraciones poderosas y fantasmales.<br>\nComo dice la boutade postmoderna, la nostalgia ya no es lo que era. La Universidad actual no puede refugiarse en el ghetto de una simplicidad buc\u00f3lica que tal vez nunca existi\u00f3 y que ahora es sencillamente imposible. (Al torero espa\u00f1ol Juan Belmonte se le atribuye este inapelable teorema de l\u00f3gica modal: Lo que no puede ser, no puede ser, y adem\u00e1s, es imposible).. La Universidad, si a\u00fan desea seguir siendo ella misma, se encuentra hoy ante el desaf\u00edo de comprender esa nueva complejidad, gestionarla, y convertirla en una complejidad que ya no sea perversa sino humana.<br>\nTal reducci\u00f3n y transformaci\u00f3n de la complejidad no se puede realizar con los recursos de conocimiento y acci\u00f3n provenientes de la propia tecnoestructura. Es preciso redescubrir una fuente de sentido olvidada, previa a todas nuestras construcciones e interpretaciones. Ese suplemento de alma est\u00e1 siempre ya dado. Es lo que, utilizando la terminolog\u00eda fenomenol\u00f3gica, podr\u00edamos llamar mundo de la vida (Lebenswelt). La fuente originaria de sentido, sumergida bajo las densas capas de la complejidad perversa, no es otra que la unidad de la vida humana: la unidad de las personas en su concreta humanidad, cuya naturaleza social exige su integraci\u00f3n en comunidades abarcables, a escala humana, entre las que figuran en primer lugar la familia y la escuela.<br>\nLa soluci\u00f3n que la Universidad puede aportar a una sociedad desorientada no reside primariamente en el recurso a esa abstracci\u00f3n que se llama cambio de estructuras. La verdadera soluci\u00f3n se halla en medio de la calle, en la inmediata realidad de la vida de los hombres, en sus modos de vivir y de trabajar y m\u00e1s radicalmente a\u00fan- en la referencia unitaria de la pluralidad de los asuntos humanos al Dios vivo y pr\u00f3ximo. En una homil\u00eda pronunciada al aire libre, en el campus de la Universidad de Navarra, Josemar\u00eda Escriv\u00e1 repet\u00eda a estudiantes y profesores que no puede haber una doble vida, que no podemos ser como esquizofr\u00e9nicos, si queremos ser cristianos: que hay una \u00fanica vida, hecha de carne y esp\u00edritu, y \u00e9sa es la que tiene que ser en el alma y en el cuerpo- santa y llena de Dios: a ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas m\u00e1s visibles y materiales. No hay otro camino (\u2026): o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Se\u00f1or, o no lo encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra \u00e9poca devolver -a la materia ya las situaciones que parecen m\u00e1s vulgares- su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas haciendo de ellas medio y ocasi\u00f3n de nuestro encuentro continuo con Jesucristo (3).<br>\nLa filosof\u00eda de la creaci\u00f3n y la teolog\u00eda de la gracia se a\u00fanan sin confusi\u00f3n para conferir a la idea de Universidad una tremenda energ\u00eda transformadora en este final del milenio. La dispersi\u00f3n y la banalidad se disipan cuando recordamos que el Esp\u00edritu Santo es -como dec\u00eda Tom\u00e1s de Aquino- el regalo primordial. M\u00e1s \u00edntima a m\u00ed que yo mismo, seg\u00fan la expresi\u00f3n agustiniana, esa luz de la Sabidur\u00eda increada ilumina todas las realidades creadas, incit\u00e1ndonos a avanzar en el desvelamiento del ser de las cosas. Porque hay un algo trascendental, un algo santo, divino, escondido en las situaciones m\u00e1s comunes, que toca a cada uno de nosotros descubrir.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Conciliaci\u00f3n desde dentro y por elevaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La Universidad se convierte en una apasionante aventura del esp\u00edritu cuando se entiende como una comunidad vital, en la que profesores y estudiantes se asocian libremente en el empe\u00f1o por detectar esos brillos humanos y divinos que reverberan en las realidades del mundo y de la sociedad (5). Se abre as\u00ed de nuevo la posibilidad de que sea la instituci\u00f3n que realice una s\u00edntesis de los saberes y una armonizaci\u00f3n de las formas de vida.