{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/leograndini\/","title":"El papel arde a 451\u00b0 Fahrenheit","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"6UJAK6Htab\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2012\/09\/07\/el-papel-arde-a-451-fahrenheit\/\">El papel arde a 451\u00b0 Fahrenheit<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2012\/09\/07\/el-papel-arde-a-451-fahrenheit\/embed\/#?secret=6UJAK6Htab\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El papel arde a 451\u00b0 Fahrenheit&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"6UJAK6Htab\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Nuestro siglo, maleado por las vastas simplificaciones de la propaganda patri\u00f3tica o comercial Jorge Luis Borges Hace unas semanas muri\u00f3 uno de los escritores m\u00e1s influyentes en el pensamiento moderno. Con la muerte de Ray Bradbury, concluye el siglo XX literario y empieza la revisi\u00f3n de su escalofriante testamento. En cierto momento Harold Bloom, el vetusto profesor de Literatura en Yale, reconoci\u00f3 haber notado que Shakespeare nos ense\u00f1\u00f3 a hablarnos a nosotros mismos, mientras que Cervantes instruy\u00f3 sobre c\u00f3mo hablar los unos con los otros. Cada escritor deja una suerte de aleccionamiento a la humanidad; su legado consiste en la transformaci\u00f3n de la especie y, al mismo tiempo, la especie va enriqueciendo al escritor. El mismo Bloom ha confesado que su adorado Shakespeare goza de mejor salud ahora que en el siglo XVIII, por ejemplo. En fin, que en el caso de Ray Bradbury, \u00e9l nos ense\u00f1\u00f3 a cuidarnos de nosotros mismos. Perm\u00edtame, en este punto y a riesgo de resultar pedante, una confesi\u00f3n y un par\u00e9ntesis. Confesi\u00f3n: a\u00fan no me recupero de la briosa sacudida que me propin\u00f3 Fahrenheit 451 cuando lo le\u00ed en mi \u00faltimo a\u00f1o de preparatoria; todav\u00eda hoy conservo en mi memoria \u2013y espero que para siempre\u2013 una cita, aqu\u00e9lla que Bradbury pide prestada a James Boswell (par\u00e9ntesis): \u00abNo podemos determinar el momento preciso en el que nace una amistad. As\u00ed como al llenar un recipiente gota a gota, hay una gota final que lo hace desbordarse, as\u00ed, en la amistad, tras una serie de gentilezas, hay una gota final que acelera los latidos del coraz\u00f3n\u00bb.1 Quiz\u00e1 por esa en\u00e9rgica conmoci\u00f3n juvenil y contra la opini\u00f3n de muchos, me parece que Bradbury no construy\u00f3 una literatura de ciencia ficci\u00f3n sino algo mucho m\u00e1s complejo. Entender\u00e9, por supuesto, que en este momento usted piense que soy un idiota engre\u00eddo y que bote la revista para irse a burlar de m\u00ed a otra parte; pero, deme un minuto, si me lo permite, que tratar\u00e9 de explicar mi aventurado parecer. \u00a0 Contra la libertad Por supuesto, usted recordar\u00e1 algunas distop\u00edas furiosas como 1984 o Un mundo feliz, aquellas novelas inspiradas en Nosotros, el malavenido relato de Yevgeni Zamiatin, de 1921, que anim\u00f3 tambi\u00e9n a la famosa pel\u00edcula de Fritz Lang; desesperadas historias de la primera mitad del siglo XX que imaginaron las horrendas consecuencias de los estados totalitarios que pretend\u00edan imponer una idea de felicidad a sus gobernados en medio de rid\u00edculos escenarios de paz y seguridad sempiternas, amor y riqueza prodigados para cualquiera por un ente gubernamental poderoso y pertinaz. Advertir\u00e1 que, tanto en el caso de Orwell como en el de Huxley \u2013sobre todo en el primero\u2013, el gobierno absoluto es el enemigo a vencer, un opresor irredento y sin coraz\u00f3n, sin cara siquiera, que somete a la pobrecita humanidad. Los mecanismos mediante los cuales el