{"id":20521,"date":"1993-03-01T00:00:00","date_gmt":"1993-03-01T05:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/192.168.1.157\/istmo\/?p=20521"},"modified":"1993-03-01T00:00:00","modified_gmt":"1993-03-01T05:00:00","slug":"cultura_y_plenitud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1993\/03\/01\/cultura_y_plenitud\/","title":{"rendered":"Cultura y plenitud"},"content":{"rendered":"<button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"20521\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button><body><p>Me he permitido calificar esta celebraci\u00f3n de reinauguraci\u00f3n, ateni\u00e9ndome a aquellas palabras de Goethe cuando advierte que &lt;&lt;se camina no s\u00f3lo para llegar sino para seguir caminando&gt;&gt;. Toda reinauguraci\u00f3n, todo recomienzo, posee mucho de fascinante y misterioso, por lo que contiene de logro y reto, plenitud y expectativas; porque encierra, simult\u00e1neamente, el gozo de la conquista ya realizada y el sabroso agridulce de nuevas y desconocidas aventuras.<br>\nReinauguraci\u00f3n en la difusi\u00f3n -en este d\u00eda alegre- de esa cultura que inteligentemente recibida, cr\u00edticamente asimilada, libremente aceptada y responsablemente vivida, se ofrece a cada uno de los lectores, con el sano prop\u00f3sito de ayudarle en su personal\u00edsima tarea de alcanzar la plenitud vital.<br>\n<strong>Cultivo de contenidos<\/strong><br>\n&lt;&lt;Si el hombre -dice Basave- es constitutivamente af\u00e1n de plenitud sustancial, el fin de la educaci\u00f3n -y con ella, de la cultura- es la plenitud de la naturaleza humana&gt;&gt; (1). Lograr la conquista de la libertad interior y espiritual a que aspira todo hombre por medio del conocimiento y la sabidur\u00eda, la buena voluntad y el amor: &lt;&lt;la libertad que despierta y fortalece el sentido de las obligaciones y responsabilidades personales y sociales&gt;&gt;, como lo se\u00f1ala Maritain (2). Vista as\u00ed, la cultura que se propone transmitir Istmo, es lo m\u00e1s alejado a la simple acumulaci\u00f3n erudita y est\u00e9ril de datos y noticias; pretende, m\u00e1s bien, una &lt;&lt;estructura cognoscitiva y \u00e9tica&gt;&gt; (3). &lt;&lt;Contenidos que nos vitalizan y, de nosotros, reciben su vitalidad y vigor. Conocimientos que se hacen, en nosotros, carne y sangre, vida y esp\u00edritu&gt;&gt; (4). S\u00f3lo como broma se puede aceptar aquello de que la cultura sea &lt;&lt;eso&gt;&gt; que nos queda una vez que olvidamos todo lo que hab\u00edamos aprendido.<br>\nDesde luego que la cultura es mucho m\u00e1s que &lt;&lt;eso&gt;&gt;.<br>\nSabemos que el t\u00e9rmino &lt;&lt;cultura&gt;&gt; se deriva del verbo latino colere, que significa &lt;&lt;cultivar&gt;&gt;, desarrollar, ayudar a crecer, hacer fructificar; as\u00ed, el t\u00e9rmino comenz\u00f3 con un empleo metaf\u00f3rico. Fue Cicer\u00f3n, en sus Tusculanas, quien escribi\u00f3 que: &lt;&lt;lgual que una tierra sin cultivar, por buena que sea, si se abandona s\u00f3lo produce abrojos, el esp\u00edritu del hombre necesita ser cultivado para producir los frutos que le son propios&gt;&gt;.<br>\nEn un sentido subjetivo, es decir con respecto a la persona, la cultura es un proceso y resultado. Proceso porque es una labor: la ejercitaci\u00f3n de sus facultades espirituales, a fin de que produzcan cada vez m\u00e1s abundantes y mejores frutos; resultado, en cuanto se trata del car\u00e1cter de la persona cultivada que ha desarrollado su buen juicio, buen gusto y sentido cr\u00edtico, como lo expresa Ib\u00e1\u00f1ez-Mart\u00edn (5).<br>\nPor otra parte, en sentido objetivo, el concepto de cultura significa &lt;&lt;la suma de las creaciones humanas acumuladas en el transcurso de los siglos&gt;&gt;, tal como lo expone Alvear Acevedo (6). En este \u00faltimo sentido, la cultura admite la consideraci\u00f3n en distintos niveles y aspectos, como cuando hablamos de la cultura hel\u00e9nica o renacentista, o bien cuando aludimos a la cultura musical, est\u00e9tica o religiosa; o m\u00e1s reductivamente a\u00fan, cuando nos referimos a la mayor o menor cultura que ha adquirido determinada persona.