{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"El escaparate l\u00fadico del hombre","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"nQJ7wjoGCw\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/10\/30\/el-escaparate-ludico-del-hombre\/\">El escaparate l\u00fadico del hombre<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/10\/30\/el-escaparate-ludico-del-hombre\/embed\/#?secret=nQJ7wjoGCw\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El escaparate l\u00fadico del hombre&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"nQJ7wjoGCw\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"No es f\u00e1cil pensar en los videojuegos como obras de arte, pero el arte no es s\u00f3lo lo bello, es tambi\u00e9n todo lo que impacta en nuestra psique. La complejidad y la realidad simb\u00f3licas que ofrecen los videojuegos generan un espacio donde la dimensi\u00f3n l\u00fadica humana encuentra una forma de expresi\u00f3n bastante acabada. Si no somos receptivos a nuevas y diversas experiencias, nuestro mundo se empobrece. \u00a0 Muchas tentativas se han ensayado a lo largo de la historia del pensamiento con el prop\u00f3sito de definir la esencia del hombre. El hombre como \u00abanimal racional\u00bb o como \u00abanimal pol\u00edtico\u00bb, por ejemplo, son caracterizaciones que se remontan a la Antig\u00fcedad y que, sin duda, ponen de relieve aspectos fundamentales de nuestra condici\u00f3n. Sin embargo, muchas veces, en nuestro intento por comprender al hombre, soslayamos nuestra dimensi\u00f3n como homo symbolicus, es decir, como agentes creadores de s\u00edmbolos y dadores de significados y como homo ludens, nuestra facultad de encontrar gozo y divertimento en distintas esferas de actividad. Por supuesto, las otras tentativas de definici\u00f3n son tambi\u00e9n v\u00e1lidas: nos identificamos plenamente con la racionalidad \u2013condici\u00f3n indispensable para tener conciencia de nosotros mismos y desarrollar los talentos\u2013 as\u00ed como con la necesidad de establecer comunidades pol\u00edticas para superar las distintas contingencias y llevar una vida buena, como afirmaba Arist\u00f3teles. Pero muchos hombres \u2013si no es que todos\u2013sentimos que hay algo m\u00e1s en nuestra existencia que no recogen aquellas sentencias del pensamiento antiguo. La vida afectiva, emocional, imaginativa, creadora y, en algunos casos, art\u00edstica, parecen ser tambi\u00e9n rasgos que nos definen, y dejar de lado esa parte de nuestro ser, en cualquier intento de esbozar una antropolog\u00eda, no hace justicia a nuestra naturaleza. Presento aqu\u00ed algunas consideraciones de estas dos otras dimensiones, con particular \u00e9nfasis en la \u00faltima, la l\u00fadica. \u00a0 EL ARTISTA CREA S\u00cdMBOLOS E IM\u00c1GENES Las ra\u00edces de la aspiraci\u00f3n de interpretar y reconfigurar imaginativamente el cosmos se pueden rastrear hasta los or\u00edgenes de la civilizaci\u00f3n. El hombre ha buscado desde siempre dar una expresi\u00f3n a todo aquello que podr\u00eda denominarse su mundo interior: sus ideas y proyectos, sentimientos y emociones, anhelos y esperanzas, miedos y fracasos. Es claro que el ser humano no se conforma con aceptar la situaci\u00f3n en que vive tal como es. Somos agentes que buscamos interpelar el entorno e interpelarnos a nosotros mismos, lo que trae por consecuencia una transformaci\u00f3n de la realidad. Nos rehusamos a aceptar el mundo como nos es dado; tenemos el deseo profundo de comprender qui\u00e9nes somos, d\u00f3nde nos encontramos y hacia d\u00f3nde iremos. Son preguntas de naturaleza perenne, no exclusivas de una sociedad o cultura particular, que atraviesan la historia de la humanidad. Sin embargo, no hemos alcanzado una respuesta definitiva. Es tarea ineludible, engarzada en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestra