{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Arturo Damm","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/arturodammarnal\/","title":"Moby Dick deslumbrante","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"KEt9G5Dc0h\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2010\/01\/01\/moby-dick-deslumbrante\/\">Moby Dick deslumbrante<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2010\/01\/01\/moby-dick-deslumbrante\/embed\/#?secret=KEt9G5Dc0h\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Moby Dick deslumbrante&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"KEt9G5Dc0h\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Hay escritos que deslumbran. Son los mejores ejemplos de la literatura. A ellos el lector regresa una y otra vez, en busca de consuelo, deleite o \u00e1nimo. Pueden ser unas cuantas palabras; dos, tres o cuatro oraciones; algunos p\u00e1rrafos; un cap\u00edtulo, tal y como es el caso del que Melville enumer\u00f3 con los d\u00edgitos CXIII, bautiz\u00e1ndolo con el nombre de La fragua. Moby Dick, la historia de una venganza, la del capit\u00e1n Ahab (\u00abten\u00eda el aire del hombre rescatado de la hoguera cuando el fuego ha corrido por todos sus miembros\u2026\u00bb) contra la ballena blanca (\u00abcon el flanco cubierto de arpones retorcidos\u2026\u00bb), venganza cuya historia, s\u00edntesis de libertad y destino, tiene lugar en el microcosmos del ballenero Pequod y como escenario el macrocosmos del oc\u00e9ano, venganza que reclama la fabricaci\u00f3n de su propio instrumento, el arp\u00f3n cuyo destino, \u00a1no hay libre albedr\u00edo que valga en este caso!, es el alma de la ballena albina. Para tal venganza no cualquier arp\u00f3n califica, \u00a1no, de ninguna manera! Esto es lo que nos cuenta Melville en el cap\u00edtulo CXIII. Mediod\u00eda, Perth, el herrero del Pequod, trabaja entre la fragua y el yunque, rodeado de \u00absus cr\u00edas\u00bb: las chispas que vuelan, revoloteando, en torno suyo. Entonces aparece Ahab, \u00abllevando en la mano un bolso peque\u00f1o, de cuero enmohecido\u00bb, quien, par\u00e1ndose frente al herrero, le revela su deseo: \u00abTambi\u00e9n yo necesito un arp\u00f3n, uno que no pueda romper un tiro de mil demonios, Perth. Algo que se plante en el cuerpo de la ballena como su propia aleta. Aqu\u00ed tienes el metal \u2013agreg\u00f3 arroj\u00e1ndole el saco sobre el yunque\u2013. Son clavos de las herraduras de acero de los caballos de carrera\u00bb. Lo dicho: la venganza de Ahab reclama la fabricaci\u00f3n de su propio instrumento, con la mejor materia prima disponible que, como todo herrero sabe, trat\u00e1ndose de arpones es el metal de las herraduras. \u00ab\u00a1R\u00e1pido! F\u00f3rjame el arp\u00f3n\u00bb, ordena Ahab. Perth trabaja, con el fuego y el viento, entre la fragua y el yunque, golpe a golpe de aquel martillo que se convierte en la prolongaci\u00f3n natural de su brazo, transformando las herraduras en la cabeza del arp\u00f3n. Entonces, \u00aba punto de someter la punta al \u00faltimo calor, antes de templarla, grit\u00f3 a Ahab que le acercara la cuba de agua\u00bb, a lo que el capit\u00e1n respondi\u00f3: \u00abNo, no usaremos agua para esto. \u00a1Quiero que tenga el temple de la muerte! \u00a1Eh, Tashtego, Queequeq, Dagoo! \u00bfQu\u00e9 dicen paganos? \u00bfMe dar\u00e1n la sangre necesaria para cubrir esta punta?\u00bb. No agua, sino sangre, para templar la punta del arp\u00f3n que ser\u00e1 el instrumento de la venganza, sangre de los tres arponeros que acompa\u00f1an a Ahab hacia su destino. Entonces el capit\u00e1n \u00ablevant\u00f3 el arma, y tres foscos ce\u00f1os respondieron que s\u00ed. Entonces se hicieron tres incisiones en la carne de los paganos y con su sangre se templ\u00f3 la hoja de la Ballena Blanca\u00bb. Se forj\u00f3 el arp\u00f3n y con \u00e9l el destino de Ahab. \u00ab\u201c\u00a1Ego non baptizo te in nomine patris, sed in nomine diaboli!\u201d, \u2013grit\u00f3 Ahab, presa del delirio, mientras el hierro perverso devoraba ardiendo la sangre bautismal\u00bb. Hay escritos que me deslumbran. Son, de todos los que he le\u00eddo, los mejores ejemplos de la literatura, la mejor muestra de su poder para consolar, deleitar, animar y, \u00a1siempre!, admirar. A ellos regreso una y otra vez, tal y como es el caso del cap\u00edtulo CXIII de Moby Dick, en el cual encuentro, sobre todo, deleite, sin olvidar cierta inquietud, como la que surge al escuchar a Ahab confesarle a Perth lo siguiente: \u00abLa desdicha ajena me impacienta cuando no lleva a la locura\u00bb."}