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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Revista ISTMO</provider_name><provider_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023</provider_url><author_name>Revista ISTMO</author_name><author_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023/author/admin/</author_url><title>All inclusive: Felicidad encapsulada</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="HD49xDHXmI"&gt;&lt;a href="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2008/05/01/all_inclusive_felicidad_encapsulada/"&gt;All inclusive: Felicidad encapsulada&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/2008/05/01/all_inclusive_felicidad_encapsulada/embed/#?secret=HD49xDHXmI" width="600" height="338" title="&#x201C;All inclusive: Felicidad encapsulada&#x201D; &#x2014; Revista ISTMO" data-secret="HD49xDHXmI" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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</html><description>Hace unos meses fui a Huatulco a dictar un par de conferencias a una convenci&#xF3;n. Mis sesiones se llamaron: &#xAB;Administraci&#xF3;n del &#xE9;xito&#xBB;, &#xAB;Administraci&#xF3;n del fracaso&#xBB;. Me aloj&#xF3; en el Gala, un hotel all inclusive. Como me pagan mis gastos, invit&#xE9; a uno de mis sobrinos de vacaciones; solamente hube de comprarle el boleto de avi&#xF3;n. Este tipo de hoteles ofrecen comida abundante, llenadora e ins&#xED;pida, comida barata y deslumbrante, comida que alegra los ojos de los comensales y los bolsillos de los due&#xF1;os. El prop&#xF3;sito es generar la impresi&#xF3;n de abundancia: mucha comida, muchas toallas, mucho alcohol, mucha diversi&#xF3;n. El descanso se asocia con la abundancia. Dif&#xED;cilmente se puede descansar si no abundan los alimentos, si el clima es hostil o si la gente de al lado sufre. En este sentido, la pel&#xED;cula La playa &#x2013;en la que Leonardo Di Caprio act&#xFA;a en su tradicional papel de estrella de softcore&#x2013; es elocuente al respecto. Un tibur&#xF3;n muerde a uno de los miembros de una comuna de Forever young. El af&#xE1;n de placer es lo &#xFA;nico que re&#xFA;ne a los miembros de la comuna. Est&#xE1;n ah&#xED; para asolearse, nadar y drogarse, para aparearse, para disfrutar con intensidad su juventud. El enfermo les recuerda la muerte, les pone ante los ojos el hecho de que sus cuerpos, aunque j&#xF3;venes y fuertes, tambi&#xE9;n pueden podrirse. El sufrimiento f&#xED;sico del pr&#xF3;jimo les impele a cuidar de &#xE9;l pero no est&#xE1;n dispuestos a hacerlo: no viajaron hasta el &#xFA;ltimo rinc&#xF3;n del mundo para cuidar desahuciados. Con inusitada frialdad expulsan al infeliz de la aldea y lo abandonan a su suerte en medio de la selva. Acallan sus conciencias. Lejos del para&#xED;so, la infecci&#xF3;n continuar&#xE1; su camino. Los quejidos del moribundo, empero, ya no interrumpir&#xE1;n el frenes&#xED; de la comunidad. ADI&#xD3;S SE&#xD1;OR TEDIO El hotel Gala es una Arcadia en miniatura. Un m&#xE9;dico de guardia las veinticuatro horas se encarga de expulsar los demonios del dolor f&#xED;sico: una insolaci&#xF3;n, una jaqueca, malestar estomacal, la ponzo&#xF1;a de un animal. Pero los demonios m&#xE1;s temibles son los que atenazan el esp&#xED;ritu. Entre todos los diablos del infierno, los hoteleros temen especialmente a una pareja: el se&#xF1;or Aburrimiento y la se&#xF1;ora Depresi&#xF3;n. Persiguen a sus v&#xED;ctimas a cualquier lado del mundo. La mayor&#xED;a de los turistas huyen del tedio y de la monoton&#xED;a del trabajo, de la mediocre existencia que se gasta en la rutina: levantarse temprano, casi de madrugada; manejar en calles atestadas, salpicadas tambi&#xE9;n de mediocridad; en la oficina, un escritorio y una computadora, las sonrisas hacia