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Pelucas empolvadas<\/strong><\/p>\n<p>A prop\u00f3sito del sentido objetivo de cultura, me parece que conviene hacer algunas advertencias: en ocasiones se pretende establecer, indebidamente, una separaci\u00f3n radical entre naturaleza y cultura, como si el hombre no formara parte de la naturaleza y como si la cultura no fuera una obra libre.<br>\nTampoco resulta razonable oponer, como a veces se hace, incluso tajantemente, los conceptos de cultura y civilizaci\u00f3n, referido el primero a los logros humanos en el terreno de las llamadas &lt;&lt;humanidades&gt;&gt;; y reservado el concepto de civilizaci\u00f3n a las realizaciones de los hombres en el campo del progreso material o tecnol\u00f3gico, como si fuese privativo de las \u00e1reas t\u00e9cnicas y como si en toda m\u00e1quina, aparato, utensilio, modificaci\u00f3n geogr\u00e1fica o en todo sistema electr\u00f3nico o cibern\u00e9tico no hubiera ah\u00ed m\u00e1s esp\u00edritu humano que simples materiales. Esta oposici\u00f3n injustificada es lo que ha provocado la llamada &lt;&lt;guerra entre las dos culturas&gt;&gt;: la humanista y la t\u00e9cnica.<br>\nTambi\u00e9n resulta err\u00f3neo identificar la cultura con los medios para su difusi\u00f3n y transmisi\u00f3n: teatros, cines, libros, etc\u00e9tera. Por eso resulta que el hecho de leer mucho, asistir con frecuencia a las salas teatrales o devorar &lt;&lt;celuloide&gt;&gt;, a nadie garantizan cultura y, mucho menos, plenitud existencial.<br>\nIgualmente resulta indamisible el intento de separar, te\u00f3rica o pr\u00e1cticamente, cultura y vida, como si aqu\u00e9lla -la cultura- fuera tan s\u00f3lo un artificio antinatural, suntuario y sobrepuesto a la realidad vital como careta de lujo o peluca empolvada.<br>\nEs lo que convierte a la cultura en algo postizo, irreal y objeto de pedanter\u00eda. Esto no quiere decir que debamos identificar, tampoco, cultura y cotidianeidad: no todo lo que hace el hombre pasa, de modo autom\u00e1tico, a convertirse en cultura. En este sentido, no es cierto que todo libro, disco, pieza teatral, canci\u00f3n, etc\u00e9tera, sean necesariamente cultura. Los productos culturales son aqu\u00e9llos que el tiempo y las distancias se encargan de decantar. Si no, a la cultura le ocurrir\u00eda lo mismo que a mucha de la llamada &lt;&lt;m\u00fasica popular&gt;&gt;, cuya principal caracter\u00edstica es que por muy poco tiempo es popular.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Intimidad y di\u00e1logo<\/strong><\/p>\n<p>La aut\u00e9ntica cultura presenta, por lo menos, tres hechos incuestionables. El primero, que toda forma cultural tiene su g\u00e9nesis m\u00e1s radical en el esp\u00edritu humano, en el lugar de la vivencia totalmente \u00edntima como lo expresa D\u00fcrr: &lt;&lt;Ah\u00ed, donde el hombre conoce, decide y ama; en cuyo seno se da, con car\u00e1cter de exclusividad, la experiencia de los bienes y valores de la existencia y la estimaci\u00f3n del peso de unos frente a otros&gt;&gt; (7).<br>\n&lt;&lt;EI pensamiento es, esencialmente, contraste de visiones y el di\u00e1logo constituye su indispensable veh\u00edculo&gt;&gt; (8). Pensar es entrar en di\u00e1logo abierto y sincero con el mundo y con los dem\u00e1s. El hombre vive y convive en el gran escenario del mundo material y social; s\u00f3lo mediante el di\u00e1logo el ser humano puede satisfacer sus ansias de ser cada vez m\u00e1s \u00e9l -ser un &lt;&lt;s\u00ed mismo&gt;&gt;-, a la par que logra ser con los dem\u00e1s y asemejarse a ellos; ser solidario y semejante.<br>\nS\u00f3lo as\u00ed, siendo &lt;&lt;un-s\u00ed-mismo-semejante&gt;&gt; (9), el hombre, como pensante, puede convertirse en creador, receptor y transmisor de bienes de cultura que a su vez le permitan acercarse a su mayor plenitud. Esta es la perenne condici\u00f3n dial\u00f3gica del pensamiento.