{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Casandra Fern\u00e1ndez","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/casandra_fernandez\/","title":"Dosis de dolor para una \u00abcultura light\u00bb","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"X8QOJJPHlU\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/09\/02\/dosis-de-dolor-para-una-cultura-light\/\">Dosis de dolor para una \u00abcultura light\u00bb<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2015\/09\/02\/dosis-de-dolor-para-una-cultura-light\/embed\/#?secret=X8QOJJPHlU\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Dosis de dolor para una \u00abcultura light\u00bb&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"X8QOJJPHlU\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","thumbnail_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-content\/uploads\/2015\/09\/revistaIstmo_dosis-de-dolor-para-una-cultura-light.png","thumbnail_width":1037,"thumbnail_height":480,"description":"Nadie quiere sufrir, nuestra sociedad est\u00e1 llena de placebos que fomentan una felicidad aparente y ef\u00edmera. Sin embargo, buscar el placer y evadir el dolor trae serias implicaciones, pues nos impide conocernos, crecer moralmente\u2026 y termina por anular nuestra humanidad. El que la culpa, la verg\u00fcenza, la aflicci\u00f3n o la compasi\u00f3n \u00abnos duelan\u00bb tiene un papel formativo en el car\u00e1cter: estructurar nuestra identidad y hacernos mejorar \u00a0 La sociedad hedonista actual es mucho m\u00e1s pretenciosa e ingenua que los hedonismos precedentes en la tradici\u00f3n filos\u00f3fica. Epicuro y Stuart Mill buscaban el placer y el bienestar, pero eran conscientes de que es imposible eliminar todo rastro de dolor de la vida humana. Hoy, en cambio, bajo la l\u00f3gica de la eficiencia y la comodidad (como se ve en el trato a los ancianos y la promoci\u00f3n de una eutanasia instrumentalista, en ciertos intentos de justificar el aborto, en las expectativas desmedidas en la tecnolog\u00eda m\u00e9dica o en la pr\u00e1ctica terap\u00e9utica), lo que se pretende es una vida sin dolor.1 Ante ese miedo al dolor, buscamos tambi\u00e9n rehuir a la vulnerabilidad, que se experimenta en la dependencia respecto a otros seres humanos. No es extra\u00f1o que varias series de televisi\u00f3n \u2013algunas de ellas bien hechas y quiz\u00e1 el producto cultural por antonomasia de estos d\u00edas\u2013 nos repitan una y otra vez que es mejor no depender de nadie ni confiar en nadie: pues nuestro propio esposo (ante lo poco redituable de su carrera docente) puede cocinar anfetaminas en el s\u00f3tano a nuestras espaldas (Breaking Bad); nunca estamos seguros si los vecinos o nuestro mejor amigo son esp\u00edas de una potencia enemiga (The Americans\/The Company); o si tus propios colegas te abandonar\u00e1n en peligro de muerte tras aprovechar tus servicios (Homeland). Alg\u00fan protagonista elige una vida solitaria ante el desagrado que le causa la humanidad en su conjunto (True Detectives). Al final, es mejor hacerlo todo por ti mismo porque todos mienten y son incompetentes (House M.D.). No depender de nadie es una completa locura, hasta las redes de delincuencia operan \u00abcon\u00bb y dependen \u00abde\u00bb estructuras complejas para lograr sus objetivos m\u00e1s bajos. As\u00ed como Walter White (protagonista de Breaking Bad) necesit\u00f3 de Jesse Pinkman para vender su producto, ser\u00eda ingenuo pensar que el Chapo Guzm\u00e1n se escap\u00f3 con sus solas fuerzas, inspirado en un personaje de Stephen King.2 \u00abNO\u00bb A LA EVASI\u00d3N DE EMOCIONES El intento de rehuir de la dependencia y la vulnerabilidad tampoco es nuevo. De alguna manera, ya los fil\u00f3sofos estoicos pretend\u00edan el autodominio como virtud para alcanzar la imperturbabilidad, la tranquilidad completa y la autosuficiencia; no