{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"Del temperamento cient\u00edfico","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"X3yPUbedOl\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2006\/11\/01\/del_temperamento_cientifico\/\">Del temperamento cient\u00edfico<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2006\/11\/01\/del_temperamento_cientifico\/embed\/#?secret=X3yPUbedOl\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Del temperamento cient\u00edfico&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"X3yPUbedOl\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"En el segundo ciento de Las burlas veras, Alfonso Reyes dice que no se averg\u00fcenza de su fascinaci\u00f3n por las novelas policiacas. Y es que, entre otras virtudes del g\u00e9nero, las cosas m\u00e1s inesperadas se aprenden en ellas. Por ejemplo esta, que a Reyes se le antoja una pepita de oro: \u00bfSabe usted cu\u00e1l es el secreto del poeta? Comienza usted co cualquier idea que se le haya ocurrido, y luego las exigencias de la rima lo fuerzan a decir algo muy distinto, y siempre mejor de lo discurrido por usted. Y a esto se llama inspiraci\u00f3n. (John Dickson, The Lost Gallows). As\u00ed es como se borra de un plumazo, sin alejarse demasiado de la verdad, la historia entera de las teor\u00edas est\u00e9ticas, desde el I\u00f3n hasta las represiones sublimadas de la teor\u00eda psicoanal\u00edtica. En The Moonstone, del brit\u00e1nico Wilkie Collins, llama nuestra atenci\u00f3n otra alhajita, una que pretende barrer, con la escoba del sentido com\u00fan, la historia de la curiosidad cient\u00edfica. Habla Gabriel Betteredge, mayordomo de la casa Verinder: A la gente noble en general le espera un fardo muy inc\u00f3modo en la vida -el fardo de su propia ociosidad. La vida se les va, en su mayor parte, buscando algo que hacer, y es curioso advertir -especialmente cuando sus gustos son del tipo intelectual- con cu\u00e1nta frecuencia incurren ciegamente en alg\u00fan pasatiempo mal\u00e9volo. Nueve de cada diez veces les da por torturar o echar a perder algo -y ellos creen firmemente que est\u00e1n cultivando su inteligencia, cuando la pura verdad es que est\u00e1n haciendo un tiradero en la casa. Los he visto (a las damas, lamento decir, tanto como a los caballeros) salir d\u00eda tras d\u00eda con sus redecillas y atrapar tritones, ara\u00f1as, escarabajos y ranas, y volver a casa a clavar alfileres en aquellos pobres infelices, o cortarlos en pedacitos sin pizca de remordimiento. Ver\u00e1 usted al se\u00f1orito o a la se\u00f1orita estudiando afanosamente las tripas de una ara\u00f1a con una lupa, o se topar\u00e1 con una de sus ranas bajando las escaleras sin cabeza -y cuando uno pregunta qu\u00e9 significa esta cruel bellaquer\u00eda, le dicen que significa una inclinaci\u00f3n del se\u00f1orito o la se\u00f1orita hacia la historia natural. Otras veces los ver\u00e1 usted ocupados por horas arruinando una hermosa flor con instrumentos puntiagudos, por mor de una est\u00fapida curiosidad de saber de qu\u00e9 est\u00e1 hecha. \u00bfEs m\u00e1s bello su color, o su aroma m\u00e1s dulce, cuando uno ya sabe? (\u2026) Frecuentemente resulta pesado, a qu\u00e9 dudarlo, para las personas que est\u00e1n realmente obligadas a ganarse la vida, verse forzadas a trabajar por las ropas que las cubren, el techo que las cobija y la comida que las mantiene andando. Pero compare usted el m\u00e1s arduo d\u00eda de trabajo que haya tenido con la ociosidad que disecciona flores y se abre camino dentro de los est\u00f3magos de las ara\u00f1as, y agrad\u00e9zcale a los astros que su cabeza tiene algo en lo que debe pensar, y sus manos algo que deben hacer. -\u00a1Otra pepita de oro del sentido com\u00fan!- est\u00e1 uno tentado a decir. El mayordomo de Lady Verinder nos entrega un razonamiento que divide al ser humano en dos especies: el de temperamento cient\u00edfico y el de temperamento pr\u00e1ctico. Su ingeniosa parodia del temperamento cient\u00edfico comprende lo mismo a Arist\u00f3teles, el primer ocioso que se puso a clasificar plantas (sin mejorar con ello su color ni su aroma), que al p\u00e1rvulo que desarma un aparato de radio para ver qu\u00e9 tiene dentro y c\u00f3mo funciona. Los de temperamento pr\u00e1ctico son los que dedican sus horas a ganarse honradamente la vida. Muchos siglos antes, sin embargo, Tales de Mileto hab\u00eda demostrado que la divisi\u00f3n era falsa. Y es que otros tantos mayordomos, de sentido altamente pr\u00e1ctico, se burlaban de \u00e9l porque pasaba mucho tiempo mirando las estrellas, y as\u00ed un buen d\u00eda vino a dar de bruces en un pozo. El distra\u00eddo Tales consigui\u00f3 taparles la boca cuando, habiendo previsto mediante sus ociosos c\u00e1lculos meteorol\u00f3gicos una abundante cosecha de aceitunas, arrend\u00f3 las numerosas bodegas necesarias para almacenarlas, y se hizo rico, presumiblemente con el fin de poder seguir ocioso. En cuanto al pesado fardo de las clases acomodadas que consumen su vida tratando de encontrar c\u00f3mo matar el tiempo, el sentido com\u00fan del mayordomo sigue sin refutaci\u00f3n. S\u00f3lo que no es lo mismo el ocio que el ocio. * Un encefalograma reciente revel\u00f3 que Jos\u00e9 Montelongo (coautor de \u00c9tica para adolescentes posmodernos) divide su actividad cerebral de la siguiente manera: un tercio para pensar en beisbol, otro para leer novelas y el resto para mantener el equilibrio cuando anda en bicicleta."}