naturaleza, plantearnos esos interrogantes e intentar develar, aunque sea en forma parcial y limitada, respuestas propias que, para bien o para mal, representan el esfuerzo por descifrar nuestro lugar en el universo. Los intentos de contestar estos interrogantes no se circunscriben a un \u00fanico \u00e1mbito de la praxis humana. La religi\u00f3n y la ciencia, por ejemplo, son esferas fundamentales donde el hombre cumple con esta vocaci\u00f3n existencial de formular preguntas sobre su realidad y de encontrar respuestas para afrontar su existencia. Abordo ahora la esfera de lo \u00abart\u00edstico\u00bb, pero entendida en un sentido m\u00e1s amplio que las \u00abbellas artes\u00bb. La concepci\u00f3n de lo art\u00edstico que tengo en mente alude m\u00e1s bien al t\u00e9rmino griego cl\u00e1sico de poiesis, que significa \u00abcreaci\u00f3n\u00bb de forma amplia. El hombre es capaz de crear cosas nuevas y dotarlas, en cierta medida, de algo propio, las extrae del mundo natural y les concede una muestra de su propia espiritualidad. Por supuesto, no toda poiesis o creaci\u00f3n supone igual compromiso del hombre con lo que crea: distintos utensilios o herramientas de la vida pr\u00e1ctica tienen como prop\u00f3sito desempe\u00f1ar funciones b\u00e1sicas, cotidianas o elementales. Pero cuando el hombre busca configurar significativamente su mundo termina por crear un imaginario simb\u00f3lico donde \u00e9l y otros pueden reencontrarse a s\u00ed mismos. El artista, en un sentido amplio, es creador de s\u00edmbolos o im\u00e1genes, pero parad\u00f3jicamente es tambi\u00e9n el primer espectador de su obra. Un espectador ciertamente privilegiado, puesto que conoce la obra desde sus primeros momentos de inspiraci\u00f3n, su desarrollo y, finalmente, su concreci\u00f3n. Pero no es su \u00faltimo espectador o juez, ni tiene, como muchos dir\u00edan, la \u00faltima palabra sobre ella. Las creaciones humanas tienen una vida propia que se extiende, en ocasiones, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la vida del autor, y que terminan por decir algo valioso a generaciones hist\u00f3ricamente alejadas del contexto de origen de la obra. En ese quehacer simb\u00f3lico, que alude a la primera dimensi\u00f3n referida, en la que el hombre busca dar expresi\u00f3n a su mundo interno, muchas veces se encuentra ya la semilla de lo l\u00fadico, es decir, la semilla de un juego que permite combinar elementos heterog\u00e9neos de forma libre y creativa. Esta idea ha jugado un papel poderoso en la imaginaci\u00f3n occidental. El gran poeta Friedrich Schiller sostuvo, por ejemplo, que s\u00f3lo el artista que logra hacer de su obra una suerte de juego, que posea el mismo grado de espontaneidad que tienen los ni\u00f1os cuando se divierten, puede ser considerado propiamente como un genio. Es dif\u00edcil, ciertamente, establecer generalizaciones en materia de creaci\u00f3n art\u00edstica. Hay en la historia creadores que parecen haberse torturado a s\u00ed mismos con tal de sacar adelante su obra maestra y que no responden al ideal l\u00fadico propuesto por Schiller. De Gustave Flaubert se cuenta que pod\u00eda pasar d\u00edas enteros, en un an\u00e1lisis minucioso y exhaustivo, tratando de encontrar la palabra id\u00f3nea para una oraci\u00f3n en un di\u00e1logo de sus novelas \u2013procedimiento que, sin duda, buscaba eliminar cualquier margen de contingencia; aunque cabe decir que eso no nos impide gozar l\u00fadicamente de sus obras\u2013. Pero tambi\u00e9n hay creadores que han entendido sus obras, desde su concepci\u00f3n, como una forma de juego, donde lo espont\u00e1neo, lo azaroso y lo impredecible desempe\u00f1an un papel fundamental. Pienso en grandes compositores","thumbnail_url":"https:\/\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/IS340_Coloquio_02_principal.jpg"}