{"version":"1.0","provider_name":"Revista ISTMO","provider_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023","author_name":"Revista ISTMO","author_url":"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/author\/admin\/","title":"Nuevos lectores, la cocina y el lenguaje","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"PhT1IyhXa2\"><a href=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1997\/09\/01\/nuevos_lectores_la_cocina_y_el_lenguaje\/\">Nuevos lectores, la cocina y el lenguaje<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/1997\/09\/01\/nuevos_lectores_la_cocina_y_el_lenguaje\/embed\/#?secret=PhT1IyhXa2\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Nuevos lectores, la cocina y el lenguaje&#8221; &#8212; Revista ISTMO\" data-secret=\"PhT1IyhXa2\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/dim-id.com\/pruebaentradas2023\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Para hablar sobre el tema de la lengua que nos ocupa ahora, tengo un ejemplo por dem\u00e1s impactante para quienes hacemos istmo. Quiz\u00e1 alg\u00fan lector recuerde la peque\u00f1a historia que mencion\u00e9 en el n\u00famero 230, dedicado al barroco, sobre dos personas que nos leen en una c\u00e1rcel de Oregon: un mexicano que traduce los art\u00edculos a un rumano. Nos informa nuestro amigo y suscriptor rumano, que adem\u00e1s est\u00e1 aprendiendo espa\u00f1ol, que ya no son dos los lectores en esa c\u00e1rcel de Estados Unidos, sino entre 100 y 150 compatriotas. Este dato escueto y otro que dice que hay casi doscientos mexicanos el 10% de la poblaci\u00f3n de dicho centro nos lleva a muchas conjeturas, independientemente de la uni\u00f3n a trav\u00e9s de la lengua com\u00fan. \u00bfCircula la revista desde que llega de mano en mano? \u00bfEs usual tan alto nivel de lectura en una c\u00e1rcel? \u00bfEncuentran nuestros lectores lo que desean?, \u00bfqu\u00e9 les llama espec\u00edficamente la atenci\u00f3n? Podr\u00eda llenar esta p\u00e1gina de mil preguntas. Otra agradable reacci\u00f3n de nuestros lectores en relaci\u00f3n al ejemplar 230 es el fuerte eco que encontr\u00f3 el art\u00edculo de H\u00e9ctor Zagal sobre la cocina barroca mexicana, que mezcla tan sabrosamente los diversos elementos de nuestra idiosincracia; se ve que hay m\u00e1s aficionados al tema de los que imaginamos y que ese art\u00edculo tan bien cocinado satisface no s\u00f3lo al paladar sino el esp\u00edritu. ******* Alfonso Reyes dice en su ensayo De la lengua vulgar que \u201cel idioma y la l\u00f3gica son cosas diversas y aun opuestas\u201d. Y agrega que el creador del idioma es siempre el vulgo, el pueblo, hijo del azar y mejor testigo que nadie del instinto humano que sabe hablar y formar sus voces seg\u00fan el capricho de la vida y bajo la sugesti\u00f3n de su instinto \u00e9tnico. Para subrayar esto hace una graciosa observaci\u00f3n, sobre c\u00f3mo cada pueblo oye un mismo ruido de distinta manera, con un coro de matices \u00e9tnicos, y c\u00f3mo el vulgo exagera las diferencias de pronunciaci\u00f3n. As\u00ed para los hispanohablantes los gallos cantan: Qui-qui-ri-qu\u00ed; para los franceses, Co-co-ri-c\u00f3; para los ingleses, Cock-a-doodle-do\u00f3; para los turcos, C\u00fa-c\u00fa-r\u00fa-c\u00fa y para otros pueblos es s\u00f3lo una fuga de consonantes: K! k! k! k!o de vocales: I! i! i! i!o O! o! o! o! (No transcribo el canto de los gallos griegos que \u00e9l menciona porque es muy largo). Este n\u00famero habla de c\u00f3mo el lenguaje es algo vivo; imposible encorsetarlo, impedir su continua renovaci\u00f3n y el surgimiento constante de vocablos. La lengua, el \u201candamiaje del pensamiento\u201d es frecuentemente objeto de discusi\u00f3n, y lo fue espec\u00edficamente en el Congreso de Zacatecas. Hay mucho que decir sobre el espa\u00f1ol, desde los asuntos puramente num\u00e9ricos, como en cu\u00e1ntos pa\u00edses el castellano es lengua oficial, si somos casi 300 o casi 400 millones los hispanoparlantes, hasta diferencias gramaticales, fon\u00e9ticas, ortogr\u00e1ficas Todo ello se ir\u00e1 resolviendo de una u otra manera, lo importante, en mi opini\u00f3n, es fomentar el amor a la propia lengua, el gusto y regusto por la palabra, por el buen decir, s\u00f3lo as\u00ed el espa\u00f1ol seguir\u00e1 siendo el magn\u00edfico veh\u00edculo de comunicaci\u00f3n que es hoy."}