admit\u00edan expectativa alguna sobre bienes que quedaran fuera del pleno control del individuo. Para ello, al menos los m\u00e1s radicales, propon\u00edan eliminar las emociones \u2013en tanto \u00e9stas generan juicios y apegos obsesivos a los bienes externos\u2013, como si toda reacci\u00f3n afectiva se tratase de una patolog\u00eda que hubi\u00e9semos de suprimir, mientras no se fuera virtuoso. El hedonismo actual tampoco quiere \u00abdepender de\u00bb nada ni de nadie, pero por una raz\u00f3n y con una estrategia completamente diferentes: no es que se pretenda \u2013como los estoicos\u2013 un autocontrol virtuoso (que resulta, adem\u00e1s, enormemente dif\u00edcil y exigente), ni evadir toda emoci\u00f3n, sino s\u00f3lo las profundas y las desagradables. Esta actitud vuelve a las personas, parad\u00f3jicamente, m\u00e1s dependientes y vulnerables frente al mundo, en tanto fomenta un talante de desapego frente a las personas mas no frente a los objetos materiales, y las sumerge todav\u00eda m\u00e1s en una vida contingente y fuera de su control. Como es de esperar en una \u00abcultura\u00bb light y evasiva \u2013que quiere comer sin engordar y adelgazar sin esforzarse\u2013, tambi\u00e9n se quiere vivir la plenitud emocional con meros estados de \u00e1nimo fugaces, superficiales, que no comprometan demasiado. No se cierra la puerta al afecto o al sentimiento, pero tampoco se conf\u00eda mucho en \u00e9l, pues pronto vendr\u00e1 otro a sustituirlo. No se le permite echar ra\u00edces ni construir, mucho menos, si ello involucra seriamente, con largo alcance, a otra persona, porque ello expondr\u00eda a la responsabilidad y a la desilusi\u00f3n. Se intenta, por tanto, llenar el vac\u00edo, no con una emoci\u00f3n profunda y con sentido, sino con una cadena de estados de \u00e1nimo superficiales, de usar y tirar, que se esfuman con facilidad e incluso con indiferencia. Este art\u00edculo no tiene como finalidad manejar un discurso que le d\u00e9 rienda suelta a las emociones; ya hace dos mil a\u00f1os S\u00e9neca, en su obra De ira, nos advirti\u00f3 que estar rodeados de narcisistas autorreferenciales y de col\u00e9ricos agresivos es lo m\u00e1s destructivo para cualquier comunidad.3 Lo que har\u00e9 es echar mano de algunas ideas de la propia tradici\u00f3n filos\u00f3fica y del ensayista y literato C.S. Lewis, para defender no solamente que podemos confiar en nuestras emociones, sino que debemos cultivarlas adecuadamente y dejar que estructuren nuestra identidad. A\u00fan m\u00e1s: tratar\u00e9 de esbozar que incluso las emociones dolorosas (culpa, verg\u00fcenza, aflicci\u00f3n, compasi\u00f3n, etc\u00e9tera) tienen un papel formativo en el car\u00e1cter de la persona y que cerrarles la puerta, implica perder una invaluable oportunidad de autoconocimiento, crecimiento moral y entrega; ser\u00eda perder buena parte de nuestra humanidad. A VECES SE NECESITA SUFRIR Uno de los legados m\u00e1s relevantes del pensamiento socr\u00e1tico es el descubrimiento de que, cuando estamos equivocados creemos estar en lo correcto. Todo error tiene un componente de autoenga\u00f1o4 \u2013de ignorancia inadvertida y arrogancia\u2013, pues estar en el error supone que \u00e9ste no se detecta como tal. Por ello, el que est\u00e1 equivocado no se ve en la necesidad de una correcci\u00f3n: los que mataron a S\u00f3crates5 no le estaban agradecidos porque quisiera ense\u00f1ar la virtud, le odiaban porque los refutaba en cosas que estaban seguros de saber. De ello se sigue que, para salir del error, necesitamos una experiencia de contraste \u2013a veces dolorosa\u2013, una vivencia que nos sacuda y que nos ayude a ser veraces con nosotros mismos, a superar la vanidad. Tampoco se trata de caer en la autocompasi\u00f3n o de depender de los juicios de los dem\u00e1s; mucho menos de compararnos con ellos, con todo lo enga\u00f1oso"}