{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"El poder de una buena historia","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"1p7JPuyypv\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2008\/07\/01\/el_poder_de_una_buena_historia\/\">El poder de una buena historia<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2008\/07\/01\/el_poder_de_una_buena_historia\/embed\/#?secret=1p7JPuyypv\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;El poder de una buena historia&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"1p7JPuyypv\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Al hojear un ejemplar de esta revista hace algunos a\u00f1os, Carlos Soria, quien fuera mi profesor en la Universidad de Navarra, me dio este consejo: \u00abtienes que buscar que cada art\u00edculo sea tan interesante, que sorprenda incluso a los expertos en el tema, y que desde luego atraiga a quienes no lo son\u00bb. Independientemente de si lo hemos logrado o no; al lector toca juzgarlo, yo puedo afirmar que un tema de este ejemplar me atrajo y sorprendi\u00f3 favorablemente. Aunque no me considero experta en nada, reconozco que toda mi vida profesional ha consistido en \u00abcontar historias\u00bb. El periodismo no es otra cosa que aprender a contar historias a p\u00fablicos diversos sobre asuntos de la realidad, a trav\u00e9s de distintos medios. Rebautizado como storytelling por las teor\u00edas del management el contar historias o an\u00e9cdotas tiene, en la empresa, m\u00e1s consecuencias de lo que parece. Para inspirar, influir, generar confianza, mover la voluntad y el coraz\u00f3n de las personas hacia las metas, nada como una buena historia, bien dicha, en el momento oportuno. De la mano van el lenguaje corporal, el tono de voz, los gestos, el escenario apropiado, que ense\u00f1an las t\u00e9cnicas de actuaci\u00f3n. Pero eso s\u00ed, la sinceridad es condici\u00f3n ineludible. Sin ella, el mensaje que se quiere transmitir con una historia, ser\u00e1 simple pantomima. Y como me parece inaceptable hablar de este tema sin narrar alguna historia, va una que me dej\u00f3 honda huella en el ejercicio de esta apasionante profesi\u00f3n. En mi primer d\u00eda de trabajo en un peri\u00f3dico diario, reci\u00e9n egresada de la Universidad, me enviaron a entrevistar a la esposa del primer ministro de la Confederaci\u00f3n Helv\u00e9tica, de visita en M\u00e9xico. Por la tarde, mecanografi\u00e9 la nota y la llev\u00e9 a mi jefe, Mario Santoscoy, quien me hizo ver ciertos errores y me pidi\u00f3 repetirla. Regres\u00e9, corrigi\u00f3 otras cosas y me pidi\u00f3 repetirla\u2026 Ya sin esos estorbos (p\u00e1rrafos que empezaban con las mismas palabras, verbos repetidos o con poca fuerza), se percat\u00f3 de que la noticia (\u00abla nota\u00bb en la jerga period\u00edstica), no estaba en lo que yo contaba al inicio, sino en otro aspecto, y me pidi\u00f3 rehacerla. Volvieron a brotar fallos que hube de corregir. Tras escribirla por s\u00e9ptima vez me arm\u00e9 de valor y le dije \u00abaqu\u00ed la tiene, si le parece insuficiente, t\u00edrela a la basura, pero, por favor, no me pida que la escriba de nuevo, la cabeza no me da para m\u00e1s\u00bb. Se ri\u00f3, la tom\u00f3, y me fui a mi casa. Al d\u00eda siguiente se public\u00f3 en la primera plana del peri\u00f3dico\u2026"}