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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Revista ISTMO</provider_name><provider_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023</provider_url><author_name>Revista ISTMO</author_name><author_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023/author/admin/</author_url><title>El escaparate l&#xFA;dico del hombre</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="2Ba63LlzSW"&gt;&lt;a href="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2015/10/30/el-escaparate-ludico-del-hombre/"&gt;El escaparate l&#xFA;dico del hombre&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2015/10/30/el-escaparate-ludico-del-hombre/embed/#?secret=2Ba63LlzSW" width="600" height="338" title="&#x201C;El escaparate l&#xFA;dico del hombre&#x201D; &#x2014; Revista ISTMO" data-secret="2Ba63LlzSW" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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</html><description>No es f&#xE1;cil pensar en los videojuegos como obras de arte, pero el arte no es s&#xF3;lo lo bello, es tambi&#xE9;n todo lo que impacta en nuestra psique. La complejidad y la realidad simb&#xF3;licas que ofrecen los videojuegos generan un espacio donde la dimensi&#xF3;n l&#xFA;dica humana encuentra una forma de expresi&#xF3;n bastante acabada. Si no somos receptivos a nuevas y diversas experiencias, nuestro mundo se empobrece. &#xA0; Muchas tentativas se han ensayado a lo largo de la historia del pensamiento con el prop&#xF3;sito de definir la esencia del hombre. El hombre como &#xAB;animal racional&#xBB; o como &#xAB;animal pol&#xED;tico&#xBB;, por ejemplo, son caracterizaciones que se remontan a la Antig&#xFC;edad y que, sin duda, ponen de relieve aspectos fundamentales de nuestra condici&#xF3;n. Sin embargo, muchas veces, en nuestro intento por comprender al hombre, soslayamos nuestra dimensi&#xF3;n como homo symbolicus, es decir, como agentes creadores de s&#xED;mbolos y dadores de significados y como homo ludens, nuestra facultad de encontrar gozo y divertimento en distintas esferas de actividad. Por supuesto, las otras tentativas de definici&#xF3;n son tambi&#xE9;n v&#xE1;lidas: nos identificamos plenamente con la racionalidad &#x2013;condici&#xF3;n indispensable para tener conciencia de nosotros mismos y desarrollar los talentos&#x2013; as&#xED; como con la necesidad de establecer comunidades pol&#xED;ticas para superar las distintas contingencias y llevar una vida buena, como afirmaba Arist&#xF3;teles. Pero muchos hombres &#x2013;si no es que todos&#x2013;sentimos que hay algo m&#xE1;s en nuestra existencia que no recogen aquellas sentencias del pensamiento antiguo. La vida afectiva, emocional, imaginativa, creadora y, en algunos casos, art&#xED;stica, parecen ser tambi&#xE9;n rasgos que nos definen, y dejar de lado esa parte de nuestro ser, en cualquier intento de esbozar una antropolog&#xED;a, no hace justicia a nuestra naturaleza. Presento aqu&#xED; algunas consideraciones de estas dos otras dimensiones, con particular &#xE9;nfasis en la &#xFA;ltima, la l&#xFA;dica. &#xA0; EL ARTISTA CREA S&#xCD;MBOLOS E IM&#xC1;GENES Las ra&#xED;ces de la aspiraci&#xF3;n de interpretar y reconfigurar imaginativamente el cosmos se pueden rastrear hasta los or&#xED;genes de la civilizaci&#xF3;n. El hombre ha buscado desde siempre dar una expresi&#xF3;n a todo aquello que podr&#xED;a denominarse su mundo interior: sus ideas y proyectos, sentimientos y emociones, anhelos y esperanzas, miedos y fracasos. Es claro que el ser humano no se conforma con aceptar la situaci&#xF3;n en que vive tal como es. Somos agentes que buscamos interpelar el entorno e interpelarnos a nosotros mismos, lo que trae por consecuencia una transformaci&#xF3;n de la realidad. Nos rehusamos a aceptar el mundo como nos es dado; tenemos el deseo profundo de comprender qui&#xE9;nes somos, d&#xF3;nde nos encontramos y hacia d&#xF3;nde iremos. Son preguntas de naturaleza perenne, no exclusivas de una sociedad o cultura