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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Revista ISTMO</provider_name><provider_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023</provider_url><author_name>danielinnerarity</author_name><author_url>https://dim-id.com/pruebaentradas2023/author/danielinnerarity/</author_url><title>Apuesta en favor del riesgo</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="wunLgHIJTV"&gt;&lt;a href="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/1994/03/27/apuesta-en-favor-del-riesgo/"&gt;Apuesta en favor del riesgo&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://dim-id.com/pruebaentradas2023/1994/03/27/apuesta-en-favor-del-riesgo/embed/#?secret=wunLgHIJTV" width="600" height="338" title="&#x201C;Apuesta en favor del riesgo&#x201D; &#x2014; Revista ISTMO" data-secret="wunLgHIJTV" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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</html><description>A nadie hay que invitarle a su propia casa, aunque tampoco est&#xE1; de m&#xE1;s ayudarle a descubrir rincones que le son, por acostumbrados, in&#xE9;ditos. Escribo pensando en quienes no son fil&#xF3;sofos ni desean serlo, e incluso en quienes se irritan ante la impertinencia de gente tan molesta, siempre presente en cualquier reuni&#xF3;n a la que no ha sido invitada. Quiz&#xE1;s sea una p&#xE9;rdida de tiempo detenerse a excusar la propia presencia, pero no todas las perdidas de tiempo son del mismo calibre; hay algunas que merecen la pena. Y dado que los fil&#xF3;sofos no pueden justificarse por su productividad, est&#xE1;n obligados a defender el ocio de que disfrutan, mostrando la beneficiosa incomodidad de la reflexi&#xF3;n filos&#xF3;fica. Casi todas las justificaciones de una profesi&#xF3;n recurren a se&#xF1;alar una nueva enfermedad que s&#xF3;lo ellos son capaces de curar. Cualquier apolog&#xED;a tiene que crear su patolog&#xED;a correspondiente. En el caso de la filosof&#xED;a esta justificaci&#xF3;n es un poco m&#xE1;s dificil porque al diagn&#xF3;stico de los males no siempre le sigue una receta convincente. S&#xF3;lo me cabe esperar que la declaraci&#xF3;n de incompetencia farmacol&#xF3;gica encuentre un auditorio indulgente y consiga convencer a alguien de que toparse con los I&#xED;mites es una experiencia que enriquece a una sociedad orgullosa de su plena competencia. EN BUSCA DE UNA PROFESI&#xD3;N PERDIDA Podr&#xED;a parecer un eufemismo propagand&#xED;stico hablar de la filosof&#xED;a como aventura y prometer riesgos y emociones a cuantos quieran asomarse a ella. Nuestra &#xE9;poca no parece especialmente propicia para la reflexi&#xF3;n; estamos bajo una fuerte presi&#xF3;n econ&#xF3;mica -hay que ser competitivos, se dice-, y la filosof&#xED;a parece m&#xE1;s bien inclinada a la&#xA0; colaboraci&#xF3;n gratuita y a la ociosa improductividad. Todos estamos sometidos a la necesidad de conseguir un empleo, y la b&#xFA;squeda de un puesto de trabajo deja en segundo plano la indagaci&#xF3;n de la verdad. El pensamiento sin reglas ni estrategias, que no calcula ni aporta beneficios, se encuentra perdido en el mercado. Huye despavorido ante cualquier maquinaria, planificaci&#xF3;n o exigencia de rendimiento. En el tren de alta velocidad de nuestra civilizaci&#xF3;n, la perplejidad del fil&#xF3;sofoes similar a la del aldeano que se asustara y tirara continuamente del freno de emergencia, sin ser capaz de dar despu&#xE9;s una explicaci&#xF3;n convincente al revisor. Otros profesionales se mueven con impert&#xE9;rrita competencia en el mundo real y saben hacer perfectamente la declaraci&#xF3;n de la renta, arreglar un enchufe o preparar un viaje. Frente a tan envidiable destreza se encuentra la inseguridad de los fil&#xF3;sofos, que parecen estar siempre en b&#xFA;squeda de su profesi&#xF3;n perdida, como si un polic&#xED;a de la