{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"El deporte al banquillo","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"Piyz4ZccB1\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2010\/01\/03\/el-deporte-al-banquillo\/\">El deporte al banquillo<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2010\/01\/03\/el-deporte-al-banquillo\/embed\/#?secret=Piyz4ZccB1\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El deporte al banquillo&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"Piyz4ZccB1\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"\u00abEl futbol es popular porque\u00a0la estupidez es popular.\u00bb\u00a0Jorge Luis Borges A mi amigo Vicente El deporte no vacuna contra las adicciones, no previene la violencia, no fomenta la civilidad, no nos blinda contra la manipulaci\u00f3n. Nuestra cultura lo sobrevalora. El ejercicio sirve para mantener los triglic\u00e9ridos a raya; para distraerse, quiz\u00e1. Su valor en la formaci\u00f3n humana es muy cuestionable, como lo muestra, por ejemplo, el que las juventudes hitlerianas se ejercitasen con tanto af\u00e1n en todo tipo de actividades f\u00edsicas. Theodor Adorno, sensible a las nuevas formas de dominaci\u00f3n, intolerancia y deshumanizaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n ilustrada, escribi\u00f3: \u00abLas organizaciones deportivas fueron el modelo de las reuniones de masas totalitarias. Como excesos tolerados que son, suman en s\u00ed el momento de crueldad y agresi\u00f3n con el respeto autoritario y disciplinado de las reglas del juego: son tan legales como pogroms de la nueva Alemania o de las democracias populares\u00bb. \u00a0 LOS INSTINTOS\u00a0PRIMITIVOS SE DESBOCAN Basta asistir a un juego de futbol para darnos cuenta de que los instintos m\u00e1s primitivos se desbocan. Hombres corteses, racionales y benevolentes, se transforman en machos beta que luchan por aplastar al macho alfa en turno. Las f\u00f3rmulas tradicionales de la urbanidad se ponen entre par\u00e9ntesis a la hora de patear un bal\u00f3n. Excesos tolerados. V\u00e1lvulas de escape. Lubricante social. La cancha, la pista, el gimnasio son un retroceso en el proceso de humanizaci\u00f3n; en el deporte sobrevive el m\u00e1s fuerte, el m\u00e1s diestro f\u00edsicamente. El poder de los argumentos racionales se desvanece en las olimp\u00edadas: no triunfa quien esgrime la raz\u00f3n, sino que se da la raz\u00f3n al triunfador. La misma falacia de las ordal\u00edas. LA MASA SE MIMETIZA Lo espec\u00edficamente humano es la protecci\u00f3n del hu\u00e9rfano, del enfermo, del anciano. Este desvelo por quienes carecen de plena capacidad para valerse por s\u00ed mismos \u2013los \u00abin\u00fatiles\u00bb en t\u00e9rminos de producci\u00f3n\u2013 distingue al homo sapiens de otras especies animales. Visitemos una escuela primaria a la hora del recreo. Observemos c\u00f3mo se arman los equipos para jugar una \u00abcascarita\u00bb. Los dos capitanes eligen a sus jugadores de entre un grupo; primero a los mejores, los m\u00e1s \u00e1giles y robustos, al final, quedan los in\u00fatiles, los inservibles. Algo parecido hac\u00edan los guardias de los campos de concentraci\u00f3n: se desechaba a quienes carec\u00edan de vigor. En su origen, el deporte es escuela de cazadores y guerreros: un campo de batalla en miniatura, un conflicto bajo condiciones controladas. Los fan\u00e1ticos chillan, a\u00fallan, gritan como soldados que\u00a0 chocan sus lanzas contra sus escudos para amedrentar al enemigo. La gente se pinta la cara, se desnuda, se mimetiza con la masa. \u00abPonerse la camiseta\u00bb significa, ordinariamente, dejar de pensar por uno mismo. La atracci\u00f3n del fascismo y el comunismo por las tablas gimn\u00e1sticas no es casual. Tampoco es casualidad el peso espec\u00edfico de los deportes en las