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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Revista ISTMO</provider_name><provider_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023</provider_url><author_name>Arturo Damm</author_name><author_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023/author/arturodammarnal/</author_url><title>Moby Dick deslumbrante</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="rNDCfc8JrK"&gt;&lt;a href="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2010/01/01/moby-dick-deslumbrante/"&gt;Moby Dick deslumbrante&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2010/01/01/moby-dick-deslumbrante/embed/#?secret=rNDCfc8JrK" width="600" height="338" title="&#x201C;Moby Dick deslumbrante&#x201D; &#x2014; Revista ISTMO" data-secret="rNDCfc8JrK" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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</html><description>Hay escritos que deslumbran. Son los mejores ejemplos de la literatura. A ellos el lector regresa una y otra vez, en busca de consuelo, deleite o &#xE1;nimo. Pueden ser unas cuantas palabras; dos, tres o cuatro oraciones; algunos p&#xE1;rrafos; un cap&#xED;tulo, tal y como es el caso del que Melville enumer&#xF3; con los d&#xED;gitos CXIII, bautiz&#xE1;ndolo con el nombre de La fragua. Moby Dick, la historia de una venganza, la del capit&#xE1;n Ahab (&#xAB;ten&#xED;a el aire del hombre rescatado de la hoguera cuando el fuego ha corrido por todos sus miembros&#x2026;&#xBB;) contra la ballena blanca (&#xAB;con el flanco cubierto de arpones retorcidos&#x2026;&#xBB;), venganza cuya historia, s&#xED;ntesis de libertad y destino, tiene lugar en el microcosmos del ballenero Pequod y como escenario el macrocosmos del oc&#xE9;ano, venganza que reclama la fabricaci&#xF3;n de su propio instrumento, el arp&#xF3;n cuyo destino, &#xA1;no hay libre albedr&#xED;o que valga en este caso!, es el alma de la ballena albina. Para tal venganza no cualquier arp&#xF3;n califica, &#xA1;no, de ninguna manera! Esto es lo que nos cuenta Melville en el cap&#xED;tulo CXIII. Mediod&#xED;a, Perth, el herrero del Pequod, trabaja entre la fragua y el yunque, rodeado de &#xAB;sus cr&#xED;as&#xBB;: las chispas que vuelan, revoloteando, en torno suyo. Entonces aparece Ahab, &#xAB;llevando en la mano un bolso peque&#xF1;o, de cuero enmohecido&#xBB;, quien, par&#xE1;ndose frente al herrero, le revela su deseo: &#xAB;Tambi&#xE9;n yo necesito un arp&#xF3;n, uno que no pueda romper un tiro de mil demonios, Perth. Algo que se plante en el cuerpo de la ballena como su propia aleta. Aqu&#xED; tienes el metal &#x2013;agreg&#xF3; arroj&#xE1;ndole el saco sobre el yunque&#x2013;. Son clavos de las herraduras de acero de los caballos de carrera&#xBB;. Lo dicho: la venganza de Ahab reclama la fabricaci&#xF3;n de su propio instrumento, con la mejor materia prima disponible que, como todo herrero sabe, trat&#xE1;ndose de arpones es el metal de las herraduras. &#xAB;&#xA1;R&#xE1;pido! F&#xF3;rjame el arp&#xF3;n&#xBB;, ordena Ahab. Perth trabaja, con el fuego y el viento, entre la fragua y el yunque, golpe a golpe de aquel martillo que se convierte en la prolongaci&#xF3;n natural de su brazo, transformando las herraduras en la cabeza del arp&#xF3;n. Entonces, &#xAB;a punto de someter la punta al &#xFA;ltimo calor, antes de templarla, grit&#xF3; a Ahab que le acercara la cuba de agua&#xBB;, a lo que el capit&#xE1;n respondi&#xF3;: &#xAB;No, no usaremos agua para esto. &#xA1;Quiero que tenga el temple de la muerte! &#xA1;Eh, Tashtego, Queequeq, Dagoo! &#xBF;Qu&#xE9; dicen paganos? &#xBF;Me dar&#xE1;n la sangre necesaria para cubrir esta punta?&#xBB;. No agua, sino sangre, para templar la punta del arp&#xF3;n que ser&#xE1; el instrumento de la venganza, sangre de los tres arponeros que acompa&#xF1;an a Ahab hacia su destino. Entonces el capit&#xE1;n &#xAB;levant&#xF3; el arma, y tres foscos ce&#xF1;os respondieron que s&#xED;. Entonces se hicieron tres incisiones en la carne de los paganos y con su sangre se templ&#xF3; la hoja de la Ballena Blanca&#xBB;. Se forj&#xF3; el arp&#xF3;n y con &#xE9;l el destino de Ahab. &#xAB;&#x201C;&#xA1;Ego non baptizo te in nomine patris, sed in nomine diaboli!&#x201D;, &#x2013;grit&#xF3; Ahab, presa del delirio, mientras el hierro perverso devoraba ardiendo la sangre bautismal&#xBB;. Hay escritos que me deslumbran. Son, de todos los que he le&#xED;do, los mejores ejemplos de la literatura, la mejor muestra de su poder para consolar, deleitar, animar y, &#xA1;siempre!, admirar. A ellos regreso una y otra vez, tal y como es el caso del cap&#xED;tulo CXIII de Moby Dick, en el cual encuentro, sobre todo, deleite, sin olvidar cierta inquietud, como la que surge al escuchar a Ahab confesarle a Perth lo siguiente: &#xAB;La desdicha ajena me impacienta cuando no lleva a la locura&#xBB;.</description></oembed>