<br>\nEl segundo de los hechos antes sugeridos se desprende naturalmente del anterior y es, tambi\u00e9n, el obligado car\u00e1cter dial\u00f3gico de la cultura. Se precisa delinear con claridad los t\u00e9rminos que hagan posible todo intento serio de construir y difundir cultura; antes que nada &lt;&lt;la consideraci\u00f3n seria del objeto que se quiere definir, ir hacia \u00e9l, dialogar con \u00e9l; siempre ser\u00e1 el objeto, lo que sirva de medida al conocimiento y no la sola impresi\u00f3n subjetiva de quien establece las relaciones afirmativas o negativas&gt;&gt; (10). S\u00f3lo este di\u00e1logo permite fijar t\u00e9rminos verdaderos, lo cual no siempre resulta f\u00e1cil ni c\u00f3modo, porque definir de alguna manera tambi\u00e9n es definir-se; y esto requiere, generalmente, sinceridad, ausencia de prejuicios, estudio y esfuerzo. Precisar con verdad y atenerse a ello, es comprometerse, tomar partido, sentirse obligado, &lt;&lt;lo cual a veces es muy molesto y a menudo resulta fastidioso por todo lo que implica de responsabilidad y congruencia&gt;&gt; (11). &lt;&lt;Culturizar&gt;&gt;, es decir, hacer cultura, transmitir cultura y hacerse cultura, es un verbo que s\u00f3lo se conjuga en plural.<br>\nPor eso no es verdadera ni noble la cultura que se gesta en la sola subjetividad, cerrada al di\u00e1logo, y que aspira, inmanentemente, a permanecer en s\u00ed misma, como pretende la &lt;&lt;cultura de la subjetividad&gt;&gt; -que llamo as\u00ed aunque s\u00f3lo sea de modo provisional-, que es la cultura preconizada por la ideolog\u00eda modernista; ni la cultura herm\u00e9tica de las &lt;&lt;\u00e9lites selectas&gt;&gt;, reservada ego\u00edstamente para unos cuantos iniciados; ni esa otra cultura acelerada y caduca, &lt;&lt;constre\u00f1ida a la aplicaci\u00f3n t\u00e9cnica, industrial o comercial, empujada a la s\u00edntesis por exigencias de la rapidez del proceso productivo, que tarde o temprano acaba evitando la responsabilidad y los riesgos del di\u00e1logo y del debate, haci\u00e9ndose as\u00ed formularia y dogm\u00e1tica&gt;&gt; (12), porque es una cultura que no define t\u00e9rminos, sino que s\u00f3lo admite suposiciones, y este sentido de incertidumbre hace m\u00e1s eficaz para el hombre moderno la aceptaci\u00f3n pasiva de nuevas f\u00f3rmulas.<br>\nY as\u00ed, los hombres renuncian a juzgar; buscan s\u00f3lo la diversi\u00f3n que les proporciona esa cultura, una diversi\u00f3n que acaba por aburrirlos. Es una cultura que tiene miedo a que los hombres piensen.<br>\nAlgunos esp\u00edritus rom\u00e1nticos, han cre\u00eddo hallar la soluci\u00f3n al problema provocado por la cultura de la subjetividad, present\u00e1ndola no como una industria, sino como un arte. &lt;&lt;El arte -dicen- tiene la felicidad para el hombre, porque el arte no se juzga: se siente&gt;&gt;. Pero resulta que ese arte tampoco libera a los hombres de su malestar, ya que este nuevo y extra\u00f1o arte &lt;&lt;no puede decirles nada verdadero: no puede imitar a la naturaleza porque \u00e9sta ya no existe, es s\u00f3lo apariencia; no puede expresar el yo, porque \u00e9ste es fen\u00f3meno tambi\u00e9n fraccionado en m\u00faltiples instantes; este arte no puede tampoco proporcionarle ideales: es un arte inhumano, que oscila entre el fr\u00edo cerebralismo y los balbuceos instintivos&gt;&gt; (13).<br>\nPor eso se entiende que estas formas patol\u00f3gicas de cultura, por lo que tienen de subjetivismo, industrialismo y arbitrariedad, sean constantemente blanco de numerosos y justificados reproches.<br>\n<strong>Subjetividad: c\u00e1rcel del profeta<\/strong><br>\nY del choque, a veces violento entre inmanencia y trascendencia, entre tradici\u00f3n y progreso, entre adaptaci\u00f3n y revoluci\u00f3n, la situaci\u00f3n &lt;&lt;resulta ser cada vez m\u00e1s confusa. La cultura, cansada de este caracoleo, ya no sabe hacia qu\u00e9 rumbo dirigirse, no opta ya ni por la revoluci\u00f3n, ni por la adaptaci\u00f3n, ni por el pasado ni por el presente. Se decide m\u00e1s bien a trabajar \u00e1rduamente en la planificaci\u00f3n del porvenir, y es as\u00ed como tenemos a toda una inmensa pl\u00e9yade de futur\u00f3logos, prospectiv\u00f3logos, oci\u00f3logos y recre\u00f3logos de la cultura del ma\u00f1ana, que predice, anuncia, prefigura, profetiza, prev\u00e9 y adivina&gt;&gt; (14). Son los que, sustray\u00e9ndose al di\u00e1logo con la aut\u00e9ntica cultura, cometen la osad\u00eda de ir dando los resbaladizos pasos &lt;&lt;del que no quiere o\u00edr nada, no quiere ver nada y, finalmente, s\u00f3lo ve y oye lo que quiere, lo cual constituye, en definitiva, un proceso imperceptible: la mente obstinada acaba haciendo encajar las cosas con sus ideas, en lugar de adaptar el pensamiento a las cosas&gt;&gt; (15).