<?xml version="1.0"?>
<oembed><version>1.0</version><provider_name>Revista ISTMO</provider_name><provider_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023</provider_url><author_name>Revista ISTMO</author_name><author_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023/author/leograndini/</author_url><title>Las zanahorias y los camellos</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="cXzU4FArkl"&gt;&lt;a href="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2009/07/20/las-zanahorias-y-los-camellos/"&gt;Las zanahorias y los camellos&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2009/07/20/las-zanahorias-y-los-camellos/embed/#?secret=cXzU4FArkl" width="600" height="338" title="&#x201C;Las zanahorias y los camellos&#x201D; &#x2014; Revista ISTMO" data-secret="cXzU4FArkl" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
/*! This file is auto-generated */
!function(d,l){"use strict";l.querySelector&amp;&amp;d.addEventListener&amp;&amp;"undefined"!=typeof URL&amp;&amp;(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&amp;&amp;!/[^a-zA-Z0-9]/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret="'+t.secret+'"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret="'+t.secret+'"]'),c=new RegExp("^https?:$","i"),i=0;i&lt;o.length;i++)o[i].style.display="none";for(i=0;i&lt;a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&amp;&amp;(s.removeAttribute("style"),"height"===t.message?(1e3&lt;(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r&lt;200&amp;&amp;(r=200),s.height=r):"link"===t.message&amp;&amp;(r=new URL(s.getAttribute("src")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&amp;&amp;n.host===r.host&amp;&amp;l.activeElement===s&amp;&amp;(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener("message",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener("DOMContentLoaded",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll("iframe.wp-embedded-content"),r=0;r&lt;s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute("data-secret"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+="#?secret="+t,e.setAttribute("data-secret",t)),e.contentWindow.postMessage({message:"ready",secret:t},"*")},!1)))}(window,document);
//# sourceURL=https://dim-id.com/pruebaentradas2023/wp-includes/js/wp-embed.min.js
&lt;/script&gt;
</html><description>&#xAB;El humor, como la poes&#xED;a, nos permite entrar en contacto con lo que no acabamos de entender&#xBB;. Hugo Hiriart Entre los valores que usted quiere fomentar en sus hijos no aparece, ni de broma, el humor. &#xAB;&#xA1;Fulanito!, &#xBF;cu&#xE1;ntas veces te tengo que repetir que tengas humor?&#xBB; Tampoco figura en el elenco de objetivos personales que usted persigue. &#xAB;&#xA1;Uy! Otro d&#xED;a sin humor, &#xBF;qu&#xE9; me pasa?&#xBB; Lo que s&#xED; exige a sus v&#xE1;stagos es ser laboriosos y usted mismo se pone como meta ganar en solidaridad para con sus empleados etc&#xE9;tera. Esto es as&#xED; porque la laboriosidad y la solidaridad s&#xED; son virtudes, pero el humor no, aunque a veces se camufle tras los rasgos del optimismo o la alegr&#xED;a. M&#xE1;s all&#xE1; del origen de la palabra &#x2013;que, me temo, es igual que el de jugo&#x2013; o de las definiciones hipocr&#xE1;ticas (el profesor H&#xE9;ctor Zagal public&#xF3; un texto al respecto en La tempestad de enero de 2006), cuando hoy nos referimos al humor necesariamente lo vinculamos con los detonadores de la risa. Los matices y giros del significado llegan al echar mano de los adjetivos: negro, infantil, vulgar. Pero tambi&#xE9;n, como ocurre con la poes&#xED;a, el humor funciona al unir realidades que en la naturaleza no existen juntas. Cuando el poeta dice &#xAB;te llor&#xE9; todo un r&#xED;o, ahora ll&#xF3;rame un mar&#xBB; plantea un escenario descabellado; por m&#xE1;s que llore, ning&#xFA;n ser humano segregar&#xE1; tal cantidad de l&#xE1;grimas para componer un caudal tipo arroyo, mucho menos oce&#xE1;nico. Y aunque esto es as&#xED;, el poema no s&#xF3;lo no resulta aberrante, sino que es conmovedor. Aunque el humor busca una v&#xED;ctima y la poes&#xED;a no, ambos se alimentan de lo inaudito e inesperado, de la polivalencia del lenguaje y sus aristas; por eso, su comportamiento es exagerado e inconexo. Claro, hay un punto en el que la met&#xE1;fora se vuelve comprensible y los t&#xE9;rminos coinciden; como la reacci&#xF3;n del padre primerizo, cuyo hijo naci&#xF3; en medio de muchas complicaciones, ante el m&#xE9;dico que anuncia: &#xAB;Su hijo naci&#xF3; bien, pero tuvimos que ponerle