<br>\nDonde est\u00e1 el peligro, all\u00ed surge tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n. El trabajo humano, que ha sido el foco de las utop\u00edas colectivistas y es ahora el cauce de las anti- utop\u00edas individualistas, se ennoblece al convertirse en medio para complementar la obra creadora, para servir a todos los hombres, especialmente a los m\u00e1s necesitados, y para buscar el propio perfeccionamiento, la santidad personal. Se trata de un planteamiento trascendente e inmanente a la vez, que rompe desde dentro y por elevaci\u00f3n, los c\u00edrculos cerrados de esa dial\u00e9ctica negativa que lleva a las ideolog\u00edas modernas a un punto muerto. Es un programa radicalmente anti-dial\u00e9ctico; pero no por una reiterada contraposici\u00f3n, que nada solucionar\u00eda, sino por una profundizaci\u00f3n en el misterio del ser y por una conciliaci\u00f3n anal\u00f3gica de las diversas dimensiones de la realidad. Es as\u00ed como se puede dise\u00f1ar una nueva cultura de vida, que se opone audazmente a la vieja cultura de muerte, seg\u00fan las pregnantes expresiones de Juan Pablo II.<br>\nLa escisi\u00f3n irreconciliable es semilla de muerte. La unidad arm\u00f3nica es ra\u00edz de vida y la esencia de la Universidad consiste en la convicci\u00f3n de que esa unidad org\u00e1nica es posible, de que existe una articulaci\u00f3n necesaria entre verdad y unidad que puede ser desvelada por la m\u00e1s alta actividad humana, por la teor\u00eda o contemplaci\u00f3n serena de la realidad. En cambio, la contraposici\u00f3n entre esp\u00edritu y materia, entre verdad y eficacia, entre educaci\u00f3n human\u00edstica y capacitaci\u00f3n profesional, es la herida no resta\u00f1ada por la que se desangra el ideal universitario.<br>\nS\u00f3lo el amor funde sin confundir, mantiene a la vez la alteridad y la identidad, logra la unidad de lo plural. Por esto estamos presenciando el fracaso de los programas acad\u00e9micos ilustrados: porque pretenden articular los saberes en el plano de una fr\u00eda objetividad, presuntamente neutral, que margina el amor a la verdad. La contraposici\u00f3n entre amor conocimiento, como si fueran respectivamente lo irracional y lo racional, es una perversi\u00f3n dial\u00e9ctica, que acaba por reducir el amor al deseo f\u00edsico y el conocimiento a esa trivial curiosidad que se enmascara bajo el optimismo desesperanzado de la erudici\u00f3n sin finalidad. Cuando, en rigor, el amor es la fuente de todo saber y la \u00edntima energ\u00eda que alimenta a una comunidad de investigaci\u00f3n y ense\u00f1anza. No cabe hablar de Universidad donde la indagaci\u00f3n y transmisi\u00f3n del conocimiento no se fundamenta en el amor apasionado al mundo y a nuestros hermanos los hombres, en cuya faz brilla el esplendor del Amor subsistente. No hay Universidad propiamente en las Escuelas donde. a la transmisi\u00f3n de los saberes no se una la formaci\u00f3n enteriza de las personalidades j\u00f3venes. Y el humanismo hel\u00e9nico fue consciente de esta riqueza de matices. Pero cuando -llegada la plenitud de los tiempos- Cristo ilumin\u00f3 para siempre las arcanas lejan\u00edas de nuestro destino eterno, qued\u00f3 establecido un orden humano y divino a la vez, en cuyo servicio tiene la Universidad su m\u00e1xima grandeza (6).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>A la altura del cambio hist\u00f3rico<\/strong><\/p>\n<p>La base firme de esta formaci\u00f3n integral es una preparaci\u00f3n intelectual s\u00f3lida y abierta, que se desglosa en un texto escrito hace a\u00f1os por el fundador de la Universidad de Navarra: Para ti, que deseas formarte una mentalidad cat\u00f3lica, universal, transcribo algunas caracter\u00edsticas:<br>\n\u2013 Amplitud de horizontes, y una profundizaci\u00f3n en\u00e9rgica. en lo permanentemente vivo de la Ortodoxia cat\u00f3lica.<br>\n\u2013 Af\u00e1n recto y sano -nunca frivolidad- de renovar las doctrinas t\u00edpicas del pensamiento tradicional en la filosof\u00eda y en la interpretaci\u00f3n de la historia\u2026<br>\n\u2013 Cuidadosa atenci\u00f3n a las orientaciones de la ciencia y del pensamiento contempor\u00e1neos.