<br>\nPara quien se niega a dialogar con la realidad natural y con la realidad cultural, es imposible lograr la plenitud que busca. Se autocondena a permanecer encerrado en una -rara pero frecuent\u00edsima- forma de subjetividad extrema. Una subjetividad que se tiene a s\u00ed misma como \u00fanico objeto de contemplaci\u00f3n, an\u00e1lisis y fundamento. Subjetividad autofundada y autofundante, que pretende vivir al margen de toda verdad y de toda norma; subjetividad &lt;&lt;tautol\u00f3gica&gt;&gt; -como la llama Mill\u00e1n Puelles-, en cuanto se tiene a s\u00ed misma como \u00fanico objeto de pensamiento y en ese pensamiento pretende conocer todo lo dem\u00e1s, seg\u00fan el planteamiento cartesiano del cual arranca la aventura de la modernidad; subjetividad que tambi\u00e9n pudi\u00e9ramos calificar de &lt;&lt;tautoest\u00e9sica&gt;&gt;, en cuanto que tiene a su propio sentimiento como \u00fanica y omn\u00edmoda realidad, y que pretende ser aut\u00f3noma en su saber, obrar y vivir, seg\u00fan el planteamiento russeauniano.<br>\nSubjetividad que no llega a la plenitud porque, aunque se cree libre, es simplemente aislada; no es plena, sino sencillamente &lt;&lt;hinchada&gt;&gt; y se empe\u00f1a exaltadamente en considerarse semejante a Atenea, quien seg\u00fan el mito griego, naci\u00f3 sola, madura, perfecta y sin madre, de la cabeza de Zeus.<br>\nEsta subjetivdad, a fuerza de encerrarse en s\u00ed misma, termina por zanjar toda posibilidad de pensamiento y cultura, por ahogar en s\u00ed todo lo humano y, por ende, invalida cualquier intento de plenificaci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Desahogo creativo<\/strong><\/p>\n<p>Querer basar el pensamiento, establecer la cultura y toda propuesta de plenitud en tan delicuescentes cimientos, resulta del todo punto imposible; ser\u00eda tan absurdo y contraproducente como el suplicio de T\u00e1ntalo, aquel pobre desgraciado a quien todo intento por alcanzar su objetivo lo alejaba dram\u00e1ticamente del mismo. Un hombre apresado en esta cultura de la subjetividad -de esta subjetividad superexaltada-, por erudito y habilidoso que sea, en la medida en que se enclaustra en su propio pensar y en su propio sentir, pierde el sentido com\u00fan y, seg\u00fan el decir de Wendell Holmes: &lt;&lt;La cultura es una buena pieza de mobiliario para decorar un primer piso, siempre que haya sentido com\u00fan en la planta baja&gt;&gt; (16).<br>\nCon todo esto, la actividad y creatividad humanas se transformar\u00e1n en glorificaci\u00f3n del subjetivismo deliberadamente desatinado, y la cultura ya sin verdades y sin normas, se convertir\u00e1 -para decirlo con palabras de Chesterton- en una infinita adici\u00f3n de excepciones sin ninguna regla. A partir de esto, no resulta nada extra\u00f1o el que Andr\u00e9 Bret\u00f3n haya podido decir en su Manifieste du surr\u00e9alisme, que se trata ahora de alcanzar: &lt;&lt;la ausencia de todo control ejercido por la raz\u00f3n\u2026 de puro automatismo ps\u00edquico\u2026; ser creativo significa entonces hacer algo para desahogarse, para crear\u2026&gt;&gt; (17). Y fue as\u00ed como en algunas universidades empezaron a proliferar los cursos de &lt;&lt;desahogo creativo&gt;&gt;.