el jefe (un extranjero, si la firma es grande), de cuya voluntad depende que se pueda pagar la hipoteca; la comida r&#xE1;pida con los compa&#xF1;eros, a quienes tambi&#xE9;n se les teme, pues pueden quedarse con nuestro puesto; m&#xE1;s trabajo, reportes, presupuestos, oficios y m emoranda; el regreso a casa, m&#xE1;s coches, m&#xE1;s tr&#xE1;fico; el encuentro con la familia y los problemas ordinarios (malas calificaciones del peque&#xF1;o, los desplantes del hijo adolescente, los naturales desencuentros con nuestro c&#xF3;nyuge). Luego la noche, como siempre corta, aquellas horas indispensables para reponer las fuerzas que se gastar&#xE1;n al otro d&#xED;a&#x2026; y una vuelta m&#xE1;s en el eterno ciclo del empleado. Cada siete d&#xED;as, el viernes: una noche acortada por cierta alegr&#xED;a: el contento de quien no tendr&#xE1; que sentarse en el escritorio las pr&#xF3;ximas cuarenta y ocho horas. Las vacaciones son un oasis en ese inmenso tedio cotidiano. Cuando compramos un viaje todo pagado, lo que compramos en realidad es la ilusi&#xF3;n de que somos felices. Uno de los animadores del hotel lo grita a los cuatro vientos: &#xAB;Est&#xE1;n de vacaciones. Todo se vale. No piensen en el trabajo. No piensen en lavar el carro. No piensen en su suegra&#xBB;. En realidad deber&#xED;a decirnos &#xAB;No piensen&#xBB;, pero como &#xE9;l no lo hace, no puede ocurr&#xED;rsele la frase. EXORCISTAS DEL ABURRIMIENTO Estos animadores, chicos y chicas ansiosos de una vida diferente, son los sacerdotes m&#xE1;s poderosos del hotel. Enfrentan los demonios del alma. Su deber es exorcizar la tristeza y el aburrimiento. Son los ministros de la diversi&#xF3;n. Los hoteleros los reclutan entre las filas de la juventud hedonista, enamorada de sus cuerpos, del sol, del baile, de la m&#xFA;sica. J&#xF3;venes que gustan sentir el bombear de su coraz&#xF3;n, que disfrutan la sangre caliente acumulada en sus sienes; lo suficientemente valientes para dejar la comodidad de sus casas, pero lo suficientemente burgueses para no irse a recorrer el mundo de mochileros J&#xF3;venes a quienes no atraen novelas ni ensayos, aunque con disciplina sobrada, pues se levantan d&#xED;a tras d&#xED;a a practicar aerobics acu&#xE1;ticos, organizar concursos tontos para turistas, montar coreograf&#xED;as a imitaci&#xF3;n de Broadway, crear &#xAB;ambiente&#xBB; en la disco, sonre&#xED;r siempre, a cualquier hora, en cualquier lugar, al hu&#xE9;sped que sea. Mi sobrino y yo com&#xED;amos en una de las terrazas que dan a la playa. Frente a nosotros se sent&#xF3; un nutrido grupo de ni&#xF1;os al cuidado de tres chicas, tres animadoras. Les corresponden dos tareas en los hoteles: fungir como nanas de los hijos de los hu&#xE9;spedes y conversar con varones gordos, calvos y feos, que visitan el hotel para olvidarse de su miserable existencia. En el resort reina un ambiente familiar. No es un destino de turismo sexual, as&#xED; que estas mujeres no tienen la obligaci&#xF3;n de satisfacer los apetitos sexuales de los feos. A ellas, como a sus hom&#xF3;logos varones, s&#xF3;lo les toca crear un entorno de cordialidad y fiesta. Sabrina y Karen no hallan lugar en la mesa de los ni&#xF1;os &#x2013;quiz&#xE1; est&#xE1;n un poco hartas de ellos. Dejan a su compa&#xF1;era a cargo de la mesa, cuidando a seis o siete criaturas y nos piden permiso para sentarse con nosotros. Sabrina es de Montreal; Karen, de Oaxaca. Las dos se sirven abundantes platos de verduras; carbohidratos, pocos, los necesarios para mantenerse activos el resto de la jornada. Sabrina estudia Administraci&#xF3;n en Canad&#xE1;; este es su trabajo de verano. El a&#xF1;o pasado vivi&#xF3; en M&#xE9;xico varios meses: regres&#xF3; a su pa&#xED;s para estudiar y ahora est&#xE1; de vuelta. Karen,</description></oembed>