<br>\n\u2013 Actitud positiva y abierta ante la transformaci\u00f3n actual de las estructuras sociales y de las formas de vida (7).<br>\nCiertamente, la Universidad no vive de espaldas a ninguna incertidumbre, a ninguna inquietud, a ninguna necesidad de los hombres. No es misi\u00f3n suya ofrecer soluciones inmediatas. Pero, al estudiar con profundidad cient\u00edfica los problemas, remueve tambi\u00e9n los corazones, espolea la pasividad, despierta fuerzas que dormitan, y forma ciudadanos dispuestos a construir una sociedad m\u00e1s justa. Contribuye as\u00ed con su labor universal a quitar barreras que dificultan el entendimiento mutuo de los hombres, a aligerar el miedo ante un futuro incierto, a promover -con amor a la verdad, a la justicia ya la libertad- la paz verdadera y la concordia de los esp\u00edritus y las naciones (8).<br>\nLas grandes conmociones sociales y culturales que estamos viviendo estos \u00faltimos a\u00f1os vuelven a prestar una sorprendente actualidad a estos principios del esp\u00edritu universitario. Como en otros momentos cruciales de su ya larga historia, la instituci\u00f3n universitaria debe redescubrir en nuestro tiempo el papel decisivo que le corresponde en la orientaci\u00f3n de esos cambios tan hondos. Porque es esa memoria hist\u00f3rica la que nos dice que dejarse llevar por la corriente de los acontecimientos externos equivale siempre a la decadencia de la Universidad; mientras que su florecimiento s\u00f3lo acaece cuando acierta a estar en el origen mismo de los cambios.<br>\nCabe adivinar la mutaci\u00f3n que ahora se anuncia como el paso de la sociedad industrial a la sociedad del conocimiento. La quiebra de la interpretaci\u00f3n materialista de la historia no s\u00f3lo se ha hecho patente en los acontecimientos de Europa del Este, sino que ya se ven\u00eda evidenciando en la revoluci\u00f3n silenciosa que est\u00e1 cambiando nuestro modo de trabajar y de pensar. Hoy ya sabemos que la verdadera riqueza de los pueblos no estriba primariamente en su capacidad de transformar la materia. Nuestro principal recurso consiste ahora en la potencialidad para generar nuevos conocimientos, y en la agilidad y versatilidad para procesar y transmitir la informaci\u00f3n.<br>\nClaro aparece que, en una situaci\u00f3n de esta traza, las demandas que se hagan a la Universidad ser\u00e1n tan perentorias como arduas de responder. Para estar a la altura de tales circunstancias hist\u00f3ricas, para ser capaces de gestionar el cambio con originalidad y eficacia, la propia mentalidad de los universitarios habr\u00e1 de experimentar tambi\u00e9n una significativa innovaci\u00f3n. Pero lo m\u00e1s interesante de este reto estriba en que el progreso que se nos est\u00e1 pidiendo es -en el sentido de la aristot\u00e9lica praxis teleia- un avance hacia nosotros mismos, un nuevo encuentro con la genuina tradici\u00f3n de la Universitas Studiorum. La nueva sensibilidad cultural, as\u00ed como el impresionante despliegue de la ciencia y la tecnolog\u00eda en las \u00faltimas d\u00e9cadas, han roto los compartimientos estancos de las disciplinas convencionales, y est\u00e1n clamando por una nueva articulaci\u00f3n de los conocimientos que vuelva a radicar la pluralidad de saberes en la unidad de un horizonte humano con verdadero sentido.<br>\n<strong>De lo objetivo a lo artesanal<\/strong><br>\nLa interdisciplinariedad ha dejado de ser un lema decorativo, una especie de lugar com\u00fan en el discurso universitario. La interdisciplinariedad es hoy una exigencia indeclinable, porque los problemas reales a los que la Universidad debe buscar soluci\u00f3n abarcan siempre diversos campos cient\u00edficos y no pueden quedar atrapados por la red de un sistema organizativo r\u00edgido.<br>\nLa propia gesti\u00f3n interna de las universidades ha de adecuarse a esa din\u00e1mica de cooperaci\u00f3n interfacultativa. Adem\u00e1s de generosidad y altura de miras, la nueva situaci\u00f3n requiere unos procedimientos operativos que la Universidad puede encontrar tambi\u00e9n en su propio seno, en las ciencias que tratan de la acci\u00f3n humana.