{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/leograndini\/","title":"El sentimiento c\u00f3mico de la vida","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"IiQssMHWlr\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2009\/07\/20\/el-sentimiento-comico-de-la-vida\/\">El sentimiento c\u00f3mico de la vida<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2009\/07\/20\/el-sentimiento-comico-de-la-vida\/embed\/#?secret=IiQssMHWlr\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El sentimiento c\u00f3mico de la vida&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"IiQssMHWlr\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"No es un humor refinado pero, \u00faltimamente, el programa de televisi\u00f3n que m\u00e1s risa me da es una competencia para ver qui\u00e9n logra superar una serie de obst\u00e1culos sin ser derribado por enormes mazos, golpeado por pistones gigantes, arrasado por descomunales bolas de hule o molido por un arsenal de guantes de box que inesperadamente brotan de una pared. Podr\u00eda llamarse \u00abHombre al agua\u00bb (el nombre original es Wiped Out) porque los participantes, tras ser golpeados, caen en una enorme alberca de agua cristalina. Cuando un concursante que no me cae gordo llega a la meta, siento alegr\u00eda por \u00e9l, pero es una emoci\u00f3n moderada si la comparo con las carcajadas que me produce ver, desde distintos \u00e1ngulos y en c\u00e1mara lenta, c\u00f3mo los intr\u00e9pidos participantes resbalan, tropiezan, se estrellan contra una pared y caen sin tener tiempo de componer un poco la figura. Venir al mundo es como encontrar en el buz\u00f3n una carta que dice: \u00abFelicidades. Usted ha sido elegido para participar en Hombre al Agua\u00bb. S\u00f3lo que la secuencia es inversa: primero est\u00e1s en una tibia ba\u00f1era, luego te sacan y vienen los golpes. Un se\u00f1or diez veces m\u00e1s grande que t\u00fa te toma por los pies, como si fueras ave de corral, te expone desnudo a las miradas de personas que no tienes el gusto de conocer (la enfermera, el anestesi\u00f3logo) y te aporrea el trasero; para deleite de todos, t\u00fa lloras. El numerito se repite, con variaciones, durante los siguientes sesenta o setenta a\u00f1os, si tienes la suerte de sobrevivir a tan larga cadena de humillaciones. HUMOR: UN TRASPI\u00c9S EN LA L\u00d3GICA El sentimiento c\u00f3mico de la vida consiste en percibir nuestros propios tropiezos como quien contempla un espect\u00e1culo humor\u00edstico (es decir, montado para dar risa). Reducida a su componente esencial, la comedia es la representaci\u00f3n de un conflicto que se resuelve favorablemente, muchas veces con unas bodas que prometen la continuaci\u00f3n de la vida, como negando la ley fundamental de que todo tiene que morir. Los trancazos y subsecuentes chapuzones de los concursantes en \u00abHombre al Agua\u00bb dan risa porque sabemos que van a caer en blandito. Las vacilaciones y ca\u00eddas del infante que da los primeros pasos son una de las escenas m\u00e1s c\u00f3micas que hay, porque sabemos que esos golpes no son mortales y que a fin de cuentas todo saldr\u00e1 bien: el ni\u00f1o aprender\u00e1 a caminar. Una entrevista de trabajo en la que hemos hecho el rid\u00edculo puede darnos risa si logramos observar nuestro fracaso como parte de una narrativa en la que tarde o temprano las cosas se arreglan: en alg\u00fan momento veremos la pifia con indulgencia y risa; el humor implica un acto de fe para colocarnos desde ahora en ese futuro desde el cual los zapotazos intermedios son al fin y al cabo inocuos. La