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>\u00c1ngeles irresponsables<\/strong><\/p>\n<p>La inglesa Ann Hartle ofrece un retrato del hombre moderno, creador de esta cultura de la subjetividad: &lt;&lt;EI hombre contempor\u00e1neo es consciente de si mismo como un centro individual de autoconsciencia para el cual incluso sus propias acciones son en cierto modo ajenas. Cuando el hombre contempor\u00e1neo habla de \u201cencontrarse a s\u00ed mismo\u201d quiere decir que tiene que mirar dentro de s\u00ed, ponerse en contacto con un sujeto interior que supone que est\u00e1 all\u00ed dentro de \u00e9l. La enajenaci\u00f3n, en su sentido m\u00e1s profundo, ha llegado a significar la separaci\u00f3n del individuo respecto de su \u201cverdadera personalidad\u201d\u2026 La felicidad, en estos t\u00e9rminos, es m\u00e1s bien como un estado de \u00e1nimo o sentimiento, un \u201cser uno mismo\u201d que s\u00f3lo se refleja (de manera imperfecta y distorsionada) en las propias acciones. La presuposici\u00f3n es que la persona interior es buena, pura, pero invisible a los dem\u00e1s: si pudiera uno tan s\u00f3lo desnudarse de todo lo que le rodea el \u201ccentro\u201d, lo que quedar\u00eda seria bueno y digno de amor&gt;&gt; (18).<br>\nEs decir, un sujeto interior siempre bueno, puro y angelical; y, por otro lado, un &lt;&lt;yo&gt;&gt; exterior, que act\u00faa hacia afuera y del que yo no soy responsable. Ruptura total de la unidad de vida: entre vida privada y vida p\u00fablica, entre ser y parecer; ya nada es verdad y, como dice Zaratustra: &lt;&lt;Si nada es verdad, todo est\u00e1 permitido&gt;&gt;. A partir de ahora, \u00a1la verdad ha muerto, viva la opini\u00f3n! La ciencia, seg\u00fan esto, ya no ser\u00e1 m\u00e1s &lt;&lt;el conocimiento cierto de las cosas por sus causas y demostraciones&gt;&gt;, sino simplemente &lt;&lt;un sistema mental de datos que guardan entre s\u00ed la debida congruencia&gt;&gt;, independientemente de la realidad porque, seg\u00fan acuerdo un\u00e1nime, la realidad ya no existe. La verdad es reducida a opini\u00f3n. &lt;&lt;Acostumbrado a ser etiquetado como un \u201cestar-ah\u00ed\u201d, \u201cun-estar-arrojado\u201d, un \u201cotro\u201d, un \u201csurgimiento\u201d, un \u201cego puesto en relaci\u00f3n animal\u201d, etc\u00e9tera, el hombre se ha vuelto insensible a esas querellas verbales&gt;&gt; (19) y a ese relativismo intelectual que por todas partes ha sembrado la euforia de la opini\u00f3n subjetiva y, por tanto, relativizante, que viene a constituir un panorama &lt;&lt;cultural&gt;&gt; -por llamarle de alguna forma- inestable, inseguro, veleidoso y movedizo que, de ninguna manera ayuda a la plenificaci\u00f3n de nadie, antes bien fracciona y disuelve al hombre en un mar de incertidumbres e irresoluciones.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Convenci\u00f3n de sin razones<\/strong><\/p>\n<p>Se trata de conocer m\u00e1s y m\u00e1s cosas, sin importar lo que las cosas sean, y &lt;&lt;viene el frenes\u00ed de la informaci\u00f3n, una informaci\u00f3n parcelada y precipitada por exigencias de la rapidez en la producci\u00f3n y distribuci\u00f3n; informaci\u00f3n que llega al hombre inmerso en la econom\u00eda del consumo, al cual se sugiere -dice Eco- constantemente a trav\u00e9s de la publicidad, las transmisiones de televisi\u00f3n y las campa\u00f1as de persuasi\u00f3n que act\u00faan en todos los aspectos de la vida cotidiana; aquello que debe desear y c\u00f3mo obtenerlo, seg\u00fan determinados procedimientos prefabricados que le eximen de tener que proyectar arriesgada y responsablemente&gt;&gt; (20). Y como esta cultura de la subjetividad se apoya, &lt;&lt;en los pintorescos mitos, creencias y s\u00edmbolos que ella misma crea partiendo de las inagotables fuentes que constituyen los mass media, de \u00e9stos extrae todo lo que gusta y, naturalmente, todo es hecho para gustar, porque \u00e9sta es la \u00fanica forma de mantener a las masas en su condici\u00f3n de inferioridad y servil y hacerles creer as\u00ed que las cosas van bien de ese e modo.<br>\n&lt;&lt;El subjetivismo se mantiene gracias a la antirraz\u00f3n, cuya arma principal es la opini\u00f3n que todo lo vence, pues ella misma se halla por encima de la verdad y la falsedad, provocando as\u00ed el advenimiento de la \u201comnisciencia\u201d, gracias a la cual, el sujeto moderno expresa lo que \u00e9l cree ser su propia verdad y el interlocutor cree escuchar aquello que \u00e9l quiere que sea verdad. El viejo dicho de Mirabeau \u201ctodo hombre tiene derecho a ense\u00f1ar lo que sabe\u201d, ha sido al fin completado y, de ahora en adelante habr\u00e1 que decir que \u201ctodo hombre tiene derecho a ense\u00f1ar lo que sabe\u2026 incluso lo que no sabe\u201d&gt;&gt; (21).