poder\u00edo de la dictadura cobra sentido aparecen con menor o mayor gracia; pero, en esencia, apelan a la anulaci\u00f3n de la libertad. En 1984, la vigilancia omnipresente; en Un mundo feliz, el control biol\u00f3gico. De una groser\u00eda supina ser\u00eda abundar aqu\u00ed sobre los fastos frutos que supone cancelar el albedr\u00edo humano; el sue\u00f1o del opresor y pesadilla del oprimido que inspir\u00f3 las alabanzas carcelarias de Viktor Frankl, aquellas de \u00abaunque me encierren nunca podr\u00edan obligarme a tal\u00bb, etc\u00e9tera. Total, que usted sabe perfectamente cu\u00e1nto vale la libertad y la aprecia por encima de cualquier otra realidad de su entorno por lo que cualquier otra observaci\u00f3n al respecto sobrar\u00eda. Pero, ay\u00fademe; es decir, no deje usted que me desv\u00ede. Vamos a ver; la novela apenas cumplir\u00e1 60 a\u00f1os de haberse publicado por primera vez. Perm\u00edtame recordarle que, por aquellos a\u00f1os, el mundo gozaba de una paz in\u00e9dita tras los arrebatos megal\u00f3manos de Hitler y Estados Unidos, el Plan Marshall apenas alcanzaba una d\u00e9cada de haberse instaurado, la televisi\u00f3n contaba con unos pocos a\u00f1os de desarrollo \u2013faltaban todav\u00eda dos a\u00f1os para la fundaci\u00f3n de Telesistema Mexicano, de Azc\u00e1rraga Vidaurreta, por ejemplo\u2013 y la carrera espacial a\u00fan se manten\u00eda en el papel. Ac\u00e1 en M\u00e9xico, con Adolfo Ruiz Cortines en la presidencia de la rep\u00fablica, Mar\u00eda F\u00e9lix lloraba la muerte de Jorge Negrete \u2013en ese a\u00f1o se estren\u00f3 Reportaje, la pel\u00edcula que los unir\u00eda por \u00faltima vez\u2013 y La colmena, de Camilo Jos\u00e9 Cela, ven\u00eda desembarcando de Espa\u00f1a con gran expectativa. \u00a0 Simplemente, la m\u00e1s escalofriante En ese a\u00f1o, con una frialdad escandalosa, Fahrenheit 451 puso al lector de entonces ante su propio destino. Bradbury, de 33 a\u00f1os, atin\u00f3 a describir realidades que hoy a nadie sorprenden (la televisi\u00f3n plana o los auriculares telef\u00f3nicos), pero que son simples an\u00e9cdotas comparadas con su pron\u00f3stico de una sociedad estulta e indefensa, enajenada y banal, ingenua y desde\u00f1osa. Me parece que, dada la an\u00e9cdota y el a\u00f1o en el que fue escrita, la distop\u00eda de Ray Bradbury es, simplemente, la m\u00e1s escalofriante de entre sus contempor\u00e1neas; sobre todo por su escasa parafernalia. En 1984 o Un mundo feliz los escenarios no dejan de ofrecerse como \u00e9picas debacles de nuestros para\u00edsos particulares; recuerde por ejemplo la devastaci\u00f3n de las iglesias cristianas o la mega f\u00e1brica humana en la novela de Huxley, por mencionar s\u00f3lo un par de ejemplos. Bradbury, en cambio, es mucho m\u00e1s simple; la nocturnidad de una calle, unos ojos que se miran por horas, un tipo que huye, unos libros que arden; un escenario, en fin, cotidiano y cercano para cualquiera, hasta para el m\u00e1s falto de imaginaci\u00f3n. Quiz\u00e1 usted no haya calculado tampoco lo que anticip\u00f3 Fahrenheit 451. Esta sociedad derrotada e ignorante, asombrada por chunches que se dejan rozar con la yema de los dedos para darnos las claves del \u00e9xito y que cumplen sistem\u00e1ticamente nuestro deseo de saberlo todo; esta sociedad, la nuestra, seducida por la novedad y los anticancer\u00edgenos, fue descrita oportunamente por Bradbury en su novela, entregada por partes en revistas y pasquines de mala muerte y cuya edici\u00f3n definitiva podr\u00eda ser la de 1953. \u00a0 La felicidad como una m\u00e1scara Siempre he pensado que Bradbury bautiz\u00f3 a su","thumbnail_url":"https:\/\/istmo.mx\/wp-content\/uploads\/2012\/09\/miscelanea_02_original-300x141.jpg"}