bestia que todas las teor\u00edas del humor deben enfrentar es guanga y peque\u00f1ita, pero muy resbalosa: la proverbial c\u00e1scara de pl\u00e1tano. \u00bfQu\u00e9 hay de gracioso en perder el paso, tropezar y caer? Cuando el arte echa mano del humor, suele hacerlo poniendo en escena alguna variaci\u00f3n del tropiezo, como en la comedia de equivocaciones y en la s\u00e1tira, o como en el traspi\u00e9s l\u00f3gico del juego de palabras. SACA DE QUICIO AL AUT\u00d3MATA Para Thomas Hobbes y luego para Sigmund Freud, la risa esconde siempre un elemento de agresi\u00f3n, una afirmaci\u00f3n de mi propia capacidad de permanecer de pie mientras el objeto c\u00f3mico da el azot\u00f3n. \u00abNo te dejar\u00e1s poseer por una risa incontenible\u00bb, propon\u00eda Pit\u00e1goras a sus secuaces como m\u00e1xima moral, y su sentencia evoca la risa macabra, incontenible, del villano de las pel\u00edculas. En el para\u00edso terrenal, pensaba Baudelaire, en un mundo sin fallas, sin tropiezos, en el que cada causa se une a su efecto armoniosamente, no habr\u00eda lugar para la risa. A menos, continuaba el poeta, que logremos imaginar una risa euf\u00f3rica, una risa que no hace burla de ning\u00fan objeto porque surge del puro v\u00e9rtigo, de regocijantes carambolas y la exultaci\u00f3n de una danza loca. Una risa pura, sin prop\u00f3sito. Ignoro si, al interrogar el relato aleg\u00f3rico del G\u00e9nesis, uno debiera concluir que Ad\u00e1n y Eva, en el para\u00edso terrenal, aprovechaban de tal manera los alimentos que su cuerpo no produc\u00eda excedentes. No es muy paradisiaca la imagen de Eva pisando un f\u00e9tido despojo y gritando: \u00abAd\u00e1n, \u00bfcu\u00e1ntas veces te he dicho que no salgas sin la bolsita de pl\u00e1stico y la palita?\u00bb. Solo s\u00e9 que un mundo sin aventuras intestinales estar\u00eda privado de la interminable ocasi\u00f3n de risa que proporciona el rico expediente escatol\u00f3gico, aprovechado, entre otros escritores de baja estofa, por un Miguel de Cervantes en Espa\u00f1a, un Fran\u00e7ois Rabelais en Francia, un Sergio Pitol en M\u00e9xico y, sin ir m\u00e1s lejos, por casi todos los ni\u00f1os de casi todos los hogares del mundo. El texto cl\u00e1sico sobre la risa fue escrito por Henri Bergson (Le rire, 1900). La vida, pensaba el fil\u00f3sofo franc\u00e9s, aspira a un m\u00e1ximo grado de flexibilidad y adaptaci\u00f3n. Cuando el hombre que camina es incapaz de alterar su rumbo de acuerdo a las circunstancias que se le presentan (la c\u00e1scara de pl\u00e1tano sobre la vereda, por ejemplo), es decir, cuando camina mec\u00e1nica y distra\u00eddamente, sin poner toda su atenci\u00f3n en el momento actual, su tropiezo y su ca\u00edda excitan la risa como una suerte de castigo social. La risa surge de presenciar lo mec\u00e1nico insertado en lo viviente, seg\u00fan la c\u00e9lebre f\u00f3rmula de Bergson. Arthur Koestler estudia la risa como parte de su indagaci\u00f3n sobre el acto creativo, cuyo mayor obst\u00e1culo es el h\u00e1bito como segunda naturaleza: la costumbre, la incorporaci\u00f3n de estructuras de pensamiento y comportamiento. Koestler reconoce que los h\u00e1bitos constituyen una base de estabilidad para el aprendizaje, pero tambi\u00e9n implican cierta mecanizaci\u00f3n que puede reducir al hombre al estatuto de un aut\u00f3mata condicionado. El humor saca de quicio una estructura de pensamiento solidificada. Para Koestler, la esencia de un chiste est\u00e1 en producir una s\u00fabita alteraci\u00f3n en la percepci\u00f3n por la cual asociamos dos matrices de pensamiento"}