{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"La sabrosa rusticidad del Quijote","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"zP9WGR3MUF\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2005\/07\/01\/la_sabrosa_rusticidad_del_quijote\/\">La sabrosa rusticidad del Quijote<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/2005\/07\/01\/la_sabrosa_rusticidad_del_quijote\/embed\/#?secret=zP9WGR3MUF\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;La sabrosa rusticidad del Quijote&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"zP9WGR3MUF\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Recuerdo haber le\u00eddo en istmo, hace ya algunos a\u00f1os, un art\u00edculo de Rafael Jim\u00e9nez Cata\u00f1o sobre el lenguaje. Se llamaba, si no me enga\u00f1a la memoria, \u00abCuando en M\u00e9xico se habla bien\u00bb (istmo 219). El autor lamentaba que alguna gente \u00abculta\u00bb en nuestro pa\u00eds llegara a juzgar de rudos o ignorantes a los que dicen palabras como \u00abmesmo\u00bb, \u00abhaiga\u00bb o \u00abtrajieron\u00bb, trat\u00e1ndose de cosas dichas \u00aben muy buen romance\u00bb. No es un espa\u00f1ol mejor o peor que el nuestro, es simplemente antiguo. Algunas formas arcaicas de voces espa\u00f1olas se conservaron mejor en zonas rurales de Latinoam\u00e9rica que en Espa\u00f1a. Su evoluci\u00f3n fue distinta a la que los expertos con no siempre tan buenas razones dictaminaron como \u00abcorrecta\u00bb, cumpliendo as\u00ed su alta misi\u00f3n acad\u00e9mica: que nos entendamos bien los centenares de millones de hablantes del espa\u00f1ol. Por otra parte m\u00e1s subjetiva y discutible, la que expresa el lema de la Real Academia Espa\u00f1ola y que cualquier d\u00eda copia un publicista para vender barniz de u\u00f1as: \u00abFija, pule y da esplendor\u00bb. Pero me estoy desviando. Dec\u00eda que Rafael Jim\u00e9nez Cata\u00f1o rescataba en aquel art\u00edculo algunas de esas palabras que todav\u00eda se oyen en M\u00e9xico, que hacen ver mal a quien las dice, a pesar de que luc\u00edan bien cuando sal\u00edan de la pluma de escritores como Manrique, Cervantes o Quevedo. Releyendo el Quijote ahora en su aniversario, he ido marcando algunas de esas palabras, pongo unas cuantas: \u00abde perlas\u00bb para algo maravilloso \u00abluego luego\u00bb para \u00abinmediatamente\u00bb \u00abtrujo\u00bb por \u00abtrajo\u00bb \u00abansimesmo\u00bb por \u00abasimismo\u00bb \u00abdenantes\u00bb por \u00abantes\u00bb \u00abla v\u00eda\u00bb por \u00abla ve\u00eda\u00bb \u00absentirse\u00bb por \u00abofenderse\u00bb \u00abvido\u00bb por \u00abvio\u00bb \u00abrebi\u00e9n\u00bb por \u00abmuy bien\u00bb Y ya que estamos en estos terrenos ling\u00fc\u00edsticos, me gustar\u00eda citar un p\u00e1rrafo de uno de mis libros favoritos: Los 1001 a\u00f1os de la lengua espa\u00f1ola, del fil\u00f3logo Antonio Alatorre. Debo advertir que el autor usa \u00abdiscreci\u00f3n\u00bb no en el sentido de reserva y circunspecci\u00f3n en el hablar, sino en el de sensatez y buen juicio. Dice: \u00abun aspecto de la discreci\u00f3n de los discretos consiste en no dejar que sus h\u00e1bitos ling\u00fc\u00edsticos personales se atraviesen entre ellos y los dem\u00e1s, estorbando ese fluido de simpat\u00eda que es el alimento de la comunicaci\u00f3n humana. Quien desprecia al ga\u00f1\u00e1n, al baturro, al obrero, al indio, al pocho, etc\u00e9tera, porque hablan mal (o sea, porque no hablan como \u00e9l) est\u00e1 muy lejos de la discreci\u00f3n. El discreto que abre el o\u00eddo exterior y el o\u00eddo interior a un buen discurso pronunciado por un viejo campesino iletrado, y oye expresiones como mesmo, haiga, truje, jediondo, la calor, naiden, etc\u00e9tera, podr\u00e1 sonre\u00edr, pero no por burla, sino por deleite. El discreto es un apreciador de otros lenguajes. La consciencia de su propia norma ling\u00fc\u00edstica lo hace capaz de comprender las posibilidades expresivas de quienes no comparten esa norma. Palabras como mesmo y la calor dejan de ser incorrecciones y regresan a lo que son: voces cien por ciento castizas, y adem\u00e1s hermosas y significativas\u00bb (FCE, 3\u00b0 ed., p. 299)."}