<br>\nBasta con que alguien, no importa qui\u00e9n, exprese su idea, tampoco importa cu\u00e1l, a condici\u00f3n de que \u00e9sta sea personal, subjetiva y sincera, para que brille la verdad espont\u00e1nea, f\u00e1cil y pura\u2026 La nueva forma de razonar es \u00e9sta: &lt;&lt;Pienso que las cosas son as\u00ed, quiero que las cosas sean as\u00ed, luego, las cosas son as\u00ed&gt;&gt;. \u00bfNo es esto lo que se escucha a diario en tantos programas de radio y televisi\u00f3n? Como que por obra de magia se opera la metamorfosis: a fuerza de desearlo sinceramente, el mito se convierte en hecho, la fantas\u00eda en realidad, el error en verdad y har\u00e9 el necio en sabio. Por eso f\u00e1cil es que se han visto anunciados, en algunas universidades extranjeras, cursos como \u00e9ste: &lt;&lt;La filo-psico- socio-.tecno- pedagog\u00eda de la creatividad en la escuela elemental y media&gt;&gt; (22;despu\u00e9s de esto, ya nada nos puede hacer sonrojar.<br>\nY muchas veces son tambi\u00e9n clases, coloquios y simposia, adem\u00e1s de radio, televisi\u00f3n y prensa, &lt;&lt;los escenarios cotidianos de esta cultura, en los que se exponen preceptos del orden de creo que, opino que, estoy convencido de que, tengo la impresi\u00f3n de que, siento que, etc\u00e9tera. Es la vieja querella entre raz\u00f3n y fe, entre conocer y creer&gt;&gt; (23).<br>\nAlgunos, justificadamente alarmados, han supuesto que la soluci\u00f3n a este maremagnum pudiera estar en el trabajo de equipo: &lt;&lt;Pensar en grupo, juzgar y escoger en grupo&gt;&gt; como garant\u00eda de verdad, pero esto tampoco es posible en tanto que, con demasiada frecuencia, los intentos de interdisciplinariedad se conviertan s\u00f3lo en un intercambio de mon\u00f3logos, al modo como lo expres\u00f3 Fichte: &lt;&lt;Toda convicci\u00f3n m\u00eda es exclusivamente creencia, y procede del sentimiento y no de la inteligencia. Sabiendo est\u00e1, no voy a discutir m\u00e1s\u2026 pues la fuente de mi convicci\u00f3n est\u00e1 por encima de toda disensi\u00f3n&gt;&gt; (24).<br>\nSin embargo -podr\u00eda objetar alguien escandalizado-, nunca como ahora se ha hablado tanto de respeto a la opini\u00f3n ajena y de libertad de opini\u00f3n. En efecto, pero en gran parte, ese respeto viene a expresarse m\u00e1s o menos as\u00ed: &lt;&lt;\u201cTu tienes la raz\u00f3n, como yo, que tambi\u00e9n la tengo\u201d; o bien, \u201cdame la raz\u00f3n y yo estar\u00e9 de acuerdo contigo\u201d; o m\u00e1s a\u00fan: \u201cconsidera que mis opiniones son verdaderas y yo har\u00e9 lo mismo con las tuyas\u201d. Este \u201crespeto\u201d resulta f\u00e1cil, c\u00f3modo y pac\u00edfico, mientras no toque el tema del rejuego del poder de cualquier tipo, porque entonces, muy \u201crespetuosamente\u201d tambi\u00e9n, se pasa al fanatismo: \u201cYo estoy en la verdad y t\u00fa en el error. Cuando t\u00fa seas el m\u00e1s fuerte, tendr\u00e1s que tolerarme, pues tu deber es tolerar la verdad. Pero cuando yo sea el m\u00e1s fuerte, tendr\u00e9 que perseguirte, pues mi deber es perseguir el error&gt;&gt; (25).<br>\nEs que la cultura de la subjetividad &lt;&lt;ha bebido tambi\u00e9n en la copa de la demencia y, embriagada y enloquecida por el gusto de lo irracional, \u00bfqui\u00e9n sabe si volver\u00e1 a recobrar su sano juicio?&gt;&gt; (26).<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>Ocio y silencio<\/strong><\/p>\n<p>En esta coyuntura inc\u00f3moda entre la verdadera cultura, &lt;&lt;cultura simpliciter&gt;&gt; o simplemente cultura, y la &lt;&lt;cultura de la subjetividad&gt;&gt;, cabe recordar aquel planteamiento aristot\u00e9lico de que el hombre se realiza -que es tanto como decir se plenifica- en y por la praxis, es decir, mediante su actividad como ser humano. En este sentido, seg\u00fan mi modo de ver, hemos de entender tambi\u00e9n a Arist\u00f3teles cuando dice que &lt;&lt;homo causa sui&gt;&gt;.