{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"Deliciosos fracasos","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"3CzFCfgwMd\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2016\/03\/29\/deliciosos-fracasos\/\">Deliciosos fracasos<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2016\/03\/29\/deliciosos-fracasos\/embed\/#?secret=3CzFCfgwMd\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Deliciosos fracasos&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"3CzFCfgwMd\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Soy un pesimista empedernido. Creo en la Ley de Murphy: \u00ablo que puede fallar fallar\u00e1\u00bb. Precisamente por eso considero el fracaso como un componente b\u00e1sico del universo. Desde Ad\u00e1n y Eva, nada funciona en el mundo, salvo el cobro de impuestos. Mi pesimismo est\u00e1 potenciado por haber nacido y crecido en M\u00e9xico. Digan lo que digan las autoridades, esto es un desastre. El haber nacido en este pa\u00eds ca\u00f3tico y corrupto ha desarrollado en m\u00ed y en mis paisanos una habilidad para sobrevivir en medio del apocalipsis cotidiano. Si queremos sobrevivir, debemos aprovechar el caos. En mi caso, los fil\u00f3sofos estoicos me ense\u00f1aron que los hechos, siendo importantes, pueden ser moderados por nuestra actitud ante ellos. Pensemos en un ejemplo trivial, un aguacero en la Ciudad de M\u00e9xico. El hecho, el factum, es un peque\u00f1o desastre. M\u00e9xico recobra su vocaci\u00f3n veneciana; las calles se inundan.\u00a0 Nada podemos hacer para contener la ira de Tl\u00e1loc. No nos queda sino enfrentar el desastre de manera que nos convenga. \u00bfUn castigo del cielo?, \u00bfdos horas\u00a0 de atasco en el perif\u00e9rico?, \u00bfun momento para escuchar m\u00fasica en el auto y pensar en mi vida afectiva?, \u00bfuna excusa para quedarnos en nuestra oficina chateando con nuestros amigos?, \u00bfun pretexto para beber una cerveza en el bar cercano? El modo como enfrentamos la realidad es casi tan importante como la realidad misma. Les confesar\u00e9 algo. Soy bastante distra\u00eddo y, adem\u00e1s, mi vista falla. Cuando camino por los pasillos de mi universidad, no suelo reconocer a las personas. Mis amigos saben que no los salud\u00e9 simplemente porque no los vi. Pero algunos se molestan porque conjeturan que soy un antip\u00e1tico engre\u00eddo, cuando en realidad soy un miope distra\u00eddo. Continuamente olvido si llegu\u00e9 en autom\u00f3vil a la oficina; ustedes dir\u00e1n si tengo la concentraci\u00f3n suficiente como para advertir con qui\u00e9n me cruzo. Mi falta de cortes\u00eda tiene que ver m\u00e1s con el oculista que con la arrogancia. Pondr\u00e9 otro ejemplo. En diciembre recib\u00ed un correo de la Secretar\u00eda de Hacienda. No logr\u00e9 abrir el mensaje porque necesitaba el auxilio de mi contador (adem\u00e1s de miope soy un inepto en computaci\u00f3n). Imagin\u00e9 los peores escenarios: olvid\u00e9 pagar el IVA de un recibo de $5.00 y ser\u00eda acusado de evasi\u00f3n fiscal y lavado de dinero. Ya me imaginaba en una celda de alta seguridad, compartiendo la mesa con el Chapo Guzm\u00e1n. El aparato del Estado se volcar\u00eda en mi contra. Sufr\u00ed. Finalmente, tras algunas horas de amarga espera, el contador me mostr\u00f3 el mensaje. La Secretaria de Hacienda me informaba que yo era un contribuyente cumplido. Mi catastr\u00f3fica interpretaci\u00f3n de un hecho me caus\u00f3 un sufrimiento innecesario. \u00a0 EL CUITLACOCHE Y EL PR\u00cdNCIPE DE GALES Envidio a quienes saben convertir los desastres en peque\u00f1os \u00e9xitos. A diferencia de mi pesimismo paralizante, otros reinterpretan el desastre y le sacan partido. La