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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Revista ISTMO</provider_name><provider_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023</provider_url><author_name>Revista ISTMO</author_name><author_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023/author/admin/</author_url><title>La fascinaci&#xF3;n del azar</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="gKjzMoAclF"&gt;&lt;a href="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2010/05/05/la-fascinacion-del-azar/"&gt;La fascinaci&#xF3;n del azar&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2010/05/05/la-fascinacion-del-azar/embed/#?secret=gKjzMoAclF" width="600" height="338" title="&#x201C;La fascinaci&#xF3;n del azar&#x201D; &#x2014; Revista ISTMO" data-secret="gKjzMoAclF" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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</html><description>El miedo es la pasi&#xF3;n m&#xE1;s profunda; es con el miedo con lo que usted debe jugar si desea saborear las alegr&#xED;as m&#xE1;s intensas de la vida. Stevenson, El club de los suicidas. &#xBF;Sab&#xED;an que Marge Simpson es adicta al juego? Una buena madre se transforma frente a las maquinitas tragamonedas, simplemente pierde la raz&#xF3;n. Record&#xE9; ese episodio de Los Simpson cuando me enter&#xE9; de que una amiga est&#xE1; a punto de perder marido, hijos, casa, salud y empleo por su adicci&#xF3;n al bingo. Hasta ahora, no me hab&#xED;a percatado de la cantidad de casinos que pueblan nuestras ciudades. Ignoro los entresijos jur&#xED;dicos que permitieron que florecieran en M&#xE9;xico. Como tantas cosas en este pa&#xED;s, simplemente sucedi&#xF3;. Al margen de cualquier prurito victoriano, los juegos de azar afectan nuestra vida moral. Por ejemplo, la Marquesa Calder&#xF3;n de la Barca se&#xF1;alaba, a mediados del siglo XIX, los desmanes que ocasionaba la feria de San Agust&#xED;n de las Cuevas. Hacia finales de agosto, la sociedad acud&#xED;a a jugar en aquel pueblo, hoy llamado Tlalpan, distante a&#xFA;n de la ciudad de M&#xE9;xico. Los ricos, que veraneaban en San &#xC1;ngel, perd&#xED;an cantidades enormes. Los pobres, por su parte, dorm&#xED;an donde pod&#xED;an y gastaban el dinero del que carec&#xED;an. Los juegos de azar son fascinantes, el peligro ronda. Es el v&#xE9;rtigo de la ruleta que retrata Dostoievski en El jugador. Su embrujo, tan adictivo como el alcohol, no es f&#xE1;cil de explicar. &#xBF;Por qu&#xE9; demonios nos gusta apostar? LA RUEDA DE LA FORTUNA Jugar es aceptar nuestros l&#xED;mites. En la ruleta reconocemos que la vida escapa de nuestro control. Nuestra actitud ante el azar es ambivalente. Lo odiamos cuando nos lastima; lo admiramos cuando nos consiente. Nos atrae su incertidumbre, anhelamos dominarlo y esclarecer sus secretos. A veces el azar parece manifestar la irracionalidad del mundo; otras, insin&#xFA;a la presencia divina. Los cristianos miraron con temor el juego para no &#xAB;poner a prueba&#xBB; a Dios. Los paganos intentaron sobornar a sus divinidades con sacrificios y ruegos. Los ilustrados aprendieron c&#xE1;lculo para domesticar la veleta del azar. BARAJA CONTRA AJEDREZ Si bien el azar afrenta al entendimiento humano, tambi&#xE9;n lo consuela. El peso de la propia responsabilidad agobia. Es la idea del cuento El club de los suicidas, de Stevenson. El grupo re&#xFA;ne a quienes ya no quieren vivir, pero carecen de arrestos para suicidarse. El club es una argucia: por las noches se juega a la carta. Quien saca el as d&#xA0;&#xA0;&#xA0; e espadas morir&#xE1; &#xAB;accidentalmente&#xBB; a manos de quien sac&#xF3; el as de bastos. Los juegos de azar son la ant&#xED;poda del ajedrez. En el tablero triunfa el diestro y pierde el torpe. El juego agobia pues s&#xF3;lo impera la raz&#xF3;n calculadora. Puede romper el precario equilibrio humano. Si en El jugador triunfa la sinraz&#xF3;n, la saturaci&#xF3;n de ajedrez enloquece de tanto pensar. Es el drama de La novela de ajedrez, de Zweig. Chesterton advirti&#xF3; recurrentemente que el exceso de raz&#xF3;n nos puede volver locos: La esfera y la cruz. Los jugadores de Dostoievski y Zweig pierden el equilibrio: queda el exceso, la destemplanza. Ironiza Jardiel Poncela: &#xAB;Cuando un hombre ha apuntado demasiadas horas a la ruleta, acaba apunt&#xE1;ndose al coraz&#xF3;n&#xBB;. Cierto, pero quien ha apuntado demasiadas responsabilidades en el alma, acaba apunt&#xE1;ndose con el psiquiatra. &#xBF;Qu&#xE9; es m&#xE1;s peligroso, la obsesi&#xF3;n de la racionalidad o el sutil &#xED;mpetu de la suerte? No lo s&#xE9;. Me temo que el ajedrecista de tiempo completo acaba loco o, por reacci&#xF3;n pendular, jugando fren&#xE9;ticamente a la ruleta. Nuevamente Dostoievski pinta a un personaje as&#xED; en La estrategia de Luzhin, un consumado ajedrecista.</description><thumbnail_url>http://192.100.230.75/wp-content/uploads/2010/05/zagal1-300x212.jpg</thumbnail_url></oembed>