<br>\nLa actividad del hombre se desempe\u00f1a en tres grandes niveles: uno es el nivel de la theorein -para emplear la terminolog\u00eda cl\u00e1sica-, de la contemplaci\u00f3n especulativa, gracias a la cual el hombre persigue y encuentra la verdad contenida en el ser de las cosas. Es lo que los antiguos llamaron schol\u00e9, otium, el ocio que, seg\u00fan Gilson, &lt;&lt;es una forma de silencio, de aquel silencio previo que requiere la aprehensi\u00f3n de la realidad; solamente oyen aquellos que est\u00e1n en silencio, los que no est\u00e1n en silencio no oyen\u2026 Pues el ocio es una actitud receptiva del esp\u00edritu, una actividad contemplativa; no s\u00f3lo es la ocasi\u00f3n, sino tambi\u00e9n la capacidad de alguien de sumergirse totalmente en la obra de la creaci\u00f3n&gt;&gt; (27).<br>\nOtro es el nivel de la praxis, en la cual el hombre, convierte el saber te\u00f3rico en saber pr\u00e1ctico para transformar, en primer lugar, su propio ser, para apuntar a un m\u00e1s y mejor, a un mayor y m\u00e1s eficaz despliegue de toda su potencialidad, que es tanto como decir que el hombre avanza paulatinamente a su mayor plenitud.<br>\nA\u00f1ade, a su ser natural, el ser cultural. Es el prodigioso paso del ser, al deber ser; del ser dado, al ser pleno. Adquiere, gracias a esto, una segunda naturaleza y depende de \u00e9l mismo que esto no sea s\u00f3lo una superposici\u00f3n artificial. KarI Jaspers lo expresa as\u00ed: &lt;&lt;Es com\u00fan a los ideales de formaci\u00f3n el sentido de la forma y del autodominio, y tambi\u00e9n el sentido de que, por el ejercicio, la formaci\u00f3n debe transfomarse en una segunda forma, como si todo fuera innato y no adquirido&gt;&gt; (28).<br>\nEl tercer nivel de la actividad humana es el de la p\u00f3iesis, mediante la cual el hombre es capaz de transformar tambi\u00e9n el mundo exterior: de hacerlo m\u00e1s amable, m\u00e1s habitable, m\u00e1s bello, m\u00e1s \u00fatil, m\u00e1s funcional. El hombre tiene derecho a perfeccionar el mundo; a lo que no tiene derecho es a devastarlo, ni destruir su propia naturaleza. Theorein, praxis y p\u00f3iesis se entienden as\u00ed como la fuente de la cultura y, por tanto, el \u00e1mbito de expansi\u00f3n, desarrollo y plenificaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p class=\"subtit\"><strong>La aut\u00e9ntica cultura<\/strong><\/p>\n<p>Todo esto, ya nos coloca en condiciones de referirnos, por \u00faltimo, al tercero de los hechos antes anunciados -adem\u00e1s de la condici\u00f3n dial\u00f3gica del pensamiento y el car\u00e1cter dial\u00f3gico de la cultura- y es el hecho de que todo acto cultural, debe suponer siempre, para el hombre, un trabajo de elevaci\u00f3n, de plenificaci\u00f3n, en cuanto que reporta -debe reportar- una mejor\u00eda vital en la persona, en la sociedad y en el mundo f\u00edsico. La cultura y su ingreso a ella facilita -a la persona individual y a la sociedad como colectividad- la posesi\u00f3n de un conjunto de bienes y valores que favorecen la mejora cualitativa de la existencia.<br>\nPermite que no vivamos como extranjeros en el mundo, ense\u00f1a a distinguir con tino entre lo bueno y lo malo; ayuda, as\u00ed, ala formaci\u00f3n de un criterio personal y responsable, que en ciencia podemos llamar buen juicio; en arte, buen gusto; en la vida pr\u00e1ctica, si prudencia; y en lo moral, honradez. Cierto que, a su vez, dispone para el ejercicio de virtudes -individuales y sociales-, es decir, h\u00e1bitos inteligentemente adquiridos, libremente actuados y rectamente orientados, as\u00ed como el cultivo de la dimensi\u00f3n trascendental que comunica, a todo otro prop\u00f3sito, su m\u00e1s radical, absoluta y definitiva justificaci\u00f3n y sentido.<br>\nEs la aut\u00e9ntica cultura que proporciona el sentido de la realidad, el palpitar del genio humano, &lt;&lt;despierta admiraci\u00f3n e invita a la pr\u00e1ctica de los m\u00e1s elevados valores cient\u00edficos, est\u00e9ticos y espirituales profundos; alcanza de esta forma el \u201ccoraz\u00f3n\u201d, que no es a mera subjetividad sino, en el sentido b\u00edblico del t\u00e9rmino, \u201cel hombre interior\u201d&gt;&gt; (29).