historia de la gastronom\u00eda est\u00e1 llena de esos desastres convertidos en exquisiteces. La alta cocina pasa por el camino del fracaso. A finales del verano, tras d\u00edas y d\u00edas de lluvia, un pobre campesino mesoamericano revisa su milpa. Desastre. Los elotes est\u00e1n infestados de hongos negros y asquerosos. Muchos agricultores habr\u00edan llorado al ver sus milpas. Pero a nuestro amigo se le ocurri\u00f3 comerse los hongos. Descubri\u00f3 ese manjar mexicano llamado huitlacoche. El desastre lo lleva el nombre, del n\u00e1huatl cuitlacoche, de cuitla, \u00abtrasero\u00bb, \u00abexcremento\u00bb. Sin embargo, quienes hemos probado este hongo con una tortilla hecha a mano, sabemos que se trata de una verdadera delicatessen. Problemas de actitud ante el hecho: \u00bflloro y tiro el elote o lo pruebo? El descubrimiento del queso habr\u00e1 sido parecido. Seg\u00fan otra leyenda, un pastor guard\u00f3 leche en un odre que coloc\u00f3 en su burro. Sali\u00f3 el pastor a trabajar. El calor del d\u00eda y el movimiento del animal estropearon la leche. En lugar de tirarla la prob\u00f3: grasosa, \u00e1cida, cuajada. Era un pariente pr\u00f3ximo del queso fresco. \u00bfY el roquefort? Todo sugiere que fue otro descuido. Un queso olvidado en una cueva. \u00bfEl resultado? Una masa azul, infestada de hongos repugnantes\u2026 sobre todo cuando se sirve en un trozo de pan de nueces y se acompa\u00f1a de una copa de oporto. Vayamos a finales del siglo XIX. El Pr\u00edncipe de Gales, m\u00e1s tarde Eduardo VII, visita Montecarlo huyendo del invierno de Inglaterra. Henri Charpentier le sirve la cena en un elegante hotel. El postre, crepas con mantequilla, az\u00facar y un toque de zumo de naranja. La cocina est\u00e1 ajetreada. Accidentalmente, una copa de brandy incendia la salsa. Aterrado, el cocinero observa que el jugo se ha caramelizado. Por mera curiosidad, Charpentier lo prueba. Nada mal. Incluso le ha dado un sabor peculiar al postre. Dada la urgencia, el chef se atreve a servir las crepas flameadas. A Su Alteza le encantan: \u00a0 \u2014 \u00bfC\u00f3mo se llama este platillo franc\u00e9s?\u2014 pregunta el pr\u00edncipe \u2014 Crepe Princesse, \u2014responde zalameramente el chef\u2014 una invenci\u00f3n para esta ocasi\u00f3n, Alteza. \u2014 \u00bfY si las nombramos crepes Suzette, en honor de la princesa que nos acompa\u00f1a? \u2014pregunta el pr\u00edncipe Eduardo mirando a la peque\u00f1a Susana ah\u00ed presente. \u00a0 As\u00ed nacieron las crepas Suzette. La historia es muy discutible. Los cr\u00edticos consideran que Charpentier la invent\u00f3 para adjudicarse el platillo. Lo interesante es la an\u00e9cdota. Un peque\u00f1o incendio en la cocina se convierte en un flameado art\u00edstico. \u00a0 DESCUBRIMIENTO EN FAMILIA Dos hermanos hierven cereal para fabricar granola, uno de esos productos inmundos, supuestamente sanos. Algo falla. La mezcla se estropea. Meten el cuchar\u00f3n y descubren flotando en medio del inmundo engrudo unas extra\u00f1as hojuelas.\u00a0Estamos en 1898, W.K. Kellogg y su hermano, el doctor John Harvey Kellogg, acaban de descubrir accidentalmente las hojuelas de trigo. W.K. sigui\u00f3 experimentando y consigui\u00f3 las hojuelas de ma\u00edz\u2026 corn flakes, desayuno de millones de personas y fuente de una inmensa fortuna. Cuando era joven, antes de que sufriera de triglic\u00e9ridos altos, disfrutaba de la tarta Tatin. \u00bfLa han probado? Hija de otro accidente. Sucedido \u00e9ste en 1889, en un\u00a0 hotel en Lamotte-Beuvron, centro de Francia. El lugar era propiedad de las hermanas","thumbnail_url":"https:\/\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/IS342_Zagal_principal.jpg"}