ox&#xED;geno&#xBB;. &#xAB;Menos mal, pero a m&#xED; me hubiese gustado ponerle Ambrosio, como su abuelo&#xBB;. EL CUCHILLO Y LAS BOMBILLAS OSRAM El humor, como la poes&#xED;a, es una manera de interpretar al mundo, una herramienta, que no nos hace m&#xE1;s o menos virtuosos. En ese sentido se parece m&#xE1;s a un cuchillo o a las bombillas Osram. Sin embargo, bien empleado, el humor puede llegar a ser devastador. Me refiero a que el humor sirve como term&#xF3;metro de la inteligencia; dicho de otro modo, dime de qu&#xE9; te r&#xED;es y te dir&#xE9; qui&#xE9;n eres. No es casualidad que en M&#xE9;xico los programas c&#xF3;micos de televisi&#xF3;n m&#xE1;s exitosos sean infantiles y vulgares. Adem&#xE1;s, como hay libertad de expresi&#xF3;n, es de lo m&#xE1;s sencillo. Piense en cualquier serial de estos y ver&#xE1; siempre tres elementos: 1) un desfile de mujeres en cueros, 2) un pati&#xF1;o est&#xFA;pido y 3) el buf&#xF3;n abusivo, quien reparte ofensas lascivas a las chicas y rebaja a subespecie al pati&#xF1;o. Esencialmente machista, el humor en nuestro pa&#xED;s hunde sus ra&#xED;ces en el resentimiento y la revancha simplona, por eso es chabacano y procaz. Concebimos la ofensa como pelea de gallos y reducimos el humor a empujones y descalificaciones. Por eso nos re&#xED;mos de lo mismo que r&#xED;e un ni&#xF1;o: lo escatol&#xF3;gico y lo genital. Ante la censura posrevolucionaria, los c&#xF3;micos mexicanos se refugiaron en las carpas. Ah&#xED;, lejos de la mirada gubernamental, los payasos populares lanzaban albures a diestra y siniestra, sin miramiento alguno. En Espa&#xF1;a, bajo el r&#xE9;gimen franquista, los humoristas ejercitaron la inteligencia y, en lugar de ocultarse, empezaron a escribir. La famosa revista La codorniz (1941-1978) congreg&#xF3; en sus p&#xE1;ginas a brillantes autores como Ram&#xF3;n G&#xF3;mez de la Serna y Enrique Jardiel Poncela, y encontr&#xF3; el maquillaje perfecto para lanzar puyas al r&#xE9;gimen sin que los censores franquistas las notaran. Lo mismo ocurri&#xF3; en la Inglaterra victoriana. Maestro de l&#xF3;gica y matem&#xE1;ticas, Charles Dodgson (a.k.a. Lewis Carroll) salpic&#xF3; sus relatos para ni&#xF1;os con reyertas y diatribas contra la reina, el rey, el primer ministro y dem&#xE1;s dictadores. El humor convertido en reclamo social, en arma pol&#xED;tica, se ejercit&#xF3; en el teatro y mut&#xF3; hacia la televisi&#xF3;n. The Monty Python&#x2019;s Flying Circus es el mejor ejemplo (para mayores referencias le imploro que visite http://www.youtube.com/watch?v=ur5fGSBsfq8), su hilaridad elev&#xF3; a sus integrantes a la cumbre del &#xE9;xito televisivo en los a&#xF1;os setenta. RATAS EN LA SALA Me parece que los escritores y actores (dramaturgos) neoyorquinos de origen jud&#xED;o son los herederos naturales de esta tradici&#xF3;n brit&#xE1;nica. Hugo Hiriart refiere una simp&#xE1;tica an&#xE9;cdota que ejemplifica muy bien mi parecer. El pap&#xE1; de Groucho Marx pasaba unos d&#xED;as de solaz en Nueva York y se hospedaba en casa de su hijo. Acomedido, el se&#xF1;or Marx hizo arreglos en el s&#xF3;tano y encontr&#xF3; ratas. &#xAB;Hijo, &#xBF;c&#xF3;mo es posible que tengas ratas en el s&#xF3;tano?&#xBB;, le reclam&#xF3; a la primera oportunidad. &#xAB;Y qu&#xE9; quer&#xED;as, pap&#xE1;, &#xBF;qu&#xE9; las tuviera en la sala?&#xBB; (su epitafio es una joya: &#xAB;perdonen que no me levante&#xBB;). Ah&#xED; est&#xE1; tambi&#xE9;n Allen Stewart Konigsberg (Woody Allen), quien teji&#xF3; complicados personajes para exhibir los sinsabores de las relaciones humanas y matarnos de risa. Invernadero de c&#xF3;micos como Jermoe Seinfeld o Tina Fey, la serie Saturday Night Live (tres d&#xE9;cadas al aire) sacude a los peque&#xF1;os burgueses norteamericanos con un sarcasmo corrosivo que alcanza por igual a Bill Clinton, Barack Obama o George W. Bush. Pero tampoco nos pongamos tristes. Para nuestra buena fortuna, en M&#xE9;xico el humor no s&#xF3;lo depende de Jorge Ortiz de Pinedo o los Mascabrothers. Por ah&#xED; anda todav&#xED;a Andr&#xE9;s Bustamante y, para paladares m&#xE1;s refinados, contamos con Guillermo Sheridan, el referido maestro Hiriart o Paco Calder&#xF3;n. Y, evidentemente, la obra de Jorge Ibarg&#xFC;engoitia, abundante en inteligencia y trivialidad, como en este texto. &#xAB;Si descubr&#xED; el delirio de persecuci&#xF3;n no fue por cuenta propia, sino gracias a la ayuda de un amigo de la casa que era optometrista. Yo ten&#xED;a ocho a&#xF1;os, est&#xE1;bamos sentados a la mesa y mi</description></oembed>