particular, que atraviesan la historia de la humanidad. Sin embargo, no hemos alcanzado una respuesta definitiva. Es tarea ineludible, engarzada en lo m&#xE1;s &#xED;ntimo de nuestra naturaleza, plantearnos esos interrogantes e intentar develar, aunque sea en forma parcial y limitada, respuestas propias que, para bien o para mal, representan el esfuerzo por descifrar nuestro lugar en el universo. Los intentos de contestar estos interrogantes no se circunscriben a un &#xFA;nico &#xE1;mbito de la praxis humana. La religi&#xF3;n y la ciencia, por ejemplo, son esferas fundamentales donde el hombre cumple con esta vocaci&#xF3;n existencial de formular preguntas sobre su realidad y de encontrar respuestas para afrontar su existencia. Abordo ahora la esfera de lo &#xAB;art&#xED;stico&#xBB;, pero entendida en un sentido m&#xE1;s amplio que las &#xAB;bellas artes&#xBB;. La concepci&#xF3;n de lo art&#xED;stico que tengo en mente alude m&#xE1;s bien al t&#xE9;rmino griego cl&#xE1;sico de poiesis, que significa &#xAB;creaci&#xF3;n&#xBB; de forma amplia. El hombre es capaz de crear cosas nuevas y dotarlas, en cierta medida, de algo propio, las extrae del mundo natural y les concede una muestra de su propia espiritualidad. Por supuesto, no toda poiesis o creaci&#xF3;n supone igual compromiso del hombre con lo que crea: distintos utensilios o herramientas de la vida pr&#xE1;ctica tienen como prop&#xF3;sito desempe&#xF1;ar funciones b&#xE1;sicas, cotidianas o elementales. Pero cuando el hombre busca configurar significativamente su mundo termina por crear un imaginario simb&#xF3;lico donde &#xE9;l y otros pueden reencontrarse a s&#xED; mismos. El artista, en un sentido amplio, es creador de s&#xED;mbolos o im&#xE1;genes, pero parad&#xF3;jicamente es tambi&#xE9;n el primer espectador de su obra. Un espectador ciertamente privilegiado, puesto que conoce la obra desde sus primeros momentos de inspiraci&#xF3;n, su desarrollo y, finalmente, su concreci&#xF3;n. Pero no es su &#xFA;ltimo espectador o juez, ni tiene, como muchos dir&#xED;an, la &#xFA;ltima palabra sobre ella. Las creaciones humanas tienen una vida propia que se extiende, en ocasiones, m&#xE1;s all&#xE1; de los l&#xED;mites de la vida del autor, y que terminan por decir algo valioso a generaciones hist&#xF3;ricamente alejadas del contexto de origen de la obra. En ese quehacer simb&#xF3;lico, que alude a la primera dimensi&#xF3;n referida, en la que el hombre busca dar expresi&#xF3;n a su mundo interno, muchas veces se encuentra ya la semilla de lo l&#xFA;dico, es decir, la semilla de un juego que permite combinar elementos heterog&#xE9;neos de forma libre y creativa. Esta idea ha jugado un papel poderoso en la imaginaci&#xF3;n occidental. El gran poeta Friedrich Schiller sostuvo, por ejemplo, que s&#xF3;lo el artista que logra hacer de su obra una suerte de juego, que posea el mismo grado de espontaneidad que tienen los ni&#xF1;os cuando se divierten, puede ser considerado propiamente como un genio. Es dif&#xED;cil, ciertamente, establecer generalizaciones en materia de creaci&#xF3;n art&#xED;stica. Hay en la historia creadores que parecen haberse torturado a s&#xED; mismos con tal de sacar adelante su obra maestra y que no responden al ideal l&#xFA;dico propuesto por Schiller. De Gustave Flaubert se cuenta que pod&#xED;a pasar d&#xED;as enteros, en un an&#xE1;lisis minucioso y exhaustivo, tratando de encontrar la palabra id&#xF3;nea para una oraci&#xF3;n en un di&#xE1;logo de sus novelas &#x2013;procedimiento que, sin duda, buscaba eliminar cualquier margen de contingencia; aunque cabe decir que eso no nos impide gozar l&#xFA;dicamente de sus obras&#x2013;. Pero tambi&#xE9;n hay creadores que han entendido sus obras, desde su concepci&#xF3;n, como una forma de juego, donde lo espont&#xE1;neo, lo azaroso y lo impredecible desempe&#xF1;an un papel fundamental. Pienso en grandes compositores</description><thumbnail_url>https://istmo.mx/wp-content/uploads/2015/10/IS340_Coloquio_02_principal.jpg</thumbnail_url></oembed>