preparatorias norteamericanas. El deporte domestica el esp\u00edritu cr\u00edtico. El lanzamiento de jabalina, la esgrima, la equitaci\u00f3n, el box revelan el origen b\u00e9lico del deporte. Pero m\u00e1s all\u00e1 del desarrollo de habilidades espec\u00edficas como el manejo de la espada (habilidades superfluas en la guerra moderna), el deporte templa el car\u00e1cter, forja guerreros, ense\u00f1a a triunfar. Es escuela de reciedumbre, de dureza. \u00bfY esto qu\u00e9 tiene de malo? \u00bfQueremos hijos blandengues y perdedores? \u00abRecuerdo que durante el proceso de Auschwitz, \u2013escribe el mismo Adorno\u2013 el terrible Boger tuvo un estallido que culmin\u00f3 en un paneg\u00edrico de la educaci\u00f3n para la disciplina mediante la dureza. Una dureza necesaria para producir el tipo de ser humano que a \u00e9l le parec\u00eda cabal. Esta imagen pedag\u00f3gica de la dureza, en la que muchos creen sin reflexionar sobre ella, est\u00e1 profundamente errada. La idea de que la virilidad consiste en una m\u00e1xima capacidad de resistencia ha sido durante mucho tiempo la imagen encubridora de un masoquismo que \u2013como ha hecho ver la psicolog\u00eda\u2013 viene a coincidir muy f\u00e1cilmente con el sadismo. La tan loada dureza, para la que tendr\u00edamos que ser educados, significa sin m\u00e1s indiferencia frente al dolor, sin una distinci\u00f3n demasiado n\u00edtida entre el dolor propio y ajeno\u00bb. Quien es duro consigo mismo, quien se maltrata, quien encuentra un gozo (encubierto) al auto-infringirse sufrimientos, se comportar\u00e1 duramente con la debilidad de los otros. YA NO ES JUEGO,\u00a0 ES ASUNTO DE PRESTIGIO NACIONAL Me viene a la memoria un partido de futbol profesional al que asist\u00ed. La estrella del equipo era un jugador con fama de que golpeaba a su esposa. El tipo ven\u00eda desempe\u00f1\u00e1ndose con mediocridad en el partido y, para animarlo, sus seguidores comenzaron a gritarle: \u00abP\u00e9gale fuerte al bal\u00f3n, p\u00e9gale como si fuese tu se\u00f1ora\u00bb. Lo m\u00e1s sorprendente es que nadie se indign\u00f3 del comentario. Era l\u00f3gico: con la \u00abl\u00f3gica\u00bb del juego que pone entre par\u00e9ntesis la benevolencia y la compasi\u00f3n, e incluso las normas m\u00e1s elementales del derecho. El deporte deja poco espacio para la solidaridad; hay, en el mejor de los casos, lugar para la arrogante clemencia del ganador, para la fr\u00e1gil fraternidad entre vencederos. Para colmo \u2013la idea procede tambi\u00e9n de Adorno\u2013 el deporte perdi\u00f3 su dimensi\u00f3n l\u00fadica, las Olimp\u00edadas incluidas. Los atletas ol\u00edmpicos son deportistas de alto rendimiento, dedicados en cuerpo y alma al deporte. La profesionalizaci\u00f3n del deporte le arranc\u00f3 su car\u00e1cter juguet\u00f3n y travieso; se trata de un asunto de prestigio nacional. Qu\u00e9 elocuente resulta el gesto del gobernante entregando la bandera nacional a la delegaci\u00f3n ol\u00edmpica. La tecno-estructura, r\u00edgida, calculadora, preocupada por optimar recursos, coloniz\u00f3 las Olimp\u00edadas. Los nadadores, por ejemplo, se afeitan el cuerpo completo para aminorar la fricci\u00f3n. Todo con tal de romper el r\u00e9cord. El deporte ha quedado desprovisto de su dimensi\u00f3n de ficci\u00f3n, de irrealidad, de irrelevancia, de trivialidad. Ha devenido una profesi\u00f3n o, mejor a\u00fan, una religi\u00f3n, como bien lo pregonaba la campa\u00f1a publicitaria de un club. En la escuela y en el estadio, el deporte se transform\u00f3 en una actividad formal, tan seria que los planes de estudios la califican como asignatura: educaci\u00f3n f\u00edsica. Ya no es una diversi\u00f3n, sino un deber, una tarea. Por eso, hacen falta \u00e1rbitros cada vez m\u00e1s","thumbnail_url":"http:\/\/192.100.230.75\/wp-content\/uploads\/2010\/02\/zagal.jpg"}