<br>\nPero como antes apuntaba, el cambio del modelo organizativo seria superficial, e incluso ineficaz, si no se fundamentara en el cambio del paradigma epistemol\u00f3gico y \u00e9tico. Seg\u00fan ha se\u00f1alado el profesor Maclntyre, se trata de pasar del modelo de la evidencia al modelo de la verdad.<br>\nDe acuerdo con el modelo de la evidencia, no hay hondura de realidad, no hay misterio alguno en el ser de las cosas, s\u00f3lo hay problemas que pueden llegar a resolverse con una adecuada metodolog\u00eda. Las objetividades est\u00e1n ah\u00ed, disponibles para todo el que las tematice con el m\u00e9todo adecuado. Un buen m\u00e9todo nos abre al espect\u00e1culo de las objetividades: un mundo accesible con independencia del temple \u00e9tico personal, de la comunidad en la que habitamos, de la historia que vivimos. Este planteamiento ha conducido aun callej\u00f3n sin salida, a una situaci\u00f3n de ficciones generalizadas en el lenguaje cient\u00edfico y \u00e9tico, a una profunda desmoralizaci\u00f3n en amplios sectores de la sociedad. Pienso que ya es tiempo de pasar del paradigma de la evidencia al paradigma de la verdad. De acuerdo con el paradigma de la verdad, el saber te\u00f3rico y pr\u00e1ctico tiene mucho de oficio, de artesan\u00eda casi: tal es el sentido cl\u00e1sico del t\u00e9rmino sabio. Para llegar a saber, es preciso integrarse en una comunidad de aprendizaje, que tiene su din\u00e1mica de tradici\u00f3n y progreso, que establece normas a las que se vinculan libremente sus miembros, que fomenta virtudes intelectuales y \u00e9ticas sin las cuales todo avance en el conocimiento es superficial e ilusorio. El acceso a la verdad requiere una severa preparaci\u00f3n, valores compartidos y autodisciplina; lo mismo que el recto ejercicio de la libertad, al que est\u00e1 estrechamente vinculada.<br>\nLa Universidad recoge las vitalidades que se estrenan en la vertiente nueva de la juventud, las templa en los h\u00e1bitos te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos, y las lanza a las tareas directivas de la vida social. Una ense\u00f1anza de calidad es mucho m\u00e1s que la transferencia de un conocimiento I decantado, mucho m\u00e1s que una pura transmisi\u00f3n de informaci\u00f3n. A la vista del actual panorama educativo en casi todo el mundo, podr\u00edamos preguntamos con T .S. Eliot: Where is wisdom we have lost in knowledge? Where is knowledge we have lost in information?<br>\nUna ense\u00f1anza de calidad es la forja \u00e9tica y cient\u00edfica de personalidades maduras y libres, que crecen junto a sus profesores y compa\u00f1eros en un ambiente f\u00e9rtil, en un clima e convivencia culta, de responsabilidad c\u00edvica y de promoci\u00f3n de la justicia social. Una buena ense\u00f1anza superior est\u00e1 hecha de aprendizaje de contenidos s\u00f3lidos, pero tambi\u00e9n de incorporaci\u00f3n de metodolog\u00edas innovadoras, de adquisici\u00f3n de estilos relacionales y de incremento de la capacidad a creativa.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Tres metas universitarias<\/strong><\/p>\n<p>Las tres metas institucionales de la Universidad son la elaboraci\u00f3n de la s\u00edntesis de los saberes, la formaci\u00f3n arm\u00f3nica de los estudiantes, y el servicio al entorno social. Tales finalidades presentan ahora, en el claroscuro de este fin de siglo, una renovada actualidad. Hoy es necesario y posible intentar que el humanismo de ra\u00edz cl\u00e1sica se d\u00e9 la mano con la ciencia m\u00e1s avanzada y con la tecnolog\u00eda de vanguardia. Cabe empe\u00f1arse en la formaci\u00f3n de profesionales que sean eficaces, precisamente porque tienen una visi\u00f3n unitaria y global de la realidad, porque son personas cultas. Servir a la sociedad no equivale a sucumbir ante las rutinas del pragmatismo, sino que implica la audaz anticipaci\u00f3n de un futuro m\u00e1s justo.<br>\nLa fecundidad de la tarea acad\u00e9mica adquiere perspectivas trascendentes cuando -en un clima de di\u00e1logo y libertad- se inspira en los valores cristianos presentes en la originaria idea de Universidad. La fe es iluminaci\u00f3n y acicate, en modo alguno constricci\u00f3n o barrera, cuando se comprende que el cristianismo es vida liberada por Cristo, existencia redimida de la vanidad y la dispersi\u00f3n. Como dijo en una ocasi\u00f3n la profesora Elizabeth Anscombe, lo decisivo en una Universidad es si en ella se sabe que Dios es la Verdad.