{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"Cultura, abusos y costumbres","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"gebJUvp972\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2006\/01\/01\/inquietudes_de_francisco_gomez_anton-2\/\">Cultura, abusos y costumbres<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2006\/01\/01\/inquietudes_de_francisco_gomez_anton-2\/embed\/#?secret=gebJUvp972\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Cultura, abusos y costumbres&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"gebJUvp972\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Hasta hace relativamente poco tiempo, se entend\u00eda por cultura lo que dice el Diccionario de la Real Academia Espa\u00f1ola (1\u00aa acepci\u00f3n), a saber, el \u00abresultado del cultivo de las facultades intelectuales del hombre y del afinamiento de su sensibilidad\u00bb; una especie de plano superior al que s\u00f3lo se accede con esfuerzo, superando gradualmente la vulgaridad, es decir, la condici\u00f3n com\u00fan del vulgo o gente de a pie. La Grecia cl\u00e1sica defini\u00f3 la vulgaridad como aperiokalia, que literalmente significa desconocimiento de lo bello o falta de gusto. Fin\u00edsima intuici\u00f3n de su genio esteticista porque, de a-cuerdo con tal definici\u00f3n, la superaci\u00f3n de la vulgaridad depender\u00eda de la capacidad para percibir la belleza. Y \u00e9sta, el pulchrum, es, como dice C. Balmaseda, nada menos que \u00abel resplandor del Ser\u00bb en la forma y, por lo tanto, al igual que el verum y el bonum, una v\u00eda de aproximaci\u00f3n a \u00c9l. Por eso, se dice con raz\u00f3n que la vulgaridad consiste en pasar junto a la belleza sin siquiera darse cuenta. Entiendo perfectamente a Urbina cuando afirma que le resulta imposible fiarse de las personas a las que la belleza no les dice nada. As\u00ed pues, desde siempre, cultura y mal gusto eran incompatibles. Pero han dejado de serlo hace unas pocas d\u00e9cadas, con el advenimiento del denominado multiculturalismo, que entiende la cultura como el \u00abconjunto de modos de vida, costumbres y conocimientos de una \u00e9poca o grupo social\u00bb (DRAE, 4\u00aa acepci\u00f3n) y, de acuerdo con el relativismo dominante, proclama la igualdad de todas las culturas, puesto que ninguna puede pretenderse superior a las dem\u00e1s y todo vale. De manera que todas han de ser respetadas por igual, sin descalificaciones ni entrecomillados, cualquiera que sea su naturaleza. Por eso, hoy en d\u00eda, cualquier modo de vida se abre paso viento en popa, con tal de que enarbole en su estandarte lo que lo hace irrefutable, a saber, el nombre de cultura, sea cual sea su apellido y por deleznable que resulte la objetiva calidad de lo que ampara. Ah\u00ed est\u00e1 el problema: en que cualquier basura o atrocidad puede ser presentada como normal y respetable, por el simple hecho de serlo en un grupo o grup\u00fasculo cualquiera. No se trata, por tanto, de una cuesti\u00f3n sem\u00e1ntica, sin m\u00e1s. As\u00ed que la cultura se ha visto desplazada por toda una avalancha de \u00abculturas\u00bb adjetivadas, de naturaleza dudosa cuando menos. Porque a la cultura le ocurre lo mismo que a la democracia: cuando se adjetiva se degrada. La aut\u00e9ntica democracia se llama as\u00ed sin m\u00e1s. La democracia \u00abpopular\u00bb es dictadura disfrazada; la \u00aborg\u00e1nica\u00bb, un pastiche; la \u00abasamblearia\u00bb, un h\u00edbrido impresentable; y la \u00abde transici\u00f3n\u00bb, una coartada de la corrupci\u00f3n. De modo similar, la cultura propiamente dicha se llama cultura sin m\u00e1s. Y nada tiene que ver con ella, ni puede aceptarse como tal aunque se llame as\u00ed, lo contrario a la naturaleza o al buen sentido. La antropofagia no deja de serlo aunque se considere \u00abcultura zul\u00fa\u00bb; ni la violencia, aunque sea parte sustancial de la \u00abcultura punk\u00bb; ni la ignorancia o superficialidad de los conocimientos sobre el ser del hombre pueden justificarse como \u00abcultura medi\u00e1tica\u00bb, \u00abde masas\u00bb o \u00abaudiovisual\u00bb. Una vez m\u00e1s, la simple manipulaci\u00f3n de un t\u00e9rmino ling\u00fc\u00edstico ha surtido efectos asombrosos. Pese a que a simple vista nuestra sociedad parece preocupantemente inculta en m\u00faltiples aspectos, resulta que hoy todo es cultura o, al menos, se autodenomina, se defiende, se acepta y se respeta como tal. Pero no es s\u00f3lo eso. Como la lectura socialmente correcta de la nueva realidad es imposible con determinados t\u00e9rminos acu\u00f1ados al dictado de principios ya obsoletos, se ha hecho preciso renovar a fondo el vocabulario. Y as\u00ed por ejemplo, por lo que se refiere a la nueva \u00abcultura matrimonial\u00bb (\u00bf?), se han suprimido todos aquellos t\u00e9rminos cargados de connotaciones negativas (amante, querida, barragana) y sustituido \u00abesposa\u00bb o \u00abesposo\u00bb por otros aplicables indistintamente a cualquier tipo de relaci\u00f3n: \u00abpareja\u00bb, \u00abcompa\u00f1era(o) sentimental\u00bb o, rizando el rizo de la ambig\u00fcedad, \u00abthe significant other\u00bb con que algunas invitaciones yankees designan al acompa\u00f1ante del invitado dejando abierta la posibilidad de que sea otro caballero, una se\u00f1orita intercambiable, una cabra tibetana, o incluso, en casos l\u00edmite, su leg\u00edtima esposa \u00a1Vivir para ver!"}