unidad de rendimientos o el fiscal contra la vagancia pudieran exigirle en cualquier momento una justificaci&#xF3;n de su improductividad. Ahora bien, &#xBF;tiene alg&#xFA;n sentido calificar como aventura la aparente pasividad filos&#xF3;fica? La filosof&#xED;a es en la actualidad un asunto de funcionarios y un departamento m&#xE1;s en esta sociedad de la divisi&#xF3;n del trabajo. Pero tiene algo de n&#xF3;mada y aspira secretamente a sabotear la departamentalizaci&#xF3;n del saber, a meterse donde no la llaman y a cuestionar la propiedad privada de los medios de producci&#xF3;n cultural. La filosof&#xED;a no niega la especializaci&#xF3;n, pero tampoco se resigna sin m&#xE1;s con ella. Quiz&#xE1; no disponga ya -como en un tiempo pretendi&#xF3; orgullosa de un concepto acabado y completo del mundo, ni de una piedra filosofal que re&#xFA;na plenamente lo disperso, pero s&#xED; tiene &#x201C;una idea de que algo debe mantenerse de ese concepto&#x201D; . Esto puede sonar intempestivo, en un momento en el que la universidad parece haber dejado de ser universitas para convertirse en mera suma de facultades especializadas. La filosof&#xED;a es elemento perturbador de agitaci&#xF3;n en el campus de la pac&#xED;fica indiferencia; sabotea en cuanto puede la coexistencia de los especialistas que se ignoran mutuamente; provoca el enfrentamiento donde percibe una excesiva compartimentalizaci&#xF3;n. En la tensa relaci&#xF3;n por ella misma introducida, en esta &#x201C;lucha de las facultades&#x201D; -tanto en el sentido kantiano como en el meramente administrativo-, la filosof&#xED;a encuentra su elemento vital, su terreno propicio como autorreflexi&#xF3;n de las ciencias dispersas y la sociedad escindida. LOS MALOS TIEMPOS SON BUENOS TIEMPOS Una de las rupturas que la filosof&#xED;a no se resigna a contemplar como definitiva es aqu&#xE9;lla seg&#xFA;n la cual lo interesante es irreflexivo y lo aburrido es racional; que la pasi&#xF3;n y el goce est&#xE1;n fuera de la raz&#xF3;n. mientras que el ejercicio de la inteligencia es una disciplina insoportable. Hace ya m&#xE1;s de un siglo que Hegel se rebel&#xF3; contra el dualismo entre lo que llamaba intereses sin cientificidad y cientlficidad sin intereses. a lo que Schopenhauer denomin&#xF3; el dualismo entre la Staatsphilosophie (la filosof&#xED;a funcionarial, de jerga y secta, aislada de la vida e incontaminada de todo aquello que realmente nos preocupa) y la SpaBphilosophie (el pensamiento que paga su disfrute con el precio de entregarse atado de pies y manos a la incoherencia). La filosof&#xED;a puede hacerlo con mayor o menor fortuna, pero aspira a reunir gozo y seriedad, rigor y comprensibilidad, vida y reflexi&#xF3;n, fundamento y variaci&#xF3;n. No se resigna a tener que elegir entre la verdad abstracta o la vida irresponsable. Pero los malos tiempos son siempre buenos tiempos para la filosof&#xED;a, a la que se le puede permitir una &#xFA;nica vanidad: la de ser una especie de espectadora de naufragios o superviviente de cat&#xE1;strofes. El fil&#xF3;sofo es un personaje que sabe esperar y, sobre todo, sabe esperar al cad&#xE1;ver de su enemigo, el hombre h&#xE1;bil, pr&#xE1;ctico, satisfecho y seguro de s&#xED; mismo. La filosof&#xED;a no es m&#xE1;s astuta que los triunfadores oficiales, pero tiene la suficiente vejez a sus espaldas como para saber que el &#xE9;xito es la antesala de alg&#xFA;n fracaso, que la seguridad no es tan duradera como promete y que, tarde o temprano, el hombre se ha de enfrentar a alg&#xFA;n tipo de cat&#xE1;strofe, ya sea bajo la forma de perplejidad, desorientaci&#xF3;n o p&#xE9;rdida de sentido. Este es el momento que la filosof&#xED;a aguardaba secretamente para vengarse del sarcasmo con que era despreciada por los traficantes del &#xE9;xito. Las preguntas filos&#xF3;ficas surgen, dec&#xED;a Heidegger, en medio de</description></oembed>