<br>\nCon este apretado resumen contrastado entre la cultura por antonomasia, la que no requiere de ning\u00fan adjetivo que la distinga, y la otra cultura, la de la subjetividad, pretendo presentar a Istmo una felicitaci\u00f3n muy cordial y el reconocimiento -que espero en mi caso no se vea afectado por el cari\u00f1o y la amistad-, de que en cada uno de sus 200 n\u00fameros se destaca de modo evidente, un deseo muy real y eficaz por transmitir los bienes culturales con una decidida afirmaci\u00f3n de la persona; porque campea en sus p\u00e1ginas, una genuina preocupaci\u00f3n por todos los problemas del hombre y la sociedad; porque a\u00fana a la profundidad te\u00f3rica de los temas tratados, las necesarias correlaciones con una efectiva sabidur\u00eda pr\u00e1ctica; todo esto, con el prop\u00f3sito de que la filosof\u00eda, las ciencias, la religi\u00f3n, Ias artes, la t\u00e9cnica, la cultura toda, tenga los m\u00e1s amplios alcances, sin reservas de ning\u00fan tipo.<br>\nPor su parte, cada uno de los lectores de Istmo estar\u00e1 en condiciones de pensar, como sugiere Guardini que: &lt;&lt;esa plenitud de vida s\u00f3lo puede ser la m\u00eda, no la de otro. Por eso el camino a todo lo bueno arranca de mi puesta en juego esencial; y la valent\u00eda de la adaptaci\u00f3n de m\u00ed mismo significa, a la vez, confianza en ese camino&gt;&gt; (30).<br>\nEse es el principio y fin de toda cultura: la fidelidad a lo real; la limpieza y decisi\u00f3n de ser uno mismo y, por tanto, la ra\u00edz del car\u00e1cter. Pasar del yo de la situaci\u00f3n inicial al yo de la plenitud; del yo natural, al yo cultural.<\/p>\n<p class=\"textogris\">BASAVE, Agust\u00edn. Ser y quehacer de la universidad. Ed Promesa. M\u00e9xico. 1983, p\u00e1g.61.<\/p>\n<p>MARITAIN, Jaques. Citado por BASAVE Agust\u00edn. Op.cit. p\u00e1g.61.<br>\nIBA\u00d1EZ-MARTIN, Jos\u00e9 A. Hacia una formaci\u00f3n human\u00edstica. Ed. Herder. Barcelona. 1989, p\u00e1gs 70 y sigs.<br>\nBASAVE, Agust\u00edn, Op.cit, p\u00e1g.63.<br>\nIBA\u00d1EZ-MARTIN, Jos\u00e9 A. Op.cit., p\u00e1g.96 y sigs.<br>\nALVEAR ACEVEDO, Carlos. Manual de historia de la cultura. Ed. Jus. M\u00e9xico. 1986, p\u00e1g.7.<br>\nDUR, Otto. Educaci\u00f3n en la libertad. Ed. Rialp. Madrid. 1971, p\u00e1g. 53.<br>\nGARCIA MORETE, Manuel. Escritos en la libertad. Espasa-Calpe. Madrid. 1975, p\u00e1g.15<br>\nGARCIA HOZ, V\u00edctor. Educaci\u00f3n personalizada. Ed. Rialp. Madrid. 1981, p\u00e1g.15.<br>\nMORIN, Lucien. Los charlatanes de la nueva pedagog\u00eda. Ed. Herder. Barcelona. 1975, p\u00e1g.45.<br>\nIbidem.<br>\nCfr. ELIA, Mario. El silencio de los j\u00f3venes. Ed. Marfil. Valencia. 1964, p\u00e1g.413.<br>\nIbidem, p\u00e1g.414.<br>\nCfr. MORIN, Lucien. Los charlatanes de la nueva pedagog\u00eda. Ed. Herder. Barcelona. 1975, p\u00e1gs.34 y 141.<br>\nBERGSON, Henri. La risa. Ed. Espasa-Calpe. Madrid, p\u00e1g.150.<br>\nCitado por MORIN, Lucien. Op.cit, p\u00e1g.106.<br>\nCitado por MORIN, Lucien. Op.cit. p\u00e1g.161-162.<br>\nHARTLE, Ann. El sujeto moderno en las Confesiones de Rousseau. Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. M\u00e9xico. 1989, p\u00e1g.16.<br>\nMORIN, Lucien. Op.cit., p\u00e1g.33.<br>\nCitado por IBA\u00d1EZ-MARTIN, Jos\u00e9 A. Op.cit., p\u00e1g.29.<br>\nMORIN, Lucien. Op.cit., p\u00e1g.58.<br>\nlbidem, p\u00e1g.171.<br>\nIbidem, p\u00e1g.65.<br>\nCitado por MORIN, Lucien. Op. cit., p\u00e1g.65.<br>\nMORIN, Lucien. Op. cit., p\u00e1g.l05.<br>\nIbidem, p\u00e1g.97.<br>\nPIEPER, Joseph. El ocio y la vida intelectual. Ed. Rialp. Madrid. P\u00e1g.45.<br>\nCitado por IBA\u00d1EZ-MARTIN, Jos\u00e9 A. Op. cit., p\u00e1g.32.<br>\nlBA\u00d1EZ-MARTIN, Jos\u00e9 A. Op. cit, p\u00e1g.107.<br>\nGUARDINI, Romano. La aceptaci\u00f3n de s\u00ed mismo. Ed. Cristiandad. Madrid. 1977, p\u00e1g.31.<\/p>\n<\/body><button class=\"simplefavorite-button has-count\" data-postid=\"20521\" data-siteid=\"1\" data-groupid=\"1\" data-favoritecount=\"0\" style=\"\">Leer despu\u00e9s <i class=\"sf-icon-star-empty\"><\/i><span class=\"simplefavorite-button-count\" style=\"\">0<\/span><\/button>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El a&ntilde;o pasado, con la revista de mayo-junio, alcanzamos un n&uacute;mero m&aacute;gico: 200 ejemplares ininterrumpidos a lo largo de 33 a&ntilde;os. 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