<br>\nLa verdad no admite sustituto v\u00e1lido. La verdad no acepta condiciones. Como recuerda Rafael Tom\u00e1s Caldera, Tom\u00e1s de Aquino no vacila en aconsejar a un joven estudiante: no te fijes en quien habla, sino guarda en tu memoria todo lo que oigas de bueno, y ese consejo de sopesar toda palabra escuchada, sin dividir de antemano a los hombres en dignos e indignos de atenci\u00f3n, traduce el temple de un esp\u00edritu que ama la verdad sin condiciones. \u00bfNo hab\u00eda escrito Aquino tambi\u00e9n que onme verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est: que toda palabra verdadera, sea quien fuera el que la diga, procede del Esp\u00edritu Santo? (9).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>El oficio del sabio<\/strong><\/p>\n<p>De este modo, la comunicaci\u00f3n de la verdad contemplada se realiza seg\u00fan justicia e introduce un principio de justicia en la sociedad: al hacer patente el fin y el bien -la verdad esencial acerca del mundo, del hombre, de Dios-, suscita esa tensi\u00f3n hacia lo superior y ese pleno respeto a la persona, que son capaces de moderar la hybris, la desmesura del af\u00e1n de dominio o de placer. Puede entonces haber paz, el sosiego del orden, fruto de la justicia. Al menos, por un tiempo (10).<br>\nEl oficio del sabio resulta por ello una necesidad constante en la vida de la sociedad que, sin la palabra fundamental, tiende a la disgregaci\u00f3n. Como se lee en los libros sapienciales: si falta la palabra prof\u00e9tica, el pueblo se disgregar\u00e1 (11). Y tambi\u00e9n: la multitud de los sabios es salud del mundo (12). El propio Santo Tom\u00e1s hab\u00eda dicho que dos cosas son las que corrompen la justicia; la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso.<br>\nMisi\u00f3n de la Universidad es actualizar el oficio del sabio en cada tiempo hist\u00f3rico. Los maestros pasan, pero la tarea es constante. Cuanto m\u00e1s adversas parezcan las circunstancias, m\u00e1s necesaria es esa misi\u00f3n. Cada aportaci\u00f3n personal, por insignificante que parezca, cumple un papel en la narrativa de esta historia, que tiene un car\u00e1cter unitario, porque cada una de las universidades no son sino una realizaci\u00f3n de la Universidad como instituci\u00f3n. Ante el corcurvatum in seipsum ante una cultura dominante que se autorrelativiza, la Universidad como instituci\u00f3n deber\u00eda desaparecer. Pero si advertimos ese peligro, nuestra tarea de estudiantes y profesores, nuestra modesta inquisitio veritatis (13), nuestra humilde b\u00fasqueda de la verdad, empieza a ser ya una potente contrapartida al oscuro empe\u00f1o de la abolici\u00f3n del hombre.<br>\nLa tarea del sabio que torpemente intentamos realizar en la Universidad, s\u00f3lo podr\u00e1 culminar cuando la unidad de una vida alcance su cumplimiento. Afrontaremos entonces el riesgo y la esperanza del juicio sobre la autenticidad de nuestra misi\u00f3n. Porque, como dice San Juan de la Cruz, en la tarde de la vida seremos examinados en el amor.<\/p>\n<p class=\"textogris\">(1) Discurso acad\u00c3\u00a9mico. Pamplona, 9 de mayo, 1974.<\/p>\n<p>(2) Ibid.<br>\n(3) Homil\u00c3\u00ada, 8 de octubre, 1967; Conversaciones, n.114.<br>\n(4) Cfr. Conversaciones, n.114.<br>\n(5) Cfr. Conversaciones, n.119.<br>\n(6) Discurso acad\u00c3\u00a9mico. Pamplona, 28 de noviembre, 1964.<br>\n(7) Surco, n.428.<br>\n(8) Discurso acad\u00c3\u00a9mico, Pamplona, 7 de octubre, 1972.<br>\n(9) Cfr. Super Iob, I, lect.3, n.103; De Ver., I, 8, s.c.l.<br>\n(10) El oficio del sabio. Caracas. 1991, p.15.<br>\n(11) Prov., 29, 18.<br>\n(12) Sap. 6, 26.<br>\n(13) I Contra Gentiles, 5.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"20920\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Amar libremente la verdad: Este es el meollo de la vida universitaria.  Vida que s&oacute;lo es posible en una comunidad intelectual y &eacute;tica. 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